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Terencio - LOS HERMANOS (Romano)

Los Hermanos

De Publio Terencio Africano

 

Simón Abril, (trad.)

 

Víctor Fernández Llera

 

PERSONAS

   

  

MICIÓN,   viejo,hermano de Demea, padre adoptivo de Equino. 

DEMEA,   viejo,hermano de Mición, padre de Esquino y de Tesifón 

SANNIÓN,   mercader deesclavos. 

ESQUINO,   joven, hijode Demea, adoptado por su tío Mición. 

SIRO,   esclavo deEsquino. 

TESIFÓN,   joven, hijode Demea, hermano de Esquino. 

SOSTRATA,   madre dePánfila. 

CANTARA,   nodriza dePánfila. 

GETA,   esclavo deSostrata. 

HEGIÓN,   viejo,pariente de Pánfila. 

DROMÓN,   esclavo deMición. 

PARMENÓN,   esclavo deEsquino. 

PÁNFILA,   hija deSostrata. 

 

 

PERSONAS QUE NO HABLAN

   

  

CALIDIA,   esclavarobada por Esquino. 

ESTORAX,   esclavo deMición. 

 

 

Prólogo

Toda vez que el poeta ha visto que gentes malévolas andanroyendo sus escritos, y que

sus enemigos procuran desacreditar la comedia que vamos arepresentar, él se denunciará a sí

mismo. Vosotros juzgaréis si lo que ha hecho es digno de aplausoo de censura.

Hay una comedia de Difilo, llamada  Synapashnescontes

1

. Tradújola Plauto y llamola

Commorientes. En la griega se introduce un mancebo que a unrufián le quita por fuerza una ramera. Plauto dejó sin traducir este lugar, quenuestro poeta tomó para  Los Hermanos, y

tradujo palabra por palabra.

Esta comedia nueva es la que vamos a representar. Vedla yjuzgad si aquí hay hurto, o si

el poeta ha utilizado una escena que se omitió por descuido.

Cuanto a lo que esos maliciosos dicen, que ilustrespersonajes le ayudan y a la continua

son sus colaboradores

2

, eso que a ellos les parece una gran injuria, el poeta lotiene a mucha

honra, pues agrada a aquellos que a todos vosotros y alpueblo romano supieron agradar, y

que, sin arrogancia, prestaron sus servicios a quienquieraque los hubo menester en la guerra,

en la administración y en los negocios. Por lo demás, noaguardéis el argumento de la

comedia. Parte de él declaran los viejos que van a apareceren la primera escena: la acción

mostrará lo demás. Procurad que vuestra benevolencia déánimos al autor para componer

otras comedias.

 

 

Acto I

 

Escena I

 

  

MICIÓN.

    

MICIÓN.-   (A lapuerta da su casa, hablando a un siervo, que está dentro.) 

¡Estorax!... ¿No volvió Esquino anoche de la cena? ¿Nicriado ninguno de los que fueron por

él? Realmente que es verdad lo que dicen comúnmente: quecuando uno está de alguna parte

ausente, o se detiene allá, le vale más que le acaezca loque de él dice su mujer, o lo que de él

imagina en su pensamiento muy colérica, que no lo que lospadres amorosos. Tu mujer, si te

detienes, o piensa que andas en amores, o en banquetes, ydándote buena vida; y que para ti

sólo son los goces y ella pasa los trabajos. Pero yo, por nohaber vuelto mi hijo, ¡qué de

cavilaciones! ¡Qué de cosas ahora me dan congoja! Que se mehaya resfriado; que haya caído

en alguna sima; que se haya lisiado en su persona. ¡Bah!,¿qué hombre habrá en el mundo que

tenga en su corazón cosa más amada que cada uno es de símismo? Además, éste no es hijo

mío, sino de mi hermano; el cual, desde su mocedad, es decondición muy diferente a la mía.

Yo seguí esta vida ociosa y tranquila de la ciudad, y jamáshe sido casado; cosa que por ahí se

tiene a dicha. Él, por el contrario, quiso más vivir en elcampo, y darse una vida de escasez y

de trabajos. Casose; naciéronle dos hijos, de los cualestomé yo por adoptivo éste mayor. Hele

criado desde niño; hele tenido y querido como si fuera mío;él es todas mis delicias; sólo él es

mi amor. Procuro con diligencia que él también me quiera;doyle cuanto necesita, pásole

muchas cosas, pues no tengo para qué tratarle en todo conrigor. Finalmente, las cosas que

otros hacen a espaldas de sus padres, que son aquellas quela mocedad trae consigo, hele

vezado a mi hijo a que no me las encubra. Porque el que seacostumbrare a mentir, o se

atreviere a engañar a su padre, tanto más se atreverá atodos los demás. Yo creo que es mejor

que los hijos cumplan su deber enfrenados por la vergüenza ybenignidad, que con rigor. Esto no le cuadra a mi hermano, ni le parece bien.Cien veces me ha venido dando voces: «¿Qué

haces, Mición?, ¿por qué nos echas a perder este mozo?, ¿porqué anda en amores?, ¿por qué

en banquetes?, ¿por qué le das tú para todo esto qué gastar?Llévasle muy pintado de vestidos:

Eres demasiadamente simple». Y él también es demasiadamenteriguroso: más de lo que pide

la razón. Y a mi parecer va muy engañado el que piensa quees más firme y más seguro el

señorío que se administra con rigor, que el que con amor seatrae. Mi parecer es éste, y yo así

lo entiendo: que el que hace su deber, forzado por castigos,mientras teme que se sabrán sus

culpas, guárdase; pero, si confía que se podrán encubrir, asu condición se vuelve. Pero el que

atraéis por amor, hácelo de voluntad, procura pagaros en lomismo; en presencia y en ausencia

será el mismo. Éste es el oficio del padre: antes vezar alhijo a que haga su deber de buena

voluntad, que por temor de nadie. Tal es la diferencia entreel padre y el señor; y el que no la

pueda observar, confiese que no sabe criar hijos.  (Viendo a DEMEA.)  ¿Pero es por dicha

éste el mismo de quien trataba? Realmente que es él. No séde qué está triste, creo vendrá ya a

reñir conmigo, como suele. -Huélgome, Demea, de verte ensalud. 

 

 

Escena II

 

  

DEMEA, MICIÓN.

    

DEMEA.-  ¡Oh, a buentiempo! En tu misma busca vengo. 

MICIÓN.-  ¿De quéestás triste? 

DEMEA.-  ¿DondeEsquino está de por medio, me preguntas de qué estoy triste? 

MICIÓN.-   (Aparte.)¿No lo decía yo?...  (Alto.)  ¿Qué ha hecho Esquino? 

DEMEA.-  ¿Qué hahecho? Que ni tiene vergüenza de nada, ni temor a nadie, ni hace

cuenta que ha de estar sujeto a ley ninguna. Porque, sinhablar de sus pasadas picardías, ¿qué

piensas que ha hecho ahora?

MICIÓN.-  ¿Qué esello? 

DEMEA.-  Ha quebradopuertas, y ha entrado por fuerza en casa ajena, y al dueño de

ella, y a toda su familia los ha maltratado, hasta dejarlospor muertos; ha quitado por fuerza

una mujer de quien él está enamorado. Todos a voces dicenhaber sido muy mal hecho.

¿Cuántos piensas, Mición, que me lo han dicho viniendo? Nose habla de otro en toda la

ciudad. Y si compararse puede, ¿no ve a su hermano cuánsolícito está en su hacienda, y cómo

se está en su granja reglado y moderado, y cómo no hace nadade esto? Lo que a él le digo,

Mición, a ti te lo digo: que tú le dejas perderse.

MICIÓN.-  La cosa másinjusta del mundo es un hombre necio, porque nada tiene por

bueno, salvo lo que él hace. 

DEMEA.-  ¿A qué vieneeso?  MICIÓN.-  A que tú, Demea, no eres en esto buen juez.Créeme que no es maldad que un

mancebillo ande entre mujeres, ni menos en banquetes, ni quequiebre las puertas. Y si tú y yo

no hicimos travesuras semejantes, fue porque la pobreza nonos dio lugar de hacerlas. ¿Y tú

ahora alábaste de lo que dejaste de hacer por necesidad?Esto es injusto; porque si tuviéramos

con qué, también lo hiciéramos. Y tú, si fueses cuerdo, a tuhijo le dejarías ahora hacer todo

esto, que a su edad es lícito, y no le darías ocasión deesperar a que estés bajo de tierra, para

hacerlo entonces, cuando ya no le esté bien. 

DEMEA.-  ¡Oh, soberanoJúpiter! ¡Tú, hombre, vas a volverme loco! ¿Qué, no es maldad

que un mozuelo haga estas cosas? 

MICIÓN.-  ¡Ah!, óyete.No me rompas más sobre esto la cabeza. Tú ya me diste tu hijo

por hijo adoptivo, ya él quedó por mío. Si él en algo yerra,Demea, a mi daño lo yerra, y de

ello a mí me tocará la mayor parte. ¿Gasta?, ¿bebe?, ¿llevaperfumes? De mi hacienda lo

hace. ¿Tiene amiga? Yo le daré para ello dinero, mientraspueda, y mando no, ya le echarán

ellas de casa

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. ¿Ha quebrado puertas? Se harán otras. ¿Ha rasgado ropa? Lazurciremos.

Gracias a los dioses, hay de qué, y hasta ahora no me damucha pena. Finalmente, o déjame

hacer, o busca cualquier árbitro, que yo te probaré que enesto mucho más lo yerras tú que yo. 

DEMEA.-  ¡Ay de mí!Aprende a ser padre, de aquéllos que lo saben ser de veras. 

MICIÓN.-  Pornaturaleza, su verdadero padre lo eres tú; por los consejos, yo. 

DEMEA.-  ¿Tú leaconsejas en nada?

MICIÓN.-  ¡Ah, siperseveras... me iré!

DEMEA.-  ¿Esoharás? 

MICIÓN.-  ¡Pues qué!,¿tengo de oír tantas veces una misma cosa? 

DEMEA.-  Es que me dacuidado. 

MICIÓN.-  Y a mítambién me lo da; pero, Demea tengamos cada uno cuenta con su

justa parte, tú con el uno y yo con el otro. Porque cuidartú de ambos, casi casi es tornarme a

pedir el hijo que me diste.

DEMEA.-  ¡Ah,Mición! 

MICIÓN.-  A mí así meparece. 

DEMEA.-  ¿Qué es eso?Si así lo quieres, derrame, destruya, piérdase él; que no me toca

nada. ¡Si de hoy más, palabra ninguna...! 

MICIÓN.-  ¿Coléricootra vez, Demea?

DEMEA.-  ¿Y aún no locrees? ¿Pídote por ventura el que te di? Siéntolo, no soy ningún

extraño; pero si estorbo, desde luego me aparto. Quieres quetenga cuenta con el uno, ya la

tengo; y doy gracias a los dioses, pues él es tal, cual yole quiero. Ése tuyo, él lo sentirá a la

postre. Y no digo más. 

 

 Escena III

 

  

MICIÓN, solo.

    

MICIÓN.-  Aunque nohay para tanto, con todo eso no deja de ser algo lo que dice, ni

deja de darme a mí alguna pesadumbre; pero no he queridomostrarme pesaroso, porque es un

hombre que, con aplacarle y resistirle de veras, yespantarle con todo eso, apenas lo toma con

paciencia. Pues si yo le atizase su cólera y se laacrecentase, perdería realmente el seso

juntamente con él. Aunque no deja Esquino de hacernos enesto algún agravio. ¿Qué ramera

hay con quien él no haya tenido sus amores o a quien no lehaya dado algo? Finalmente (creo

que de aburrido ya de todas) me dijo poco ha que se queríacasar. Confiaba yo que ya se le

había pasado el hervor de la mocedad, holgábame, ¡y heosaquí ahora de nuevo...! Pero yo

quiero saber de cierto lo que pasa, y verme con él, si estáen la plaza. 

 

 

 

Acto II

 

Escena I

 

  

SANNIÓN, ESQUINO, PARMENÓN, CALIDIA. (Los dos últimospersonajes no hablan)

    

SANNIÓN.-   (Corriendotras ESQUINO y PARMENÓN, que se llevan a CALIDIA.) 

¡Suplícoos, vecinos, que favorezcáis a este infeliz, que nohace mal a nadie! ¡ Socorred a este

pobre! 

ESQUINO.-   (ACALIDIA.)  Párate ahí; que ahí biensegura estás. ¿Qué miras? Nada

temas; que éste en mi presencia no te tocará. 

SANNIÓN.-  ¡Yo a esamoza... a pesar de cuantos son...!

ESQUINO.-  Aunque esbellaco, no dará hoy ocasión para que le hayan de sentar la

mano otra vez.

SANNIÓN.-  Esquino,óyeme; porque no digas después que tú no sabías mis costumbres.

Hágote saber que yo soy mercader de esclavos. 

ESQUINO.-  Ya losé.  SANNIÓN.-  Pero de tan buena fe, como otro haya habidodonde quiera. No estimaré ni

en esto  (Tócase conel pulgar la uña del índice.)  que túdespués te me vengas con

disculpas, diciendo que te pesa de que se me haya agraviado.Créemelo: Yo pediré mi justicia,

y nunca tú me satisfarás con palabras el daño que me hashecho por la obra. Que yo ya

conozco todas vuestras excusas: «No quisiera que tal hubierasucedido; yo juraré que tú no

merecías este agravio», después de haberme hecho tan malostratamientos. 

ESQUINO.-   (APARMENÓN.)  Ve delante, presto, y abreaquellas puertas.

 (Indicando la casa desu padre, MICIÓN.) 

SANNIÓN.-  Como sicallaras

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. 

ESQUINO.-   (ACALIDIA.)  Acaba ya de entrar.

SANNIÓN.-  Digo que nolo consentiré.

ESQUINO.-  Llégateallá, Parmenón; mucho te has alejado; ponte aquí junto de éste.

¡Así, así! Mira que no quites tus ojos de los míos, para quesin tardanza, en cuanto yo te

hiciere señas, le sientes el puro en la quijada. 

SANNIÓN.-  Esoquisiera yo ver.  (PARMENÓN le da unapuñada.) 

ESQUINO.-  ¡Ea!,guarda; suelta la moza.

SANNIÓN.-  ¡Oh,maldad! 

ESQUINO.-  Cata que nosecunde.  (PARMENÓN le sacude otrapuñada.)  

SANNIÓN.-  ¡Ay,cuitado de mí! 

ESQUINO.-   (APARMENÓN.)  No te había hecho señas;pero, en fin, más vale que lo

yerres por allí. Éntrate ya. (PARMENÓN entra en casa con la esclava.)  

SANNIÓN.-  ¿Qué esesto? ¿Eres tú por dicha, Esquino, el rey de esta ciudad? 

ESQUINO.-  Si lofuera, llevaras el premio que merecen tus virtudes. 

SANNIÓN.-  ¿Qué tienestú conmigo?

ESQUINO.-  Nada. 

SANNIÓN.-  Dime,¿sabes quién soy yo?

ESQUINO.-  ¡Nifalta...!

SANNIÓN.-  ¿Hetetocado yo en lo tuyo?

ESQUINO.-  ¡Pobre deti, si tal hicieras!

SANNIÓN.-  ¿Con quéderecho me quitas tú una moza, que a mí me costó mi dinero?

Responde. ESQUINO.- Mira, Sannión, que no te me vengas con escándalos delante de la puerta;

porque si perseveras en ser pesado, haré que te arrebatenallá dentro y que te den una de

azotes hasta reventarte. 

SANNIÓN.-  ¿Azotes aun hombre libre?

ESQUINO.-  Como looyes. 

SANNIÓN.-  ¡Ohdesalmado! ¿Y aquí es donde dicen que la libertad es igual para todos? 

ESQUINO.-  Si estás yaharto de hacer del borracho, rufián, óyete ya si quieres. 

SANNIÓN.-  ¿Yo hehecho del borracho, o tú más de veras contra mí? 

ESQUINO.-  Déjate deeso, y vamos al caso.

SANNIÓN.-  ¿Al caso?,¿a qué caso tengo de volver?

ESQUINO.-  ¿Quieres yaque te diga una cosa que te cumple? 

SANNIÓN.-  Sí, con talque ella sea justa. 

ESQUINO.-  ¡Bah!...¡El rufián no quiere que yo le hable fuera de razón! 

SANNIÓN.-  Rufián soy,no lo niego; perdición de todos los mancebos, cifra del

perjurio, peste de la ciudad; pero, con todo esto, a tihasta ahora ningún agravio te he hecho. 

ESQUINO.-  ¡Pues nofaltaba más! 

SANNIÓN.-  Torna, porfavor, Esquino, a lo que comenzabas a decir. 

ESQUINO.-  A ti tecostó la moza veinte minas; ¡que mal provecho te haga! Eso mismo

se te dará por ella. 

SANNIÓN.-  ¿Y si yo nola quiero vender?, ¿me obligarás...? 

ESQUINO.-  No, porcierto.  

SANNIÓN.-   (Conironía.)  Temí que sí. 

ESQUINO.-  Ni meparece que es bien que se venda la que es libre, porque yo, como a

mujer libre, la defenderé en el litigio5

. Ahora mira cuál quieres más: si recibir en paz tu dinero

o pleitear. Resuélvelo mientras vuelvo, rufián. 

 

 

Escena II

 

  

SANNIÓN, solo.     

SANNIÓN.-  ¡Oh,soberano Júpiter! No me maravillo de los que pierden el seso por

agravios que les hacen. Hame sacado de mi casa, hamesacudido, a mi pesar se me ha llevado

mi moza, y en pago de todas estas malas obras, me pide quese la dé por lo que me costó.

¡Cuitado de mí, que me ha dado más de quinientos bofetones!Pero, en fin, pues lo ha sudado

bien, hágase lo que él quiere, su derecho pide. Ya yo deseodársela, si me vuelve mi dinero.

Pero yo adivino lo que será. Así que le diga que se la doyen tanto, él enseguida hará sus

testigos de cómo se la he vendido. Y lo del dinero... unsueño. Luego dirá: «Vuelve mañana».

Y aun esto lo podría sufrir, con tal que me lo diese.¡Aunque es injusto...! Pero yo pienso lo

que es, que pues uno ha tomado este comercio, ha de aguantary callar el agravio que le hacen

los mancebos. Pero nadie me dará nada; por demás estoy yoechando entre mí estas cuentas. 

 

 

Escena III

 

  

SIRO, SANNIÓN.

    

SIRO.-   (Saliendo decasa y hablando desde la puerta a ESQUINO.) Calla, que yo

me veré ahora con él (Alude a SANNIÓN.)  y haré que lotome de buena gana, y aunque

diga que los dioses le han hecho merced. -¿Qué es esto,amigo Sannión, que me dicen que has

tenido no sé qué brega con mi amo? 

SANNIÓN.-  En mi vidala vi más desigual que la que hoy ha habido entre nosotros. Yo

a recibir y él a sacudir, hasta que los dos noscansamos. 

SIRO.-  Por tu culpa.

SANNIÓN.-  ¿Qué habíade hacer yo?

SIRO.-  Debistecomplacer al mancebo.

SANNIÓN.-  ¿Qué máspude, pues hasta la cara le entregué? 

SIRO.-  ¡Ea!, ¿sabeslo que te digo? Que el no hacer caso del dinero en su tiempo y lugar,

es algunas veces más ganancia. 

SANNIÓN.-   (Conironía.)  ¡Ya! 

SIRO.-  ¿Temiste tú,necio de toda necedad, que si cedías ahora un poquillo de tu

derecho, y complacías al mancebo, no te cobraras conusura? 

SANNIÓN.-  Yo nocompro esperanza a trueque de dinero. 

SIRO.-  En tu vidaganarás hacienda. ¡Taday, Sannión, que no sabes cebar la gente!  SANNIÓN.- Bien creo yo que debe de ser eso lo mejor; pero yo nunca fui en mi vidatan

sagaz, que no quisiese más un «toma», que dos «tedaré». 

SIRO.-  ¡Ea! Que ya yosé tu condición ahidalgada, y que no harás caso de veinte minas,

por darle gusto a éste. Además, dicen que estás de partidapara Chipre. 

SANNIÓN.-  (Sobresaltado.)  ¿Eh?

SIRO.-  Y que tienesmuchas cosas compradas para llevar de aquí a allá. Y nave fletada:

todo esto sé. Y ahora estás como colgado del pensamiento.Pero yo confío que, cuando

vuelvas, arreglarás este negocio.

SANNIÓN.-  ¡Yo aninguna parte voy!  (Aparte.)  ¡Pobre de mí! ¡Con esta esperanza lo

han ellos emprendido!

SIRO.-  (Aparte.)  Temor tiene; pena le hedado al hombre. 

SANNIÓN.-  ¡Ah,pícaros! ¡Mira cómo me han cogido por las mismas coyunturas!

Tengo preparado un cargamento de mujeres y otras muchasmercancías que llevo de aquí a

Chipre. Si no voy allá a la feria, recibo muy gran daño. Ysi ahora dejo esto, cosa perdida.

Cuando de allá vuelva, todo será viento; ya el negocio sehabrá enfriado. «¿Ahora te

acuerdas? ¿Por qué lo has dilatado? ¿Dónde has estado?». Demanera que me vale más

perderlo que o detenerme ahora tanto tiempo, o pedirloentonces. 

SIRO.-  ¿Has echadobien la cuenta de lo que entiendes que ha de volver a tu poder? 

SANNIÓN.-  ¿Es éstaacción de un hombre como Esquino? ¿Esto ha de hacer él?,

¿quitarme la moza por fuerza? 

SIRO.-  (Aparte.)  Ya cae.  (Alto.) Sólo tengo que decirte una cosa, Sannión. Mira si te

conviene. Antes de ponerte en peligro de cobrarlo o perderlotodo, pártelo por la mitad. Diez

minas él las abarrerá de acá o de allá. 

SANNIÓN.-  ¡Oh,cuitado de mí! ¿Y aun mi dinero propio corre riesgo? No tiene

vergüenza, ¿después de haberme crujido todos mis dientes, yademás de haberme hecho toda

la cabeza a golpes una levadura, y que sobro esto medefraude? No voy a ninguna parte. 

SIRO.-  Como gustes.¿Mandas algo, antes que me vaya? 

SANNIÓN.-  Antes,Siro, lo que te suplico es que, como quiera que el caso haya

sucedido, por no ponerme a pleitear, se me vuelva mi dinero.¡Siquiera lo que me costó, Siro!

Bien veo yo que hasta ahora tú no te has servido de miamistad; pero tú dirás que soy hombre

de memoria y agradecimiento. 

SIRO.-  Yo lo haré condiligencia. -Pero a Tesifón veo, alegre viene por la amiga. 

SANNIÓN.-  ¿Y lo quete suplico?

SIRO.-  Aguarda unpoco. 

 

 

Escena IV 

  

TESIFÓN, SIRO.

    

TESIFÓN.-   (Sin ver aSIRO.)  De quienquiera se huelga elhombre de recibir un

beneficio, cuando lo ha menester; pero lo más gustosorealmente es, cuando lo hace el que es

justo que lo haga. ¡Oh, hermano, hermano mío! ¿Cómo alabarteyo ahora? Porque de cierto sé

que nunca yo diré cosa tan ilustre que no le haga muchaventaja tu virtud. Y así entiendo que

en esto aventajo a todos los demás, en que no hay quientenga un hermano tan principal en

todas las más excelentes virtudes, como el mío. 

SIRO.-  (Llamándole.)  ¡Tesifón! 

TESIFÓN.-  ¡Ah, Siro!¿Dónde está Esquino?

SIRO.-  Ahí le tienes,esperándote en casa.

TESIFÓN.-   (Muyalegre.)  ¡Oh! 

SIRO.-  ¿Qué eseso? 

TESIFÓN.-  ¡Qué ha deser! ¡Que le debo la vida, Siro! ¡Bendito mancebo! Todo lo ha

pospuesto en mi provecho: las injurias, la fama, mis amoresy mi yerro, todo lo ha cargado

sobre sí. No podía hacer más. -Pero, ¿qué es esto? La puertaha sonado. 

SIRO.-  Espera,espera: él es quien sale.

 

 

Escena V

 

  

ESQUIVO, SANNIÓN, TESIFÓN, SIRO.

    

ESQUINO.-  ¿Dó estáaquel roba-iglesias?

SANNIÓN.-  (Aparte.)  Por mí pregunta.¿Traerá algo? ¡Perdido soy!... ¡ Nada veo!... 

ESQUINO.-   (ATESIFÓN.)  ¡Hola!... A propósito, tebuscaba. ¿Qué es eso, Tesifón?

Todo está ya en salvo; echa ya de ti esa tristeza. 

TESIFÓN.-  Sí;realmente la echo, de veras, pues tengo un hermano como tú. ¡Oh,

Esquino mío! ¡Oh, hermano mío! ¡Ah! Empacho tengo dealabarte más en tu presencia,

porque no pienses que lo hago más por manera de lisonja quede agradecimiento.  ESQUINO.-  ¡Quítate allá, simple! ¡Como si ahora porprimera vez nos conociésemos,

Tesifón! Lo que me duele es haberlo yo sabido tan tarde, ycasi haber venido a punto que,

aunque todo el mundo quisiera, no te pudiera remediar. 

TESIFÓN.-  Dábamevergüenza. 

ESQUINO.-  ¡Ah! No esésa vergüenza, sino necedad. ¡Por una cosa de tan poco

momento, casi ausentarse de la patria! Vergüenza es decirlo.Yo suplico a los dioses que

nunca tal permitan. 

TESIFÓN.- Errelo. 

ESQUINO.-   (ASIRO.)  ¿Y, pues, qué dice el amigoSannión? 

SIRO.-  Ya está másmanso. 

ESQUINO.-  Yo me iré ala plaza, a darle a éste  (Señalando aSANNIÓN)  su dinero.

Tú, Tesifón, recógete allá dentro con ella. 

SANNIÓN.-  Siro, daleprisa.  (A ESQUINO, en tonoirónico.)  Vamos, porque éste está

de partida para Chipre. 

SANNIÓN.-  No tantatampoco; que aquí estoy despacio cuanto quieras. 

SIRO.-  Se te pagará,no temas.

SANNIÓN.-  Pero que melo pague todo. 

SIRO.-  Todo te lopagará; calla ahora, y sígueme por aquí. 

SANNIÓN.-  Ya tesigo.  (ESQUINO, SANNIÓN y SIRO echan aandar en dirección a

la plaza.)  

TESIFÓN.-  ¡Hola,hola, Siro!

SIRO.-  ¿Eh?, ¿quéquieres? 

TESIFÓN.-  Por tuvida, que despachéis cuanto antes a ese pícaro, porque si más se

alborota, vendrá esto por alguna vía a oídos de mi padre, yyo quedaré entonces perdido para

siempre. 

SIRO.-  No sucederátal. Ten buen ánimo. Tú, entre tanto, huélgate allá dentro con ella, y

manda que se nos aparejen las mesas y que esté a punto todolo demás. Yo, en concluyendo el

negocio, me volveré a casa con la vianda. 

TESIFÓN.-  Sí, te loruego, y pues todo nos ha salido bien, pasemos este día en contento

y regocijo. 

 

 

 

Acto III 

Escena I

 

  

SOSTRATA, CANTARA.

    

SOSTRATA.-  Dime portu vida, ama mía, ¿en qué parará esto? 

CANTARA.-  ¿En quéparará? A fe, que confío que tendremos buen suceso. 

SOSTRATA.-  ¡Ay, amigamía, que ahora la comienzan a tomar los primeros dolores! 

CANTARA.-  Ya estáscon miedo, como si nunca te hubieses hallado en partos o nunca

tú hubieses parido.

SOSTRATA.- ¡Desdichada de mí, que no tengo a nadie! Estamos solas. Geta no está

aquí, ni tengo a quien enviar por la partera, ni quien mevaya a llamar a Esquino. 

CANTARA.-  En buena feque él estará luego aquí, porque jamás se pasa día ninguno sin

que venga.

SOSTRATA.-  Él solo esel remedio de mis trabajos.

CANTARA.-  La cosa nopudo, señora, suceder mejor de lo que sucedió. Ya que hubo

deshonra, que tocase precisamente a un hombre como aquél,tan principal, de tan buena casta

y condición, señor de una casa tan rica. 

SOSTRATA.-  Ello es enverdad como tú lo dices. A los dioses suplico que nos le tengan

de su mano. 

 

 

Escena II

 

  

GETA, SOSTRATA, CANTARA.

    

GETA.-   (Sin ver alas mujeres.)  Éste es ahora un caso que,aunque todo el mundo se

ponga a buscar remedio al mal, no podrá hallarle. El cualmal es para mí y para mi ama y para

la hija de mi ama. ¡Oh, cuitado de mí! ¡Qué de cosas nostienen a la vez cercados, sin que

podamos escapar: la fuerza, la necesidad, la injusticia, eldesamparo, la afrenta! ¿Ésta es vida?

¡Oh, maldades! ¡Oh, malas castas! ¡Oh, hombredesleal...! 

SOSTRATA.-  ¡Cuitadade mí! ¿Qué es esto, que veo venir a Geta tan alterado y tan

deprisa? GETA.-  (Continuando.)  Al cual ni la fe,ni el juramento, ni la piedad detuvo ni dobló;

ni aun el ver cuán cerca estaba el parto de la infeliz aquien él tan sin razón había deshonrado. 

SOSTRATA.-   (ACANTARA.)  No oigo bien lo que dice.

CANTARA.-  Por tuvida, Sostrata, que nos lleguemos más cerca. 

GETA.-  ¡Ah, pobre demí, que casi estoy fuera de juicio, según la cólera me abrasa! No

quisiera yo más, sino toparme con toda aquella casa, paradescargar sobre ellos toda esta

rabia, ahora que está fresca. Que por bien satisfecho metendría, si solamente me viese yo

vengado de ellos. Primeramente, le sacaría el alma al viejo,porque engendró un tan gran

bellaco. Después, a Siro el promovedor. ¡Oh, de cuándiferentes maneras le despedazaría! Yo

le arrebataría por medio patas arriba y daría con su cabezacontra el suelo, para que fuese

sembrando los sesos por la calle. Al mozo le sacaría losojos, y después daría con él en mi

despeñadero. A todos los demás los derribaría, perseguiría,arrebataría, sacudiría, dejaría

hechos una parva. Pero, ¿por qué no voy de presto a darparte a mi ama de esta mala nueva? 

SOSTRATA.-   (ACANTARA.)  Llamémosle.  (Alto.) ¡Geta!

GETA.-   (Sin ver aSOSTRATA.)  ¡Bah!... Quienquiera queseas, déjame. 

SOSTRATA.-  Soy yo:Sostrata. 

GETA.-   (Mirandoalrededor.)  ¿Qué es de ella? A ti mismate busco, a ti quiero; ¡oh,

cuán a buen tiempo te has encontrado conmigo, señoramía! 

SOSTRATA.-  ¿Qué esesto?, ¿de qué tiemblas?

GETA.-  ¡Ay demí! 

SOSTRATA.-  ¿De qué tealteras, amigo Geta? Toma aliento. 

GETA.-  ¡Deltodo...! 

SOSTRATA.-  ¿Cómo deltodo?, ¿qué es ello?

GETA.-  ¡Perdidossomos! ¡Acabose! 

SOSTRATA.-  ¡Habla;dime, por tu vida, lo que es!

GETA.-  ¡Ya...! 

SOSTRATA.-  ¿Qué ya,Geta?

GETA.-  Esquino...

SOSTRATA.-  ¿Qué dicesde Esquino?

GETA.-  ... ¡haperdido el amor a nuestra casa!

SOSTRATA.-  ¡Ay, desventuradade mí! ¿Por qué?

GETA.-  Ha comenzado aenamorarse de otra. SOSTRATA.-  ¡Ay,desdichada de mí! 

GETA.-  Y no lo hacemuy de secreto; que él mismo se la ha quitado a un rufián, por

fuerza, públicamente. 

SOSTRATA.-  ¿Estásseguro? 

GETA.-  Seguro. Yomismo, Sostrata, lo vi por estos ojos. 

SOSTRATA.-  ¡Ah,desventurada de mí! ¿Qué hay ya que creer?, ¿de quién fiarás? ¿Es

posible que nuestro Esquino, el que era la vida de todasnosotras, de quien colgaban toda

nuestra esperanza y salvación; el que hacía juramento quesin ella no podría vivir ni un solo

día; el que decía que había de poner el niño en el regazo desu padre y pedirle de merced que

le diese licencia para casar con ella...? 

GETA.-  Señora, dejaaparte ahora lágrimas, y mira lo que conviene hacer para en lo de

adelante: si es bien que lo disimulemos, o que demos aalguno parte de ello. 

CANTARA.-  ¡Ay,amigo!, ¿y estás en tu seso? ¿Una cosa como ésta te parece a ti que se

debe descubrir a nadie?

GETA.-  A mí, ciertoque no me lo parece, porque, cuanto a lo primero, por la obra se ve

que él ya no nos tiene buena voluntad. Pues si ahoradescubrimos esto, yo sé bien que él

negará. Tu honra y la vida de tu hija andará en lenguas.Además de esto, aunque él lo

confiese, pues está aficionado a otra, no es cosa queconviene darle ésta por mujer, y, por

tanto, en todas maneras es menester que se calle. 

SOSTRATA.-  ¡Ah!,¡nunca!, ¡no haré tal!

GETA.-  ¿Qué intentas,pues?

SOSTRATA.- Divulgarlo. 

GETA.-  ¡Oh, señoramía, mira muy bien lo que haces!

SOSTRATA.-  Ya nopuede ser más negro el cuervo que las alas. Cuanto a lo primero,

ella no tiene dote. Además de esto, lo que había de ser susegunda dote, ya lo ha perdido: ya

no puede cavarse por doncella. Éste es el postrer remedioque nos queda, que si negare, aquí

tengo conmigo por testigo la sortija que nos dejó.Finalmente, pues mi conciencia está segura

de que en esto no tengo culpa ninguna, y que no hubo de pormedio dinero ni otra dádiva que

a mí ni a ella nos sea afrentosa, Geta, helo de probar. 

GETA.-  Corriente.Hágase lo que tú dices, puesto que ello sea lo mejor

6

. 

SOSTRATA.-  Tú, contoda la diligencia posible, ve, y a Hegión, el tío de mi hija, dale

cuenta de todo lo que pasa, porque éste fue muy grande amigode nuestro Simulo, y siempre

nos ha querido mucho. 

GETA.-  Y en verdadque no hay otro que mire por nosotros. 

SOSTRATA.-  Ve tú,Cantara mía, ve corriendo a llamar a la partera, para que, cuando

sea necesaria, no nos haga esperar.  

 

Escena III

 

  

DEMEA; después, SIRO.

    

DEMEA.-  ¡Perdido soy;que he entendido que mi hijo Tesifón se ha hallado con Esquino

en el rapto de la moza! ¡Cuitado de mí! ¡No me faltaría yamás desventura sino que a éste que

tiene algunas virtudes, pudiese el otro inducírmele amaldades! ¿Dónde le iría yo a buscar?

Yo creo que me le habrá llevarlo a casa de alguna malamujer. No hay duda que le habrá

persuadido aquel pícaro. Pero allá veo ir a Siro. Éste medirá dónde está. Pero éste es del

rebaño; si comprende que ando en busca de mi hijo, no me lodirá el verdugo. No le daré a

entender que quiero esto. 

SIRO.-   (Sin ver aDEMEA.)  Todo el caso de habernos contadoahora al viejo  (Alude

a MICIÓN.) , cómo había pasado. No vi en mi vida cosa másregocijada.  

DEMEA.-  (Aparte.)  ¡Oh, Júpiter, quénecedad de hombre!

SIRO.-  Alabó a suhijo, y a mí, porque le había aconsejado, me dio las gracias. 

DEMEA.-  (Aparte.)  Reviento de enojo. 

SIRO.-  Luego nos dioel dinero necesario y además media mina para gastar. Y a fe que

ya la he empleado a mi gusto. 

SIRO.-   (A losespectadores.)  Vedle. A tal como éstedebéis encomendarle lo que

quisiereis que se negocie bien. 

SIRO.-  ¡Oh, Demea, note había visto! ¿Qué se hace? 

DEMEA.-  ¿Qué se hace,me preguntas? No sé qué me diga de vuestra manera de vivir. 

SIRO.-  Realmente quees tonta, lo digo de veras, y ajena de razón. (Vuelto de espaldas

a DEMEA y dirigiéndose a los criados de la casa.)  Dromón, limpia bien todos los demás

pescados, y a ese congrio mayor déjale nadar un poco en elagua. Cuando yo vuelva se abrirá,

antes no. 

DEMEA.-  Unas maldadescomo éstas se han de hacer!

SIRO.-  A mí,realmente, no me gustan, y mil veces grita contra ellas. -¡Hola, Estefanión!

Haz que se remojen bien esos peces salados. 

DEMEA.-  ¡Válgame lafe de los dioses! ¿Y tiénelo por ventura, por deporte, o piensa

que le será, gran honra echar a perder a su hijo? ¡Oh,triste de mí! Ya me parece que estoy

viendo el día en que, de pura necesidad, se ha de ir aalguna parte a servir al rey. SIRO.-  ¡Oh, Demea! Eso es, a lafe, ser los hombres cuerdos; no solamente echar de ver

lo que está delante de los pies, sino también las cosas porvenir. 

DEMEA.-  ¡Y qué!,¿está ya en vuestra casa esa tañedora? 

SIRO.-  Allá está. 

DEMEA.-  Dime, ¿y halade tener en casa?

SIRO.-  Creo que sí,según es su locura.

DEMEA.-  ¿Y esohará? 

SIRO.-  ¡Qué tontamansedumbre de padre, y qué benignidad tan mala! 

DEMEA.-  Cierto que meda vergüenza y pena de mi hermano. 

SIRO.-  Nunca diferenciahay, Demea, de ti a él (y no lo digo porque estás delante); pero

muy mucha. Tú de pies a cabeza no eres nada sino la mismasabiduría; él un zote. ¿Dejarías tú

al tuyo  (Alude aTESIFÓN.)  hacer cosas como éstas? 

DEMEA.-  ¡Si ledejaría...! ¿Seis meses antes que él intentase alguna picardía, no lo

olería yo? 

SIRIO.-  ¿A mí mecuentas tú lo que es tu diligencia?

DEMEA.-  Yo suplico alos dioses me le conserven cual él ahora es. 

SIRO.-  Según que cadauno quiere que sea su hijo, así lo es.  

DEMEA.-  ¿Y qué...?,¿hasle visto hoy? 

SIRO.-  ¿A tuhijo?  (Aparte.)  Echarele a éste a la granja.  (Alto.) Rato ha, creo yo, que

él debe entender en algo en la granja. 

DEMEA.-  ¿Sabes decierto que está allá?

SIRO.-  ¡Oh, como queyo mismo le acompañé!

DEMEA.-  Muy bien.Recelo tuve no se me arrimase por aquí. 

SIRO.-  Y aun muyairado.

DEMEA.-  ¿Porqué? 

SIRO.-  Húbolasmalamente con su hermano en la plaza por esta tañedora. 

DEMEA.-  ¿Díceslo deveras? 

SIRO.-  ¡Oh!, no semordió la lengua. Porque casualmente estando contando el dinero, he

aquí donde viene tu hombre de improviso, y comienza agritar: «¡Oh, Esquino! ¿Y tú has de

cometer unas infamias como éstas? ¿Tú has de hacer cosas tanajenas de nuestro linaje?». DEMEA.-  ¡Ah,de puro placer lloro! 

SIRO.-  «No destruyestú este dinero, sino tu propia vida». 

DEMEA.-  Los dioses mele guarden. Yo confío que se ha de parecer a sus mayores. 

SIRO.-   (En tonoponderativo.)  ¡Oh!...

DEMEA.-  ¡Siro, detales consejos está él embutido!

SIRO.-  ¡Bah! ¡Talmaestro se tiene él en casa de quien aprender! 

DEMEA.-  Yo lo procurosin descanso. No le paso cosa ninguna, amonéstole, y,

finalmente, yo le mando que se mire en las vidas de todoscomo en un espejo, y que de ellos

tome ejemplo para sí. «Harás esto, le digo».

SIRO.-  Muy bien. 

DEMEA.-  «Te guardarásde aquello».

SIRO.- Astutamente: 

DEMEA.-  «Eso se tienepor honra».

SIRO.-  Ésa es lacosa.

DEMEA.-  «Estotro porafrenta».

SIRO.-  Bien, bien.

DEMEA.- Además... 

SIRO.-  De veras queno tengo ahora lugar para escucharte. Porque he comprado unos

peces a pedir de boca y he de mirar no se me pudran. Porqueesto, Demea, tan gran falta es en

nosotros, como en vosotros el no hacer lo que ahora decías.Y en cuanto puedo, de la misma

manera les doy lecciones a los mozos de cocina: «Esto estásalado; estotro, quemado; lo otro,

final lavado; aquello bien; acuérdate para otra vez».Enséñoles lo que puedo conforme a mi

poquillo saber. Finalmente, Demea, yo les mando que se mirenen los platos, como en un

espejo, y les advierto lo que se ha de hacer. Bien entiendoyo que es necedad todo esto que

aquí hacemos; pero, ¡qué remedio!... Según que cada uno es,así le habemos de llevar la

condición. ¿Mandas otra cosa? 

DEMEA.-  Que los diosesos den mejor seso.

SIRO.-  ¿Tú te vasdesde aquí a la granja?

DEMEA.-  Derecho. 

SIRO.-  Porque...tampoco... ¿qué has de hacer tú aquí donde, si das un buen consejo,

nadie te obedece?

DEMEA.-  Cierto que deaquí me voy, pues aquel por quien yo había venido acá, fuese al

campo. Con sólo aquél tengo cuenta: aquél me toca a mí. Puesmi hermano así lo quiere, de este otro él cuidará. ¿Pero quién es aquél que veoallá lejos? ¿Es, por dicha, Hegión, el de

nuestra tribu? Si la vista no me engaña, realmente que esél. ¡Oh, qué hombre tan mi amigo

desde que éramos niños! ¡Soberanos dioses, y cuán gran faltatenemos ya de ciudadanos tales

como éste! Hombre de antigua virtud y crédito. Cierto queéste poco final procure a la ciudad.

¡Cómo me huelgo de ver que aún hay reliquias de aquellabuena raza! ¡Oh! Aún da gusto

vivir. Aguardarele, por saludarle y hablarle. 

 

 

Escena IV

 

  

HEGIÓN, GETA, DEMEA, PÁNFILA.

    

HEGIÓN.-   (Sin ver aDEMEA, hasta que lo indica el diálogo.) ¡Oh, soberanos dioses!

¡Qué infamia, Geta! ¿Qué me dices?

GETA.-  Pasa como tehe dicho. 

HEGIÓN.-  ¿De una casatan principal haber nacido un hecho tan villano? ¡Oh, Esquino,

cierto que en esto no te pareces a tu padre! 

DEMEA.-  (Aparte.)  Debe haber oído algo delo de la tañedora, y con ser extraño le

duele, y a este otro, (Alude a MICIÓN.)  con ser supadre, no le da ninguna pena. ¡Oh, triste

de mí! ¡Y no estuviera él aquí cerca para que oyeraesto! 

HEGIÓN.-   (AGETA.)  Si no hacen lo que es de razón,no se saldrán así con ello. 

GETA.-  Toda nuestraesperanza, Hegión, cuelga de ti, no tenemos otro amparo. Tú eres

nuestro valedor, tú nuestro padre. Aquél nuestro viejo a tinos dejó encomendarlos al tiempo

de morir. Si tú nos abandonas, perdidos somos. 

HEGIÓN.-  No digastal, que ni lo haré, ni entiendo que podría hacerlo píamente. 

DEMEA.-  (Aparte.)  Hablarle quiero.-Guárdente los dioses, Hegión. 

HEGIÓN.-  ¡Oh, en tumisma busca venía! Seas bien hallado, Demea. 

DEMEA.-  ¿Sobrequé...? 

HEGIÓN.-  Tu hijomayor, Esquino, el que a tu hermano diste por adoptivo, ha hecho

una cosa que no es, en verdad, de hombre de bien ni dehidalgo.

DEMEA.-  ¿Qué es ello?

HEGIÓN.-  ¿Acuérdastede Símulo, aquel amigo nuestro, de nuestra misma edad? 

DEMEA.-  ¿Cómo no?  HEGIÓN.- Esquino ha desflorado a una hija de éste.

DEMEA.-  ¡Oh! 

HEGIÓN.-  Espera,Demea, que aún no has oído lo peor del caso. 

DEMEA.-  ¿Y aún hayalgo peor? 

HEGIÓN.-  Sí, peor;porque esto, en cierto modo, se pudiera sufrir; indújole la noche, el

amor, el vino, los pocos años... ¡cosas de hombres! Mascuando vio lo que había hecho, él, de

su propia voluntad, vino a la madre de la doncella llorando,rogando, suplicando, y dando su

palabra y jurando que se casaría con ella. Perdonósele,callose, diósele crédito. La doncella de

aquella fuerza quedó en cinta; ya ha entrado en los diezmeses, y el muy hombre de bien (los

dioses me perdonen), hásenos habido una tañedora, para pasarla vida con ella y dejar a esta

otra burlada. 

DEMEA.-  ¿Y eso que medices es cierto?

HEGIÓN.-  Ahí está lamadre de la doncella, y la doncella misma, y el caso mismo y, en

fin, este Geta, que, para conforme el ser de los esclavos,es buen siervo y diligente. Él las

mantiene, él solo sustenta toda la casa. Cógele yaprisiónale y haz información del caso.

GETA.-  Y ábreme encanal, Demea, si ello no fue así. Finalmente, él no lo negará; hazle

venir a mi presencia. 

DEMEA.-  (Aparte.)  Corrido estoy. Ni séqué me haga, ni qué respuesta le dé a éste.

 (Indicando aHEGIÓN.) 

  PÁNFILA.-  (Dentro.) ¡Desdichada de mí! ¡Que me parten por medio estos dolores!

¡Juno Lucina, dame favor! ¡Sálvame, yo te lo ruego! 

HEGIÓN.-  ¡Oh!...Dime, ¿está ya aquélla de parto?

GETA.-  Sí, en verdad,Hegión. 

HEGIÓN.-  Mira, Demea.Aquélla ahora implora vuestra fidelidad; aquello a que la ley

os obliga, otorgádselo de voluntad. Yo, pues, primeramentesuplico a los dioses que esto se

haga como a vosotros cumple. Pero si otra intención tenéis,yo, Demea, no puedo dejar de

defender con todas mis fuerzas esta moza y la honra de aquelmuerto. Él era mi deudo. Desde

niños nos criamos juntos; en la guerra y en la paz siempreestuvimos juntos; juntamente

padecimos gran pobreza. Por tanto, yo he de estribar, hacery probar y, en fin, antes dejar la

vida, que desampararlas. ¿Qué me respondes? 

DEMEA.-  Hegión, yo meveré con mi hermano. El parecer que él en esto me diere,

aquél seguiré.

HEGIÓN.-  Pues mira,Demea, que lo consideres de esta manera, que cuanto más

fácilmente vosotros hacéis las cosas, y cuanto máspoderosos, ricos, prósperos, ilustres sois,

tanto más obligación tenéis de hacer de voluntad lo derazón, si queréis ser tenidos por

buenos.

DEMEA.-  Vuélvete; quese hará todo lo que fuere de razón. HEGIÓN.-  Esa obligación te queda.Geta, guíame allá dentro a casa de Sostrata. (Vanse

HEGIÓN y GETA.) 

DEMEA.-   (Solo.)  ¡No pasan estas cosas sin haberlas anunciadoyo! ¡Plega a los dioses

que en esto pare! Pero aquella manera de vivir tan a riendasuelta ha de venir, a dar realmente

en algún grave mal. Voy a buscar a mi hermano, paradescargar sobre él esta cólera.

 

 

Escena V

 

  

HEGIÓN.

    

HEGIÓN.-   (A lapuerta de la casa de SOSTRATA.)  Procura,Sostrata, tener buen

corazón y dar ánimo a esa moza cuanto puedas. Yo me veré conMición, si acaso está en la

plaza, y le contaré por extenso el negocio como pasa, paraque si determina hacer en esto lo

que debe, lo haga; y si otro parecer tiene, me lo diga, conque yo sepa luego lo que en ello he

de hacer. 

Acto IV

 

Escena I

 

  

TESIFÓN, SIRO.

    

TESIFÓN.-  ¿Dices túque mi padre ha ido al campo?

SIRO.-  Rato ha. 

TESIFÓN.-  ¿Deveras? 

SIRO.-  Dígote queestá en la granja. Yo entiendo que él ahora debe de estar muy

ocupado en alguna labor.

TESIFÓN.-  ¡Ojalá!¡Sí! Porque como ello fuese sin peligro de su vida, yo querría que de

tal modo se cansase, que en estos tres días no pudiera enninguna manera levantarse de la

cama. 

SIRO.-  ¡Así sea, yaun mejor que eso, si cabe!

TESIFÓN.-  Siquieraporque realmente deseo en extremo pasar todo este día en alegría,

como ya he comenzado. Y aquella granja, no por otra razón laaborrezco tanto, como porque está tan cerca. Porque si estuviera lejos, antesle tomara allá la noche, que pudiese volver acá

otra vez. Pero ahora, en cuanto no me vea allí, yo sé bienque él acudirá acá al punto. Me

preguntará que dónde he estado, que no le he visto hoy entodo el día. ¿Qué le diré?

SIRO.-  ¿No se teocurre nada?

TESIFÓN.-  Nada,nada. 

SIRO.-  Tanto peor.¿Algún cliente, amigo o huésped no tenéis? 

TESIFÓN.-  Sí; ¿yqué...? 

SIRO.-  Di que hastenido que despachar algunos negocios por ellos. 

TESIFÓN.-  ¿Nohabiéndolo hecho? No es posible.

SIRO.-  Lo es. 

TESIFÓN.-  Eso seráexcusa para el día; pero si me quedo aquí esta noche, Siro, ¿cuál le

daré?

SIRO.-  ¡Oh, cómoquisiera que estuviese en uso también el negociar de noche por los

amigos! Tú sosiega tu corazón, que yo le entiendo muy bienel genio; cuando más quemado

está, te le torno tan manso como una oveja.

TESIFÓN.-  ¿De quémanera? 

SIRO.-  Gusta mucho deoír decir de ti alabanzas; yo te hago delante de él un dios;

cuéntole las virtudes...

TESIFÓN.-  ¿Mías?

SIRO.-  Tuyas. Y en elmismo punto al hombre se le saltan de placer las lágrimas, como

a una criatura.  (Envoz baja.)  Pero, ¡hola! ¡Cata...! 

TESIFÓN.-  ¿Qué esello?

SIRO.-  El lobo en laconseja.

TESIFÓN.-  ¿Mi padrees?

SIRO.-  El mismo. 

TESIFÓN.-  ¿Quéhacemos, Siro? 

SIRO.-  Retírate túahora allá dentro; que yo lo remediaré. 

TESIFÓN.-  Si tepreguntare por mí, di que no me has visto; ¿hasme oído?  (Entra en

casa de MICIÓN.)  

SIRO.-  ¿Quieresdejarme hacer a mí?

 

Escena II

 

  

DEMEA, TESIFÓN, SIRO.

    

DEMEA.-   (Sin ver aTESIFÓN ni a SIRO.)  ¡Realmente que soyhombre desdichado!

Cuanto a lo primero, no hallo a mi hermano en parte ninguna;además de esto, yendo a

buscarle, veo un peón que venía de mi granja, el cual medice que no estaba allí mi hijo. No sé

qué me haga.

TESIFÓN.-   (Oculto encasa de MICIÓN.)  ¡Siro!

SIRO.-  ¿Quédices? 

TESIFÓN.-  ¿A mí mebusca?

SIRO.-  Sí. 

TESIFÓN.-  ¡Perdidosoy!

SIRO.-  Ten buencorazón. 

DEMEA.-   (Sinverlos.)  ¡Qué desgracia mía es ésta!¿Pesar de la fortuna? No lo puedo

entender, sino que creo que nací aposta para esto: parapadecer trabajos. Yo soy el primero

que siento nuestros males; yo el primero que lo sé todo; yoel primero que traigo las malas

nuevas; yo solo soy el que, si algún mal sucede, lopadezco. 

SIRO.-  (Aparte.)  Risa me da el viejo. Éldice que es el primero que lo sabe, y él solo es

el que todo lo ignora.

DEMEA.-  Ahora vengo aver si acaso ha vuelto mi hermano. 

TESIFÓN.-  (Bajo.)  Siro, por tu vida, quemires no se nos entre acá de rondón. 

SIRO.-  ¿No callarás?Yo le detendré. 

TESIFÓN.-  A fe que nolo confíe yo hoy de ti, sino que yo me encierre con

ella. (Alusión a CALIDIA.) en algún aposento luego: esto es lo más seguro. 

SIRO.-  En buen hora;pero con todo yo le apartaré de aquí. 

DEMEA.-  Pero he alláel bellaco de Siro. 

SIRO.-   (Gritando, ycomo si no hubiera visto a DEMEA.) Realmente que no habrá

quien pueda durar en esta casa, si esto se ha de sufrir. Yoquiero saber cuántos amos tengo.

¿Qué desventura es ésta? DEMEA.-    (Aparte.) ¿De qué se queja aquél?, ¿qué quiere? (Alto a SIRO.)  ¿Qué

dices, buen hombre?, ¿está mi hermano en casa? 

SIRO.-  ¡Malapeste...! ¿Por qué me llamas buen hombre? ¿No ves como soy perdido? 

DEMEA.-  ¿Quétienes? 

SIRO.-  ¿Eso mepreguntas? Tesifón, a mí y a esa tañedora, a puñadas nos ha casi dejado

por muertos.

DEMEA.-  ¿Eh? ¿Qué mecuentas? 

SIRO.-  Mira cómo meha rasgado la boca.

DEMEA.-  ¿Porqué? 

SIRO.-  Dice que pormi persuasión se ha comprado esta moza. 

DEMEA.-  ¿No medijiste tú antes que le habías acompañado desde aquí hasta la granja? 

SIRO.-  Y es verdad,pero después volvió hecho una fiera: no perdonó cosa. ¿No tuvo

empacho de poner las manos en un viejo como yo, habiéndoleyo traído no ha muchos años en

mis brazos, siendo él pequeñito? 

DEMEA.-  ¡Bien,Tesifón; a tu padre sales! ¡Adelante; veo que eres un hombre! 

SIRO.-  ¿Qué te parecebien...? Pues a fe que si él es cuerdo, he aquí adelante se tenga

sus manos comedidas.

DEMEA.-   (Ponderandoa TESIFÓN.)  ¡Eso es valor!

SIRO.-   (Conironía.)  ¡Mucho! ¡Porque venció a unatriste mujer y a mí, pobre esclavo

que no me le osaba volver! ¡Mucho valor, sí! 

DEMEA.-  No lo pudohacer mejor; de mi mismo parecer fue; que tú eres el autor de

todo esto. Pero, ¿está mi hermano en casa? 

SIRO.-  No. 

DEMEA.-  Pensandoestoy dónde le iría yo a buscar.

SIRO.-  Yo sé dónde;pero no te lo diré hoy en todo el día. 

DEMEA.-  (Indignado.)  ¿Eh? ¿Qué dices?

SIRO.-  Lo queoyes. 

DEMEA.-  Menudillo hede hacerte la cabeza.

SIRO.-  Pero es que nosé el nombre de aquel hombre..., aunque sé el lugar donde está. 

DEMEA.-  Di, pues, ellugar.  SIRO.-  ¿Sabes esta lonja..., aquí junto a lacarnicería..., a la parte de abajo? 

DEMEA.-  ¿Pues no hede saber? 

SIRO.-  Pasa por allíla plaza arriba derecho; cuando llegares al cabo, hay una cuesta, que

tira hacia abajo; derríbate por ella; después hay a estamano un oratorio, y junto de él un

callejón estrecho. 

DEMEA.-  ¿Hacia quéparte?

SIRO.-  Allí donde haytambién una gran higuera silvestre. 

DEMEA.-  ¡Ya...!

SIRO.-  Pues caminapor allí. 

DEMEA.-  Pero esecallejón no tiene salida.

SIRO.-  Realmente quedices la verdad. ¡Bah!, ¿piensas que estaba en mi juicio?

Equivoqueme. Torna otra vez a la lonja: por aquí, en verdad,irás mucho más pronto y hay

menos donde errar. ¿Sabes la casa de Cratino, éste que estan rico? 

DEMEA.-  Sí. 

SIRO.-  -Pues enpasándola, toma, a la mano izquierda la plaza adelante por aquí.

Cuando llegares al templo de Diana, tira a la derecha, yantes de llegar a la puerta de la

ciudad, junto al mismo abrevadero, hay un molino y enfrenteuna carpintería: allí está. 

DEMEA.-  ¿Y qué haceallí? 

SIRO.-  Ha dado ahacer unos lechos de campo7

, con los pies de roble. 

DEMEA.-  Sí, paravuestras comilonas. Bien, por cierto. Pero, ¿qué hago, que no voy a

buscarle? (Vase.) 

SIRO.-  ¡Anda, anda;que yo haré que te canses hoy como tú lo mereces, viejo caduco!

Esquino se detiene mucho, la comida se pierde, y Tesifónestá enredado en sus amores. Pues

yo también miraré por mí, porque me iré ya a la cocina, yecharé mano de lo mejor, y

sorbiendo a traguillos, pasaré este día poquito apoquito. 

 

 

Escena III

 

  

MICIÓN, HEGIÓN.

    

MICIÓN.-  Yo, Hegión,no hallo razón ninguna en este caso por qué hayas de alabarme

tanto. Yo hago lo que debo, enmiendo el yerro que los míoshan cometido. Si acaso no me tienes por alguno de aquellos a quienes les pareceque se les hace muy grande agracio con

pedirles cuenta del que ellos voluntariamente han hecho, yse quejan muy de veras de ello. ¿Y

porque yo no he hecho lo mismo me das las gracias? 

HEGIÓN.-  ¡Oh, no, enverdad! Nunca en mi pensamiento te tuve en otra reputación de

lo que eres. Pero yo te suplico, Mición, que te vengasconmigo a casa de la madre de la

doncella, y le digas lo mismo que a mí me has dicho a lamujer: cómo esta sospecha contra

Esquino es por causa de su hermano, y que esa tañedora no essuya. 

MICIÓN.-  Si eso teparece justo, o si así cumple que se haga, vamos. 

HEGIÓN.-  Bien haces,porque le aliviarás la pena a la cuitada, que está deshaciéndose

de dolor y desventura, y tú te portarás como quien eres.Aunque si otra cosa te parece, yo

mismo le contaré a la mujer lo que ti me has dicho. 

MICIÓN.-  No, sino queyo mismo iré. 

HEGIÓN.-  Muy bienhaces. Porque todos los que son de corta fortuna, yo no sé por qué

son más suspicaces. Todo lo toman por afrenta, y como puedenpoco, piensan que todo el

mundo los desprecia. Y por esto, mejor será que tú mismocara a cara les des esa satisfacción.

MICIÓN.-  Dices muybien y muy gran verdad. 

HEGIÓN.-  Sígueme,pues, allá  (Indicando la casa deSOSTRATA.)  por aquí. 

MICIÓN.-  Con muchogusto.

 

 

Escena IV

 

  

ESQUINO, solo.

    

ESQUINO.-  Atormentadotraigo el corazón. ¡Y que sea posible que así de súbito me

haya sucedido tanto mal, que ni sepa qué haré de mí, ni quédispondré! Todos mis miembros

me están temblando de miedo; el alma se me ha pasmado detemor; en mi cabeza ningún

consejo puede hacer asiento. ¡Oh!, ¿cómo me desligaría yo deun enredo tan grande? No lo sé.

¡Ahora se ha tenido de mí tanta sospecha! ¡Y no realmentesin ocasión! Sostrata piensa que yo

he comprado para mí esta tañedora: esto me lo ha dicho lavieja. Porque casualmente yendo

ella desde aquí a llamar a la partera, yo la vi y al puntoallégomele, y pregúntole qué hacía

Pánfila; si se le había presentado ya el parto; si iba poreso a llamar a la partera. Ella comienza

a decirme a grandes voces: «¡Quita, quítatenos ya de aquí,Esquino! Harto tiempo nos has

traído vendidas y engañadas. Basta ya la burla que tusbuenas promesas nos han hecho». Yo,

entonces, dígole: «¡Cómo es eso! ¿Qué dices, por tu vida?-Ve en buen hora; tente aquélla que

tanto te agrada». Luego entendí la sospecha que tenían; perodetúveme, por no decirle a

aquella habladora nada de mi hermano por donde se viniese adescubrir. Y ahora, ¿qué haré?

¿Les diré que esta tañedora es amiga de mi hermano? Esto enninguna manera conviene, que

en parte ninguna se diga. Pero de esto no hago cuenta.Posible es que no se descubra. La misma verdad del caso temo que no la creerán.¡Tantas razones hay para lo contrario! Yo

mismo fui el que la quité, yo el que pagué el dinero, a mimisma casa vino. Todo esto bien

confieso yo que ha sido por mi culpa, y por no haberledescubierto yo a mi padre la manera

como había este negocio sucedido; que él me hubiera dadolicencia para casarme con Pánfila.

Mucho me he dormido hasta ahora. ¡Ea, Esquino, despiértate!Porque éste es el primer

encuentro, quiero ir a hablarles y darles mi disculpa. Llegaremea su puerta. ¡Oh, pobre de mí!

Las carnes me tiemblan siempre que llamo aquí: ¡Hola!,¡hola! Esquino soy. Ábrame alguien

esta puerta de presto. No sé quién sale. Apartereme haciaacá. 

 

 

Escena V

 

  

MICIÓN, ESQUINO.

    

MICIÓN.-   (Saliendode casa de SOSTRATA.)  Hacedlo de lamanera que os he dicho

Sostrata; yo me veré con Esquino, para que sepa cómo se hatratado este negocio. -Pero,

¿quién es el que ha llamado a esta puerta?

ESQUINO.-  (Aparte.)  Mi padre es realmente.¡Perdido soy! 

MICIÓN.- Esquino. 

ESQUINO.-  (Aparte.)  ¿Qué negocio tiene ésteen esta casa? 

MICIÓN.-  ¿Has llamadotú a esta puerta?  (Aparte.)  Calla. Bien será burlarme de él un

poco, pues jamás ha querido fiar de mí estos amores.  (Alto.) ¿No me respondes nada? 

ESQUINO.-  Yo no hellamado a esa puerta, que yo sepa. 

MICIÓN.-   (Conironía.)  ¿No...? Ya me maravillaba yoque tú tuvieses que hacer aquí.

 (Aparte.)  Colorado se ha puesto; buena señal es. 

ESQUINO.-  Y tú,padre, por tu vida, ¿qué tienes que hacer aquí, dime? 

MICIÓN.-  Yo nada enverdad. Un amigo me Ha traído acá ahora desde la plaza, para

que le fuese valedor. 

ESQUINO.-  ¿Enqué? 

ESQUINO.-  Yo te lodiré. Moran aquí unas mujeres pobres... Creo no debes tener

noticia de ellas, y aun lo sé de cierto, porque ha poco quese han pasado a vivir a este barrio. 

ESQUINO.-  ¿Quémás? 

MICIÓN.-  Son unadoncella y su madre.

ESQUINO.-  Sigue.  MICIÓN.- Esta doncella es huérfana de padre. Este amigo mío es el pariente más

cercano que ella tiene; las leyes le obligan a que se casecon ella. 

ESQUINO.-  (Aparte.)  ¡Perdido soy!

MICIÓN.-  ¿Qué eseso? 

ESQUINO.-  No...,nada... Bien está; pasa adelante.

MICIÓN.-  Él ha venidoa llevársela consigo, porque mora en Mileto. 

ESQUINO.-  ¡Cómo! ¿Allevarse consigo la doncella?

MICIÓN.-  Sí. 

ESQUINO.-  ¿HastaMileto, por tu vida?

MICIÓN.-  Sí. 

ESQUINO.-  (Aparte.)  A mí me va a daralgo.  (Alto.)  Y ellas ¿qué dicen?

MICIÓN.-  ¿Qué piensasque han de decir? Haz cuenta que nada. La madre ha fingido

que la doncella ha tenido un muchacho, no sé de quién,porque ella no le nombra, y que el

padre del chico es primero, y que no conviene casarla conéste de Mileto. 

ESQUINO.-  ¡Y pues!Después de todo, ¿no te parece que ello es muy justo? 

MICIÓN.-  No. 

ESQUINO.-  ¿Que no,por tu vida? ¿Acaso se la llevará de aquí, padre? 

MICIÓN.-  ¿Pues porqué no la ha de llevar?

ESQUINO.-  Creo,padre, que lo habéis hecho dura y cruelmente, y aun si se ha de decir

la verdad, villanamente. 

MICIÓN.-  ¿Porqué? 

ESQUINO.-  ¿Por qué,me preguntas? ¿Qué corazón le quedará a aquel infeliz que

primero ha tenido trato y amistad con ella (¡y qué sé yo siel desdichado aún la quiere

locamente!) cuando vea que de su presencia se la quitan y sela llevan de delante de sus ojos?

¡Muy mal hecho, padre! 

MICIÓN.-  ¿Cómo eseso?, ¿quién se la prometió?, ¿quién se la dio?, ¿cuándo casó con

él?, ¿quién fue el que lo trató?, ¿por qué tomó él mujer queno era suya? 

ESQUINO.-  ¿Pues erarazón que una moza de sus años se estuviese queda en su casa,

aguardando que un pariente viniese desde Mileto acá porella? Esto era justo, padre mío, que

tú dijeras, y que defendieras. 

MICIÓN.-  ¡Quégracia...! ¿Contra el que me había traído por su valedor había yo de

argüir? Pero, ¿qué nos va en eso a nosotros, Esquino?, ¿oqué tenemos que ver con ellos?

Vámonos. ¿Qué es esto?, ¿por qué lloras?  ESQUINO.- ¡Padre, por mi amor que me oigas! 

MICIÓN.-  Esquino,todo lo he entendido ya, y lo sé porque te amo, y por esto cuido más

de todo cuanto haces. 

ESQUINO.-  ¡Así plegaa los dioses que tú, por merecerlo yo, me ames, padre mío,

mientras vivas, como a mí me pesa en el alma de habercometido este yerro y como me

avergüenzo! 

MICIÓN.-  En verdadque lo creo, porque conozco tu ahidalgada condición; pero recelo

que eres harto descuidado en ordenar tu vida. Porque, ¿enqué ciudad haces cuenta tú que

vives? Desfloraste una doncella, la cual no fuera razón quela tocaras. Cuanto a lo primero, el

delito fue grave, muy grave, pero, en fin, es de hombres.Otros tan buenos como tú lo han

hecho muchas veces. Pero después de sucedido el caso, dime,¿has, por ventura, echado de

ver, o has mirado por ti qué es lo que habías de hacer, opor qué vía se había de hacer? Si

tenías empacho de decírmelo tú mismo, ¿cómo lo iba a saberyo? Mientras has estado perplejo

en esto, se te han pasado diez meses, te has comprometido ati mismo, y a esa cuitada, y a tu

hijo cuanto ha sido de tu parte. ¡Qué! ¿Pensabas quemientras tú dormías te habían de arreglar

los dioses tus negocios, y que sin procurarlo tú se te habíaella de venir a tu aposento? No

quisiera que mostrases tal indiferencia en lo demás.Anímate; que te casarás con ella. 

ESQUINO.-   (Muyalegre.)  ¡Cómo!

MICIÓN.-  Digo que tengasbuen ánimo.

ESQUINO.-  No, padre,dime, por tu vida, ¿búrlaste de mí ahora? 

MICIÓN.-  ¿Yo... deti? ¿Por qué? 

ESQUINO.-  No lo sé;sino que como deseo tanto que eso sea verdad, por eso temo

más... 

MICIÓN.-  Vete a casay haz oración a los dioses, para que, mandes traer a tu mujer.

¡Camina!

ESQUINO.-  ¿Cómo? ¿Yamujer? 

MICIÓN.-  Sí, ya.

ESQUINO.-  ¿Ya? 

MICIÓN.-  Ya; ve lomás presto que puedas.

ESQUINO.-  Todos losdioses me castiguen, padre mío, si yo no te quiero más ahora, que

a mis ojos.

MICIÓN.-  ¿Y más que aella? 

ESQUINO.-  Tanto.

MICIÓN.-  Muybien. 

ESQUINO.-  Y el deMileto, ¿qué se ha hecho? MICIÓN.- Fuese, desapareció, embarcose. Pero, ¿por qué no vas...? 

ESQUINO.-  Mejor es,padre mío, que tú vayas y hagas oración a los dioses; porque yo

tengo por cierto que cuanto tú eres mejor que yo, tantoellos con mayor voluntad oirán tus

ruegos. 

MICIÓN.-  Yo me voyallá dentro a hacer que se apareje todo lo que es menester; tú, si

cuerdo eres, haz como te he dicho. 

ESQUINO.-  (Solo.)  ¿Qué negocio es éste?¿Esto es ser padre? ¿Esto es ser hijo? Si mi

hermano o mi compañero fuera, ¿qué más me pudiera complacer?¿A un padre así no le he yo

de amar y traerle metido en mis entrañas? Ah, de tal manerame ha puesto, con su benignidad,

en perpetua obligación de no hacer a necias cosas que no ledé gusto; que a sabiendas yo me

guardaré! Pero voyme allá dentro, por no ser yo mismoestorbo de mis bodas. 

 

 

Escena VI

 

  

DEMEA, solo.

    

DEMEA.-  Molido vengode andar. ¿Que el gran Júpiter os destruya, Siro, a ti y a tus

indicaciones! He andado rastreando por toda la ciudad, hastala puerta, hasta el abrevadero,

¿hasta dónde no...? Y ni allí había casa de carpintero, nihombre que dijese que había visto a

mi hermano. Ahora vengo con determinación de esperarle encasa hasta que vuelva. 

 

 

Escena VII

 

  

MICIÓN, DEMEA.

    

MICIÓN.-   (A suhijo.)  Voy a decirles cómo por nosotrosno hay demora. 

DEMEA.-  Pero heleaquí.  (Alto.)  Rato ha que te busco, Mición. 

MICIÓN.-  ¿Qué mequieres? 

DEMEA.-  Te traigonoticia de otras grandes maldades de aquel honrado mozo.  (Alude

a ESQUINO.)  

MICIÓN.-  ¡Ya parecióel hombre!

DEMEA.-  Inauditas,criminales. MICIÓN.-  Acaba ya. 

DEMEA.-  ¡Ah, tú nosabes qué sujeto es!

MICIÓN.-  Lo sé. 

DEMEA.-  ¡Ah, tonto!Tú debes de imaginar que yo hablo de la tañedora: Este delito es

contra una doncella ciudadana. 

MICIÓN.-  Ya losé. 

DEMEA.-  (Iracundo.)  ¡Oh!, ¿lo sabes y losufres?

MICIÓN.-  ¿Por qué nolo he de sufrir?

DEMEA.-  Dime, ¿noclamas...?, ¿no pierdes el juicio? 

MICIÓN.-  No; yo másquisiera ciertamente...

DEMEA.-  Ha nacido yaun muchacho.

MICIÓN.-  Los diosesle hagan dichoso.

DEMEA.-  La moza notiene nada.

MICIÓN.-  Así me lohan dicho. 

DEMEA.-  ¿Y sin dotese ha de casar con ella?

MICIÓN.-  Llanacosa. 

DEMEA.-  Y ahora, ¿quéharemos? 

MICIÓN.-  Lo que elmismo caso pide, Haremos que pase a nuestra casa la doncella.

DEMEA.-  ¡Oh, Júpiter!¿Y eso es lo que cumple...?

MICIÓN.-  ¿Pues quéotra cosa quieres que yo haga?

DEMEA.-  ¿Qué...? Yaque en realidad de verdad esto no te apena, a lo menos es propio

de hombre aparentarlo. 

MICIÓN.-  Pero es queya tengo prometida la doncella; el negocio está concertado, y se

hace hoy el casamiento, y ya les he quitado todo el temor.Esto sí que es más propio de un

hombre. 

DEMEA.-  ¿Y, pues,parécete a ti bien el caso, Mición?

MICIÓN.-  No, si yo lopudiera estorbar; pero, pues no puedo, tómolo con paciencia. La

vida de los hombres es como juego de tablas: Que si en ellance no sale lo que era menester,

lo que por azar salió se ha de enmendar con laprudencia.  DEMEA.-  ¡Gentil maestro de enmiendas! Con esa tuprudencia se han perdido las veinte

minas que se dieron por la tañedora, la cual, en la hora seha de despedir o vendida o de balde. 

MICIÓN.-  Ni ladespediré, ni tengo gana de venderla.

DEMEA.-  ¿Pues quéharás de ella? 

MICIÓN.-  En casaquedará. 

DEMEA.-  ¡Oh, fe dedioses! ¿La ramera y la mujer en una misma casa? 

MICIÓN.-  ¿Por qué no? 

DEMEA.-  ¿Tú entiendesque estás en tu seso?

MICIÓN.-  Yo entiendoque sí. 

DEMEA.-  Así losdioses me amen, como creo, según veo tu poco juicio, que lo harás

por tener con quien cantar. 

MICIÓN.-  ¿Qué hay quedudar en eso? 

DEMEA.-  ¿Y la recién casadaha de aprender también esa habilidad? 

MICIÓN.-  Esllano. 

DEMEA.-  ¿Y tú entreellas, asido de la cuerda, bailarás? 

MICIÓN.-  Sí.

DEMEA.-  ¿Sí? 

MICIÓN.-  Y tútambién, Demea, juntamente con nosotros, si fuere menester. 

DEMEA.-  ¡Ay de mí!¿No te avergüenzas de decir cosas semejantes? 

MICIÓN.-  ¡Ea! Deja yaestar tu cólera, Demea, y muéstrate, como es razón, alegre y

voluntario en las bodas de tu hijo. Yo voy a hablar conellos un momento; luego soy aquí.

 (Vase.)  

DEMEA.-  ¡Oh Júpiter!,¿y ésta es vida?, ¿y éstas son costumbres?, ¿esto es seso de

gente? La mujer vendrá sin dote, la tañedora dentro, lagente de casa gastadora, el mozo

regalón, el viejo loco desvariado. Aunque la misma salvaciónquiera salvar y conservar esta

casa, no podrá de ninguna manera. 

 

 

 

Acto V

 

Escena I 

  

SIRO, DEMEA.

    

SIRO.-  A buena fe,Sirete, que te has dado buen verde, y has hecho tu deber muy

cumplidamente: ¡Jala! Pero, pues he satisfecho bien alládentro a mi deseo, hame parecido

salirme por acá fuera ahora un poco a pasear. 

DEMEA.-  (Aparte.)  ¡Mirad, si os parece,la muestra de buen gobierno de casa! 

SIRO.-  (Aparte.)  Pero he aquí do vienenuestro viejo.  (Alto.) ¿En qué seentiende?

¿De qué estás triste?

DEMEA.-  ¡Ah, bellaco! 

SIRO.-  ¿Ya vienes túa derramar aquí palabras de sabiduría? 

DEMEA.-  ¡Si fuerassiervo mío...

SIRO.-  Fueras rico,Demea, y tuvieras bien segura tu hacienda. 

DEMEA.-  ... yo haríaque fueses escarmiento para todos! 

SIRO.-  ¿Por qué?,¿qué hice yo? 

DEMEA.-  ¿Eso mepreguntas? Entre la misma revuelta, y en un delito tan grave que

apenas se ha podido reparar, ¿has comido y bebido, ladrón,como si hubiera sucedido algún

gran bien? 

SIRO.-  (Aparte.)  ¡Pardiez, que me pesade haber salido acá! 

 

 

Escena II

 

  

DROMÓN, SIRO, DEMEA.

    

DROMÓN.-   (Saliendode casa de MICIÓN.)  ¡Hola, Siro...!,¡que te ruega Tesifón que

vuelvas! 

SIRO.-  Vete de aquí.

DEMEA.-  ¿Qué dice ésede Tesifón?

SIRO.-  No, nada.  DEMEA.-  (Indignado.)  ¡Ah, verdugo! ¿Yallá dentro está Tesifón? 

SIRO.-  No. 

DEMEA.-  ¿Cómo, pues,le nombra ése? 

SIRO.-  Es otroTesifón, un truhancillo, chiquitín..., ¿no le conoces? 

DEMEA.-  Yo sabré...

SIRO.-  ¿Qué haces?,¿a dó vas?

DEMEA.-  Déjame. 

SIRO.-  ¡No vayas, portu vida! 

DEMEA.-  ¿No apartarásla mano, azotado?, ¿o quieres que te haga pedazos la cabeza? 

SIRO.-   (Solo.)  Fuese. ¡Un convidado, en buena fe no muyconveniente, en especial

para Tesifón! ¿Qué tengo yo ahora de hacer, sino mientrasestos enojos se apaciguan, irme

entre tanto a un rincón, y allí dormir este vinillo? Hareloasí. 

 

 

Escena III

 

  

MICIÓN, DEMEA.

    

MICIÓN.-   (Saliendode casa de SOSTRATA.)  De nuestra parte,Sostrata, todo está ya

a punto; como he dicho, podéis venir cuando quisiereis.-¿Quién ha dado tan gran golpe en mi

puerta? 

DEMEA.-   (Desde casade MICIÓN.)  ¡Ay de mí! ¿Qué haré?, ¿quédiré?, ¿qué gritos

daré o a quién me quejaré? ¡Oh, cielo! ¡Oh, tierra! ¡Oh,mares de Neptuno! 

MICIÓN.-   (A unespectador.)  Ya ha entendido todo elcaso, y de eso da gritos, no hay

duda; riñas tenemos; acudir allá conviene. 

DEMEA.-  Hele aquí doviene la perdición de mis dos hijos. 

MICIÓN.-  ¡Ea!,refrena ya tu cólera y vuelve en ti.

DEMEA.-  Ya la herefrenado, ya he vuelto; dejo aparte pesadumbres. Tratemos sólo del

caso. ¿No fue concierto entre nosotros, y aun por ti mismopropuesto, que ni tú tuvieses

cuenta con mi hijo ni yo tampoco con el tuyo? Responde. 

MICIÓN.-  Verdad es,no lo niego.  DEMEA.-  Pues, ¿por qué ahora hace convites en tucasa?, ¿por qué le recibes?, ¿por qué

me le compras amiga, Mición? ¿Qué razón hay para que yo nohaya de tener el mismo

derecho contra ti que tú tienes contra mí? Pues yo no cuidodel tuyo, no cuides tú del mío. 

MICIÓN.-  No tienesrazón.

DEMEA.-  ¿Qué no? 

MICIÓN.-  Porquerefrán antiguo es que entre los amigos todo ha de ser común. 

DEMEA.-  ¡Guapamente!¿Ahora salimos con ésas?

MICIÓN.-  Óyeme,Demea, dos palabras, si no te es molesto. Cuanto a lo primero, si el

gasto que tus hijos hacen te da pena, por mi amor que loconsideres entre ti de esta manera.

Tú, al principio, a tus dos hijos los criabas conforme a laposibilidad de tu hacienda, porque

creías que tus bienes para entrambos bastarían, y que yo mecasaría sin duda. Echa, pues,

ahora aquella misma cuenta antigua: conserva, adquiere,endura, y procura tú dejarles mucha

hacienda. Esa honra téntela tú para ti. De mis bienes, queles han venido sin pensar, déjalos

gozarse; del patrimonio no se te perderá una blanca. Lo quede mis bienes les quedare, haz

cuenta que te lo hallas. Si todo eso, Demea, quieresconsiderar de veras, a mí y a ti y a ellos

nos librarás de pesadumbre. 

DEMEA.-  Lo de lahacienda pase; más las costumbres de los mozos... 

MICIÓN.-  Tente, ya loentiendo, a eso iba. Muchas señales, Demea, hay en el hombre

por las cuales puede juzgarse fácilmente. Cuando dos hacenuna misma cosa, puedes muchas

veces decir: a éste se le puede sufrir el hacer esto, y aestotro no se puede. No porque la cosa

sea diferente, sino porque lo son los que la hacen. Y así,yo veo en ellos señales por donde

confío que serán cuales deseamos. Yo veo que tienendiscreción y juicio, y vergüenza donde

conviene tenerla, y que se aman. Y es de ver realmente sucondición y voluntad ahidalgada. El

día que tú quisieres, los volverás al buen camino. Peroacaso temas que sean muy descuidados

en conservar sus haciendas. ¡Oh, hermano Demea! Los viejospara todo lo demás somos más

sabios por la edad; sola ésta falta trae consigo a loshombres la vejez; que todos somos más

codiciosos del dinero, de lo que conviene. Y así el tiempoles aguzará el deseo de adquirir. 

DEMEA.-  ¡Plega a losdioses, Mición, que esas tus buenas razones y esa tu benignidad

no dé con todo al traste! 

MICIÓN.-  Calla, queno sucederá. Deja ya esos temores, huélgate hoy conmigo, alegra

esa cara. 

DEMEA.-  Pues eltiempo así lo requiere, habrelo de hacer; pero mañana, en

amaneciendo, me iré de aquí con mi hijo a la alquería. 

MICIÓN.-  Y aun antesque amanezca; solamente hoy te muestres de buen humor. 

DEMEA.-  ¿Y tengo dellevar allá conmigo esa tañedora? 

MICIÓN.-  Procúralo,porque con ella tendrás tu hijo allí como atado a una estaca. Pero

mira que me la guardes bien. DEMEA.-  Eso yo lo procuraré yharé que ancle allí llena de hollín, de humo y de polvo

de harina, a poder de cocer y de moler, y tras todo eso, aun sol de mediodía le haré espigar;

más tostada te la tornaré y más negra que el carbón. 

MICIÓN.-  Muy bien.Ahora me pareces hombre cuerdo. Y aun si yo fuese que tú, le

haría a mi hijo que, aunque no quisiese, se acostase conella. 

DEMEA.-  ¿Búrlaste demí? ¡Dichoso tú, que esa alma, tienes! Yo siento... 

MICIÓN.-  ¡Ah!, ¿yavuelves...?

DEMEA.-  Ya, ya mecallo. 

MICIÓN.-  Pues éntrateallá. Pasemos este día alegremente en lo que ya está

determinado. 

 

 

Escena IV

 

  

DEMEA, solo.

    

DEMEA.-  Jamás ningunoechó tan bien la cuenta de su vida, que los negocios, los años

y la experiencia no le enseñasen algo nuevo, y le avisasende algo, de manera que lo que él se

pensaba saber no lo supiese, y lo que tenía por mejor loreprobase. Lo cual ahora a mí me ha

acaecido, porque aquella vida áspera que yo hasta aquí heseguido, ahora que ya casi estoy al

fin de la jornada, la condeno. ¿Y por qué? Porque laexperiencia me ha enseñado que al

hombre no hay cosa que le esté mejor que la benignidad y laclemencia. Que esto es verdad,

por mí y por mi hermano lo puede entender quienquierafácilmente. Él siempre ha pasado su

vida sin cuidados y en convites; benigno, manso, sin ofendera nadie, complaciendo a todos,

ha vivido a su gusto, gastado a su gusto; todos le elogian,todos le aman. Yo soy el villano, el

cruel, el triste, el escaso, el terrible, el duro. Caseme:¡Qué desdichas en el matrimonio!

Naciéronme hijos: ¡Nuevos cuidados! Pues además de esto,procurando dejarles mucha

hacienda, toda mi vida y mis años he gastado en adquirir. Yahora, al cabo de ellos, el

galardón de mis trabajos es ser aborrecido. Mi hermano, sintrabajo ninguno, goza de todas las

ventajas de un padre con mis hijos: a él le aman, de míhuyen; a él le dan parte de sus

consejos; a él le tienen afición; ambos están con él, a míme desamparan. A él le desean larga

vida; tal vez codician mi muerte. De manera, que los que yohe criado con gran trabajo, él se

los ha hecho suyos a poca costa. Yo llevo a cuestas todaslas fatigas, y él se goza todos los

contentos. ¡Ea, pues, probemos ahora al contrario, si podréyo decir alguna palabra

amorosamente o hacer algo con benignidad, pues él me obligaa ello! Que también quiero yo

ser amado, y estimado de los míos. Y si esto ha de serdándoles y complaciéndoles, no seré yo

de los postreros. ¿Y si falta? ¡A mí qué...! Para mí nofaltará; que ya poca vida me queda. 

 

 

Escena V

   

SIRO, DEMEA.

    

SIRO.-  ¡Hola,Demea... que te ruega tu hermano que no te vayas lejos! 

DEMEA.-  ¿Quién es...?-¡Oh, amigo Siro, estés en buen hora! ¿Qué se hace?, ¿cómo va? 

SIRO.-  Muy bien. 

DEMEA.-  Huelgo deello.  (Aparte.)  Ya ahora he dicho tres palabras fuera de mi

condición: Amigo, ¿qué se hace, cómo va?  (Alto.) Ahidalgado siervo te muestras, y así haré

por ti de buena gana. 

SIRO.-  En merced telo tengo. 

DEMEA.-  Mira, Siro,que no es donaire esto, y antes de mucho lo verás por la obra. 

 

 

Escena VI

 

  

GETA, DEMEA.

    

GETA.-   (Saliendo decasa de SOSTRATA.)  Señora, yo voy a daraviso a éstos

 (Alude a MICIÓN y aESQUINO.)  para que vengan luego por ladoncella. -Pero, ¡he aquí a

Demea! ¡Estés en hora buena! 

DEMEA.-  ¡Hola!, ¿cómote llamas?

GETA.-  Geta. 

DEMEA.-  Geta, yo tehe tenido hoy en mi pensamiento en reputación de hombre de

mucho valer; porque aquel siervo es para mí de muy buenaprueba, que tiene cuenta con las

cosas de su señor, según he entendido que tú lo has hecho,Geta. Y por ello, en lo que fuere

menester, haré por ti de buena voluntad.  (Aparte.) Busco medios para ser afable, y bien me

sale. 

GETA.-  Hombre honradoeres en pensar así. 

DEMEA.-  (Aparte.)  Poco a poco voy ganandolas voluntades de la gente baja

primeramente. 

 

 

Escena VII 

  

ESQUINO, DEMEA, SIRO, GETA.

    

ESQUINO.-   (Sin ver alos demás.)  Realmente que me ponen amorir, pues quieren

celebrar las bodas con tanto cumplimiento, que todo el díase les va en aparejar.

DEMEA.-  ¿Qué se hace,Esquino? 

ESQUINO.-  ¡Oh, padremío!, ¿y aquí estabas tú?

DEMEA.-  Sí, porcierto; tuyo de corazón y por naturaleza, y que te quiere más que a sus

propios ojos. Pero, ¿por qué no haces traer a casa a tumujer?

ESQUINO.-  Ya querría,sino que me hacen detener la que ha de tañer la flauta y los que

han de cantar el himeneo. 

DEMEA.-  ¡Quítateallá! ¿Quieres tú creer a este viejo? 

ESQUINO.-  ¿Enqué? 

DEMEA.-  Deja estartodo eso: el himeneo, los convidados, las antorchas y las músicas;

haz que derriben las tapias de esa huerta cuanto antes, ypasa a tu mujer por ahí; haz de las dos

casas una sola, y tráete también acá la madre y toda lafamilia. 

ESQUINO.-  Sí haré,padre gracioso.

DEMEA.-   (Aparte.) ¡Ea... ya me llaman gracioso! La casa le abrirán a mi hermano,

traerá mucha gente, gastará largo: mucha cosa es todo esto.Pero, ¿qué se me da a mí? Yo, ya

generoso, gano las voluntades. Ahora, Mición, manda que ledé luego de contado Babilón las

veinte minas

8

.  (Alto.)  Siro, ¿por qué no vas tú y lo haces?

SIRO.-  ¿Quépues? 

DEMEA.-  Ve yderríbalas.  (A GETA.)  Y tú, tráela.

GETA.-  Los dioses telo paguen, Demea, pues que con tanta voluntad veo que quieres

hacer bien a nuestra casa. 

DEMEA.-  Entiendo quelo merecéis.  (A ESQUINO.)  Y tú, ¿qué dices? 

ESQUINO.-  Que meparece lo mismo. 

DEMEA.-  Más vale así,que traerla ahora acá por la calle, parida y enferma. 

ESQUINO.-  No he vistomayor aviso, padre mío.

DEMEA.-  Así los gastoyo. Pero aquí sale Mición. 

 

Escena VIII

 

  

MICIÓN, DEMEA, ESQUINO.

    

MICIÓN.-   (A SIRO yGETA, que están dentro.)  ¿Mi hermano lomanda? ¿Dónde está

él? ¿Tú mandas esto, Demea?

DEMEA.-  Sí. Yo mandoeso y todo lo demás con que litigamos toda una esta familia, y

que la honremos, favorezcamos y juntemos. 

ESQUINO.-  Así te losuplico, padre.

MICIÓN.-  Lo mismo meparece a mí. 

DEMEA.-  Y aún esnuestro deber. Cuanto a lo primero, aquí está la madre de la mujer

de Esquino...

MICIÓN.-  ¿Ypues? 

DEMEA.-  Mujer de bieny de buenas costumbres... 

MICIÓN.-  Asídicen. 

DEMEA.-  Ya anciana...

MICIÓN.-  Ya losé. 

DEMEA.-  A sus años yano puede concebir. No tiene quién mire por ella. Está sola. 

MICIÓN.-  (Aparte.)  ¿Qué empresa es la deéste? 

DEMEA.-  Es razón quetú te cases con ella. Y que tú  (AESQUINO.)  procures que se

haga. 

MICIÓN.-  ¿Yo casarme?

DEMEA.-  Sí, tú.

MICIÓN.-  ¿Yo?

DEMEA.-  Tú, digo.

MICIÓN.-  Deliras.

DEMEA.-   (AESQUINO.)  Si tú eres hombre, él lo hará.

ESQUINO.-  ¡Padremío!  MICIÓN.-  ¡Cómo! ¿Y a éste escuchas tú, asno?

DEMEA.-  ¡Nada, nada;no hay escape!

MICIÓN.- Desvarías. 

ESQUINO.-  ¡Hazme estamerced, padre mío!

MICIÓN.-  ¿Estás loco?Quítate de aquí.

DEMEA.-  ¡Ea!, dale atu hijo ese contento.

MICIÓN.-  ¿Tú tienesbueno el seso? ¡Al cabo de sesenta y cinco años he yo de ser

novio, y casarme con una vieja consumida! ¿Eso meaconsejáis? 

ESQUINO.-  Anda; ¡queyo se lo he prometido!

MICIÓN.-  ¿Prometido?A la fe, amigo, haz tú merced de tu persona. 

DEMEA.-  ¿Pues quédirías, si él te rogase alguna cosa de más importancia? 

MICIÓN.-  ¡Como siésta no fuese la mayor!

DEMEA.-  Accede. 

ESQUINO.-  No seaspesado.

DEMEA.-  Acaba,prométeselo.

MICIÓN.-  ¿No medejarás?

ESQUINO.-  No, hastarecabar esto de ti.

MICIÓN.-  Fuerza esésta realmente.

DEMEA.-  Ea, Mición,hazlo cumplidamente.

MICIÓN.-  Aunque ellome parece cosa torpe y tonta, y disparate muy ajeno a mi manera

de vivir, con todo eso, pues vosotros tanto lo queréis, sea.

ESQUINO.-  Bien haces.Con razón te quiero mucho.

DEMEA.-  (Aparte.)  ¿Qué diría yo ahora?¡Todo lo que quiero se hace! 

MICIÓN.-  ¿Hay mástodavía? 

DEMEA.-  Hegión espariente muy cercano de éstas, deudo nuestro, pobre; justo será que

le hagamos algún bien. 

MICIÓN.-  ¿Québien? 

DEMEA.-  Aquí tienesjunto a la ciudad un campillo que arriendas a otro. Démoselo a

éste, que lo goce y disfrute.  MICIÓN.- ¿Poquillo es eso? 

DEMEA.-  Aunque seamucho, con todo eso se ha de hacer. Esta mujer le tiene en lugar

de padre, es hombre de bien, es nuestro deudo; bien dadoestá. Finalmente, Mición, yo ahora

hago mía aquella sentencia que tú bien y sabiamente dijisteno ha mucho: Vicio común de

todos los viejos es el ser muy codiciosos de la hacienda.Esta falta debemos enmendarla.

Dijiste muy gran verdad, y hase de cumplir por la obra. 

MICIÓN.-  ¿Qué dudahay en eso? Se le dará, pues Demea lo quiere. 

ESQUINO.-  ¡Padremío! 

DEMEA.-  Ahora eres túde veras mi hermano, así en el alma como en el cuerpo. 

MICIÓN.-  Huélgome deeso. 

DEMEA.-  (Aparte.)  Con su propia espada ledegüello.

 

 

Escena IX

 

  

SIRO, DEMEA, MICIÓN, ESQUINO.

    

SIRO.-  Ya está hecho,Demea, lo que mandaste.

DEMEA.-  Eres unaalhaja. Yo soy de parecer, en verdad, que es justo que Siro hoy

reciba libertad.

MICIÓN.-  ¿Éstelibertad?, ¿por qué merecimientos?

DEMEA.-  Pormuchos. 

SIRO.-  ¡Oh, señorDemea! En verdad que eres muy bueno. Yo os he criado estos dos

hijos, desde que eran niños, con mucha diligencia, y les heenseñado, amonestado y

aconsejado bien todo lo que he podido. 

DEMEA.-  A la vistaestá. Especialmente esto: Gastar, robar rameras, preparar comilonas

de día. Servicios como éstos no son propios de uncualquiera. 

SIRO.-  ¡Oh, quéhombre tan gracioso!

DEMEA.-  Finalmente,hoy, en la compra de esa tañedora, éste ha sido el valedor, éste lo

ha tratado; justo es hacerle algún bien. ¿Dónde hallarássiervos mejores? En fin, Esquino

gusta de que se haga. 

MICIÓN.-  ¿Tú gustasde que se haga esto? ESQUINO.-  Deséolo. 

MICIÓN.-  Pues que túlo quieres, sea. Siro, allégate a mí: De hoy más, sé libre. 

SIRO.-  Gran merced mehaces. A todos lo agradezco, pero a ti, Demea, en particular. 

DEMEA.-  Huelgo deello.

ESQUINO.-  Y yotambién. 

SIRO.-  Lo creo; ojaláéste se me hiciese un gozo perpetuo, y que viese yo a mi mujer

Frigia libre conmigo juntamente. 

DEMEA.-  Muy buenamujer en verdad. 

SIRO.-  Por cierto quea tu nieto, hijo de éste, ella le ha dado hoy la primera leche. 

DEMEA.-  Pues enverdad que, hablando de veras, pues ella le ha dado la primera leche,

sin duda es razón que quede libre. 

MICIÓN.-  ¿Por soloeso? 

DEMEA.-  Por eso.Finalmente, yo te pagaré de mi dinero lo que ella vale. 

SIRO.-  Los dioses,Demea, te cumplan siempre todos tus deseos. 

MICIÓN.-  Bien haslibrado hoy, Siro.

DEMEA.- Especialmente, Mición, si tú haces lo que debes, y le aprontas algo conque

viva; que él te lo volverá luego. 

MICIÓN.-  No le darévalía de este pelo.

ESQUINO.-  (Rogando.)  ¡Ea, que es hombre debien!

SIRO.-  Por mi vidaque te lo volveré: Dámelo.

ESQUINO.-  ¡Ea,padre! 

MICIÓN.-  Ya veremos.

DEMEA.-  Él lo hará.

SIRO.-  ¡Oh, quéhombre tan bueno!

ESQUINO.-  ¡Oh, padreafabilísimo!

MICIÓN.-   (ADEMEA.)  ¿Qué es esto?, ¿qué negocio ha hechotan repentinamente

mudanza en tus costumbres?, ¿qué prontitud es ésta, o quélargueza tan repentina?

DEMEA.-  Yo te lodiré. Para mostrar cómo el tenerte éstos en posesión de hombre

benigno y apacible, no procede de verdadera vida ni de loque es justo y bueno, sino de ser

lisonjero; del regalar y del dar, Mición. Y si mi vida,Esquino, os es aborrecible, porque no os complazco en todo, así en lo justocomo en lo injusto, yo alzo mano de ello: derramad,

comprad, haced lo que se os antoje. Pero si gustáis de quelo que vosotros, por ser mozos, no

echáis de ver, y lo deseáis a ciegas y lo consideráis poco,esto yo os lo reprenda y corrija, y

también en su lugar os complazca, aquí estoy, que por amorde vosotros lo haré. 

ESQUINO.-  En tu mano,padre, lo dejamos todo. Tú sabes mejor lo que nos cumple.

Pero, ¿qué harás de mi hermano? 

DEMEA.-  Yo le doylicencia; que la tenga. Y haga raya en ella. 

ESQUINO.-  Eso estámuy bien.  (A los espectadores.)  ¡Aplaudid! 

 

 

 

 

FIN DE LA COMEDIA

 

 

 

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