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argentino

Copi-- EVA PERON (Argentina)

Escrito por nohaydrama 11-11-2009 en General. Comentarios (0)

Copi

Eva Perón

Traducción

de Jorge Monteleone

Adriana Hidalgo editora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR

 

1939: Nace el 22 de noviembre en Buenos Aires. Su verdadero nombre es Raúl Natalio Roque Damonte. El sobrenombre Copi se lo puso su abuela. Hijo de Raúl Damonte Taborda, político y periodista y de China Botana, hija de Natalio Botana, director del diario Crítica.

1945: Desde la muerte de su abuelo en 1941, comenzó una fuerte disputa familar que incluyó todo tipo de intrigas por el control del diario. La llegada de Perón al poder condujo a la familia al exilio, primero en Montevideo y luego en París, donde Copi fue escolarizado y aprendió el francés.

1955: La familia, económicamente arruinada, regresa a la Argentina. Copi comienza a

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publicar sus dibujos, primero en el diario Resistencia Popular y luego en la revista Tía Vicenta. También escribió sus dos primeras piezas de teatro: El General Poder y Un ángel para la señora Lisca.

1960: Se estrena Un ángel para la señora Lisca en Buenos Aires.

1962: Copi vuelve a París. Para subsistir realiza collages que vende sobre el Pont des Arts, en las terrazas de los cafés de Saint-Germain-des-Prés y en Montparnasse. Poco después conoce a Jean-Jacques Pauvert que publica sus dibujos en la Revue Bizarre.

1964: Es contratado por la revista Le nouvel Observateur, donde publica su tira semanal La mujer sentada hasta principios de los años setenta.

1965: Se publica su primer álbum de dibujos, Humour secret.

1966: Primeras piezas de teatro en París y

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comienzo de su colaboración con Jorge Lavelli y Jéróme Savary. Con el primero, en el teatro de Bilboquet, en la calle Saint Benoît: Sainte Geneviève dans sa Baignoire, con Savary, en una carpa de la Place de l'Éstrapade, en el marco del Festival internacional de U.N.E.E: L 'Alligator et le Thé (saínetes o sketchs propios del clima de happening de la época). Se publica su segundo álbum de dibujos: Les Poulets n'ont pas de Chaise.

1968: Estrena La Journée d'une Réveuse en el Teatro de Lutecia, con puesta en escena de Lavelli y la actuación de Emanuelle Riva en el papel de Jeanne. Participa de las revueltas estudiantiles durante el mayo francés, principalmente en la toma del pabellón argentino de la Ciudad Universitaria.

1970: El 2 de marzo se estrena Eva Perón en el teatro de l'Épée de Bois, con el Grupo TSE, puesta en escena de Alfredo Arias, escenografía de Roberto Píate, vestuario de Juan Stoppani y las actuaciones de

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Facundo Bo, Marucha Bo, Philippe Bruneau, Jean-Claude Drouot, y Michèle Moreti. Los críticos armaron un escándalo, en particular el del diario Le Figaro que la llamó "pesadilla carnavalesca" y "mascarada macabra". La pieza tiene un enorme éxito y sufre un atentado terrorista durante una representación. No hay heridos pero el teatro queda muy dañado. La obra sigue en cartel aunque con custodia policial. Desde entonces, Copi tuvo prohibida su entrada a la Argentina hasta 1984.

1971: Estrena L'Homosexuel ou la Difficulté des 'Exprimer en el teatro de la Ciudad Universitaria, donde Copi forma parte del elenco bajo la dirección de Lavelli.

1972: Comienza a publicar sus dibujos en la revista Hara-Kiri y en el semanario Charlie Hebdo.

1973: Se estrena Les Quatre Jumelles en el Palacio, participando del Festival de Otoño, con puesta en escena de Jorge

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Lavelli. Publica su primera novela, L'uruguayen.

1974: Presenta su monólogo Loretta Strong en el Teatro de la Gaité Montparnasse. Esta pieza será intepretada por Copi en varios países, con diferentes puestas en escena, vestuarios y escenografías, hasta 1980. Trabaja con Jéróme Savary y Magic Circus en Goodbye Mr. Freud. En este espectáculo Micheline Presle interpreta canciones escritas por Copi.

1975: Estrena La Pyramide en el Palacio. Copi indica que casi todos los personajes de esta obra deben ser interpretados por transexuales. Esto no resulta posible debido a problemas suscitados en los ensayos.

1976: Copi es invitado a presentar Loretta Strong en Nueva York, con motivo del bicentenario de la Independencia norteamericana. Luego lleva la obra a Baltimore donde sufre la fractura de una pierna. Durante su convalescencia en

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New Hampshire escribe su segunda novela, Le bal des folies.

1977: Publicación de su segunda novela.

1978: Se estrena La Coupe du Monde, pieza corta cuya acción tiene lugar durante el campeonato mundial de fútbol que se juega en la Argentina. Un diario argentino escribe: "Copi denigra nuevamente a su patria". En el Festival de la Rochelle Jéróme Savary monta la pieza La sombra de Wenceslao, escrita en español, en la tradición del género gauchesco. Se publica Une langouste pour deux, cuentos.

1979: Aparece su tercera novela, La vida es un tango, escrita en español. Interpreta Loretta Strong en España e Italia. En Roma dirige Les Quatre Jumelles. Se publica la novela La Cité des Rats, aparecida previamente en Hara-Kiri en forma de folletín. Colabora en el diario Libération como dibujante y crea un personaje llamado Libérette, un tran-

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sexual que causa revuelo en el interior del diario.

1980: Interpreta el papel de Madame en Las criadas, de Genet, acompañado por Adriana Asti, con producción del Teatro Stabile de Torino y dirección de Mario Misirolli. Con esta obra sale en gira recorriendo casi toda Italia. A su vuelta escribe Cachafaz, en español, en el mismo estilo gauchesco de Wenceslao.

1981: Estreno de La Tour de la Défense en el Teatro Fontaine, con Bernadette Laffon, Pierre Clementi y Jean-Pierre Kalfon en los papeles principales.

1982: Publicación de la novela La Guere des Pédés, aparecida también en forma de folletín en Hara-Kiri.

1983: Aparece el libro de relatos Virginia Woolf a encoré frappé. En el Festival de Otoño pone en escena Le Frigo donde él mismo interpreta varios personajes. Vuelve a dibujar para Liberation, en este caso su

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personaje es Kang, un canguro sumamente gentil.

1984: Alfredo Arias produce una adaptación teatral de la tira cómica de Copi La mujer sentada, con la que Marilú Marini obtiene el reconocimiento de la crítica por su caracterización. Copi realiza una serie de lecturas de su última pieza Les Escaliers du Sacré-Coeur en el Teatro de la Bastilla. Publica regularmente sus dibujos en Gay Pied.

1985: En el Festival de Avignon, Jorge Lavelli presenta La Nuit de Madame Lucienne, con María Casares y Francoise Brion en los papeles principales. Copi escribe Une Visite Lnopportune que será montada por Lavelli en el Teatro de la Colina un mes después de la muerte de Copi y resulta nominada para el Premio Moliere. Michel Duchossoy interpreta a Cyrille y Judith Magre a Regina Morte. Tiempo después será representada por todo el mundo y traducida a varias lenguas.

1987: Escribe su última novela, L'intemationale argentine que será publicada en 1988. El 11 de diciembre Copi gana el Premio de la Ville de Paris al mejor autor dramático. El 14 de diciembre muere de sida.

 

NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN

¿A qué serie pertenece el texto de Eva Perón, escrito en francés? A la literatura argentina, toda vez que en la traducción al español se proceda con la lógica que gobierna toda la pieza teatral: travestirla de lengua rioplatense. Así, travestido de argentino, el texto integrará la serie que va de "El simulacro" de Borges hasta "Esa mujer" de Walsh, de "Eva Perón en la hoguera" de Lamborghini hasta "El cadáver de la Nación" de Perlongher, de "La señora muerta" de Viñas hasta "El único privilegiado" de Fresán, del guión de José Pablo Feinman (Eva Perón) a las novelas de Mario Szichman (A las 20.25 la Señora entró en la inmortalidad), de Abel Posse (La pasión según Eva), de Guillermo Saccomano (Roberto y Eva. Historias de un amor argentino) o de Tomás Eloy Martínez (Santa Evita).

Confieso que a menudo, al traducir Eva Perón, sentí que Copi no había pensado la obra en francés sino en argentino, que un rumor de imágenes y voces argentinas lo frecuentaron y que para librarse de esos fantasmas demasiado urgentes los conjuró en otra lengua. Pero acaso se trata de una ilusión. Porque cuando hablaban las mujeres de Copi yo volvía a oír traducidos los giros y los tonos de mi madre, una mujer de clase obrera que vivía en los suburbios y era una adolescente en los años '50.

Jorge Monteleone

 

Eva Perón

 

EVITA. Su MADRE. EVITA busca un vestido en el interior de un baúl.

EVITA

Mierda. ¿Dónde está mi vestido presidencial?

MADRE

¿Qué vestido presidencial, querida? Todos tus vestidos son vestidos presidenciales.

EVITA

Sabés bien cuál digo. El de mi retrato oficial. El más sencillo, con las camelias.

MADRE

¡Ah, aquél!

EVITA

¿Qué mierda hice con ese vestido?

MADRE

Tenés que poner orden en tus cosas. Guardás tus vestidos en cualquier baúl, cuando Sabés bien que cada vestido tiene un número escrito encima y que a cada serie de números le corresponde un baúl diferente.

EVITA

Me cago en los números.

MADRE

¡Muy bien! Ahí Tenés el resultado.

EVITA

La culpa es de la enfermera. Le dije miles de veces que guardara mi vestido presidencial en este baúl. ¿Dónde está la enfermera?

MADRE

La enfermera no está. Y la enfermera no es todopoderosa. No puede pasarse la vida ordenando tus vestidos. Esa pobre chica tiene el derecho de quedarse en su cuarto escuchando la radio cada tanto.

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EVITA

¡Cerrá el pico de una vez!

Abre un segundo baúl. La MADRE guarda el contenido del primero en su lugar.

MADRE

¡Pero mirá un poco este desorden! ¡Tomá, ahí Tenés tu vestido! ¿No es éste?

EVITA

¿Dónde lo encontraste? ¡Dámelo!

MADRE

Ahí en el piso. Los tirás en cualquier parte. Mirá cómo está arrugado. Un vestido tan lindo. Te lo voy a planchar para esta noche.

EVITA

No, me lo voy a poner así como está. ¡andá a buscar a los otros!

MADRE

¡No despertés al pobre Perón, que tiene migraña, Evita!

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EVITA

¿Y qué? Yo tengo cáncer.

MADRE

No empecés con tu historia del cáncer.

EVITA, mientras se viste

¡Tengo cáncer! ¡Y estoy harta de las migrañas de Perón! ¡Un cáncer no se cura con una aspirina! ¡Voy a morirme y a vos te importa un pito! ¡A nadie le importa! ¡Están esperando el momento en que yo reviente para heredarme! ¿Querés conocer el número de mi caja fuerte en Suiza? ¿eh, vieja zorra? ¡El número de mi caja fuerte no se lo doy a nadie! ¡Me voy a morir con él! ¡Vas a tener que ir a pedir limosna! ¡O a hacer la calle, como antes! ¡andá a despertar a los demás!

MADRE

¡No le contestés así a tu madre! ¡Ahora no voy! ¡No voy, no voy nada! Así vas a aprender a insultar a tu madre. ¡Como si no fuera a tener bastantes disgustos siendo una pordiosera cuando te mueras!

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EVITA

Podés ponerte uno de mis vestidos si querés. Pero sólo por esta noche. El de encaje rojo, que me queda un poco grande. Tomá. Llevalo, te lo doy. Cuidalo. Podés combinarlo con el chal dorado. Voy al baño.

EVITA sale

¡Perón! ¡Ibiza!

La MADRE se pone el vestido. Ibiza entra. PERÓN entra.

MADRE

¿Mejora esa migraña, Perón? (Se acerca a Ibiza para que le suba el cierre del vestido, sobre la espalda) ¿Usted sabe lo que me dijo? Dijo que no nos daría el número de su caja fuerte en Suiza. Dijo que cuando estuviera muerta, yo tendría que hacer la calle. Es increíble ¿no? Dígame, Ibiza ¿usted cree que tendría que hablar con Perón?

IBIZA

¿Qué caja fuerte en Suiza?

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MADRE

¿No se acuerda cuando fue a Suiza el año pasado? Bueno, buscó una caja fuerte y depositó toda la plata del contrato de la lana con los portugueses. Y parece que cada caja fuerte tiene un número escrito encima. Si usted no conoce el número de la caja fuerte no puede sacar el dinero. Y ella no quiere darnos el número de la caja fuerte.

IBIZA

¿Y entonces?

MADRE

Y entonces ¿adónde voy a ir a parar yo?

IBIZA

Usted va a tener una pensión del Estado.

MADRE

Sí, pero, escuche, Ibiza. Yo sé que puedo hablarle como si fuera mi hijo. ¿No me entiende lo que le digo? Yo a Perón también lo quiero como si fuera mi hijo y él seguro que no me va a dejar morir de hambre. Pero

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sabe que un golpe de Estado se hace en poco tiempo. Por eso ella tiene la plata en Suiza. Y si a Perón lo echan ¿adónde voy a parar yo?

IBIZA

Siempre puede contar conmigo.

MADRE

Pero escúcheme, Ibiza ¿si lo matan? ¿se da cuenta? ¡Eso puede pasar!

IBIZA

Bueno, si me matan a mí también la van a matar a usted ¿no?

MADRE

¿A mí? ¡Cómo se van a atrever a matar a una anciana!

IBIZA

Y bueno... usted sabe.

MADRE

¡Pero.... cómo van a atreverse a matar a la madre de Evita!

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IBIZA

Y bueno, si...

MADRE

Bueno nada. ¿Qué está por decir? ¿Usted se piensa que nos van a matar a todos?

IBIZA

No quiero decir eso, pero...

MADRE

¡Pero usted me está tomando el pelo! ¿Y yo qué hice de malo? ¿Me van a matar por ser su madre?

IBIZA

Vamos, no diga eso. No va haber golpe de Estado. ¿Por qué va a haber un golpe de Estado?

MADRE

¡Un golpe de Estado se arma en poco tiempo, Ibiza! Acuérdese lo que le digo: ¡Un golpe de Estado se hace en poco tiempo! Escuche, Perón, quisiera hablarle de algo muy urgente. Se trata de la caja

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fuerte de Evita, en Suiza ¿me oye?

VOZ DE EVITA

¡Enfermera! ¡Enfermera!

Ruidos

MADRE

¿Y ahora qué le pasa?

ENFERMERA, entrando

¡Ayúdenme! ¡Se descompuso! ¡La Señora se descompuso y no puedo abrir la puerta! ¡Está cerrada con llave!

La ENFERMERA e Ibiza salen.

MADRE

¡Pobrecita! ¡Qué desgracia, Perón, qué desgracia!

La ENFERMERA entra, busca su estuche, saca de allí una jeringa y vuelve a salir.

MADRE

Ay ¡que desgraciada pobre hija! ¡me da

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miedo verla en este estado! Perón ¡me oye!

EVITA entra, sostenida por Ibiza y por la ENFERMERA.

EVITA

¡Sueltenmé! ¡Ya estoy bien, les digo! Hubiese podido morirme en el baño que él no habría movido un dedo. Vive en el interior de su migraña como dentro de un capullo. Pueden morirse todos, Sabés: puede morirse todo el mundo, hasta los generales de uniforme. Mirá, dame mi cofre de maquillaje. Te puede pasar a vos también, e incluso más rápido que a mí. Las migrañas son más peligrosas que el cáncer, son como telas de araña en el interior del cráneo. Las migrañas no perdonan. El día de mi atentado yo volaba por el aire cubierta de sangre y él en el auto de atrás ni se mosqueaba, con la mano levantada como una estatua. Gente del público que vino a ver el desfile tuvo que venir a levantarme. Él ni siquiera se bajó de su Cadillac. No va a molestarse por un cáncer, sobre todo cuando le conviene que yo me muera.

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MADRE

Si hubiera sabido que me hacían volver por esto, me habría quedado en la Costa Azul. ¡No me necesitan a mí para hacer las cosas que hacen! ¡Es increíble! ¡Y además todos me tratan como si fuera su esclava! ¡Es increíble! Puede ser que sea una estúpida, pero estoy sana ¡no estoy loca! Y ella me mezcla siempre en historias de locos ¡es inhumano! ¡No doy más, no doy más, no doy más! ¡Me voy! ¿entendés? ¡Sí, me voy! ¡Prefiero mendigar! ¡Que se muera con la guita!

Sale.

EVITA

No tiene llave ¿no?

IBIZA

No. Estoy seguro.

La MADRE entra.

EVITA

Usted puede retirarse a su cuarto.

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ENFERMERA

Sí, señora.

EVITA

Me volví loca buscando mi vestido. ¿Cuántas veces le dije que guardara mi vestido en este baúl?

ENFERMERA

Lo guardé en este baúl, señora.

EVITA

Pero si está allí, en el suelo, todo arrugado. ¡Fijesé!

ENFERMERA

Disculpe, señora.

EVITA

Vaya, vaya a su cuarto.

La ENFERMERA sale.

EVITA

A ver, dame el maletín de las joyas.

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MADRE

Esa pobre chica había ordenado bien el vestido. Fue ella la que lo tiró al suelo esta mañana. Se levantó muy temprano para probarse todos sus vestidos. La seguí, la vi hacerlo. Y encima, ni siquiera está enferma. Es una de sus artimañas políticas. La conozco bien. ¡Qué turra! Y sí: es una turra.

IBIZA

¿No puede callarse un poco?

PERÓN sale.

MADRE

Escuchame, Evita, dame el número de la caja fuerte. O si no dejame ir. ¿Me dejás ir? ¡Ya no me necesitás!

EVITA

Andá a tu cuarto, vos.

MADRE

¡No! ¡No voy!

Sale.

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EVITA

Voy a ofrecer un baile.

IBIZA

¡Un baile! ¿Estás hablando en serio? No te olvides de que te estás dando inyecciones desde hace meses, Evita. No estás en un estado normal.

EVITA

¿Cuánto hace que estoy encerrada aquí? Hace diez días ¿no es cierto? Nadie me ve desde hace diez días. Creen que tengo un pie en la tumba, pero todavía me quedan fuerzas.

IBIZA

Pero si Tenés un pie la tumba, querida. ¡Y tus fuerzas están llenas de morfina!

EVITA

Estoy lúcida. Sé que estoy lúcida. Tenés que ayudarme.

IBIZA

No podés ofrecer un baile. ¡Un baile! Eso no tiene pies ni cabeza.

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EVITA

Un baile no, entonces. Una cena íntima. Invitaré a dos o tres personas y ya está. Tengo ganas de ver a Fanny.

IBIZA

Vamos, querida. Nos pediste que nos quedáramos encerrados con vos hasta el fin. Es un infierno, de acuerdo, pero fue idea tuya. ¡Y ahora querés ofrecer un baile! ¡O una cena íntima! Vamos, Evita, no seas cobarde; ya se acerca el final. Seguí torturándonos todo lo que quieras, que igual nos gusta, pero por favor, no hagás un espectáculo de vos misma, querida. No sería lo correcto. Saldremos de aquí con tu cadáver embalsamado y vas a ser para siempre la imagen misma de la santidad, Evita virgen María. No destruyas tu propio plan. Quedate tranquila. ¿No te das cuenta del estado en que estás? ¡Evita...!

EVITA

¡Enfermera! ¡Venga a hacerme las uñas! Invitá al ministro de Agricultura y a su

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mujer. Invitá a Fanny y a Juanita y a su hermano el senador. Pedí comida para todos. ¡Y champán para Fanny! Hacelos pasar por el montacargas para que nadie los vea entrar.

IBIZA

Perón no va a querer.

EVITA

¡Qué me importa! Perón está en su cuarto, con su migraña. ¿Tenés la llave, no?

Entra la ENFERMERA.

Venga a hacerme las uñas. ¿Dónde está mi madre?

ENFERMERA

Creo que la señora está escuchando la novela de la tarde.

EVITA

¡Mamá! ¡Vení a hacerme compañía! ¡Dejá esa radio! ¿Venís o no? ¿Qué esperás?

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IBIZA

Decime primero lo que querés.

EVITA

Solamente quiero tener una reunión de amigos. Acá me pudro. ¿Qué tiene de raro? ¿Usted no se pudre acá?

ENFERMERA

No, señora. Es mi trabajo.

EVITA

Bueno, esta tarde va a poder bailar. Voy a prestarle uno de mis vestidos. Para las uñas quiero el esmalte granate. El de Revlon. ¿Queda?

ENFERMERA

Sí, señora.

EVITA

¿O el negro...? ¿Qué le parece?

ENFERMERA

Me parece más lindo el granate, señora.

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EVITA

El granate, entonces. Apurate, Ibiza.

MADRE, entra

¿Y ahora que querés?

EVITA

Vení a hacerme compañía, mamita. ¿Entonces vas a ir, Ibiza?

MADRE

Si va a salir de esta prisión, tráigame revistas de cine.

EVITA

Va a haber un baile, mamá. ¿Querés invitar a alguna de tus amigotas?

MADRE

¿Va a haber un baile? ¿Quién va a dar un baile?

EVITA

Nosotras vamos a dar un baile.

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MADRE

¿Un baile aquí? ¿Estás moribunda y vas a dar un baile?

EVITA

No estoy moribunda. Tengo la piel dura, voy a conservar las fuerzas mucho tiempo.

MADRE

Entonces ¿qué hacemos encerradas acá?

EVITA

¡Pero ésta quisiera verme reventar enseguida! ¡No vas a tener el número de la caja fuerte!

MADRE

Si eso era todo lo que tenías para decirme, me vuelvo a mi cuarto, si te parece bien.

EVITA

¡Quedate ahí! ¿Vas a ir o no, Ibiza?

IBIZA

No, querida. No voy a ir.

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MADRE

¿Adónde no quiere ir?

IBIZA

A buscar a los invitados.

MADRE

¿Por qué? Después de todo ¿por qué no invitar gente? ¿Y por qué no dar un baile?

EVITA

Esta quiere aprovechar el baile para escaparse. ¡No te vas a ir de acá hasta que yo esté muerta, eso dalo por seguro!

Ibiza acaricia la cabeza de EVITA.

EVITA

Me hacés mover y ella no puede pintarme las uñas.

Ibiza sale. La MADRE lo sigue y vuelve a entrar,

MADRE

¡Salió!

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EVITA

Sentate. Dejá de moverte. ¿Dónde está Perón?

MADRE

Tiene migraña. Está en su cuarto. Recién me pidió que bajara la radio. Evita ¿creés que es prudente dar un baile?

EVITA

¿Prudente? ¡Pero mirá cómo aprendiste palabras chics desde que estás en la Riviera!

MADRE

Evita, no estoy bromeando. ¿Sabés lo que dicen en la radio?

EVITA

¿Qué dicen en la radio?

MADRE

Hablan todo el tiempo de vos. Pasan tu vida en la novela y después dicen que estás por morirte. Hay mucha gente que espera del otro lado de la puerta.

EVITA

¿Y qué?

MADRE

¡Que no podés dar un baile! ¿Y si se dieran cuenta? No es lógico.

EVITA

Callate, yo sé lo que hago. ¿Usted escuchó la radio?

ENFERMERA

Sí, señora. Pasan comunicados sobre su estado de salud, señora. Dicen que usted está inconciente y que su señora madre y el general Perón velan a la cabecera de su cama.

EVITA

¡Pero qué bien! ¡Voy a tener una muerte hermosa! ¡Preste atención! ¡Mire lo que esta haciendo!

ENFERMERA

¡Disculpe, señora!

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EVITA

¡Mire mi vestido! ¡Me lo manchó de sangre! ¡Y además le dije que me pintara las uñas de negro y usted me las pintó de rojo como una puta! ¡Vayase! ¡Retírese a su cuarto!

La ENFERMERA sale.

EVITA

Pintame las uñas, mamá.

MADRE

Soy miope. Y además no tengo ganas.

EVITA

¡Cómo se ve que me adorás! Lo que buscás es heredarme.

MADRE

Vos sabés que te quiero, Evita. Pero no veo de qué te sirve que yo te quiera, o que te pinte las uñas. ¡No empecés a enredarme con tus historias! ¿No podés dormir un poco, o quedarte en tu pieza a escuchar la

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radio como los demás? Parece que tuvieras el diablo, Evita.

EVITA

Me voy a morir. No tengo tiempo de escuchar la radio.

MADRE

Vamos, vamos. Vamos.

EVITA

¡Pero qué turra que sos!

MADRE

¡Turra yo! ¡Ahora soy yo la turra! Te vi cambiar las ampollas. Dos veces te seguí a la noche y vi cómo cambiabas las ampollas del medicamento por no sé qué cosa. Así que conmigo no hagas la comedia. Yo no sé qué cosa estarás preparando y tampoco quiero saberlo; es asunto tuyo, no mío. ¡Pero a mí no me vas a pasar!

EVITA le da una bofetada a su MADRE.

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EVITA

Vamos, vieja, si Sabés bien que voy a acabar por darte el número de la caja fuerte. Tené un poco de paciencia. En un mes vas a estar en Monte-Carlo y te la van a dar los gigolós franceses. Pintame las uñas. Dale, pintame las uñas.

La MADRE le pinta las uñas.

Contame.

MADRE

¿Qué?

EVITA

Lo de Monte-Carlo y todo eso. La pasás bien ¿eh? Contame.

MADRE

Tengo una vida tranquila.

EVITA

Mentirosa.

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MADRE

Es verdad. Me gusta más. Me invitan a todas partes, a los palacios. Saben que tengo bastante plata, sabés, y además la embajada me regaló dos autos ingleses enormes. Tengo una vida tranquila, me gusta quedarme en casa. Tengo un amante.

EVITA

¿Uno sólo?

MADRE

Callate, Evita.

EVITA

¿Te enamoraste? ¿Estás enamorada?

MADRE

Ahora me salís con una de tus chanchadas.

EVITA

No jugues a ser una dama conmigo. Vamos, contá.

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MADRE

Voy a casarme.

EVITA

¿Con quién?

MADRE

Con alguien. ¿Vos pensás que después de que te mueras voy a volver al departamentito de dos ambientes de la calle Tucumán? Sobre todo porque voy a estar en la ruina.

EVITA

Contá, contá. ¿Con quién?

MADRE

Es alguien que está muy bien. Una persona que se ocupa de caballos de carreras.

EVITA

¡Pero qué boluda que sos! ¿Cuánta plata le prestaste?

MADRE

¿Yo? ¡Nada! ¡Ni un peso!

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EVITA

¡Mentirosa!

MADRE

¿Pero vos te pensás que se me ríe en la cara?

EVITA

¡Qué boluda! ¿Y vos te miraste la cara al espejo últimamente? Decíme ¿qué pensás? ¿que se te ríe en la cara o no? ¿Sí o no? andá, tarada, si ni siquiera sos capaz de hacerme la manicura... Tomá, abrí el maletín de las joyas que te voy a dar el número de la caja fuerte.

MADRE

¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?

EVITA

Ahí en el fondo, ese sobre. Rompelo. Leé. ¿Ves? No hay una caja fuerte ¡hay diez cajas fuertes en todo el mundo! ¡En todas partes! ¿O te creés que soy estúpida? No te casés ¿entendés? ¡No llores ahora! ¡Pero mirá lo que me hiciste! ¡Me llenaste de esmalte de

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uñas hasta los codos! ¡Pero qué tarada! ¡andá, estúpida, andá a tu pieza! ¡Enfermera! ¡andá te digo! ¡andá a llamar a la enfermera! ¡Enfermera! ¡Venga, venga rápido! ¡Despierte a Perón! ¡Me siento mal! ¡Necesito una inyección! ¡Enfermera!

La MADRE sale.

EVITA

¡Pero qué estúpida, Dios mío, qué pobre boluda!

Entra la ENFERMERA.

EVITA

¿Dónde está Perón?

ENFERMERA

Ya llega, señora

EVITA

¡Váyase! ¡Espere! ¡Váyase! ¡No, quedesé!

Entra PERÓN.

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Escuchame, me muero. ¡Váyase, idiota!

Sale la ENFERMERA.

Me muero. Creo que no paso de esta noche. Me duele todo. Tengo miedo. No es un chiste. Tengo miedo, tengo mucho miedo.

Entra Ibiza.

IBIZA

¿Cómo andamos? Al final te hice caso. Fanny, tres faisanes, Juanita, una caja de champán, ¿qué más? Van a pasar por el sótano y subir por el montacargas, a escondidas. La casa está llena de gente que espera. Los embajadores trajeron a sus mujeres. Todas tienen el mismo trajecito, todas. Y todos los ministros la misma corbata. Negra no: azul marino. Solamente las periodistas norteamericanas usan un trajecito rojo. Parece que también hay chicas del liceo vestidas de negro, pero yo no las vi, las ubicaron en el vestíbulo. Si

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vieras qué espectáculo. Cuando me ven todos se callan, ni siquiera se atreven a dirigirme la palabra. Creen que todo ya pasó hace varios días y que se espera la limpieza, el rellenado y el embalsamamiento antes de la exposición del cuerpo. Parece que durante la noche debieron llamar al orden a varios periodistas que ya se masturbaban bajo sus impermeables sucios.

EVITA

No quiero verlos, ni a Fanny ni a los demás. Deciles que se vayan.

IBIZA

Como vos quieras. Todavía te queda tiempo para decidirte. De todos modos no van a estar allí hasta dentro de media hora.

EVITA

¿Y afuera? ¿En la calle? ¿Qué hacen?

IBIZA

¿Afuera? ¿En la calle? No hacen nada.

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EVITA

Siempre pasa lo mismo cuando tienen miedo. Se acurrucan en sus escondites y no se mueven. Los conozco bien. Es como el día en que llegamos, las calles estaban vacías. Siempre es así cuando tienen miedo. Tienen miedo de mi muerte. ¿Apestan de miedo, no?

IBIZA

Sí.

EVITA

¡Pero qué cagada, carajo! ¡Qué lástima que no estoy ahí! Si estuviera ahí haría un discurso desde el balcón. ¡Qué lástima! Sería grandioso: mi mejor discurso. ¡Mierda, qué fiesta me perdí! Hubieran salido todos a la calle, estarían en la plaza, millares aclamando, gritando como locos. Les hubiera dado la jubilación a los cincuenta años y el aborto gratis. ¡Les hubiera dado todo, todo, todo! ¡Pero qué lástima, carajo! Yo creía que iba a estar muerta hace una semana.

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IBIZA

No se podía prever.

EVITA

¡Qué cagada! ¡Pero qué cagada, carajo! Esto dura demasiado. Tendría que morirme mañana, a más tardar. ¿No podés empezar la campaña presidencial justo después de mis funerales? ¡Qué enfermedad de mierda! Ni siquiera se puede estar segura de que va a terminar pronto. ¿Están los de la televisión yanqui?

IBIZA

Sí, están.

EVITA

¿Y los embalsamadores? ¿Estás seguro de que es el mejor? Me dijiste que es el mismo que embalsamó a Stalin. Pero es un español. ¿Estás seguro de que un norteamericano no hubiera sido mejor?

IBIZA

No, es el mejor del mundo.

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EVITA

¿Y los faroles? ¿Qué hay de mi idea de ponerle tul negro a las lámparas?

IBIZA

Está todo previsto. No pensés más en eso.

EVITA

No, claro. Si voy a pensar en las amapolas de Córdoba. Mirá, escuchame bien. Lo demás no me preocupa, pero quiero estar en la C.G.T. y no en cualquier lado: en el anfiteatro grande. ¡Y quiero estar siempre ahí! ¡No quiero estar en un mausoleo! ¿Entendido? Lo dije bien clarito en el mensaje que van a difundir antes de las elecciones. ¡Si me meten en otra parte te cago las elecciones!

IBIZA

Vas a estar en la C.G.T.

EVITA

Y con mis vestidos alrededor. Y todo lo que hay en las valijas lo quiero puesto en

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vitrinas, rodeándome también. ¡Y todas mis joyas! Y cada año para mi cumpleaños van a agregar otras. Ya elegí los brillantes en Cartier; incluso creo que ya están pagados. ¡Me muero, carajo! Llamá a la enfermera. Me siento mal.

IBIZA

Vení a descansar.

La ayuda a salir.

EVITA

No. Quiero quedarme. No quiero morirme en la cama.

IBIZA

No te vas a morir todavía. Vení, vení.

Entra la ENFERMERA, toma su estuche y vuelve a salir. Entra Ibiza. Entra la MADRE.

MADRE

¿Está mal?

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IBIZA

Tiene cáncer.

MADRE

¡Dios mío!

Sale.

IBIZA

Hay que prestar atención a la madre. No le vas a ver más el pelo, tiene mucho miedo de quedarse en la Argentina. Pero hay que vigilarla, porque es capaz de vender sus memorias a la revista Life. Después de su muerte yo me voy. Bueno, después de las elecciones, por supuesto. Me voy a vivir a Cuba, o a España. Tenés que darme plata, porque no guardé nada. ¿Sabés que cambia las ampollas de morfina por ampollas de agua destilada?

PERÓN

Callate.

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IBIZA

Que hable o me calle no cambia nada. Sin el cáncer ella hubiera tomado el poder. Y Sabés bien que yo la hubiera seguido. Vos estás cansado, pero ella no. Es por eso que me voy. ¿No querés venirte conmigo? De todos modos estás muy cansado como para quedarte.

MADRE, entra

¿De qué hablan? Para colmo perdí mis anteojos. ¿Usted no me trajo revistas, no? Estaba segura. Dígame, Perón. Ahora que ella está en su cuarto quería decirle algo. Hice ver que perdí mis anteojos porque me vigila. Dejó la puerta de la pieza abierta para ver si yo salgo. Entonces le dije que venía a buscar mis anteojos. Dígame, Perón. ¿Me escucha? Voy a volver a Europa. Perón, ¿usted me deja ir?

PERÓN

Sí.

MADRE

Me lo imaginaba, gracias. Usted sabe, eso

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que ella cuenta... bueno, yo no sé todo lo que ella pudo contarle de mí, pero, mire, por ejemplo, siempre me trata como si yo fuera una mujer de la calle ¿sabe? ¡pero eso no es cierto! A ella le encanta hacerle creer todo el mundo que yo soy no sé qué cosa, pero no es verdad. Hice todo lo posible por educarla como Dios manda y Él no me deja mentir. Sé que lo canso, Perón, pero déjeme terminar. No soy una sentimental, ¿me entiende? No voy a dejar de vivir porque ella se muera, no es lógico. Pero dejó una impresión de mí como si yo fuera lo peor de lo peor y eso no es verdad, Perón. Usted no se puede imaginar todo lo que hice para educarla. A los quince años ya se me fue a la calle y entonces ¿qué quería que hiciera yo? ¡Usted no sabe el sacrificio que hice para mandarla a los mejores colegios! Vivía para ella, Perón, creameló. Cuando nació yo ni siquiera sabía hablar en español. ¡Qué india! Entonces usted vio todo lo que hice por ella.

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IBIZA

Usted es shakespeareana, sin duda.

MADRE

Yo sé que lo canso, Perón. Perdonemé. Y con usted no hablaba, entonces no me parece lógico que se me ría en la cara. ¡Se ve que está drogado!

ENFERMERA, entra

Señora, señora... la llama su hija.

MADRE

¿Vio? ¡Me espía!

La MADRE sale. La ENFERMERA sale.

VOZ DE EVITA

¡No quiero! ¡No quiero! ¡No quiero! ¡No! ¡No quiero! ¡Dejenmé!

IBIZA

Por la noche se me da por salir a pasear por Buenos Aires. Puedo hacerlo porque nadie me reconoce; tengo una cara neutra.

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Me di cuenta de que siempre tomo el mismo colectivo para volver. Al principio pensaba que miraba la ciudad, la gente: creía que observaba todo lo que pasaba. Pensaba que ésa era la razón por la que salía. Siempre paro en el bar del Ciervo, siempre tomo un cognac en la barra, y cuando llueve dejo mi impermeable a la entrada... Me acuerdo del día en que fuimos a nadar con Eva, hace seis o siete años. Dimos una vuelta para pasar por la cima de un monte, porque queríamos saber si se podía ver todo el horizonte como una circunferencia alrededor. Pero no llegamos, hacía mucho calor y nos volvimos. Habíamos comprado un recuerdo de Córdoba al costado de la ruta creo que era un calidoscopio. ¿Sabés que estás muerto? ¿Sabés que te pasaste dos años encerrado en tu escritorio completamente muerto, con un negro que te espantaba las moscas con un abanico? ¿Sabés por lo menos desde cuándo estás muerto, en qué momento?

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PERÓN

No fue un calidoscopio lo que compramos. No compramos nada. Eva quería comprarse una muñeca vestida con un traje típico de Córdoba, pero el indio que la vendía no aceptó que le pagáramos en dólares. Tengo una memoria excelente.

MADRE, entra

¡No puedo encontrar mis anteojos! ¿Dónde pude haberlos dejado? ¿Dónde pude haber dejado mis anteojos? Debieron caerse por acá estos benditos anteojos. Ibiza... pssst... Ibiza... Evita está muy mal, ya cayó en la peor bajeza. ¡Creo que hay que llamar a los médicos! ¿Pero dónde pude haber dejado mis anteojos? No quiero que Perón me oiga porque se preocuparía. ¿Me escucha? ¿Sabe lo que hizo? Se encerró en el placard y no quiere salir. Dijo que yo quiero acuchillarla. Y antes de eso golpeó a la enfermera con una estatuilla. Se volvió loca. ¿Sabe lo que hizo? Dibujó todas las paredes de su cuarto con el lápiz de labios. Hizo dibujos obscenos. Escribió en todos lados «A la

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horca con Perón», «Perón traidor», «Eva traidora», «Evita boluda», cosas como ésas. ¡Ay, Ibiza, tengo ganas de llorar! Hay que llamar a los médicos.

IBIZA

Los médicos no pueden hacer nada.

MADRE

¿Pero si la operan? ¿No sería mejor si la operaran?

IBIZA

 No.

MADRE

Dios mío. ¿Sabe lo que dijo? Perón, quédese, no se moleste, quédese pensando nomás, no tardo nada. Me voy enseguida. Tengo un asuntito que hablar con Ibiza. Ibiza ¿sabe lo que dijo? Contó que tuvo un chico y que lo ahorcó con la cadena del baño. ¿Usted cree que puede ser cierto?

IBIZA

Pero seguro que no. Delira.

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MADRE

Sí, pero esas cosas me dan miedo. ¿Usted se da cuenta de lo que es verla en este estado? ¿Una presidenta de la República en este estado? Qué desgracia, cuando pienso en su pasado. ¡Qué desgracia, Ibiza, qué desgracia!

Sale.

PERÓN

Es verdad que hacía mucho calor. Habíamos pinchado la rueda a la altura de Río Segundo y no teníamos neumático de recambio. Partimos nosotros dos a pie hasta la primera estación de servicio, que estaba a tres kilómetros de allí, y Eva se quedó en el auto esperando. Cuando volvimos la encontramos dormida a la sombra de un álamo, a cincuenta metros del auto. Había un perro sentado a su lado, que nos siguió hasta el auto. Querías quedarte con el perro, pero lo dejamos porque estaba sarnoso. Cuando volvimos a pasar a la altura del álamo fue que encontramos al

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indio que vendía muñecas. Acababa de instalar una especie de puesto de feria lleno de muñecas y no de calidoscopios, como vos creías recordar. Tengo una memoria excelente para los detalles. Nos dijo que el perro era suyo. Vivía solo con su perro en un rancho desde que su mujer y sus hijos se habían ido a vivir a la ciudad. Le dimos un par de lentes negros, era la primera vez en su vida que veía lentes.

Entran EVITA, la MADRE y la ENFERMERA.

EVITA

¿Perón? ¿Ibiza? ¡Me muero! ¡Esta noche me muero! ¡Dejemé, idiota! ¿Fanny está ahí? ¡Quedémonos juntos! Perón está por envenenarme. Puso veneno en las inyecciones. ¡Cobarde! ¡Dejenmé! ¡Y vos sos su cómplice! ¡Eso resultó ser mi cáncer! ¡Siempre supe que era eso! ¡Quisieron operarme por mi cáncer de matriz, por mi cáncer de garganta, por mi cáncer de pelo, por mi cáncer de cerebro, por mi cáncer de culo! ¡Porque yo me cago en su gobierno de

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pelotudos! ¡Cuando me muera me va a pasear en los desfiles! ¡Cobarde! ¡Va a gobernar sobre mi cadáver! ¡Cobarde! ¡Van a joder sobre mi cadáver! ¡Cobarde! ¡Cobarde! ¡Dejenmé! ¡Cobarde!

Ibiza retiene a EVITA mientras la ENFERMERA le aplica una inyección. PERÓN sale.

MADRE

¿Por qué se va? ¿No ve que está enferma? ¡No es su culpa!

IBIZA

¡Cállese, idiota!

MADRE

¿Pero yo soy su madre, no?

IBIZA

¡Callesé!

EVITA

Cobarde de mierda de la puta madre que te parió.

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ENFERMERA

Cálmese, cálmese, vamos. ¿No se siente mejor?

EVITA

No me deje sola. Tengo miedo.

ENFERMERA

Hace mucho frío aquí. ¿No tiene un poco de frío? Ella debe tener frío.

La MADRE se precipita a buscar una chalina en el baúl y le cubre la espalda.

ENFERMERA

¿Está mejor así?

MADRE

Ibiza ¿qué pasa acá? Le ruego que me diga la verdad. Le juro que no voy a decírselo nunca a nadie. Ibiza ¿usted no estaba por matar a mi hija? ¿Ibiza?

IBIZA

¿Pero no ve que se está muriendo de cáncer, idiota?

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MADRE

Ay, Dios mío, nunca entendí lo que ella hacía. Dios mío, hacé que se muera pronto.

IBIZA

Callesé, idiota.

MADRE

No me voy a callar porque yo la amo. Porque ninguno de ustedes la quiere como la quiero yo ¿me entiende? ¡Usted no tiene derecho a tratarme de idiota! Eva, Evita ¿me escuchás? ¿Me escuchás, mi amor?

ENFERMERA

Déjela, señora. No se siente bien. No puede hablarle.

MADRE

¡Usted no tiene derecho a tratarme de estúpida! ¡Si ella llegó a este estado es su culpa, no la mía!

IBIZA

Si sigue hablando le voy a romper la cara.

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MADRE

¡Cuando era chiquita me esperaba con la casa llena de flores, todos los días! ¿Puede decir lo mismo? ¡Ella era pura! Es su culpa si llegó a ser así. Cuando iba a la fábrica, porque yo trabajaba en una fábrica, ella hacía la limpieza, me daba la comida y me esperaba con flores. ¡Y siempre me daba besos y me decía «sí mamá, sí mamá» a todos mis caprichos!

IBIZA golpea a la MADRE

¡Vayasé! ¡Vayasé! ¡Vayasé!

La empuja hasta la salida y sale con ella.

MADRE

¡Sinvergüenza! ¡Sinvergüenza! ¡Sinvergüenza! ¡Puto!

IBIZA vuelve a entrar. La MADRE entra y permanece oculta detrás de un baúl.

EVITA

La historia de las uñas la hice a propósito. El color de las uñas.

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ENFERMERA

Sí, señora. No es nada.

EVITA

Tiene que perdonarme. ¿Puedo tutearla?

ENFERMERA

Sí, señora.

EVITA

Va a ayudarme a morir como una partera. Es por eso que la quiero. ¿Usted sabe de partos?

ENFERMERA

Sí, señora. Sé ayudar.

EVITA

Tutéeme. Por eso la detesté todo el tiempo. Hubiera querido arreglarme sola pero las fuerzas no me daban. Entonces vos me vas a ayudar, como una partera. ¿Cuántos años Tenés?

ENFERMERA

Veintiséis, señora.

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EVITA

¿Veintiséis años? No podés ser enfermera toda la vida. Qué idea la de ser enfermera. Vas a pedirle dinero a Perón. Prometémelo. ¿Vivís sola?

ENFERMERA

No, señora. Vivo con mi papá. Es muy anciano.

EVITA

Mejor. Tenés que vivir sola, Sabés. Espero a una amiga para el baile, Fanny. Es Fanny Morelli, la diputada. Hace mucho que la conozco. Jugábamos en la misma plaza, frecuentamos los mismos cabarets, incluso fuimos juntas al mismo colegio, Sabés. Pero durante años no pude soportarla, me daba miedo. Era así, yo no podía hacer nada, me daba miedo. Y después... algo cambié... ¿viste? ¿entendés lo que te digo? Llegó un momento en que yo era la más fuerte, hacía todo, todo lo que quería, entonces... entonces es natural que volvamos a querer a la gente de los primeros tiempos, es

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natural, incluso si se volvieron monstruosos. Es así. La hice nombrar diputada. Así, por gusto, para demostrar quién era yo. Es así, no hay nada que hacerle. Me daba gusto verla vestida como yo, a mi lado, como un monito, en el palco oficial. Pobre Fanny. Cuénteme algo.

ENFERMERA

¿Qué, señora?

EVITA

Cualquier cosa, no importa. Un recuerdo. Para compararlo con un recuerdo mío, eso me haría quererla.

ENFERMERA

No sé qué puedo contarle, señora. Llevo una vida muy común.

EVITA

Tutéeme. ¿Tiene un amante?

ENFERMERA

No señora, pero quiero a alguien. Pero no

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vamos a casarnos, aunque yo ya me entregué a él. Los dos somos muy independientes, aunque tengamos la misma profesión.

EVITA

¿Sabés que vas a hacer? Vas a ponerte uno de mis vestidos para el baile de esta noche. Buscá en los baúles. ¡El que quieras!

MADRE

Dejala tranquila, Evita. Le das miedo.

IBIZA

¡Váyase, idiota! ¡Vaya a su cuarto!

Sale.

EVITA

¿Qué pensaba de mí, antes de venir aquí?

ENFERMERA

La admiraba mucho, señora.

EVITA

¿Ahora también?

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ENFERMERA

Sí, señora. Yo siempre la admiro.

EVITA

¿Tu papá es peronista?

ENFERMERA

Sí, señora. Mi mamá también era peronista. Me inscribieron en el partido cuando cumplí los dieciocho años. Pero mi mamá murió.

EVITA

¿Murió?

ENFERMERA

Hace dos años.

EVITA

¡Es mentira lo de mis cajas fuertes! ¡No vas a recibir un peso! Quédese conmigo ¡éstos solamente están esperando el momento en que yo reviente para heredarme! ¡Son todos funebreros!

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MADRE

¡Evita!

EVITA

Andá. ¡Andate, basura! Echelá. ¡Andá a escuchar la radio, a ver si dicen que me muero! ¡Basura! Buscá un vestido, dale, buscá un vestido...

ENFERMERA

Pero... un vestido, señora. ¿Por qué? No vale la pena que me cambie, señora.

EVITA

Para darme el gusto. Vas a ver qué lindo que es. Buscá en el baúl grande, allí. El vestido blanco. Hay una peluca que combina, está guardada en una bolsa de plástico. Buscala, ahí mismo.

Entretanto, PERÓN e Ibiza entran.

ENFERMERA

¿Éste, señora?

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EVITA

¿Lo reconocés? ¿Es hermoso, no?

ENFERMERA

Sí, señora, es muy lindo.

EVITA

Es el más lindo de todos. Es el mismo que me puse para cenar con Franco, e incluso para ver al Papa. Siempre lo usaba con el visón blanco. ¿Lo ves? Llevalo. Llevate también el visón. Podés guardarlos, cuidalos. Te los doy. Es mi vestido más querido y mi visón más querido. Cuidalos. No me des las gracias, porque de cualquier manera voy a morir. Acercate. Vení. Todavía están ahí esos dos. ¿Qué quieren? ¿No me muero lo suficientemente rápido? ¡No se hagan problemas, no tienen más que matarme!

MADRE

Evita ¡no digas esas cosas!

EVITA

Y vos, tu caja fuerte de Suiza ¡te la vas a

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meter en el culo! ¡Tu caja fuerte está vacía! ¡Podés correr detrás de ella, nomás! Y vos, ponete el vestido. ¡Ponete el vestido! Che, funebrero, yo sé muy bien lo que vas a hacer cuando no me tengas acá para vigilarme. Le vas a entregar todo el petróleo a los yanquis para comprarte portaaviones. ¡andá a esconderte bajo la cama, cobarde, cagón! ¡Siempre viví sola, así que también puedo morirme sin vos! Terminó la Comedia. ¡Impotente! ¡Vos pónete el vestido!

ENFERMERA

Pero...

EVITA

¡Poneteló! ¡Las dos vamos a divertirnos, con Fanny y el resto de la gente! ¡A éstos vamos a encerrarlos en sus piezas con candado, para que escuchen un poco la radio!

IBIZA

Póngase el vestido, hija.

La ENFERMERA se cambia de ropa, con la ayuda de la MADRE.

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PERÓN

Eva, quisiera que me escucharas un momento. No voy a presentarme a elecciones. Abandono el poder.

EVITA

Dejá de decir boludeces. ¿Por qué?

PERÓN

Porque ya no soporto ningún sufrimiento. Ni siquiera tolero tu muerte. Estoy vacío. Hace mucho tiempo que sufrís en mi lugar, y eso me permitía gobernar. Cuando ya no estés, no habrá nadie en el poder. Hasta si me volviera un viejo reseco podría comprenderlo.

EVITA

Dejá de decir boludeces. En unos días se te va a pasar. Dejá de decir boludeces, cretino; hay que esperar, ya va a pasar. ¡Pero mirá vos! ¡Te queda muy bien!

PERÓN sale.

ENFERMERA

Soy un poco grandota yo ...

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EVITA

Pero no, no. Acercate. Da una vuelta. Te queda muy bien, incluso te queda mejor que a mí. Es cierto. Mamá ¿puedo pedirte que hagas una cosa por mí?

MADRE

¿Qué cosa?

EVITA

Volvé a tu cuarto.

MADRE

¿Vos me odiás, Evita?

EVITA

Yo no te odio. ¿Qué querés decir?

MADRE

Quiero decir que me odiás; lo sé. Pero hay muchas cosas que no pasan por mi culpa. A mí también tienen que comprenderme.

EVITA

¿No te di siempre toda la plata que querías?

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MADRE

EVITA

Entonces, volvé a tu cuarto.

MADRE

Vos me odiás porque creés que no sufro de verte moribunda. Pero sufro mucho. Tengo un dolor enorme, Evita. Cuando tuviste difteria, lloré por una semana. Vos no te acordás porque eras muy chiquita. Sos la única cosa que quiero en el mundo. Lo de la caja fuerte y el número que me diste ¿era verdad o era un chiste?

EVITA

Era verdad, boluda. andá a tu cuarto.

MADRE

Gracias, Eva.

Sale.

EVITA

Ayudame a levantarme. Tengo las piernas

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hinchadas. ¡A-ahí está! ¿Qué iba a decir? Dejame apoyarme sobre vos... con este vestido es como si me apoyara sobre mí misma, Sabés, me da menos vergüenza encontrarme en este estado. Mirá mi anillo. ¿Te gusta? Es una esmeralda corazón de perico. Tomá, te lo regalo. Tenelo.

ENFERMERA

¡Oh! Gracias, señora. Es muy hermoso.

EVITA

Me lo dieron en un viaje a la India, cuando fui a firmar unos contratos.

ENFERMERA

Es realmente magnífico, señora.

EVITA

Te gustan las joyas ¿eh? Tomá ésta también. Y el collar. Tomá, tomá, no me lo agradezcas. A mí ya no me sirven para nada. Así te hacés un pequeño ajuar. Te gusta la plata ¿eh? ¿Sabés lo que vas a hacer

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cuando me muera? ¿No querés ir a vivir con mi mamá a Europa? Ella tiene muchas casas, autos, todo lo que hace falta. Podes hacerte pasar por su hija y encontrar un marido. ¿Sos virgen?

ENFERMERA

No, señora.

EVITA

Mucho mejor. Es muy linda la vida ¿Sabés? No hay por qué ser enfermera para siempre. Esperá, carajo, me muero. Ayudame a sentarme. Quedate acá. Quedate acá. Quedate acá. ¿No Tenés frío? ¿Querés ponerte mi visón?

ENFERMERA

No, señora.

EVITA

¡Ya estoy harta! Ibiza, ¿estás ahí?

IBIZA

Sí.

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EVITA

¿Me Tenés miedo?

ENFERMERA

No, señora.

EVITA

¿Ibiza? No aguanto más, mi viejo. ¿Está todo listo? No digo los funerales, sino el clima ¿está preparado el clima?

IBIZA

El clima está preparado.

EVITA

Lo presentía. Entonces es el final. ¡Qué harta que estoy de este cáncer de mierda, carajo! El cáncer es tu culpa. O culpa de Perón, culpa de ustedes dos, pero no culpa mía.

IBIZA

¿Qué querés decir?

EVITA

Ustedes me dejaron caer sola hasta el fondo

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de mi cáncer. Son unos turros. Me volví loca y estaba sola. Me ven morir como una bestia en el matadero.

Permitime, quiero estar con vos, no tengas miedo.

Me volví loca, loca, como aquella vez en que hice entregar un auto de carrera a cada puta y ustedes me lo permitieron. Loca. Y ni vos ni él me dijeron que parara. Hasta mi muerte, hasta la puesta en escena de mi muerte debí hacerla completamente sola. Sola. Cuando iba a las villas miseria y distribuía fajos de billetes y dejaba todo, mis joyas y mi auto y hasta mi vestido, y me volvía como una loca, desnuda, en taxi mostrando el culo por la ventanilla, me lo permitieron. Como si ya estuviera muerta, como si yo no fuera más que el recuerdo de una muerta. Eso era lo que quería decirte, viejito.

Sos muy linda ¿Sabés? Tenés un cabello hermoso... No hay que teñirlo ¿eh? A la larga es malo para el pelo ¿Sabés? Dejame hacer, amor mío, permitime. Dame, Ibiza.

IBIZA

Dejame a mí.

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EVITA

No, esperá. Esperá... No tengas miedo, mi amor, no tengas miedo, mi amor.... quedate así... ahí está. Te gusta ¿eh? Así... así... así... así... Es el fin, estoy lista.

IBIZA apuñala a la ENFERMERA con la ayuda de EVITA.

EVITA

Dios mío, qué largo que fue esto. ¿Fanny espera todavía en el sótano? Voy a bajar sola. Todas esas inyecciones me enfermaron. Estoy muerta. ¿Mamá...? ¡Mamá! Vení acá.

VOZ DE LA MADRE

¡Dejame tranquila! ¡Dejame tranquila! ¿me oís? ¡No quiero ver nada!

EVITA

¿No venís a despedirme, vieja atorranta?

VOZ DE LA MADRE

¡Moríte, turra de mierda! ¡Hija de puta! ¡Moríte!

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EVITA

Andá a traerme la capa de la enfermera. No quiero correr el riesgo de ser reconocida. Y su sombrero. Traé también su sombrero.

IBIZA sale. Vuelve con la capa y el sombrero de la ENFERMERA.

EVITA

¿Te parece que me lleve el maletín con los diamantes? No, mejor que los expongan. De todas maneras no me los voy a poner de nuevo. O mejor sí, me los llevo para Fanny, le van a gustar. ¿Te quedás, verdad? Sí, yo sabía que ibas a quedarte. Cuidalo, es un flojo. Hay que sostenerlo todo el tiempo. Dame la capa, por favor. El cáncer fue idea tuya. No sé cómo explicarlo, pero lo del cáncer fue idea tuya. No es algo que hubiera inventado por mí misma, semejante enfermedad. ¿Entendés? No entendés. Peor para vos. ¿Dónde está el sombrero? (Entra PERÓN) ¿No entendés? Es como cuando éramos chicos e íbamos a comprarle Cinzano para mamá a ese almacenero que

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estaba tuerto ¿te acordás? ¿Te acordás de que me hacía pasar al fondo y me tocaba y después nos dividíamos la plata para el Cinzano? Llegaba al extremo de algo atroz ese tipo, algo atroz, atroz. Nunca me tocó. Solamente me hablaba. No sé porqué te decía que me tocaba; el tipo me contaba su vida. Y poco a poco llegué a ser como él ¿me entendés? no pude evitarlo. Es así, no hay nada que hacerle. ¿No volviste a pasar por esa calle? ¿Estará allí todavía?

IBIZA

¿El almacenero? Ya no está.

EVITA

Estaba segura. ¿Murió?

IBIZA

No sé.

EVITA

Estoy segura de que murió. Sabés, creo que voy a dejar los diamantes. Prefiero que los expongan.

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EVITA sale. IBIZA acuesta el cuerpo de la ENFERMERA sobre un baúl y le pone una peluca. Ibiza sale. Entran: periodistas, ministros, monjas, curiosos, fotógrafos, embajadoras, los pequeños cantores de la cruz patagónica, los sanados, las hijas de la revolución peronista, embalsamadores, cosmetólogas, eclesiásticos, escolares, sindicalistas, enfermeras llevando cirios y coronas de flores artificiales.

PERÓN

Eva Perón se ha apagado. Decreto una semana de duelo nacional al termino del cual tendrán lugar los funerales. Sus restos descansarán en la Confederación General del Trabajo; ésa fue su voluntad. Señores, rueguen para que su alma esté en la paz de Dios. Aquella que llamamos la madre de los humildes, aquella que sacrificó el tiempo de su vida para aliviar la desgracia de los desheredados de la tierra, aquella que nos ayudó con su clarividencia y su fuerza de carácter en los momentos más difíciles que nosotros —la patria y también los hombres— hemos atravesado, aquella que

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ha sido nuestra compañera por la voluntad de Dios, nuestra compañera infatigable en todos los instantes de nuestra pesada tarea al frente de la Patria, Eva Perón, fue abatida por la más atroz de las enfermedades. Para nosotros, que la hemos acompañado con nuestro amor durante el largo calvario hasta su muerte, nos será difícil, nos será imposible no rebelarnos, en nuestro fuero interior, contra la injusticia del destino. Sí, Evita es irremplazable. ¿Quién, como ella, podría inmolar su vida y su generosidad de mujer por la causa del obrero, del campesino, del oprimido? Hombres y mujeres de mi Patria, tratemos de interpretar, una vez más, la voluntad divina. Eva Perón no está muerta, está más viva que nunca. Hasta hoy la hemos amado; a partir de hoy adoraremos a Evita. Su imagen será reproducida hasta el infinito en pinturas y en estatuas para que su recuerdo permanezca vivo en cada escuela, en cada rincón de trabajo, en cada hogar. Desde lo alto de su pedestal, la fuerza invencible de su destino ejemplar

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nos dará coraje, más que nunca, para continuar la tarea, la dura tarea a la que hemos dedicado nuestra vida: condenar la riqueza injusta, dar pan a los pobres, construir una sociedad nueva donde cada hombre y cada mujer encuentren su felicidad en el trabajo y en el amor a la Patria. ¡Eva Perón, señores, está más viva que nunca!

PERÓN sale. La MADRE pasa, sostenida por dos personas que la abanican y la fotografían.

MADRE

Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío. Dios mío.

 

FIN

 

 

Copi-- CACHAFAZ (Argentina)

Escrito por nohaydrama 11-11-2009 en General. Comentarios (0)

Copi

Cachafaz

PERSONAJES:

  • Cachafaz
  • La raulito

EN OFF:

  • Voces de policías y vecinas

TRES COROS:

  • Coro de vecinas
  • Coro de vecinos
  • Coro de ánimas

 

ACTO 1

 

(La acción transcurre en una pieza del conventillo del medio mundo en Montevideo.)

RAULITO (fregando el piso)

¡Levantate desgraciado 'e la catrera

que no hay nada pa' morfar

y estoy harta de esperar la noche entera

que me vengas a enchufar!

y pa' colmo no me traés ni un rabanito,

desgraciado.

¡Sos un pardo apolillado

y te me vas enseguida!

CACHAFAZ (ronquidos del Cachafaz)

Ay, por favor, mi querida,

que ayer tomé mucha caña

para el velorio de Ocaña

y me pasé de medida.

Andá a hablar con la vecina

que yo estoy desvencijado

¡me jugué todo a los dados

y me he quedado en la ruina!

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RAULITO

Te has jugado los ochavos,

¿dónde está la billetera?

CACHAFAZ

¡La he perdido!

RAULITO (con la sartén)

¡Desgraciado!

CACHAFAZ

¡No me des con la sartén

que si me hacés un chichón

yo te pongo en la vereda!

Soy un macho, no te olvides,

¡no te me hagás la cabrera

porque te doy un tortazo!

RAULITO

Proxeneta.

CACHAFAZ

Mirá pibe,

por esta vez te lo paso

¡hay menos putos que vos

que me deben más de un tajo!

A mí me gusta el relajo

y pasar la noche entera

rompiéndote el corazón,

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¡mas no te me des de guapo

porque aquí el puto sos vos!

RAULITO

¿Por qué me tratás así?

¡Si hasta ayer vos me querías!

CACHAFAZ

Te quería como un macho

¡te me vas a andar derecho!

RAULITO

¡Guacho!

CACHAFAZ

¿Y quién habla por despecho?

¡Sos un puto relajado

y yo te cago a sopapos!

No me dejás ni dormir

y te me venís de guapo.

RAULITO

No, ¡pero si yo te quiero!

¡Y no me interpretés mal!

¡Yo te quiero con el alma!

CACHAFAZ

¡Por favor!

9

RAULITO

Me llega hasta las entrañas

tu calor.

CACHAFAZ

Si es de veras, te perdono.

RAULITO

¿Y me perdonás de veras?

CACHAFAZ

Soy un hombre de palabra,

Bajate la bombachita, que

te la pongo hasta el alma.

RAULITO

¡Pero si no se te para!

CACHAFAZ

¿Y no te gusta blandita?

RAULITO

¡Prefiero el agua bendita

o atravesar el Sahara!

CACHAFAZ

¡No te des de intelectual

que aquí se trata de guita!

¡No queda una torta frita

10

ni un clavel para mi ojal!

¡Mientras yo duermo una siesta

te me vas a trabajar!

RAULITO

¿Pero me querés decir

de qué voy a trabajar?

¡Ya me echaron de mucama

tantas veces por la barba!

¡Ser un puto es una carga,

vos lo sabes como yo!

CACHAFAZ (con el zorro de la Raulito)

¡Mirá... te pones el zorro,

te apoyás en un farol

y no me volvés a entrar

sin un kilo de morcilla!

RAULITO

Hasta ayer eras un chorro,

no me serruches la silla

¡mirá que de la bombilla

yo sé chupar cuando quiero!

Conocí a más de un matrero

y yo tengo protección,

¡en el barrio me he criado

y vos sos del interior!

Te recogí en la cuneta

pues me diste mucha lástima,

11

¡soy de la Virgen de Fátima,

yo me eduqué en religión!

Y yo a la calle no voy,

¿me entendiste Cachafaz?

Porque yo puta no soy,

¡yo soy una intelectual!

CACHAFAZ

Yo te quiero como sos

mas no me hagás trabajar,

te lo pido por favor,

¡dejame pensar en paz!

RAULITO

¿Pensar en qué, desgraciado?

CACHAFAZ

¡Pienso en la letra de un tango!

RAULITO

¿En qué tango? ¿Con qué rima?

¡Si no sabés escribir!

CACHAFAZ

¡Pero tengo inspiración!

RAULITO

¡Qué mierda de inspiración

12

si te la pasás borracho!

CACHAFAZ

¡Mirá, ya me tenés harto!

¿Dónde están mis pantalones?

Yo me vuelvo pa' mi pago,

¡me rompiste los melones!

RAULITO

¡Ay, no, Negro, no te vayas,

tus pantalones a rayas

te los tengo que zurcir!

CACHAFAZ

Mis pantalones a rayas,

te pregunto,

¿dónde están?

¿No me vas a dejar ir?

RAULITO

¡'Tan abajo del colchón

para plancharles la raya!

(Se pone los pantalones.)

CACHAFAZ

¡Yo me vuelvo con mi novia, que es una chica sincera, estoy harto 'esta catrera

pa' no hablar de tus maneras!

13

¡Yo no soy ninguna escoria,

yo te he querido de veras!

¡Y si te queda memoria

cuando estés vieja y fulera

ya te acordarás de mí!

RAULITO

¡No me dejés!

CACHAFAZ

¡Sí, te dejo,

porque has sido traicionera!

¡Y si no te rompo el alma

es porque soy caballero!

¡Si yo a vos ya ni te quiero!

Dejá de tocarme el bulto,

que me arrugas la bragueta.

Me tratás de proxeneta

¿y después me querés mucho?

RAULITO

¡Acariciame las tetas!

CACHAFAZ

¡Te las quemo con un pucho!

Y no te me acerques, ¡puto!

RAULITO

Cachafaz,

pero yo te quiero mucho.

14

CACHAFAZ

Me mentís, ¡yo no creo en

palabra 'e puto!

RAULITO (canta)

Cachafaz, cuántas veces

te he soñado

mi negro desharrapado

apoyado en un buzón.

Me diste con la manija,

me revolviste el mondongo

porque me entraste muy hondo

meta y venga con la pija.

Desde que te conocí

yo ya no sé quién soy

yo ya no sé adonde voy

¿qué me has hecho, sabandija?

¡No sos la primera pija

que se me ha metido adentro

desde que me vine al centro

del barrio 'e La Lagartija!

Pero a vos yo sí te quiero,

no te quiero por la pija,

¡te quiero de amor sincero

y aunque Jesús me lo exija

no te largo, sabandija!

CACHAFAZ

¡Dejame llevarte bien!

15

RAULITO

¡Llevame como querrás!

Te quiero de corazón

pero vos ya lo sabrás.

CACHAFAZ

¡Para mí vos sos milonga,

no me importa que seas puto,

pues yo soy un César Bruto

de un patio del arrabal!

¡Qué bien que tenés el culo!

RAULITO

¡Ay, callate, no me excites!

CACHAFAZ

¿Por qué no me das alpiste?

RAULITO

Porque me has tratado 'e puto.

CACHAFAZ

¡Pero si vos sos un puto!

RAULITO

¡Pero entonces Dios no existe!

CACHAFAZ

¡Dejame meterte pierna!

16

RAULITO

¡No me destroces los pieses

que no sabés ni milonga,

¡sos un pardo sin mistonga

y yo te voy a enseñar!

¡Si querés aprender tango

olvidate de la conga!

Este es un baile de machos,

no te hagás el mamarracho,

tenés que ponerte tieso

así, ¿me entendés?, ¡así!

LOS DOS

¿Así? ¿Así? ¿Así? ¿Así?

¿Así? ¿Así? ¿Así? ¿Así?

RAULITO

Mete la panza pa' atrás

y sacudí la melena

te enseño porque soy buena,

¡yo te quiero, Cachafaz!

CACHAFAZ

¡Cuando llegaremo' al centro

nos compraremo' un pisito

todo lleno de adornitos

con un sillón en el centro!

RAULITO

¡Tenés que ser elegante

17

si querés paradear tango.

El tango no es atorrante,

ya ha triunfado en el salón!

CACHAFAZ

¡Mas no sé mostrar el guante!

¡Sólo tengo vocación!

¡Pero si vos sos mi amante

sabré escuchar tu lección!

RAULITO

¡Yo te quiero con el alma,

te seguiría hasta el infierno,

te quiero de amor eterno

meta y venga con el samba!

CACHAFAZ

Agarrate a mi cintura

y no me patees las bolas,

que aquí no se juega al fóbal!

¡El tango es flor de hermosura!

VIGILANTE (en off)

¡Policía!

RAULITO

¿Policía?

VIGILANTE

¡Abran, cacos!

18

RAULITO

No te asomes, Cachafaz,

han llegado los macacos,

¡vos hacete el que dormías,

yo me pongo el antifaz!

¿Qué decía, policía?

VIGILANTE

¡El ciudadano Sigampa,

que lo llaman Cachafaz,

se robó una butifarra

de burro en la pulpería!

RAULITO

¡El ciudadano Sigampa,

señor de la Policía,

es la flor del alma mía,

es el potro de mi pampa!

¡Pagaré la butifarra!

VIGILANTE

¡Ustedes andan de farra,

les coloco las esposas!

RAULITO

Mire, no me hable de esposas,

que aquí la esposa soy yo.

VIGILANTE

Abrí, te digo, piojosa,

19

RAULITO

¡Callate, milico 'e mierda,

se acabaron tus alardes,

ya lo sé que mi hombre es pardo,

pero es mi macho de veras!

¡Aquí duerme en mi catrera

y nunca ha robao ni un cardo!

¡Y no se olvide vigilante

que mi tío es comisario,

me ha prestao servicios varios,

no se venga de pedante!

¡Si al Cachafaz yo lo quiero

lo quiero porque es decente

y que no tiene prontuario!

VIGILANTE

¡Qué no va a tener prontuario!

Se robó una batería,

la rueda 'e una bicicleta

y en la feria una sandía.

RAULITO

De la rueda no sé nada

pero de la batería

¡le juro, señor agente,

que mi pardo es inocente!

VIGILANTE

Escuchame, La Raulito:

20

este es un barrio decente,

te lo digo de advertencia

porque a mí me importa un pito:

o respetas la decencia

o a tu pardo te lo quito

te lo pongo a pan y a agua

adentro de un calabozo

o te lo meto en un pozo

en la isla de las ratas.

Por esta vez, ¿me entendés?,

tolero la butifarra

pero al próximo entremés

aquí se acabó la farra.

RAULITO

Perdone, señor agente,

y dele un beso a mi tío.

* * *

¿Dónde está la butifarra?

CACHAFAZ

La he escondido en la alpargata.

RAULITO

¿Y dónde está la alpargata?

CACHAFAZ

Adentro del calzoncillo.

21

RAULITO

¡Ay, qué olorcito divino!

¡Pero no tenemos vino

y con una butifarra acá

el vino es de rigor!

Andá a robar una jarra

al cuchitril del vecino.

CACHAFAZ

Ay, no querida, andá vos

que yo me estoy inspirando

para mi letra de tango.

Saludala a la vecina,

y pedile un poco 'e harina

p' hacerme unas tortas fritas.

RAULITO

¡Diga, doña Celestina!

¿Me presta una taza 'e harina?,

pero de la harina fina,

mi marido es exigente.

VECINA

¡Qué marido ni exigente!

Tu pardo es un delincuente

más fichado en el ambiente

que el humo de una cagada.

RAULITO

Pero ¡qué desfachatada!,

22

¡a ésta yo la desmeleno!

VECINA

Raulito la culatreja

sos una vergüenza andante,

desde que murió tu vieja

te la has dado de atorrante.

RAULITO

¡Ustedes andan celosas

porque mi hombre es elegante

y ustedes conchas podridas

no ligan ningún amante!

VECINA

¡Otra que concha podrida!

¡Podridas tus almorranas!

¡Somos mujeres decentes!

¡Y te mandamos en cana!

¡Has llegado al conventillo

disfrazada de inocente!

¿Tu tío era un intendente

que hizo el sitio de un castillo?

Ya te calamos, Raulito.

Te educaro' en un pesebre

y por más que te dé fiebre

tu pardo no es más que un pillo.

RAULITO

¡Potrilla será tu hija,

23

mi pardo es flor de alegría

y no es porque tenga pija

que no es un guacho decente!

CORO DE VECINAS

¡Decentes somos nosotras!

Y de decencia decente,

si de decencia se trata

¡tu pardo es un repelente!

VECINA

¡A mí me robó una lata

llena de dulce de leche!

¡A mí un tacho de escabeche!

¡A mí el frasco 'e detergente!

RAULITO

¡Caluñas, todas caluñas!

¡Sóis todas gatas calientes

que se mordisquean las uñas

de ver que una inteligente

se ligó un hombre excelente!

Defendeme, Cachafaz,

que hay algunas exaltadas

que me quieren dar la biaba.

CACHAFAZ

Son las vecinas de enfrente.

24

RAULITO

¡Son esas desharrapadas!

¡Están celosas de ti!

¡Porque ellas no comen nada!

Nosotros aquí tenemos

pa' el almuerzo una ensalada,

de entrada cuatro empanadas,

después ¡jamón con melón!

CORO DE VECINAS

Sólo tienen butifarra

que le han robado al autista.

¡Cuando les sigan la pista

éstos van al paredón!

RAULITO

¡Basta! Pobres achatadas

yo les cierro la ventana.

(Cierra la ventana.)

Cachafaz, ¿por qué estás triste?

CACHAFAZ

¡Se me fue la inspiración!

Estaba pensando un tango,

un tango de vocación,

un tango bien de mi rango,

25

pa' cantarlo en el salón.

Pero no me viene idea.

RAULITO

Comamos la butifarra,

la idea ya te vendrá.

¿La preferís con jalea o te la pongo en las brasas?

CACHAFAZ

Prefiero comerla entera,

la jalea comela vos.

RAULITO

Ya me comí la jalea,

vos comé la butifarra,

que para tener ideas

tenés que llenar la panza.

CACHAFAZ

No me da ninguna idea,

me parece que está rancia.

RAULITO

¡Comete esta butifarra

que ayer no comiste nada!

¡Sacate los pantalones

que los tengo que zurcir!

26

VIGILANTE (en off)

¡Abran, cacos!

RAULITO

¿Otra vez?

VIGILANTE

¡Y que me abran enseguida!

¡Vengo con la orden del juez!

CORO DE VECINAS

¡Al Cachafaz que lo manden

a la isla de las ratas!

Y a la Raulito en un cepo

en medio'e Plaza Cagancha

así v'aprender despecho

¡que no se haga la pata ancha!

RAULITO

¡Negro, ha llegado la cana!

CACHAFAZ

¡Un poco'e calma te he dicho!

Pues yo no soy ningún bicho

que salta como una rana.

Y me afilás el cuchillo

contra el borde de una lata.

VIGILANTE (en off)

¡Abran, cacos! ¡Abran, pillos!

27

RAULITO

¡Ya te he afilado el cuchillo!

CACHAFAZ

Yo no sé qué es el destino,

menos lo que debería ser,

¡mas como yo te he querido

ya nadie podrá querer!

Antes que me maten quiero

saber algo de tu esencia,

¡por ti perdí la inocencia,

el honor y la honradez!

Te conocí taconeando

cubierta de baratija

en la rambla de la playa

que bordea el arrabal.

¿Fue tu mirada de tango?

¿Fue tu aire compadrón?

Pero te me entraste al alma

vestida de maricón.

CORO DE MUJERES

¡Abran pillos! ¡Abran cacos!

¡Que los maten a piedrazos!

¡Que me los hagan pedazos,

que no se las den de guapos!

CACHAFAZ

En este gesto fulero

28

perderé la vida entera.

Ya no estaré en la catrera,

mi vida es vida de perro.

¡Así nací, y así voy!

Antes de apagar la vela

quiero que me digas vos

si soy un macho de veras.

CORO DE VECINAS

¡Abran, cacos! ¡Abran pillos!

¡Vergüenza del conventillo!

CACHAFAZ

Ni soy caco ni soy pillo

y soy mucho menos reo,

¡estoy en Montevideo,

cuna de machos sinceros!

Si me llaman Cachafaz

es injusticia social,

¡nací en un cañaveral

y mi madre murió en paz!

¡Nadie me dé de matrero,

mucho menos un milico!

Aunque yo nunca fui rico

del mundo sé la moral.

Ningún ser nace anormal,

cualquier loro tiene pico

y aquí les digo y replico

la forma de lo esencial.

29

El hombre es un animal negro,

blanco, pobre o rico,

con nariz o con hocico

¡pero nadie es pavo real!

RAULITO

¡No te excites, Cachafaz,

que el viento viene de atrás!

CACHAFAZ

No será ningún perico

que me enseñe el bien y el mal.

¡Abrí la puerta te digo

que a éste me le morfo el hígado!

(Sale. Disparos.)

CORO DE VECINAS

¡Este hombre se ha excedido!

¡Tiene el coraje del diablo!

¡Qué bestias son estos pardos!

¡Se lo apuñala al milico!

RAULITO

Ay, Jesús, te lo suplico,

y a ti, la Virgen de Fátima,

les prometo un abanico

para el día de las ánimas;

y nunca he jurado en vano,

30

¡si me han destrozado el ano

yo siempre fui la inocente!

Hoy día no tengo tiempo

para contarles mi vida,

la he pasado reprimida

y les ruego su perdón.

El caso de mi varón

hoy es mucho más urgente,

es un hombre inteligente

y con mucha devoción.

Pero es pobre, casi negro,

y su madre fue una puta.

¡Tiene vocación de tango!

¡Les pido su protección!

CACHAFAZ (entra)

¡Me lo reventé al milico!

RAULITO

¡Gracias mi Virgen de Fátima

y también a vos, Dios mío,

pues mi hombre sigue vivo!

CACHAFAZ

Le encajé una puñalada

en la panza, otra en la espalda,

cuatro tajos en la barba,

después le abrí el corazón.

31

RAULITO

¡Pero vos estás herido!

CACHAFAZ

¡Creo que me ligué una bala!

RAULITO

¿Dónde?

CACHAFAZ

¡Aquí, al lao'el sobaco!

RAULITO

¡Pero esto es sólo un rasguño!

Esperá que te la saco

con la tijerita de uñas.

CORO DE VECINAS

Cachafaz, sos criminal.

¡Te has equivocado de ruta

pues tu madre fue una puta

que parió en cañaveral!

¡El honor del conventillo

lo has ensuciado pa' siempre,

tenés melena de liendre,

sos un guapo de cuchillo!

CACHAFAZ

¡Querida, tené cuidado,

32

me desollás la costilla

con la pinza 'e depilar!

¡La bala se incrustó al lado!

¡Ay! ¡Ay! ¡No me hagás cosquillas!

RAULITO

¡Dejá, te chupo el sobaco!

¡Aquí te saqué la bala!

¡La he extraído con los dientes!

CACHAFAZ

¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay!

CORO DE VECINAS

¡Vergüenza del Uruguay!

RAULITO

¡Vecinas, sóis indecentes

pues no seguís la corriente

de un hombre que mató a un cana!

¡Os la pasáis lloriqueando!

¿Tenéis miedo hasta del agua?

CORO DE VECINAS

¡Ma' qué estáis hablando de agua!

¡Aquí llegó el vendaval!

¡Para vengarse, los canas

arrasan el arrabal!

¡Fusilan a nuestros machos,

33

nos envenenan el agua,

nos revientan por despecho

como pasá en Nicaragua!

¡Y habrá sido Cachafaz

el culpable de este hecho!

¡Si parda tiene la faz

mucho más negro es su pecho!

RAULITO

¡Vecinas, estáis celosas

de la hombría de mi guacho!

¡Es posible que sea pardo

mas no es ningún cobarde!

¡Y la prueba es aquel fiambre

que está en el medio del patio!

CORO DE VECINAS

¡Nosotras tenemos hambre!

Nuestros chicos tienen chinches,

tienen lombriz y escorbuto,

están más flacos que un pinche.

¡No es porque vos seas un puto

que nos vas a armar bochinche!

CORO DE VECINOS

¡Cachafaz tiene razón!

¡Si se lo tragó al milico

es buen ejemplo pa' un chico!

¡Este hombre es un varón!

34

Pues a más de ser valiente

es un flor de independiente,

muy buen mozo, inteligente,

¡y tiene gran corazón!

¡Cachafaz, ya somos varios!

¡Te vamos a sostener

pues has vengado el agravio

que le han hecho a tu mujer!

RAULITO

¡Asomate a la ventana!

¡Los hombre' están de tu lado!

Porque por más que seás pardo

reconocen tu raíz!

¡Aquí está la cicatriz

de donde arranqué la bala!

CORO DE VECINAS

¡Raulito, sos una mala

porque no tenés matriz!

¡Siempre serás infeliz,

en tu hogar nunca habrá sala!

RAULITO

¡Canta un tango, Cachafaz!

¡Canta un tango de matriz!

¡Las vecinas se harán pis

escuchando tu compás!

35

CACHAFAZ

Yo no les canto a las minas,

¡menos a las que se quejan

de vivir entre las rejas

de este conventillo en ruinas!

Vos, mujeres traicioneras

que toda la vida esperan

un cacho 'e carne, una pera

pa' hacer hervir la caldera:

¿de qué educación se trata?

¡Los chicos andan en patas,

son más pobres que las ratas,

si no tienen ni alpargatas!

¡Aquí hay que recuperar,

cacha culo o cacha faz

desnudo o con antifaz,

el sentido del hablar!

CORO DE VECINOS

¡Bravo, bravo, Cachafaz!

¡Qué claro tiene el pensar!

¡Es pardo morocoté!

¡Fundemos un comité!

CORO DE VECINAS

¡No, las mujeres se oponen!

¡Y aquí ya nadie nos pone

en el orto la manija!

¡Y no es porque tengan pija!

36

Somos mujeres decentes,

nuestros hijos serán jueces,

estancieros, dueño 'e reses

y hasta alguno ¡presidente!

Cachafaz y la Raulito,

¡que vayan al paredón!

Ya no merecen perdón.

CACHAFAZ

¡Che, las mujeres sin pito

nos tienen hartos, marchitos,

nos hacen un huevo frito

y nos frotan el colchón!

¡Para esto no hemos nacido!

¡Somos todos mal paridos!

¡Nadie dé de ricachón!

CORO DE VECINOS

¡Cachafaz es un varón!

¡Le rendimos ovación!

RAULITO

¡Cachafaz, dulce amor mío,

hagamos revolución!

CORO DE VECINOS

¡Hagamos revolución

al compás de la baguala!

¡Aquí saquemos las palas

para enterrar al milico!

37

RAULITO

¡Ma' qué vamos a enterrarlo!

¡Si está más gordo que un chancho!

¡Lo achuramos a lo ancho!

¡Y después a destriparlo!

Con una bestia tan grande

pasaremos el invierno

pues ya su alma está en infierno,

no le pertenece a naide,

es como clavel del aire.

CORO DE VECINAS

No comeremos milico

que puede estar infestado.

RAULITO

¡Lo hacemo' hervir adobado!

¡Es gordo, debe estar rico!

Lo' jamones los vendemos

al carnicero de al lado!

CORO DE VECINAS

¡Canibalismo es pecado!

CACHAFAZ

Mas, ¿si es por necesidad?

No hay ninguna falsedad

en comer a un hombre rico

¡mucho menos si es milico!

¡El ha querido matarme

38

sólo por la butifarra

en una noche de farra!

¡Y yo soy un muerto de hambre!

¿Vamo' a privarno' de un fiambre

para que coman los chicos?

CORO DE VECINOS

¡Cachafaz tiene razón!

¡Ochenta kilos de carne

hacen kilo por familia

y con un kilo de carne

comemos dos o tres días!

RAULITO

Cachafaz del alma mía,

¡salgo a buscar al milico

para cortar la morcilla!

(Sale.)

CACHAFAZ

Mis vecinos y vecinas

escuchenmé este discurso:

¡la vida sigue su curso

pero también es fagina!

¡No será porque los hombres

no tengan una vagina!

¡Que somos machos o minas,

que somos ricos o pobres!

39

¡En cada rico hay un pobre,

el pobre es la flor del hombre!

La esencia de la mujer

es de haber nacido rica,

¡así hacen hijos maricas

pues se olvidan del querer!

Porque al destino del hombre,

tenga culo o tenga pija,

no hay mujer que me lo rija,

¡ninguna mujer me exija

lo que ha olvidado del hombre

que sólo tiene de nombre

la dimensión de la pija!

Les mienten a los botijas,

los hacen creer que son ricos

pues desde que son chicos

¡los tratan como a las hijas!

CORO DE VECINAS

¡Este pobre desgraciado

cree que ha ganado a la fija

porque tiene gorda pija

y, además, que nació pardo!

CORO DE VECINOS

¡Las mujeres que se callen!

¡Cachafaz tiene razón!

CORO DE VECINAS

Ya no nos queda ilusión

40

del día del compromiso,

¡nos prometieron un piso

con alfombra y con sillón

en un ambiente castizo

con pantalla y almohadón!

Mas no nos han dado nada

pues todo lo prometido

¡se lo llevó la jangada!

CORO DE VECINOS

Trabajamos de orilleros,

cuchilleros, basureros,

sabaleros y cañeros

en barrio de mataderos.

Todo pa' parar la olla,

enviar los chico' a la escuela,

¡después prender una vela

para la virgen de Troya!

CACHAFAZ

Los hombres y las mujeres

tienen que quedar en paz,

¡se los digo una vez más

y que naide se entrevere!

Si las mujeres mintieron

sobre su virginidad,

su fortuna y abolengo

para llegar al altar,

tampoco nos olvidemos

41

que para nos esposar

¡abandonaron el sueño

de ser puta de un sultán!

No acusemos las mujeres

de ser buenas ni ser malas

¡pues el bien y el mal no existen

ni en la buena ni en la mala!

Los hombres son animales,

las mujeres animalas,

en este juego no viven

ni compadres ni compadras:

¡todos somos compadritos,

mujeres, hombres y chicos!

¡Los compadres son los ricos,

los curas y los milicos!

Nosotros somos petisos

porque andamos muertos de hambre,

¡andamos lamiendo el piso

suspirando por un fiambre!

Esta casa no es un mundo,

convento ni fortaleza,

¡"Conventillo 'e medio mundo",

nos aparcaron en piezas!

El mundo era aquel de antes,

ahora todos somos pillos,

¡hay que mirar adelante

recordando el porvenir!

Si nos queremos salir

de situación infamante

42

¡pensemos en la raíz

de la que fuimos amantes!

Nuestra raíz es de sangre,

¡somos guapo 'e matadero!

¡Ya ni cagamos de hambre!

Digan, ¿de quién son las reses?

RAULITO (entra arrastrando al milico)

 Este milico está rico,

¡pesa ciento veinte kilos!

CACHAFAZ

Hombres, mujeres y chicos

¡jurad en honestidad

que no preferís matar

a ser empleao 'e matadero!

CORO DE VECINAS

Aquí no juramo' un cuerno,

si escapamo' al conventillo

¡es para irnos al infierno!

CORO DE VECINOS

¡Nos hacen achurar reses

pa' venderla a los ingleses,

a los gringos y a los jueces!

¡A nosotros, ni los peces!

¡Te apoyamos, Cachafaz!

43

CORO DE VECINAS

Mulatos, hijos de un puto,

¡aquí ya nunca habrá paz!

¡Nos moriremos de peste,

de escorbuto y soledad!

La mujer cuando es decente

¡manda al macho a trabajar!

CORO DE VECINOS

¡Son mujeres repelentes,

se exceden en el hablar,

les faltan todos los dientes

y no saben ni limpiar!

¡Las cagamos a patadas!

CORO DE VECINAS

¡Les damos de sartenazos!

CACHAFAZ

Minuscias y compadritos

¡no se peguen, hagan tregua!

¡Nos comemos al milico!

¡Esta noche es noche 'e fiesta!

CORO DE VECINOS

¡Bravo, bravo, Cachafaz!

¡Has restablecido la paz!

Y para lo festejar

¡hoy no vamo' a trabajar!

44

RAULITO

¡Estas botas están regias!

¡Qué ancha tenía la pata,

parecen nidos de ratas!

¡Tenía reloj de plata!

¡Y en el dedo lleva anillo!

Justo lo que yo soñaba:

¡anillo de compromiso!

¡Mas tiene la mano hinchada!

¡Se le ha atrancado el anillo!

Cachafaz, mi dulce grillo,

¿me regalas un anillo?

¡Podremos comprometer!

¡Así sabrá el conventillo

cuan grande es nuestro querer!

CACHAFAZ

¿Dónde pusiste el cuchillo?

RAULITO

¡Lo tiene clavado al pecho!

¡No se lo pude arrancar!

CACHAFAZ

¡Ya se está poniendo tieso,

es tarde para achurar!

¡Pa' cortarlo hay que esperar

que se le aflojen los huesos!

45

RAULITO

¡Por lo menos cortá el dedo

para ofrecerme el anillo,

que yo por el compromiso

estoy que me tiro pedos!

CACHAFAZ

¡El dedo con la tijera

pa' separar la falange!

¡Andá buscar una esponja

para no perder la sangre!

Y después lo colgaremos

de un gancho por los tendones,

¡lo sangraremos po' el pecho

antes de abrir los riñones!

CORO DE VECINOS

¡Para postre el conventillo

les ofrece unos pelones!

RAULITO

Cachafaz, mi dulce pillo,

¡me has regalado el anillo!

¡De aquí en adelante soy

la reina del conventillo!

¡A la gorra del milico

la teñiré de amarillo

pa' la fiesta 'el compromiso!

46

CACHAFAZ

¡Aquí esta noche hay asado

para que morfen los chicos,

los viejos y los lisiados

pues no es asado de ricos!

CORO DE VECINOS

¡Milico bien destripado y

bien asado es exquisito!

¡Se nos abre el apetito

imaginando el bocado!

RAULITO

¡Es noche de compromiso!

¡Cachafaz me ofreció anillo!

CORO DE VECINAS

¡Festejemo' a la Raulito

que aunque sea chueca y fea

se conquistó a un compadrito

flor y nata 'e la ralea!

RAULITO

¡Por favor, cantame un tango!

Tengo lágrima en los ojos

pues si mi madre me viera

¡estaría tan orgullosa!

CACHAFAZ

¡El tango, querida mía,

47

lo dejo para el final

cuando ya siempre seás mía

y seamos reyes de arrabal!

Por el momento, si canto

sólo puedo expresar llanto,

nostalgia, melancolía,

¡no conozco la alegría!

RAULITO

Cachafaz del alma mía,

¡mas vos estás muy cansado!

¡Vení a dormir una siesta!

¡Hay tiempo para el asado!

¿Ya no te duele la herida?

CACHAFAZ

¡De la herida me he olvidado!

¡Chúpame un poco la pija!

RAULITO

¡Le pongo aceite de oliva!

¡Y un poco de nuez moscada

para chuparte los huevos!

CACHAFAZ

¡Ay, qué dulce es el olvido

de este triste conventillo!

Sos sólo tú la Raulito que llega.

Llegame al alma

48

porque después de luchar

el hombre ansia la calma.

RAULITO

¡No te me quedes roncando!

¡Yo me estoy desesperando

para hacerte enarbolar!

CACHAFAZ

¡Querida, esperá esta noche

que es noche de compromiso!

¡No querrás que se derroche

todo el semen por el piso!

¡Y cubrime con un poncho

que me estoy cagando 'e frío!

RAULITO

¡Yo no sé por qué te alabo!

¿Será porque sos un reo

siempre listo para el tajo?

¿Te quiero porque sos pardo?

¡Es mi día 'e compromiso

y no debo interrogarme

sobre si debo quejarme

de la fuerza del destino!

FIN DEL PRIMER ACTO

 

 

ACTO 2

(Jamón de hombre, achuras colgadas de ganchos. La Raulito se depila. Cachafaz entra arrastrando un nuevo agente.)

RAULITO

¿Otro más? ¡Pero qué rico!

¡Éste está mucho más gordo!

CACHAFAZ

¡Y me lo vengo arrastrando

desde la loma del diablo!

¡Después te sigo contando!

¡Primero arrancame balas!

¡Me he ligado dos o tres!

RAULITO

¡La pinza de depilar! ¿Dónde?

CACHAFAZ

¡Una acá, en la rodilla! ¡Ay, ay!

51

RAULITO

¡Es calibre treinta y tres!

CACHAFAZ

¡Otra acá, mirá, acá atrás!

¡En la columna espinal!

RAULITO

¡No te movás, amor mío,

que esta es la más complicada!

Se te incrustó entre dos vértebras,

¡tengo que destornillarla!

CACHAFAZ

¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay!

RAULITO

¡Ahí te agarré, puta bala!

¡Ya casi te seccionaba la médula vertebral!

¡Calibre cuarenta y nueve!

CACHAFAZ

¡Otra acá, atrás de la oreja!

RAULITO

¡Ésta no logro alcanzarla!

¡Se te ha entrado en el cerebro!

52

CACHAFAZ

¡ Entonces dejala quieta,

ya se arreglarán entre ellos!

¡A fuerza de oír balazos,

qué le importa a mi cerebro!

RAULITO

El carnicero de al lado

está sospechando algo.

Abastecemo' de carne

casi todo el vecindario.

CACHAFAZ

¿Cuántos milicos carneamos?

RAULITO

Hasta hoy día, diecisiete,

sin contar al alcahuete,

al cura y al propietario.

Esto hacen ochenta y cuatro

jamones, veintiún lomos

más cuarenta y dos ríñones.

Los hígados los tiramos

para engordar a los gatos;

son ellos que devoramos

en tiempo de vacas flacas.

CACHAFAZ

¿Y cuánta guita ganamos?

53

RAULITO

No sé, nunca la conté,

está adentro de la lata.

CACHAFAZ (abriendo la lata)

¡Pero acá hay una fortuna!

Crucemo' el Río de la Plata.

¡Nos vamos a Buenos Aires

a tentar vida de tango!

RAULITO

¿Qué vamos a hacer al centro?

¿A sentarno' en la vereda?

¡Acá después de cinchar

tantos años por puchero

al fin fundamos negocio

pa' vivir decentemente!

¡Los vecinos nos respetan

e hicieron hasta colecta

para comprarnos yelera!

El carnicero, si jode,

lo metemo' en la yelera.

AGENTE (voz en off)

¡Policía!

RAULITO

¡Abajo de la catrera!

(Cachafaz se esconde.)

54

¿Qué decía, policía?

AGENTE

Raulito, ¿has visto a tu tío?

RAULITO

¿A mi tío el comisario?

AGENTE

El mismo, Don Esculapio

Gonçalvez de Tabaré,

que ha prestao servicios varios

a la población de pardos.

Desapareció esta tarde

a la vuelta de esta calle

mientras pasaba revista

a la orquesta 'e basureros.

Se ha encontrado una 'e sus botas

a la entrada 'el conventillo,

pensamos que vos podrías

saber de su paradero.

RAULITO

Hace un año que lo he visto

cuando me hizo una gauchada:

me selló el cambio de sexo

en mi carta 'e identidad.

AGENTE

¡Si sabés hacenos señas!

55

RAULITO

¡Faltaba más, General!

¡Cachafaz! ¡Este es mi tío!

CACHAFAZ

¿Y te toca alguna herencia?

RAULITO

¡Era más pobre que un lirio!

¡Perdimos su protección!

¡Ya no podrás ser ladrón

pues te pasarán los grillos!

CACFIAFAZ

Pero mirá que soy burro

¡matar a la protección!

RAULITO

No fue con mala intención,

¡lo hiciste por amor mío,

como todo lo que hacés!

CACHAFAZ

¡Uy, mirá, Negra!

RAULITO

¿Qué pasa?

CACHAFAZ

¡El jamón se está moviendo!


RAULITO

¡Aquella mano también!

CACHAFAZ

¡Vení, le doy un hachazo!

CORO DE ÁNIMAS

Cachafaz y la Raulito,

somos voces de penumbras,

estamos en un mal paso,

¡no tenemos sepultura!

CACHAFAZ

¿Y a nosotros qué no' importa?

Los matamos pa' comerlos

no pa' darles sepultura!

CORO DE ÁNIMAS

¡Al meno' entierren los huesos!

CACHAFAZ

¡Se los damos a los perros!

CORO DE ÁNIMAS

Pero y después de la muerte

¿no tienen miedo al infierno?

CACHAFAZ

¡Más infierno que este mundo

57

conventillo 'e medio mundo

es imposible imaginar!

¡Son ustedes los suertudos,

ánimas que lleva el aire

cantando en cañaverales

o rodando entre los yuyos!

¡No necesitan comer,

están lejos de la sangre!

Aquí el infierno es el hambre.

El comerse a un bicho malo

como lo fueron ustedes

no tiene nada de malo,

al contrario, ¡es muy decente!

¡Mastique el que tenga dientes!

RAULITO

¡La cabeza de mi tío

nos está mirando fijo!

CORO DE VECINAS

¡Suceden hechos extraños

hoy día en el conventillo!

¡Hoy el balde del aljibe

amaneció al rojo vivo!

¡Y los perros que han comido

carne humana este domingo

se han puesto a hablar como loros!

¡De una nube esta mañana

58

llovieron cuatro escorpiones!

¡Se acaba de reventar

la cañería del desagüe!

¡El patio se inunda 'e mierda!

¡Vayan a buscar los baldes!

(Rayo, trueno, lluvia.)

RAULITO

¡Nos cayó una maldición!

CACHAFAZ

¡A mal tiempo buena cara!

Maldición no es cosa rara,

¡lo raro es la bendición!

Dejá a los del conventillo

luchar con la inundación.

¡Sentate, que aquí nos vamos

a devorar un jamón!

RAULITO

Gracias, no tengo apetito.

CACHAFAZ

¡Lo que vos tenés es miedo!

RAULITO

¡Ay, no le hinques el cuchillo!

¿Y si se pone a gritar?

59

CACHAFAZ

Y si se pone a gritar

comemos jamón que grita.

¡En vez de tirarnos pedos

nos tiraremos solfeo!

CORO DE ÁNIMAS

¡Cachafaz, la voz del alma

te llama del más allá!

¡Yo soy la voz de tu madre,

nieta de un mamboretá!

¡Pedile perdón al cielo

por haber comido humano!

CACHAFAZ

¡Usted, madre, no se meta

en el devenir de un hijo!

¡Figuranta sin destino,

virgen de mala moneda!

Aquí ya no se trata más

del salvar o no la piel

de garras de un Dios rapaz

ni menos de perdonarlo,

conventillo 'el medio mundo,

invención de un Dios inmundo,

¡lo devoramos a Él!

RAULITO

¡Bien dicho, comamos Dios!

60

¡Terminemos con el cisma

entre curas y ateísmo!

Sabemos por experiencia

que las ánimas no muerden,

¡qué nos importa si existen!

¡Es la hora del almuerzo!

¡Nos dejen comer en paz!

¡Hace el sordo, Cachafaz!

¡Vení, mi guapo mistongo,

comámono' este mondongo

antes que se ponga frío!

¡Me han arrancado el mondongo

de la boca!

CACHAFAZ

¡Este es el diablo!

CORO DE ÁNIMAS

¡Los condenamos al fuego,

semidioses de arrabal,

asesinos sin instinto,

comerciantes sin piedad!

¡Cada vez que toquen carne,

sea de hombre o de animal,

será como si tocasen

hierro ardiente y quemarán

sus pobres dedos sarnosos

como insecto en un fanal!

61

RAULITO

¡No podemos tocar carne!

¡Ay, nos quemamos las manos!

CORO DE ÁNIMAS

¡Nunca más podrán comer,

morirán de inanición!

¡Si no, morirán quemados

royendo sus propias llagas!

CACHAFAZ

El tiempo de se acercar

a la hora de su muerte

no depende del andar

compañero de su suerte,

no depende del pasar

sobre carbones ardientes,

no hay más tiempo de soñar,

no quedan hombres valientes.

Si hemos de morir ahorcados,

defenestrados, ahogados,

de hambre, carbonizados

o en nieve 'e Kilimanjaro

tiritando de alto frío,

¡qué nos importa la muerte

puesto que la hemos vivido!

RAULITO

¡La muerte la conjuramos!

62

¡Somos pareja maldita!

Podemos hacer comercio

de nuestra cruel condición,

¡fundemos circo ambulante

al son de un buen bandoneón!

¡Seremos monstruos monstruosos

mucho más humanos que osos

y aquí se muestra el disfraz:

Raulito y el Cachafaz,

el colmo 'e lo repelente!

CACHAFAZ

Querida, no hablés de circo

que estamo' en plena tragedia.

Poné una vela a la Virgen,

esa que es amiga tuya,

a ver si nos da una mano

mientras yo afilo el cuchillo.

RAULITO

¿A quién vas a matar, querido?

CACHAFAZ

¡Me mataré yo a mí mismo!

¡Así podré conjurar

maldición de conventillo!

¡Putas almas, escúchenme!

Si me mando al otro lado

cortándome yugular,

63

¿me prometen que a mis cómplices

no los van a joder más?

Son unos pardos decentes,

si montamos el negocio,

y... ¡fue por necesidad!

¡Nos echaron 'e mataderos

en una huelga cabrera,

nos quedamos sin puchero

relinchando en la catrera!

De todo soy responsable,

¡por favor, prometanmé

que no correrá la sangre

de pardo morocoté

aquí en este conventillo

que nos ha visto nacer

una vez que mi pecado

lo haya pagado a las sombras!

CORO DE ÁNIMAS

Juramos solemnemente

retirar la maldición

pero a una condición:

la Raulito repelente

queda fuera de las sombras:

en nuestro reino no entran

más que hombres y mujeres,

¡las mujeres con bigotes

se quedan en la tranquera!

64

CACHAFAZ

Si es así ¡ya no hay comercio!

¡Sin Raulito yo no vivo

ni de vivo ni de muerto!

¡Si siempre hemos compartido

tanto el fiambre como el hambre

compartiremos destino,

que es nuestra única moral!

RAULITO

Cachafaz, te lo aseguro,

antes de afrontar el juicio

póstumo de un milico

¡más vale afrontar justicia

simplemente de los hombres!

CORO DE VECINOS

¡Cachafaz, te defendemos

del más aquí y el más allá!

¡Si debemo' ir al infierno

iremos todos contigo!

¡ Nos comeremos los diablos

y por más que estén ardientes

les hincaremos el diente

en la panza y el trasero!

Cachafaz y la Raulito, ,

al infierno haremos sitio

¡y al viejo diablo esquifoso

lo haremos mil pedacitos!

65

CACHAFAZ

Gracias, compadres y hermanos

de que en esta encrucijada

en que se dan cuchilladas

los harapos de la muerte

contra los restos calientes

de nuestra última payada,

en que la noción de hambre

ya no está ligada al hombre

ni a ningún Dios que lo nombre,

donde el pan nuestro es matambre

y hasta el poder de las sombras

nos quiere otra vez quemar

como si el último paso

nos lo quisieran robar,

¡ese paso en que el destino

se encuentra con el andar

pausado y sin remolinos

que es de la vida el pasar!

CORO DE ÁNIMAS

¡Robarle el fuego al infierno

es mucho más que capricho,

robarle nieve al invierno

no se atrevería ni un bicho!

RAULITO

¡Lo que está dicho, está dicho! ¡Ánimas exasperantes

66

volved a vuestro escondrijo,

que aquí estamo' hablando en serio

del destino 'el conventillo!

Mujeres, niños y pillos,

¿nos seguirán al infierno

a comer carne 'e demonio

o nos quedamos aquí

a yelarnos en invierno?

CORO DE VECINAS

¡Vamos todos al infierno!

¡Por lo menos nos será

oportunidad 'e viajar!

¡Si no conocimos mundo

conoceremos infierno!

RAULITO

¡Vamos todos al infierno!

¡Serán buenas vacaciones!

CORO DE ÁNIMAS

Entonces nos retiramos,

hemos fallado misión,

¡aquí los independientes

nos han mostrado razón!

RAULITO

¡La carne ya no nos quema!

67

CORO DE VECINOS Y VECINAS

¡Hemos triunfado del yugo

de las sombras 'el más allá!

¡Aquí sale el sol radiante

e ilumina el arrabal!

RAULITO

¡Hemos triunfado 'el demonio!

AGENTE

¡Abran, abran, Policía!

Y que esta vez va de veras,

¡si no abren en el minuto

aquí no queda ni un puto!

RAULITO

Mirá, mirá, Cachafaz,

¡tanta carne derrochada,

y nos van a fusilar!

¡Si al menos sirviera de algo,

pero nos van a enterrar!

¡Nos comerán los gusanos!

¡Nada pa' la humanidad!

Nos salvamo 'e los milicos

para caer en las ánimas,

nos salvamos de las ánimas

pa' rebotar en milico,

¡terminaremos podridos

en el fondo 'e un albañal!

68

AGENTE

¡Abran, podridos del alma

que al son de una bayoneta

los vamos a destripar!

¡Van a aprender al final

lo que es derramar sangre!

(Tiroteo.)

RAULITO

¡No será la última bala

que te tengo que arrancar!

CACHAFAZ

¡Sí, querida, esta es la última!

¡Es la bala del final,

me ha llegado al corazón!

RAULITO

Cachafaz, tomá el cuchillo,

matame de conventillo.

¡Reina puto de arrabal!

Nos encontrarán abrazados

y quemados boca a boca,

galvanizados, prendados,

como roca contra roca

luego de haber sido lava

ardiente de la mañana.

Está saliendo la luna.

¡Mirá el cielo, Cachafaz!

69

CORO DE VECINAS

Está saliendo la luna

colorada del verano,

¡Cachafaz y la Raulito

se van para el otro lado!

CORO DE VECINOS

¡Maldición, por una vez

que nace un hombre sincero

entre estas cuatro paredes

le balean el corazón!

¿Ya qué esperanza nos queda

de escapar al conventillo?

¡Ni para irnos al infierno!

RAULITO

¡Apuñalame hasta el alma!

¡Así, así, querido mío!

CACHAFAZ

Te conocí taconeando

cubierta de baratija

en la rambla 'e Coronilla

y me prometiste un tango.

RAULITO

Me bajé la bombachita

vos me mostraste la pija,

70

te calenté la bombilla

¡y me prendí a la manija!

CACHAFAZ

Te galopé como un potro

y te regalé un costurero

grande, de raso pajizo

que le robé al tintorero.

¡Y si quise enamorarme

es porque en el Matadero

es la gloria del matrero

ser adorado de un puto!

RAULITO

¿Puto? No exageremos,

soy un poco amanerada,

¡tengo chic y tengo garbo

pero es porque tengo tango!

CACHAFAZ

¿Tenés tango? ¡Otra que tango!

¡Sos tango de puñalada!

¡Sos la flor envenenada

de esta última payada

mistonga morocoté!

CORO DE VECINOS

¡Adiós, milonga querida,

71

adiós tango de mi flor,

se acerca la despedida

al compás de un bandoneón!

AGENTE

¡Abrí la puerta, perdido,

o los cagamo' a balazos!

CORO DE VECINOS

¡Déjenlos morir tranquilos,

que ya se están desangrando!

CORO DE VECINAS

¡La luna se ha levantado,

parece el fondo 'e una lata,

a su luz se ven las ratas

invadir el conventillo!

RAULITO

¡Me llevas como dormida!

¡Siento el puñal en la herida,

es la herida de mi macho!

CACHAFAZ

Porque es profesión de macho

dejar la herida dormida

y llevarte hasta la muerte,

¡dulce mentira de tango

en forma de firulete!

72

RAULITO

Más allá del conventillo

y de las sombras de arrabal,

más allá del matadero

donde el río llega al mar,

hay quilombo que de chica

me gustaba frecuentar.

¡Las mujeres eran hombres!

CACHAFAZ

¡Tiempos que no volverán!

RAULITO

Cachafaz, ¿te quedan fuerzas

para el último compás?

CACHAFAZ

Siempre hay fuerza para el último, ¡

quién sabe el de más allá!

RAULITO

¡Ya no habrá más más allá!

¡Ni mucho menos acá!

¡No habrá tiempo ni memoria

ni lugar ni pozo ciego

donde nos recordarán!

CORO DE VECINAS

¡Vergüenza de matadero,

73

deshonra del conventillo,

ni las sombras quedarán!

(Metralla.)

RAULITO

¡Ay, qué dulce que es la muerte,

me olvidé del conventillo!

Y vos, Cachafaz, ¿ves algo?

CACHAFAZ

Querida, nunca vi nada.

Nunca supe de infinito

sino en brillo 'e puñalada.

Y yo aquí me estoy muriendo.

RAULITO

Yo también, muramosnós,

se está levantando el viento.

FIN

74

Patricia Suares-- LA VARSOVIA (Argentina)

Escrito por nohaydrama 04-10-2009 en General. Comentarios (0)

 

 

LA VARSOVIA

 

Patricia Suárez

 

 

 

El agua, el fuego y las mujeres nunca dicen basta.

Proverbio polaco y suizo

 

 

Mignón

Rachela

 

 

1.

Borda de un barco. Las dos mujeres miran el paisaje; visten con cierta elegancia; llevan sombrillas. Rachela sufre del mal del mar.

Mignón: Es así: usted junta aire dentro de la boca y no lo suelta, no lo suelta hasta que pasa la arcada. ¿Comprende?

Rachela asiente.

Mignón: Era bonito El Havre. ¿Le gustó?

Rachela asiente.

Mignón: Muy colorido. ¿Le gustaron las castañas asadas que compró Schlomo?

Rachela: Sí.

Mignón: ¿Las había probado antes?

Rachela (habla con dificultad): Padre solía traérnoslas cuando viajaba a Varsovia…

Mignón: ¿Padre? ¿Su padre?

Rachela asiente.

Rachela: Hay un perfume en el camarote, a lo mejor si lo huelo se me pase el malestar.

Mignón: Cuando diga “perfume”, Rachela, diga siempre “perfume francés” que queda mejor… ¿Cómo fue que pudo su padre ir a Varsovia alguna vez?

Rachela: Fue.

Mignón: Nunca lo hubiera imaginado.

Rachela: No siempre fuimos pobres.

Mignón: Ah, ¿no?

Rachela: No.

Mignón: ¿Pero ya hace mucho tiempo de cuando estaban en mejor situación?

Rachela tiene un acceso de arcadas. Mignón la contiene.

Mignón: Probemos otra cosa. Aspire profundo y suelte el aire.

Rachela lo hace.

Mignón: así, así, bien hecho.

Rachela sigue aspirando profundo.

Mignón: ¿Se siente mejor ahora?

Rachela: Sí. Fue la melancólia.

Mignón: ¡No mire el mar, Rachela! ¡No siga la ola, no ve que…! ¡Si será terca, caramba!

Rachela recomienza con las arcadas.

Rachela (lloriqueando): Es melancólia.

Mignón: Sería bueno comer castañas en este momento. ¿Le quedaron algunas castañas o…? ¿De melancólia dijo?

Rachela: Sí.

Mignón: Diga melancolía, Rachela. Se dice melancolía. ¿Melancolía de qué? ¿De El Havre o de cuando usted estaba en mejor posición?

Rachela (llorando): De mi padre.

Mignón: Basta, basta. Le van a volver las arcadas.

Pausa.

Mignón: ¿Le quedaron castañas o se las comió todas, glotona?

Rachela: Me quedaron. Las guardé en el camarote, entre la ropa blanca...

Mignón: Ay, Rachela. ¡Entre la ropa blanca! ¡Mire si la ensucia! ¡Con lo que pagó Schlomo por su ropa!

Rachela: ¿Le salió muy caro, verdad?

Mignón: Eso creo.

Rachela: Yo le dije que no gastara tanto, que a mí con…

Mignón: Es su novio, ¿no?

Rachela: Sí.

Mignón: ¿Qué esperaba? El dice que la ama…

Rachela: Sí, eso dice.

Mignón: ¿Qué? ¿No lo cree?

Rachela: Claro que lo creo. ¿No nos vamos a casar acaso?

Mignón asiente.

Rachela: Apenas bajemos en Buenos Aires nos vamos a casar.

Mignón: Usted precisaba un ajuar, Rachela.

Rachela: Lo sé; no me estoy quejando. Es que… no sé.

Mignón: Su enagua estaba muy usada ya. El me pidió mi opinión y yo le dije sinceramente: “Schlomo, esa muchacha necesita ropa interior de seda cruda o de batista, y un vestido si no de terciopelo, al menos…

Rachela (interrumpiendo): Ese será mi vestido de boda.

Mignón: …de crespón de China, y algunos pares de medias, de seda a ser posible…”

Rachela: El ha sido muy generoso conmigo.

Mignón: Me alegro de que se dé cuenta.

Rachela: ¿Sabe lo que pienso, señorita Mignón? Que Schlomo… (Se interrumpe). Usted no se llama Mignón, ¿verdad?

Mignón (sobresaltada): ¿Cómo dice?

Rachela: Que su nombre verdadero no es Mignón.

Mignón: No.

Rachela: ¿Y cuál es?

Mignón: Hace tanto que no lo uso… Se imagina. Desde que estoy en la Argentina que no se lo escucho pronunciar a nadie.

Rachela: ¿Nadie? ¿Ni a su hermano?

Mignón: Schlomo me llama… No, no, a nadie.

Rachela: ¿Cuál es?

Mignón: ¿Mi nombre? Ah, ¡es que no me gusta!

Rachela: Dígamelo.

Mignón: No, mejor no.

Rachela: Le prometo que no voy a llamarla así

Mignón: Ester.

Rachela: Ester.

Mignón: Yésterle, me decía mi madre.

Rachela: Yésterle, ¿por qué no le gusta?

Mignón: Es que hace ya tantos años… Tantos años. Diga mi nombre en voz alta otra vez, por favor.

Rachela: ¿Cómo?

Mignón: Da gusto escuchar como lo pronuncia usted.

Rachela: Yésterle.

Mignón: Una vez más, por favor.

Rachela: Yésterle.

Pausa larga.

Mignón: Sería bueno comernos ahora el resto de las castañas ¿no le parece?…

Rachela: Voy a buscarlas.

Mignón: No, no se moleste, Rachela, era un decir…

Rachela: Voy. Así nos las comemos.

Rachela sale corriendo.

Mignón (a Rachela): ¡No corra, que se va a marear otra vez! (para sí misma) Si será terca…

 

 

2.

Tiradas en la reposera de cubierta. Rachela se apantalla con un abanico, Mignón hojea una revista de modas.

Mignón: Cuando llegue me haré hacer un vestido así.

Rachela: A ver. Ah. Bonito.

Mignón: Sí. Son los que tiene la señorita Agnés.

Rachela: ¿La que le prestó la revista?

Mignón: Sí: la hija del Barón.

Rachela: ¿La chica que viste…

Mignón: No diga “chica”, Rachela, diga “señorita”.

Rachela: ¿La señorita que… viste de azul claro y lleva un peinado alto como un pastel de casamiento?

Mignón: Exactamente.

Rachela (señalando la revista): Ah. ¿Pero cómo hará usted para pagarse un vestido así?

Mignón: No sé.

Rachela: Su hermano tiene un buen pasar, a lo mejor él...

Mignón (sigue con la revista): Si no me haré uno como éste. En París se usa mucho la gasa.

Rachela (inclinándose sobre la revista): Bonito también.

Mignón: Sí.

Rachela: Un poco escotado, pero usted es una muchacha soltera, todavía puede usarlo…

Mignón: Quiero parecer una estrella del cinematógrafo.

Larga pausa.

Mignón: ¿Usted fue al cinematógrafo alguna vez?

Rachela: No. ¿Es bonito?

Mignón: Mucho. En Buenos Aires no le va a faltar oportunidad.

Rachela: ¿Le gusta el cinematógrafo a su hermano?

Mignón: ¿A Schlomo? No sé, pregúntele usted, ¿no es su novio?

Rachela: ¿Pero no van nunca juntos?

Mignón: A él no le gusta llevarme a ninguna parte. Antes de viajar fui a ver Expreso Shangai al Empire, con Marlene Dietrich. ¿Sabe quién es Marlene Dietrich?

Rachela: No.

Mignón: Una actriz alemana.

Rachela: Ah.

Mignón: Sí. Antes iba al cinematógrafo con una amiga, Bronia. Pero ahora no tengo quién me acompañe.

Rachela: ¿Es polaca su amiga?

Mignón: Sí.

Rachela: ¿Y cómo la conoció?

Mignón (dubitativa): En un barco, como a usted. Cuando yo iba a la Argentina.

Rachela: Ah. Se levantó fresco.

Mignón: Fuimos amigas un tiempo; después nos enemistamos.

Rachela: Oh. ¿Por qué?

Mignón: Por Schlomo.

Rachela (sobresaltada): ¿Por Schlomo?

Mignón: Ella… lo pretendía.

Pausa.

Mignón: Ella lo conoció en Polonia y se enamoró de él. Entonces lo siguió a Argentina. Pero… pero él no la quería, ¿comprende? Ella no era la clase de mujer que él necesitaba a su lado. Para… para formar su hogar.

Rachela (turbada): Ah, ¿no? ¿Es hogareño él? ¿Usted no tiene algo de frío ya?

Mignón: ¿Usted dice si Schlomo es hogareño? ¡Es un calavera!

Rachela: A mí no me lo pareció, señorita Mignón.

Mignón: Usted porque recién lo conoce.

Rachela: No me asuste. ¿Cree entonces que soy yo, la clase de mujer que él necesita?

Mignón no contesta.

Rachela: ¿Lo cree o no?

Mignón: Tal vez.

Rachela: El prometió a mi padre casarse conmigo en cuanto lleguemos a Argentina. Si él no cumpliera su promesa, yo me tiraré al río.

Mignón: No exagere. Además, ¿no es el amor lo que verdaderamente importa?

Rachela: No.

Mignón (sorprendida): ¿No?

Rachela: Estoy cada vez más lejos de mi casa. Espero que Schlomo sea mi casa para mí.

Mignón: No diga casa,  Rachela. Diga hogar. Me tiene a mí, si se asusta de la distancia.

Rachela: Vamos a llevar la casa entre las dos, usted y yo. El hogar.

Mignón asiente.

Rachela (tomándola de la mano): Seremos amigas siempre. Yo no la voy a despreciar como su amiga Bronia. Aunque Schlomo se distancie de usted o de mí, seremos amigas. Hasta iremos al cinematógrafo juntas, ya verá. A mi pueblo a veces iba una compañía de teatro ídisch… o unos saltimbanquis o volatineros… y yo iba a verlos siempre con mis hermanas. Voy a extrañarlas.

Pausa.

Rachela: Dormíamos las cuatro juntas. A la mañana había un revoltijo tal de sábanas y mantas, que mi hermana Edit, la mayor –la que es un poquito tonta- gritaba: “¡No nos movamos! ¡No sea que una se levante subida a los pies que son de otra!”

Rachela ríe.

Rachela: Y mi hermana la menor, que era muy menuda siempre respondía: “Caminar en los pies de Edit sería para mí mi felicidad”.

Mignón: Su hermana Edit se quedará soltera.

Rachela (sobresaltada): ¿Por qué lo dice?

Mignón: ¿Quién puede querer de esposa a una mujer tonta?

Rachela: No…

Mignón: Y su hermana la menor, ¿cómo era que se llamaba?

Rachela: Yenta.

Mignón: Yenta, eso es. Ella también se quedará soltera.

Rachela: ¿Por qué?

Mignón: ¿No es la que es enana?

Rachela: ¡No! Es un poco bajita… ella no se alimentó bien cuando…

Mignón: Usted tuvo suerte, Rachela, de que la encontrara Schlomo.

Rachela: No lo sé, yo…

Mignón: ¿¡No lo sabe!? Tendría que darle gracias a Dios de encontrar un hombre como él. Buen mozo y adinerado. ¿Quién cree que podría haber puesto sus ojos sobre usted y su familia, si no? Miserables como estaban, sus hermanas llenas de llagas y suciedad… No me haga acordar, se me pone la piel de gallina.

Larguísima pausa.

Rachela (triste): Mi madre le sabía decir a mi hermana Yenta que se había quedado pequeña por dormir con potingues y hebillas clavadas en el cabello. Lo mismo que los enanos, le decía, que dejan de crecer porque duermen con el gorro puesto…

Mignón (con su revista): Si al menos su hermana se consiguiera unos zapatos de tacón… Más no podrá ser: habrá que aserrar los tacos de los zapatos este año: fíjese… Ya no se usan altos en París, por cierto, y no he visto que la señorita Agnés calce estas botitas que…

Rachela: ¿La baronesita?

Mignón: Diga “la señorita baronesa”, Rachela, no “la baronesita”. Sí, ella no calza tampoco zapatos de tacón.

Rachela: Mi hermana Yenta se enojaba con mi madre y le decía que si era tanto así de deforme como mi madre la acusaba, ella se buscaría un enano por esposo.

Mignón la mira horrorizada.

Rachela: Sí. Y mi madre le contestaba que lo principal no era la estatura en un hombre, si no el que una mujer siempre debe tener a su lado un hombre que la represente.

Mignón: Bueno, usted eso lo ha conseguido, Rachela.

Rachela: Sí.

Mignón: Claro que su madre en su desesperación es capaz de entregarlas a ustedes a cualquier monstruo… ¡Un enano! Por Dios, qué idea. ¿Se imagina usted con un enano? ¡Un hombrecito con quien usted debería agacharse cada vez que él hable para ponerle su oreja, no vaya a ser que su esposo se lo pase a los gritos!

Rachela: ¿Cómo se dice cuando el esposo es chiquito, señorita?

Mignón: No lo sé… ¿Esposito?

Rachela: ¡Esposito!

Mignón ríe. Rachela ríe. Están tentadas de risa.

Rachela: Es muy triste. No deberíamos, es muy triste. 

Mignón: No, no.

Rachela: ¿No siente frío?

Mignón: Un poco. Es el viento.

Rachela: ¿Hace frío en la Argentina?

Mignón: Adonde usted va, no.

Rachela: ¿Cómo…?

Mignón: Donde vivimos nosotros no hace frío muy intenso. No nieva nunca, por ejemplo.

Rachela: ¿Nunca?

Mignón: No.

Rachela: Qué lástima.

Mignón: Allá en pleno invierno con un mantón de lana se está bien…

Rachela: ¿Y los hombres qué usan?

Mignón: ¿Qué usan?

Rachela: ¿Schlomo tiene algún caftán…?

Mignón: ¿Un…? No, no… Les basta con una chaqueta gruesa… No hace falta ir todo encapotado…

Rachela: Por eso Schlomo no me compró ropa de invierno.

Mignón: Claro.

Rachela: En Argentina no hace frío jamás, entonces.

Mignón: A veces hace frío. Pero usted no a estar nunca expuesta al frío, Rachela. Schlomo la va a tener siempre en el hogar, ¿comprende?

Rachela: ¿Cómo?

Mignón: El no va a permitir que usted se pesque una pulmonía.

Rachela: Pero no voy a estar todo el día encerrada…

Mignón: No…

Rachela: ¿Usted se pasa el día encerrada, señorita Mignón?

Mignón: El negocio me exige salir muchas veces. Y además, yo no tengo un novio a quien darle celos.

Rachela: ¿En Argentina tampoco?

Mignón: No…

Rachela: ¿Por qué? Con la figura que usted tiene… Seguro que en este barco encuentra un novio enseguida, ya va a ver. Yo la voy a ayudar.

Mignón: No, no.

Rachela: ¿Qué? ¿Ya perdió las esperanzas?

Silencio.

Rachela: ¿Cuántos años tiene, señorita Mignón?

Mignón: Veintisiete.

Rachela: Séame franca.

Mignón: Veintisiete.

Rachela: Yo le voy a buscar un pretendiente.

Mignón: No se moleste. Por favor. Schlomo me mataría.

Rachela: ¿Por qué? El es su hermano, tan celoso no debe ser. Además yo lo voy a convencer.

Mignón: No, Rachela, por favor.

Rachela: ¡Con lo bonito que es estar enamorada!

Mignón: Sí, pero…

Rachela: ¿Usted ha estado enamorada alguna vez?

Mignón: Rachela, basta. No quiero que usted…

Rachela: Aaah. ¡La señorita Mignón tuvo un amor y lo guarda en secreto!

Mignón: Basta.

Rachela: ¿Lo tuvo o lo tiene?

Mignón: Basta. No sea chiquilina.

Rachela (alegre): ¡Lo tiene! ¡Lo tiene! ¿Quién es? ¿Es argentino? ¿Quién…?

Mignón se levanta de la reposera con torpeza y sale.

Rachela la mira irse.

Rachela: Con lo torcido que camina, la pobre…

 

 

3.

Borda del barco. Cruce del Ecuador. Detrás se oye los sonidos de un baile que termina. Hay confeti y guirnaldas de papel por todas partes. Ellas están vestidas de fiesta. Mignón está incómoda, un poco descompuesta por el calor. Rachela está feliz.

Rachela: No entiendo por qué no bailó con el muchacho que le presenté.

Mignón: No me gusta bailar, le dije.

Rachela: Pero con su hermano bailó.

Mignón: Eso es distinto.

Rachela: ¿En qué es distinto?

Mignón: Porque bailamos para mostrarle a usted, para que usted aprenda. En la Argentina se baila mucho el tango.

Rachela: ¿Y no podía siquiera bailar una sola pieza con el joven que le presenté…? El se moría por bailar con usted.

Mignón (desdeñosa): Parecía un niño bien. Aunque…

Rachela: ¿Para qué se puso ese vestido si solamente quería bailar con su hermano?

Mignón: Yo no tengo la culpa de tener una linda figura.

Pausa.

Rachela: Igual él deseaba bailar con usted. No le hubiera hecho mal a ninguno de los dos, creo yo.

Mignón: Quizás él ya sabe bailar tango.

Rachela: ¿Y cómo puede ser?

Mignón: Me parece haberlo visto en Buenos Aires.

Rachela: Ah, ¿si?

Mignón: Peletero del ramo.

Rachela: ¿Con negocio o importador?

Mignón: No estoy segura. Quizá Schlomo sepa. Pregúntele a él.

Rachela: Oh, no, no.

Mignón: ¿Le tiene miedo a Schlomo?

Rachela: Tiene el carácter un poco fuerte. No me gusta importurnarlo.

Mignón: No es bueno provocar los celos de un hombre, cuando no hay motivo.

Rachela asiente.

Mignón: Además, ya verá que él no le dará motivos a usted tampoco. Es un hombre muy tranquilo. Verá que está siempre de buen humor, y casi no viaja. Desde que yo tengo memoria, este viaje lo ha hecho nada más que tres veces en su vida, sin contar la vez que se vino de Polonia.

Rachela: ¿Usted vino después?

Mignón: ¿Cómo? Ah. Sí.

Rachela: El me había dicho que llegaron juntos a Argentina.

Mignón: Es un decir. El viajaba a buscarme a Polonia, con Bronia.

Rachela: ¡Con la otra! Ay, señorita, dígame la verdad: ¿no era ése un viaje de bodas? ¿Está casado ya Schlomo?

Mignón (riendo): ¡No!

Rachela: ¿Es bígamo?

Mignón: ¡No! Era Bronia la que lo seguía a todas partes: él no estaba interesado en ella. Pero le daba pena decirle que no la quería.

Rachela: ¿Qué edad tiene ella?

Mignón: ¿Bronia?

Rachela: Sí.

Mignón: ¿Ahora? Cuando yo la conocí tenía cerca de treinta años; hará de eso cuatro o cinco años.

Rachela: ¿Cree que Schlomo la quiere todavía a esta Bronia? Dígame la verdad, señorita.

Mignón: Ya le dije que no. Nunca la quiso.

Rachela: ¿Y ella que hace ahora? ¿Dónde está? ¿Usted sabe?

Mignón: No… sí… Hace tiempo que no la veo ya. Debe vivir en Rosario. La última vez que la vi estaba muy gorda. Pero me dijeron después unos señores que la conocen que había vuelto a tener una figura agradable. Comió huevos de tenia: eso la puso en forma.

Rachela: Oh, qué asco. Y Schlomo: ¿no ama ahora a otra mujer? Otra cualquiera de la que a lo mejor usted no sabe con pelos y señales, pero que sospecha.

Pausa.

Mignón: De Bronia nunca estuvo enamorado, ya le dije. ¿Además cómo me daría cuenta de si está él enamorado o no de otra mujer en secreto?

Rachela: Una mujer se da cuenta de esas cosas.

Mignón (intrigada): ¿Cómo?

Rachela: Cuando estamos cerca, él siempre trata de tocarme, de rozarme aunque sea. Y cuando hay una oportunidad, cuando me toma del brazo o de la mano, él me aprieta hasta hacerme daño, como si dudara de que yo fuera una persona de carne y hueso… Como si yo fuera agua que se pudiera escurrir…

Mignón: Schlomo es muy brusco para tratar a una dama.

Rachela: A lo mejor. O me busca con la mirada… Estemos donde estemos, él me busca con la mirada: quiere que yo lo mire, y cada vez que lo miro, él tiene sus ojos posados en mí. No me pierde pisada. A veces, cuando estoy en la borda, me doy cuenta que él contempla mi sombra. ¡Mi sombra! ¿Se da cuenta? ¡Contempla mi sombra con la misma insistencia con que nosotras contemplamos el mar!

Mignón: El oceáno, Rachela.

Rachela: El oceáno.

Mignón: ¿Así que usted por estas cosas presume de saber si un hombre está enamorado o no? ¿No es un poco chiquilina en este sentido?

Rachela: Quizá. Pero piense, señorita, ¿ha visto alguna vez a Schlomo tocar a una mujer como me toca a mí cuando estamos en público? ¿Tocaba así a Bronia? ¿Toca así a alguna otra mujer?

Pausa.

Rachela: El otro día me dijo: “¡Ojalá mi corazón estuviera adentro de su cuerpo!” ¿Qué hombre que no esté enamorado puede decir algo así? Ninguna Bronia ha escuchado lo que yo…

Mignón: A mí una vez me dijeron algo parecido…

Rachela: ¿Ah, si? Pero ya ve que no era amor verdadero…

Mignón: ¿Por qué lo dice?

Rachela: ¿Acaso está este hombre junto a usted? ¿Quién, que la ame, la dejaría cruzar el… oceáno, como usted dice? Estaría con usted, señorita, o está con otra.

Pausa.

Rachela: Conocí un hombre de mi pueblo que nunca había viajado más allá de Curlandia. Jamás. Viajó de una mujer a otra, durante su vida entera; lo cual viene a ser lo mismo. Conseguía que el rabino lo casara vez tras vez sin repudiar nunca a la esposa anterior; mi padre llegó a contarle seis esposas que desconocían la existencia una de otra. Esto era una hazaña: era un hombre anciano para ir de mujer en mujer, pero le gustaban los secretos. Nuevos paisajes, nuevas aduanas. La acumulación de recuerdos. Este hombre de mi pueblo sabía decir que una vida larga no depende de los años, un hombre sin recuerdos puede llegar a los cien años y sentir que su vida ha sido muy corta…

Pausa incómoda.

Rachela: Yo me he preguntado cómo se sentirían estas mujeres cuando se enteraron una de la existencia de la otra. Se sentirían unas infelices. ¿No cree usted?

Mignón: No lo sé.

Rachela: Imagine. Si usted tuviera un novio o un marido, al que ama con pasión, y de pronto usted cae en la cuenta de que él tiene una amante, ¿cómo se sentiría usted?

Mignón: No lo sé. Puede haber mil motivos para que este novio, como dice usted,…

Rachela: Sí, sí. Mil motivos puede haber. Pero no es eso lo que le pregunto, si no, ¿cómo se sentiría usted? ¿Cómo cree usted que se sintió esta Bronia?

Mignón (tajante): No lo sé.

Larga pausa.

Rachela: Usted se lució bailando el tango.

Mignón: Schlomo baila muy bien.

Rachela: ¿Le costó aprender a usted?

Mignón: Al principio, pero es cuestión de dejarse llevar. El me lo enseñó todo.

Rachela: ¿Su hermano?

Mignón (incómoda): Sí. (Divertida): También me aprieta cuando bailamos, y de eso yo no deduzco que él…

Rachela: Ay, señorita. Eso sería una monstruosidad: ¡usted es su hermana! Además, mientras él bailaba con usted, me estaba mirando a mí.

Pausa dolorosa.

Rachela: Lo de las quebradas me parece muy difícil. No sé si yo podré aprenderlo alguna vez.

Mignón: Claro que sí, ya verá.

Rachela: ¿Y Schlomo cómo aprendió?

Mignón: No sé… con los muchachos, en el… en los cafetines. Después me enseñó a mí.

Rachela: Él la quiere mucho a usted.

Mignón, incómoda, asiente.

Rachela: ¿Sabe que es notable el cariño que se tienen ustedes dos? Me pregunto si llegará a quererme a mí como la quiere a usted…

Pausa.

Rachela: Igualmente, son dos cariños distintos…

Pausa.

Rachela: Pero usted no puede estar búscandole la quinta pata al gato a cada pretendiente que le aparece ni desdeñarlo por Schlomo, ¿se da cuenta?… Usted es una arisca. Y (se vuelve al interior y saludo con la mano): Adiós, adiós, hasta mañana. (A Mignón): Eran simpáticos los Guimard.

Mignón asiente.

Rachela: ¿No le gustó el joven que le presenté porque no era judío?

Mignón (sin comprender): ¿Qué?

Rachela: Que si lo que usted busca es un muchacho judío.

Mignón: No diga “judío”, Rachela; diga “hebreo”.

Rachela: Hebreo. Si lo que usted quiere es un muchacho hebreo.

Mignón: ¿Yo? ¿Para qué?

Rachela: Para usted.

Mignón: No comprendo.

Rachela: Para casarse.

Mignón: Ah.

Rachela: ¿Pero lo busca judío o no?

Mignón: Hebreo.

Rachela: Hebreo. ¿Lo busca hebreo o no?

Mignón: No sé… No lo he pensado.

Rachela: A lo mejor el joven que le presenté era judío… hebreo. André Ambrosin; no lo parecía, es cierto, pero usted vio que los franceses están tan mezclados…

Mignón: Casi con seguridad le digo que ese muchacho no es hebreo. Tiene… tiene una agencia en París, ¿sabía usted?

Rachela: ¿Una agencia?

Mignón: Como nosotros.

Rachela: Un negocito.

Mignón: Algo así.

Rachela: …de armiños.

Pausa.

Mignón: Yo en su lugar no lo dejaría hacerme la corte. Eso podría enfurecer a Schlomo.

Rachela: No, no, yo no…

Mignón: Le hace la corte, Rachela.

Rachela: No…

Mignón: Seguramente quiere que usted termine este viaje con él y no con nosotros… ¿Viaja a la Argentina también su amigo?

Rachela: ¿Mi amigo? (ríe) No, a Montevideo.

Mignón: ¿Montevideo?

Rachela: Sí.

Mignón: Entonces tendremos oportunidad de verlo durante un tiempo más. ¿Le dijo ya Schlomo que cuando lleguemos a Montevideo pasaremos allí unos días…?

Rachela: Sí. Me dijo.

Mignón: En mi Montevideo, esta clase de negocio que hace su amigo es bastante más deshonesto. ¿O pensó usted que él podría ser mejor marido que Schlomo?

Rachela: ¡No!

Mignón: Ya una vez quiso conquistar una muchacha que yo conocí… hace unos años… y ella acabó mal, ¿sabe?

Rachela: Mal.

Mignón: En el arroyo, que se dice. El la puso a trabajar para él y luego, cuando se cansó, la abandonó a su suerte…

Rachela: ¿Y ella…?

Mignón: Hizo la vida por su propia cuenta y… (Mira hacia el interior; a Rachela): La llaman: su amigo.

Rachela (a Mignón): Es un momento, perdone…

Rachela sale.

Mignón tamborilea los dedos, canturrea disgustada.

Entra Rachela. Se acomoda junto a Mignón.

Mignón: ¿Qué le dijo?

Rachela: Que quiere verla.

Mignón: ¿A mí?

Rachela: Claro, ya se lo dije: está enamorado de usted.

Mignón: Ese no es pájaro de enamorarse, Rachela, y no me pareció que su amigo estuviera…

Rachela: Es muy tímido.

Mignón: No lo parece.

Rachela (incómoda): Hablamos de las pieles. El se dedica al visón. ¿Qué animal me dijo que exporta su hermano?

Mignón: Zorra patagónica.

Rachela: ¿Zorra?

Mignón: Sí.

Rachela: ¿Y qué compró en Varsovia?

Mignón: Martas.

Rachela: Pobrecitas. Tan pequeñitas y tantas se necesitan para confeccionar un tapadito… ¿cuántas lleva un siete octavos?

Mignón: No lo sé.

Rachela: ¿Quince? ¿Veinte? Pobrecitas.

Mignón: No diga pobrecitas, Rachela. Están en el mundo para ser usadas. ¿Acaso no es el hombre el rey de los animales? Si no las aprovecha el hombre, ¿quién las va a aprovechar?

Rachela: Me dan pena, nada más.

Mignón: No tenga pena. La pena envicia a las personas. En la Argentina tendrá que aprender a ser fuerte.

Rachela: ¿Usted dice por el clima? ¿No me dijo que no nevaba nunca?

Mignón: No, Rachela. No lo digo por la nieve.

Rachela: ¿Las mujeres usan tapados de piel en Argentina?

Mignón: Mucho. Las que son muy ricas, tienen una cámara frigorífica en su propia casa, para guardarlas en verano y que no se les apolillen.

Rachela: ¿Son muy caras?

Mignón: En la tienda La Favorita, una estola de piel de Loutre con colas de Kilinsky cuesta casi diecisiete pesos.

Rachela: ¿Cuánto es diciesiete pesos?

Mignón: Doscientos rublos.

Rachela: ¡¡Doscientos rublos!! El negocio de las pieles debe dar mucho dinero.

Mignón: Así es. Así es.

Rachela: Voy a aprender el oficio; voy a trabajar junto a Schlomo. Seremos ricos, señorita.

Mignón: No creo que él la vaya a necesitar, Rachela. La peletería la  podemos llevar muy bien entre él y yo solos. ¿Me comprende? El la quiere a usted para que esté en su hogar.

Rachela: Yo… yo…

Apagón.

 

4.

Han pasado por Brasil. Penumbra. Cerca de ellas están los botes salvavidas.

Tensión.

Rachela (llorosa y con arcadas): La vi besándose con Schlomo.

Pausa.

Rachela: El no es su hermano.

Mignón: No. Respire profundo como le dije.

Rachela respira.

Mignón: Es el jurel. Pescaron jureles: ese olor da asco.

Rachela: Me imaginaba que no era su hermano. (Pausa). ¿Por qué lo hace?

Mignón: Por dinero.

Rachela se acerca a un balde y vomita dentro.

Mignón: Tenga cuidado. No se manche el vestido, Rachela. Malditos jureles que lo pudren todo. ¿Quiere que traiga el agua de colonia?

Rachela: ¡El perfume francés!

Mignón: Voy a buscarlo.

Rachela: No. No, ya me pasa.

Mignón: Hasta el aire pudrieron.

Rachela inspira, se repone.

Rachela (limpiándose con un pañuelito): ¿Qué hace por dinero?

Mignón: Venir. Venir a buscarla a usted. Usted vale tres mil pesos. ¿Tiene fiebre, Rachela? (le pone la mano sobre la frente). ¿No se habrá agarrado tifus? El Brasil es un país asqueroso. ¿O… cuántas bananas comió cuando bajamos en Río de Janeiro?

Rachela: Nueve.

Mignón: Debe ser indigestión, entonces. Las peló, ¿no?

Rachela: A las dos primeras no las pelé. No sabía. Después me dijo Schlomo que se les sacaba la cáscara…

Mignón: Estaban verdes. Yo comí dos nada más. En Argentina está lleno de bananas.

Rachela: Estoy asqueada de todo.

Mignón: ¿Por qué? ¿Sabe cuánto es tres mil pesos argentinos? Treinta y cinco mil rublos.

Rachela: Treinta y cinco mil rublos. No me refería a eso. El calor. Hace que todo me de asco. ¿Estamos en el trópico, todavía?

Mignón: Sí.

Rachela: Quizá estoy gruesa.

Mignón (automáticamente): No diga “gruesa”, diga “esperando familia”. (Sobresaltada, cae en la cuenta): ¿Qué?

 Pausa.

Mignón: Su madre dijo a Schlomo que usted era virgen.

Rachela: Lo era.

Mignón: Usted vale los tres mil pesos porque es virgen precisamente.

Rachela: Yo valgo treinta y cinco mil rublos porque Schlomo se enamoró de mí. Luego, ya ha visto cómo es un hombre enamorado.

Mignón: Qué dice. (Se ahoga): Estos malditos jureles: apestan. Qué dice, Rachela.

Rachela: No pudo contenerse.

Mignón: ¿Cómo? ¿Y usted se lo permitió?

Rachela: ¿No dice usted que él me compró por treinta y cinco mil rublos?

 Pausa.

Rachela: Exactamente, ¿qué hace usted por dinero?

Mignón (con sorna): Tenemos una sociedad con Schlomo, ¿lo sabía?

Rachela: La peletería.

Mignón: Una sociedad que pone a trabajar a las mujeres.

Rachela: Una sociedad.

Mignón: No es un movimiento libertario feminista.

Rachela: No.

Mignón: Es… usted habrá oído hablar, Rachela.

Rachela: Una casa de mala vida.

Mignón: ¿Le da horror? Su madre misma se lo olía y la dejó venir.

Pausa

Mignón: La entregó.

Rachela: Eran treinta y cinco mil rublos. Siempre sale a relucir el dinero conversando con usted.

Mignón: Usted sabía.

Rachela: No.

Mignón: Usted se lo olía.

Rachela: Un poco, quizás.

Mignón: ¿Usted creía que Schlomo se había enamorado locamente por su cara bonita?

Rachela: El está enamorado de mí.

Mignón: Ah, por favor. El está trabajando.

Rachela: No.

Mignón: Yo soy su mujer.

Pausa.

Rachela: ¿Está casado con usted? ¿Tiene usted los papeles? Porque, que yo sepa, Schlomo no los tiene.

Mignón: No…

Rachela: Entonces usted no es su mujer.

Mignón: Usted piensa que todo son los papeles, Rachela. Para que se desayune: en cuanto a papeles, él está casado con Bronia. Viajaban a buscarme a mí, él y ella, ¿se da cuenta? El barco se llamaba Reina Victoria. Note qué coincidencia: éste se llama Princesa Luisa. Yo era una muchachita ingenua como usted, él me enamoró, yo venía confiada… y de pronto… ya ve, como cambia la suerte. Bronia se había puesto muy vieja. Estaba achacada.

Rachela: ¿Cuántos años tiene usted?

Mignón: Treinta y dos.

Rachela: Ah.

Mignón: Los cumplí el mes pasado.

Rachela (como para sí misma): ¿Habrá este olor a pescado rancio todo el tiempo en la Argentina?

Pausa.

 Rachela: Usted va a cumplir treinta y seis años, el próximo agosto, Ester. Schlomo me lo dijo: usted ya no le sirve.

Mignón: ¡Ja! ¿Así le dijo? ¿Cómo le dijo en realidad? “Mi hermana está ya grande para estar todo el día en la peletería y necesita de su ayuda, querida Rachela”… Es un truco.

Rachela: Schlomo me dijo: “los clientes la desprecian, porque su carne es macilenta y flácida y está muy entrada en carnes”.

Pausa. Desconcierto de Mignón.

Rachela: “Después de la medianoche ya está agotada. Amarilla y enclenque; huele mal”.

Mignón: Usted está mintiendo.

Rachela: “Tiene el grano malo: en cuanto los clientes lo sepan dejarán de frecuentarla. Las mujeres dejarán de obedecerla. Es un buitre viejo”.

Mignón: ¿Un buitre dijo? No pudo haber dicho “un buitre”.

Rachela: Ya vio que él es muy expresivo cuando habla.

Pausa. Horror de Mignón.

Rachela: Dijo, además: “La tengo conmigo porque una mujer no se desgracia como un caballo”.

Mignón se espanta.

Rachela: “La puse al lado mío para que me llevara las cuentas, y que ya no atendiera a la gente. Y hasta para eso es una inútil”.

Mignón: Él le miente, Rachela.

Rachela: Dijo más. Espere. Dijo: “Mignón se está reventando. Ella ni siquiera se da cuenta. Está toda podrida por dentro”. Me llamó “mi chiquita” mientras me lo contaba… ¿Cómo dice qué él la llamaba a usted cuando estaban solos?

Mignón (duda, tiembla): Rubita.

Rachela: Dijo así: “Esta es una profesión difícil, mi chiquita, y  a mí me puede el corazón”.

Mignón llora.

Rachela: ¿Se da cuenta? Me dijo que su mayor problema era que él tenía un gran corazón.

Pausa.

Rachela: Usted qué cree. ¿Qué está más cerca del corazón en un hombre, “rubita” o “mi chiquita”?

Mignón (llorando vivamente): ¿Por qué cree que él no la engaña? El va a traicionarla a usted también.

Rachela: No lo hará.

Mignón: Bronia… Bronia decía lo que usted, y ya ve.

Rachela: Bronia era una estúpida.

Mignón: …Y ella… ella tampoco fue la primera. Antes hubo otra… no… no recuerdo el nombre…

Rachela: ¿Pondría él a trabajar a una mujer preñada… -oh, no, ¿cómo era? “que espera familia”- para dentro de unos pocos meses…?

Mignón: ¿Meses?

Rachela: Cinco meses.

Mignón (desconsolada): ¿Hace cuatro meses que usted…?

Rachela: ¿No vio la faja que llevo? Usted siempre tan atenta a la moda y no vio…

Pausa.

Mignón: …creí que era una vestidura religiosa…

Rachela ríe.

Rachela: El se prendó de mí apenas me conoció. La casamentera le señaló a mi hermana Edit, la que es tonta. Precisamente porque es tonta. Pero él se enamoró de mí. Yo era virgen; él puede dar fe. Era junio, era el verano. Él no contaba con que se enamoraría de mí.

Mignón (con arcadas): Dios mío.

Rachela: Usted se había quedado en París, comprando ropa. Venía en un tren. Usted llegó en agosto. Festejamos su cumpleaños en mi casa. Le dijo a mi madre que usted cumplía veinticinco años. Le dijo que usted se llamaba Magdalena, pero que la apodaban Mignón. ¡Por Dios! ¿Cree que la gente es tonta? ¿Qué clase de muchacha judía, hebrea, como usted dice, podría llamarse Magdalena? Es muy traviesa, Ester. Su padre era rabino. Un hombre santo, sin duda. Dejó de mencionar su nombre cuando usted se marchó a la Argentina. Su padre es conocido de mi padre. En la época en que viajaba a Varsovia, se veían. Usted está muerta para su padre, ¿lo sabía? El nunca revela que ha tenido una hija que marchó a la Argentina para…

Mignón (sin poder contener el vómito, en pleno acceso de llanto): Estos malditos jureles…

Rachela: Dice su padre que usted está muerta. Su madre murió de pena hace poco tiempo. A sus hermanos los mataron unos soldados rusos, que andaban de juerga. Los soldados rusos son de temer: odian a los jóvenes judíos.

Mignón se dobla en dos, para vomitar. Rachela le alcanza el balde en que ha vomitado ella.

Rachela: Quédese tranquila, no la ve nadie.

Mignón (desesperada): ¡No le creo nada! ¡No le creo!

Rachela (con aire de suficiencia): Respire profundo.

Mignón: Cuando lleguemos a la Argentina, la voy a hacer matar.

Rachela: ¿A mí? Yo valgo treinta y cinco mil rublos, no lo olvide. Yo valgo lo que la finca que regalaron a la zarina en Moscú, su último cumpleaños. Había turquesas empotradas en las paredes que dibujaban un cisne… Ya sabe cuánto le gustaban los cisnes a la familia real…

Mignón: Le juro que la voy a hacer matar.

Rachela: Usted, Ester, vale lo que el escarpín de la cocinera. Lana, esparadrapo y suciedad. ¿Cuánto es eso? ¿Veinte rublos? ¿Quince rublos? ¿Menos quizás? ¿Unos copecs apenas? ¿Cuánto es cinco copecs en pesos argentinos?

Pausa, Mignón descompuesta.

Rachela: Además. Supongamos que logre matarme. ¿Qué cree que hará Schlomo? ¿Cree que se quedará a su lado? Un hombre no se enamora dos veces de la misma mujer. Usted está muerta, Ester. 

Pausa.

Rachela: ¿Sabe cuál fue su error? Partió demasiado pronto de la casa de su madre. A usted le faltó saber.

Mignón, muy descompuesta.

Rachela: Ya cálmese. Voy a buscar a Schlomo.

Mignón: Son los jureles, los malditos jureles que…

Rachela: Claro que son los jureles. O el aire de mar. Para usted, Ester, ¿qué iba a ser?

Rachela sale. Mignón se queda inclinada sobre el balde.

Apagón.

 

 

 

 

Patricia Suárez. Correo electrónico: soyleyenda@yahoo.com

 

 

Todos los derechos reservados

Buenos Aires. Argentina. Julio 2004

 

 

 

 

Rafael Spregelburd--RASPANDO LA CRUZ (Argentina)

Escrito por nohaydrama 04-10-2009 en General. Comentarios (0)
 
RASPANDO LA CRUZ

 

PERSONAJES

WECK
ADOLF secuaz de Weck
DORITA amante de Weck
HERR VOGEL vecino de Weck
FRAU VOGEL su esposa
TRAUMA hermana de Weck
BRUNO amigo de Weck
MANSILLA general alemán
HILDA dueña del hotel
RUBÍ su hija
MENDIGO
CERDA

Raspando la cruz fue estrenada el 13 de junio de 1997
en la sala del Centro Cultural Ricardo Rojas de Buenos
Aires, bajo la dirección del autor, con el siguiente
reparto:

WECK Ruy Krygier
ADOLF Alfredo Martín
DORITA María Onetto
HERR VOGEL Alberto Suárez
FRAU VOGEL Gabriela Izcovich
TRAUMA Julia Catalá
BRUNO Máximo Lazzeri
MENDIGO Pablo Ruiz
HILDA Mónica Raiola
RUBÍ María Inés Sancerni
MANSILLA Rafael Spregelburd
CERDA María de los Ángeles Salvador

Música original, efectos en cinta e instalación
acústica: Federico Zypce
Utilería y gráfica: Isol
Fotografía: Patricia Di Pietro
Diseño de luces y escenografía: Rafael
Spregelburd
Asistente de vestuario: Carolina Valente
Asistente de dirección: Alejandra Cosin
Dirección general: Rafael Spregelburd
El texto de la obra ha sido
traducido a los siguientes idiomas:
Alemán, por Almuth Fricke
Neerlandés, por Bart Vonck
Italiano, por Lía Ogno
Estas traducciones fueron parte del encuentro
Oltrebabele organizado por La
Loggia (Firenze, Italia, 1998).


Apuntes sobre Raspando la cruz
publicados en el programa de mano

I
El tiempo como Historia es una creación
de la cultura judeo-cristiana, la sucesión
rectilínea de los acontecimientos es una
trayectoria cuyo sentido está determinado
por el instante final.
La Historia condena a las cosas al retraso,
las obliga a moverse a la velocidad de la
razón, una velocidad impuesta al acontecer
para que sea posible una lógica y
su enunciación gramatical.
La necesidad de Historia es un hambre oscura,
antes instintiva que racional.
Nace de un terror visceral al azar, al horror
de que los acontecimientos se ordenen
como destino.
Apartarse de la trayectoria de la causalidad
implica abrirse a una extensión de fatalidad,
y en la fatalidad no hay sucesión,
todo se da simultáneamente.
Lo fatal es una forma y como tal está enteramente
presente y perpetuamente cerrada.
Tiene un mismo y único signo para el comienzo
y para el final.
Mediante una operación sencilla y prodigiosa
el autor evidencia que la Historia
es irreflexiva, que se enrarece y desaparece
leída al revés.
La Historia (y la anécdota) exige individuos,
personajes, constancias de identidad
bajo el dominio del lenguaje. Los personajes
son rehenes de sus nombres y de
sus dichos.
Contra estos imperativos, que implican un
teatro de identificación, el autor hace teatral
la descomposición de las identidades,
cada personaje está a la vez adentro y
afuera, el cuerpo del otro es el cuerpo propio.
Hay un sistema de espejos que no
reflejan la contradicción.
Y este sistema óptico nos devuelve una extraña
imagen del Mal.
El Mal no es el demonio enemigo, la antítesis
de Dios y del Bien, sino algo extraño
y desorientador: lo Semejante. El Mal no
es lo antagónico del Bien sino su Doble
indisociable.
Eduardo del Estal
II
Acerca de esta obra
Una o dos aclaraciones
Una: en esta obra ocurre un único hecho
sobrenatural: a partir de un punto dado,
como verán, el tiempo de la historia retrocede
y busca desesperadamente un
origen que no encuentra, como ocurre en
los reflejos. El mundo tiende a volver a
la nada y el sentido a disolverse en el
azar. Caray, ya les conté el final.
Dos: en el cementerio judío de Praga, en
uno de los viejos edificios en reconstrucción,
pueden leerse, escritos sobre las
paredes, los nombres de varios miles de
víctimas del nazismo. Algunas paredes
están todavía derrumbadas.
Curiosamente, sólo los nombres son
impronunciables; los apellidos remiten
tozudamente a la guía telefónica de Buenos
Aires.
Otras cosas también remiten a la Argentina.
Antes de la Segunda Guerra, que habría
de iniciarse formalmente con la entrada
en Polonia de los ejércitos de Hitler el 1
de septiembre de 1939, muchos ciudadanos
alemanes ya habían empezado a
cruzar sus fronteras. En Praga, capital
de la República Checa, la presión del
poderoso imperio vecino condujo a un
curioso y trágico referéndum, por el cual
quienes concurrieron a votar (en su mayoría,
alemanes) decidieron por mayoría
la incorporación de la República al régimen
del Tercer Reich. La resistencia -
”casi” invisible- a este movimiento de las
urnas fue diezmada en un abrir y cerrar
de ojos. El régimen fascista “invadió” a
la República Checa democráticamente.
Súbitamente, un país cambiaba su identidad,
su idioma y su historia (si es que
alguna de estas tres cosas existe).
En vista de la anécdota que dio pie a la escritura
de Raspando la cruz se me permitirán,
espero: la desconfianza sistemática
como actitud poética; el recelo de la
Historia, con su apetito voraz de causas y
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 4
efectos; y la fragmentación deliberada
como única forma de abarcar el espejo
roto de la Argentina, con las esquirlas
puntiagudas de su holocausto privado.
Si es como dice Del Estal, y “la realidad es
la Resistencia de las cosas a todo orden
simbólico”, entonces estamos frente a mi
obra más crudamente realista.
Rafael Spregelburd
En el siglo XVII se aspiraba a una reforma
universal del saber, de las costumbres,
de la sensibilidad religiosa, en un clima
de extraordinaria renovación espiritual,
dominado por la inminente llegada de un
siglo de oro. [...] En este clima aparece en
1614 un escrito anónimo (Allgemeine und
general Reformation, der gantzen weiten
Welt) [...] cuya última parte es un manifiesto
titulado Fama Fraternalis R.C., en
el que la misteriosa confraternidad de los
Rosacruz revela su propia existencia, informa
sobre su historia y sobre su mítico
fundador, Christian Rosencreutz. En 1615
aparecerá, junto con Fama, que está escrito
en alemán, el segundo manifiesto,
escrito en latín, Confessio fraternitatis
Roseae crucis. Ad eruditos Europae.
El primer manifiesto augura que también
puede surgir en Europa “una sociedad
que eduque a los gobernantes para que
aprtendan todo lo que Dios ha permitido
que el hombre conozca” [...]. Ambos manifiestos
insisten en el carácter secreto
de la confraternidad y en el hecho de que
sus miembros no pueden revelar su propia
naturaleza. Por esto puede parecer
aún más ambigua la llamada final de la
Fama, dirigida a todos los hombres doctos
de Europa, para que entren en contacto
con los propagadores del manifiesto:
“Aunque de momento no hayamos
revelado nuestros nombres, ni tampoco
cuándo nos encontraremos, sin embargo
intentaremos ciertamente conocer la
opinión de todos, cualquiera que sea la
lengua en que se expresen; y todo el que
nos transmita su nombre podrá comunicar
con alguno de nosotros de viva voz,
o, si hubiese algún impedimento, por
escrito... Y también nuestra sede (aunque
cien mil personas la hayan visto de
cerca) permanecerá eternamente inviolable,
indestructible y oculta al mundo
entero”.
Casi inmediatamente, desde todos los lugares
de Europa empiezan a escribirse
llamadas a los rosacruces. Casi nadie
afirma que los conoce, nadie se llama a
sí mismo rosacruz, todos en cierto modo
pretenden comunicar que se hallan en
perfecta sintonía con su programa. Algunos
autores incluso hacen gala de una
extraordinaria humildad, como es el caso
de Michael Maier, que en Themis aurea
(1618) sostiene que la confraternidad
existe realmente, pero admite que es una
persona demasiado humilde para poder
formar parte de ella. Pero, como observa
Yates, el comportamiento habitual de los
escritores de la Rosacruz consiste no sólo
en afirmar que ellos no son de la
Rosacruz, sino que ni siquiera han encontrado
nunca a un solo miembro de la
confraternidad.
Cuando en 1623 aparecen en París manifiestos
-naturalmente anónimos- que
anuncian la llegada de los rosacruces a
la ciudad, este anuncio desencadena feroces
polémicas, la opinión general los
considera adoradores de Satanás. Descartes,
que en el curso de un viaje a Alemania
había intentado -según se decíaacercarse
a ellos (naturalmente, sin éxito),
a su regreso a París ve cómo a su
alrededor surge la sospecha de que pertenece
a la confraternidad, y sale del apuro
con un golpe maestro: puesto que era
una leyenda extendida que los rosacruces
eran invisibles, procura aparecer en público
en muchas ocasiones y acaba así
con las habladurías que le conciernen.
[...] Un tal Neuhaus publica, primero en
latín y después en francés en 1623, un
Advertissement pieux et utile des fréres
de la Rosee-Croix, en el que se pregunta
si existen, quiénes son, de dónde han
sacado el nombre, y concluye con el extraordinario
argumento de que “por el
hecho mismo de que cambian y alteran
sus nombres y que enmascaran su edad,
y que según su propia confesión no se
dejan reconocer, no hay Lógico que pueda
negar que necesariamente tienen que
existir”.
Sería muy largo hacer la reseña de esta serie
de libros y libritos que se contradicen
mutuamente, y que nos permiten pensar
a veces que un mismo autor, bajo dos
seudónimos distintos, ha escrito a favor
y en contra de los rosacruces. [...] Ahora
bien, esto nos demuestra cómo basta una
llamada, realmente bastante oscura y
ambigua, a la reforma espiritual de la
humanidad para desencadenar las reacciones
más paradójicas, como si todo el
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 5
mundo hubiese estado esperando un
acontecimiento decisivo y un punto de
referencia que no fuese el de las iglesias
oficiales de ambas partes (católica y protestante).
Hasta el punto de que, a pesar
de que los jesuitas fueron unos de los
más fieron enemigos de los rosacruces,
hubo quien sostuvo que los rosacruces
fueron una invención de los jesuitas para
introducir elementos de nueva espiritualidad
católica en el seno del mundo protestante.
Finalmente, y como último aspecto paradójico
del asunto -e indudablemente el
más significativo-, Johann Valentin
Andreae y todos sus amigos del círculo
de Tubinga, de quienes se sospechó inmediatamente
que eran los autores de
los manifiestos, se pasaron la vida negando
tal hecho o minimizándolo como
si fuera un juego literario.
de Umberto Eco,
en La búsqueda de la lengua perfecta,
Cap. 8: La lengua mágica (1994)


RASPANDO LA CRUZ
de Rafael Spregelburd

La escena: Praga, 1939.
Días antes de la invasión alemana a Polonia,
que desató la Segunda Guerra Mundial.
El tiempo avanza hasta la escena XIII, que
ocurriría el 1 de septiembre de 1939,
cuando las tropas alemanas cruzan la
frontera polaca. A partir de esta escena,
el tiempo retrocede: se vuelven a ver las
escenas (modificadas) en orden inverso,
hasta llegar a la última (la primera, en
orden cronológico) que es un suceso previo
a la Escena I, y que lamentablemente
no habíamos podido ver antes, cuando
todavía era momento.
Las escenas suceden en distintos lugares
de Praga y en un hotel en las afueras,
pero no hay prácticamente ningún elemento
escenográfico.
I
(Oscuridad absoluta. El tic tac impasible
de un reloj. Se escucha una voz. No sabemos
quién habla. Es importante que
toda la escena permanezca en la oscuridad,
haciendo invisibles a los personajes.)
WECK: Esa fue la última vez que desperté,
porque desde entonces no he vuelto a
dormir. Se puede pasar una noche despierto,
se pueden pasar dos. Tres. ¿Cuántas?
Mi historia terminará cuando acabe
mi insomnio. Terminará cuando muera,
o cuando me deje caer finalmente sobre
esta cama de sábanas blancas, rendido.
¿Quiénes son todos los demás, quiénes
son los otros personajes de mi drama? No
estoy seguro. Yo he visto, desde entonces,
la sucesión inútil de los días y las
noches, una secuencia absurda en la que
nada cambia. Salvo en la cabeza de quienes
han dormido, que creen despertarse
en un lugar distinto, más siniestro o más
cómodo que sus propios sueños. Yo no
he vuelto a soñar. Desde aquella vez, claro.
Estamos en Praga, fines de agosto de
1939. Mi nombre es Weck y no me importa
decirlo. Los sucesos que veremos ocurrirán
en los días en los que no pude conciliar
el sueño. Todos hablamos en checo,
o en alemán, pero estamos traducidos.
Creo conveniente empezar por decir que
conocí a Dorita durante esta feroz vigilia.
Es una época dura. Muchos prevén la
guerra. Dorita dice que me ama. No sé. Si
ella insistiera en amarme, a pesar de todo,
la mataría sin dudar. De más está decir
que a mí ella no me importa.
ADOLF: No me interrumpas.
WECK: No interrumpo. Nada más digo lo
que me parece.
ADOLF: No es ésa la cuestión. Todos sabemos
lo que te parece. (Silencio) ¿Y cómo
harías para matarla?
WECK: La mandaría matar a través de algún
amigo en común.
ADOLF: ¿Tienen amigos en común?
WECK: Muchos. Vos, por ejemplo.
ADOLF: Claro. (Silencio) Todos la queremos
mucho. No creo que nadie quiera
matarla.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 6
WECK: Yo también.
ADOLF: ¿También, qué? (Silencio. La luz
se enciende y descubre a los personajes
de la escena II. La luz nunca es demasiado
intensa. Sepia, hepática.)
II
HERR VOGEL: Y le decía: ¿no es raro que
haciendo tanto tiempo todavía no nos
hayamos sentado siquiera a tomar un
café?
FRAU VOGEL: Y le decía yo: no, no es raro,
sobre todo considerando que nunca los
invitamos. ¿Más azúcar? Praga es una
ciudad tan rara.
DORITA: Sí, gracias.
FRAU VOGEL: Nosotros somos de Tzchkvsk.
Pero acá no se puede pronunciar.
HERR VOGEL: De cerca de... de las afueras
de Tzch...
FRAU VOGEL: Pero supongo que todos somos
un poco extranjeros en este país.
¿No?
HERR VOGEL: Y le decía: ¿No es raro? Me
miraba y me decía para mí mismo -¿se
dice “para” mí mismo?-: ¿qué será lo que
nos aleja de los amigos?
WECK: No somos amigos.
HERR VOGEL: Claro, no ha habido oportunidad.
WECK: No puedo dejar de notar el tiempo
que tarda en revolver la taza.
HERR VOGEL: Sí, es... digno de atención.
Es algo que yo... la taza, digo. Pienso en
esta taza, ¿no?, que va a seguir estando
cuando yo ya no esté.
FRAU VOGEL: Lo mismo que con aquel
vecino anterior, ¿te acordás? Los que vivían
antes en la casa de ustedes, a menos
de un metro de distancia, bueno, que
ahora es de ustedes, pero antes... ¡Qué
tonta, qué nerviosa me pongo!
(Nadie habla. HERR VOGEL vuelve a revolver
la taza.)
HERR VOGEL: Aunque se rompiera. Hasta
los pedazos de porcelana duran más que
uno.
FRAU VOGEL: No lo van a poder creer, pero
vivíamos casi uno al lado del otro y nunca
habíamos visto más que el hall de
entrada.
DORITA: (Mirando la casa) Bueno, es igual
que ésta. Igual, sólo que es como si se la
viera en un espejo.
FRAU VOGEL: ¿Qué quiere decir?
DORITA: Un espejo.
FRAU VOGEL: Debe ser el idioma.
HERR VOGEL: Había estado en la guerra,
Helmut. Con los alemanes, claro.
FRAU VOGEL: ¿Con los alemanes o contra
los alemanes? Porque no es lo mismo.
HERR VOGEL: Pero a quién le importa eso
ahora.
FRAU VOGEL: Claro. Por eso digo yo, que
es el idioma. Se escucha hablar tanto en
alemán. Una guerra es una guerra, ¿no
es cierto? Y a nadie le importó nada de
ésta, ¿verdad? ¿Van a renovar por todo
el año?
DORITA: Bueno, la casa es cómoda. Es un
lugar tranquilo.
HERR VOGEL: Absolutamente. El hermano
de ella siempre me dice: allá es tan
tranquilo. Averiguá si no se alquila la
casita de al lado, la de la reja negra, me
dice. Averiguá.
FRAU VOGEL: Trabaja en seguros.
HERR VOGEL: Y como tienen dos chicos...
imagínese. (Pausa)
WECK: No me puedo imaginar nada. (Pausa)
HERR VOGEL: Uno de los hijos quiere estudiar
para... y el otro... (Pausa) Imagínese.
DORITA: Tienen una chimenea igual a la
nuestra. Un poco más alegre, con tantos
adornos...
FRAU VOGEL: Claro, en cada viaje nos traemos
algún recuerdo para la chimenea.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 7
Tarjetas con dibujos, mamuschkas, ése
caballo es noruego...
DORITA: Nosotros no tenemos muchos... No
por mí... Me encantan las estupideces.
FRAU VOGEL: Claro, se ve que al señor...
WECK: (Respira hondo) Weck.
FRAU VOGEL: ...Weck no le gustan mucho
las... ¡Y ahora hay cada tarjetas! Esperen
un momento, les voy a mostrar una
increíble. (Sale a buscarla)
HERR VOGEL: Se la mandó su hermano.
No lo van a poder creer. ¿Los negocios...
marchan? ¿No? (Silencio) Estuvo en
América. ¡Se ven cada cosas!
WECK: Marchan.
HERR VOGEL: Qué bien, qué bueno. Es tan
difícil en estos tiempos encontrar una actividad
redituable. Los seguros están cada
vez peor. Con tantos atentados como hay.
Estuvieron en América, pero quién sabe si
alguna vez podrán volver a hacer un viaje
tan importante. América es importante,
Rusia es importante, hay países y países,
¿verdad? Lo que ellos quieren es alquilar
en un lugar tranquilo, ¿me entiende?... Así
que los negocios van más o menos bien...
¿Y ustedes, se dedican a...?
WECK: ¿Vamos?
HERR VOGEL: ¡Pero si recién acaban de
llegar! (A Frau Vogel) Se quieren ir. No sé
si me estoy haciendo entender.
FRAU VOGEL: Antes tienen que ver ésta
(Por la tarjeta de Navidad) No lo van a
poder creer. (La abre. Se escucha un susurro,
como una amenaza o un arrullo).
DORITA: Qué curioso. ¿Qué dice?
FRAU VOGEL: Algo en inglés. Es un murmullo,
dijo August, mi hermano. Y fíjense:
chatita. ¿Dónde están las pilas? Es
un misterio. Tenga.
HERR VOGEL: Ahora en América se habla
cada vez más español, dice el hermano
de ella, que trabaja en seguros. August.
FRAU VOGEL: ¿Otro café?
WECK: Nos vamos. Gracias. (Se empieza a
poner el piloto)
DORITA: Es un regalo hermoso. (Se queda
con la tarjeta)
FRAU VOGEL: Pero... ¿por qué no se quedan
a tomar un Guadalupe?
HERR VOGEL: Los hace ella.
DORITA: Es que realmente... tenemos que
irnos.
HERR VOGEL: Sí, ya veo que literalmente
la están arrastrando fuera de esta casa.
DORITA: Es que esta noche...
HERR VOGEL: Yo no pregunto qué pasa
esta noche, ni me interesa. No es eso lo
que yo pregunto.
FRAU VOGEL: Claro, es una confusión...
HERR VOGEL: Habrá notado que no mencioné
en ningún momento nada respecto
a lo que pasa en general por las noches.
FRAU VOGEL: Una pequeña confusión,
pero que por pequeña no deja de ser engorrosa,
Walter.
WECK: Adiós.
HERR VOGEL: (De un golpe parte la taza
sobre la mesa, y se queda con la manija
ensartada en el dedo índice. Cerrando el
paso en la puerta) Y no es eso lo único
que no pregunto. Ya habrá visto, Herr
Weck, las dos chimeneas tienen una pared
en común, cómo amplifican las conversaciones
los tubos de la ventilación.
Y uno oye cosas. Oye cosas que no querría
oír... ¿A uno qué le puede importar?
Cosas de checos, cosas de alemanes, lo
mismo da.
FRAU VOGEL: Además uno ve gente. Es
decir, la ve. Yo veo gente.
HERR VOGEL: Va atando cabos. ¿Qué se
hizo del dueño anterior de la casa?
WECK: ¿El alemán?
FRAU VOGEL: La ve entrar y salir, entrar y
salir, todo el tiempo.
HERR VOGEL: No me malinterprete. Yo no
digo ni que sí ni que no, pero es necesario
saber... cuántos checos quedan todavía
en Praga. Ya habrá visto aquella meDramática
Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 8
dalla. Todos nosotros tenemos una idea
muy delicada, muy elaborada, del honor
que debe mostrar un hombre, de la vocación
ineludible de la patria checa.
FRAU VOGEL: Es más lo que una ve que lo
que una oye.
HERR VOGEL: ¿Cuántos alemanes puede
haber en esta ciudad? ¿Cuántos, que
estén en condiciones de votar por el imperio?
Me estoy enredando más de lo
necesario.
DORITA: ¿Habla del referendum?
HERR VOGEL: ¡De la guerra, la guerra! ¿Y
qué será lo que se cocina en semejantes
reuniones por las noches? Y uno escucha,
y uno lee, y ve las fotos de los atentados...
¿Quiénes son ustedes?
FRAU VOGEL: Sí, y lo que digo es que hubo
una confusión con la... Es decir, yo la
traje para mostrársela, pero como es de
mi hermano, creo que es justo que la
conserve por todo el tiempo que yo quiera.
WECK saca un arma y los acribilla a balazos.
Dorita grita.
Apagón.
III
Adolf, Weck y Dortia reunidos en torno a
unos papeles sobre la mesa; Trauma
duerme en una mecedora.
ADOLF: Si un rosacruz era visto por un
humano, cosa que de por sí es improbable
porque los rosacruces se ufanaban
de ser invisibles, era necesario deshacerse
de él. Del humano. Así mantuvieron
el secreto por siglos.
WECK: Números. Estos no son más que
números, que significan cantidades, que
son abstracciones, que no quieren decir
nada, y que por lo tanto se puede expresar
mediante el número cero.
DORITA: Sé de muchos hijos huérfanos que
esta noche no pensarán lo mismo. ¿Qué
hay que rime con “huérfano”?
WECK: ¿Qué estás escribiendo?
DORITA: Es mi libreta. Son poemas, cosas
que se me ocurren.
WECK: Tirála.
DORITA: No lo voy a hacer. No quiero. Estoy
harta.
ADOLF: Antes de seguir con esto, quiero
que sepan que leí sin omisiones el Ulises
de Joyce.
WECK: (Por TRAUMA) ¿Cuánto hace que
duerme?
DORITA: Un rato, no mucho, creo. Hace
tres horas.
ADOLF: ¿Qué tiene que ver, me dirán? Muy
bien: sentí que era necesario decirlo.
Cuando un hombre tiene cierta habilidad,
cuando ha adquirido un bien preciado
que los demás no tienen, es justo
que ese hombre se haga admirar. (Silencio)
WECK: Hay que terminar con esto antes
de que Bruno llegue. Podría no venir solo.
DORITA: ¿Y qué vas a hacer? (Weck no contesta)
ADOLF: Sí, Dorita tiene que saber qué es
lo que vas a hacer. Dorita te ama.
WECK: Veo que súbitamente te interesa
Bruno.
DORITA: Esto no puede seguir así. Siempre
sospeché de él. Llegó sin que supiéramos
nada, nunca un dato que se pudiera
certificar. Tengo miedo. Por su culpa
podrían haberte matado.
WECK: Sí. ¿Es bueno ese libro?
ADOLF: Es un libro necesario. (Por Trauma)
¿No estará muerta?
WECK: Muy bien: esto es lo que vamos a
hacer. Seguimos adelante.
Tengo estudiado el movimiento de la estación.
Estas tropas van a llegar en el tren
de mañana.
ADOLF: Hay un ciego que toca permanentemente
un acordeón. ¿Lo viste?
DORITA: No me parece una buena idea.
ADOLF: Entiendo que Bruno sea tu amigo.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 9
DORITA: ¿Mío? Pero si yo apenas lo conoz...
ADOLF: Suyo. Pero ella tiene razón: no tendrías
que perdonarle un error que nos
puso a todos en peligro.
WECK: Me siento débil. ¿Creen que se puede
haber muerto durmiendo?
DORITA: ¿Y quién dice que fue un error?
¿Y si Bruno se pasó finalmente a los alemanes?
No me extrañaría que el llamado
lo hubie...
WECK: ¿De qué estás hablando?
DORITA: Porque... nosotros somos... ¿Los
alemanes son... estamos en contra? ¿No?
WECK: No quiero oír más. Tengo sueño.
DORITA: Si intentaras dormir un poco. Es
tan fácil...
ADOLF: Ojalá pudieras darte cuenta de que
lo dice para protegerte. Nunca te amaron
así. Eso es lo que te desconcierta.
DORITA: No estoy segura de amarlo. Eso
es algo muy íntimo. Y estoy enojada, y
con miedo. Todos juegan conmigo. Voy a
terminar con una bala en... acá.
ADOLF: Bueno. Ustedes dos pueden no
saberlo. Eso se entiende.
WECK: Adolf, admiro tu fría paciencia. Más
que tu amistad. Para quien está insomne,
la paciencia de los otros es más valiosa
que su afecto.
ADOLF: Dorita también tiene que tenerte
paciencia.
DORITA: No voy a seguir más en estas condiciones.
No lo soporto.
(Se abre la puerta y entra Bruno).
DORITA: ¡Bruno!
BRUNO: (Luego de una pausa) Bueno, aquí
estoy.
WECK: Trauma duerme.
BRUNO: Escuché algo en la radio.
WECK: Sí.
BRUNO: Cayeron más de diez, dijeron.
ADOLF: Doce.
BRUNO: Pero no están muy contentos, ¿no?
WECK: (Pone su arma sobre la mesa) No
mucho.
BRUNO: ¿Eran todos alemanes?
DORITA: Eso es lo que yo quería decir...
Porque... ¿nosotros somos la resistencia?
¿No?
WECK: ¿Esperabas vernos esta noche?
DORITA: ¿Hablamos otro idioma, no?
BRUNO: Tal como habíamos quedado, ¿por
qué?
WECK: Prefiero que no haya dudas. Ya sabemos
lo del teléfono. Cayeron diez, pero
los otros fueron avisados y pudieron salir
a tiempo. (Silencio)
DORITA: Voy a preparar un té. (Sale)
ADOLF: Sí, eran alemanes. Por la contextura.
¿Leíste a Joyce, Bruno?
BRUNO: ¿Y bien?
WECK: Pensamos que es un error, claro.
No tendría sentido.
BRUNO: No tendría sentido.
WECK: Y preferimos seguir pensando así.
ADOLF: De todos modos, hay tantas cosas
que no tienen sentido. Lo digo porque
tengo un ejemplo a mano.
BRUNO: Pero sospechan. Que yo llamé.
WECK: No me malinterpretes. No hay sospechas.
Estamos seguros. Pero no voy a
preguntarte nada.
ADOLF: Fíjense en este ejemplo: no sé si
han visto al mendigo de la estación. Es
ciego, a lo mejor finge. Todo el día tocando
ese bendito acordeón. Uno no
podría imaginar destino más desgraciado,
¿verdad?. Y sin embargo ahí está
él, ganándose unas monedas miserables,
agradeciendo a Dios. Uno se compara
con él y se dice: no hay destino
peor, eso es seguro, acá está el límite.
Sin embargo, el día menos pensado, se
aparece un cretino y le roba el acorDramática
Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 10
deón al pobre hombre. Que se queda
solo y acurrucado en el mismo lugar.
Ya se deduce: siempre se puede estar
peor.
BRUNO: ¿Y qué vas a hacer?
WECK: (Juega un instante con el arma)
Nada.
BRUNO: ¿Y yo? ¿Tendré que rendirme,
como si me estuvieran perdonando
heroicamente por algo que ni siquiera
hice?
WECK: Heroico es lo de Adolf, que dice que
ha leído un libro necesario.
ADOLF: Aburrido, pero necesario.
(BRUNO se sienta lentamente con la cabeza
entre las manos.)
DORITA: (Asomando) ¿Quieren té? Bruno,
¿qué rima con “huérfano”?
WECK: ¿Cuánto tiempo hemos sido amigos?
BRUNO: No sé. Más bien poco. (A Dorita)
“Muérdago”. Me alegra que no los hayan
matado a todos. (Silencio) Me alegra de
verdad. Es todo lo que quiero decir.
WECK: De cualquier modo...
BRUNO: No, dejáme seguir. Venía caminando
sin saber si los iba a encontrar o
no. Y pensaba en tantas cosas. Las calles
de Praga tienen esos nombres tan...
ilegibles. Me perdía. Algunos de nosotros
saben que lo que estamos haciendo
es lo correcto, sabemos que lo que
estamos haciendo, quiero decir. Bueno,
yo ya... no... (Silencio)
DORITA: El agua ya está lista. ¿Es una frivolidad
tomarse un té?
BRUNO: Y ahora me doy cuenta de la suerte
que tuve. Nada más. Podrían estar muertos
y no. Eso es todo. Puede parecer simple,
pero no consigo agregar nada más.
WECK: Solamente que...
BRUNO: Aquí estoy, solo. Frente a todos
ustedes, frente a Trauma que duerme.
¿No estará muerta? Se la ve tan simple.
DORITA: Mirá... ¿Hiciste el llamado o no?
ADOLF: Pudo haber sido él.
BRUNO: Por lo pronto, los alemanes no
están aquí afuera.
(DORITA corre a la ventana. Espía tras las
cortinas. No parece ver a nadie, pero tampoco
se tranquiliza.)
DORITA: Voy a traer el agua. No estarán
ahora aquí afuera, pero están por todas
partes. Hasta en Polonia. (Sale)
BRUNO: ¿Entonces? Ya dije lo que debía
decir.
ADOLF: Como quieran. Me retiro. (Sale)
WECK: No sería la primera vez que un amigo
me traiciona. Bueno, quién ha dicho
que seamos amigos, después de todo.
¿Qué pensás del perdón?
BRUNO: Me cuesta decirlo en checo. Es un
movimiento del ánimo demasiado exagerado.
Nadie desea nunca perdonar por
naturaleza. Y sin embargo, es un gesto
sin debilidad. ¿Qué me habías preguntado?
WECK: Entonces estás libre de toda duda
y te perdono si mi hermana despierta en
este momento. (Nadie se mueve) Es una
condición estúpida, pero es una condición,
y está bien que así sea. (Nadie se
mueve) Es decir, el gesto del perdón se
enaltece cuando hay testigos. De lo contrario
es un gesto vano. Sólo si despierta,
como una resurrección. (No despierta)
BRUNO: El perdón es débil, claro. (Pausa)
¿Y si no se despierta?
WECK: (Toma el arma y la guarda) Bueno.
El tren de los generales. Mañana. El procedimiento
es el mismo: Trauma y yo en
el pasillo oeste. La detonación es después
del tercer silbato, siempre que yo no avise
que existe peligro.
BRUNO: (Tembloroso, vencido) Perdón,
Dios mío, estoy temblando. Somos tan
débiles, a veces.
WECK: Débiles. (Va a salir, se detiene ante
Trauma) En el sueño, es donde somos
más débiles. Pero el sueño repara. Por
eso es necesario. Es mañana. “Mañana”
para todos ustedes. “Hoy” para mí, que
no tengo noches. (Sale. Bruno se acerca
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 11
a Trauma. Le dice algo al oído. Bruno
parece esperar alguna respuesta. Trauma
sigue dormida. Apagón.)
IV
Weck y Trauma en la estación del tren. Un
pasillo poco transitado de la estación,
quizás un túnel. Weck prende un cigarrillo.
El Mendigo está parado al lado de
un estuche vacío. Sostiene en una mano
un parlante del que sale una música triste
de acordeón, folklore checo. Habla a
la nada, porque es ciego.
MENDIGO: ...porque he estado tanto tiempo
alegrándolos, con mi música, con mis
alegres melodías. Cuando vuelven cansados
del trabajo, de viajar mal, enojados,
apurados, siempre me han tenido
aquí para alegrarlos con mi música. A
los vecinos buenos de Praga. Es por eso
que les pido por favor que si saben quién
lo hizo, le digan que me lo devuelva. Que
me voy a morir, sin mi acordeón.
TRAUMA: ¿Quién se lo robó?
MENDIGO: Hace dos días, pero ya ven que
yo sigo acá, así que si saben quién lo tiene,
díganle que voy a pagar por él. Con
lo que me puedan ayudar.
TRAUMA: No va a juntar nunca para comprarse
otro.
MENDIGO: Igual, voy a estar acá hasta que
me muera.
TRAUMA: Es todo lo que tengo.
MENDIGO: Déjelo en el estuche. Y gracias.
TRAUMA: Weck, ¿no podés dejarle nada?
WECK: ¿Me sentiría mejor si le diera lo poco
que llevo encima?
TRAUMA: No sé.
WECK: ¿Y él?
TRAUMA: Depende.
WECK: Tengo este reloj.
TRAUMA: No se lo des.
WECK: Podría venderlo y comprarse el acordeón.
TRAUMA: Sos demasiado bueno.
WECK: Se lo voy a dar, de todos modos.
TRAUMA: No es necesario. Para nadie. Ni
para él, ni para vos.
(WECK deja el reloj en el estuche.)
TRAUMA: ¿Mejor?
WECK: No.
TRAUMA: Igual. Yo estoy mirando, y soy
testigo del gesto.
WECK: Sí. Bruno no va a venir. Es evidente
que nos ha traicionado. Por segunda vez.
TRAUMA: Vamos a avisarles que no. Antes
del silbato, o va a ser demasiado tarde.
¿Qué pasa?
WECK: ¿Me equivoqué al perdonarlo?
TRAUMA: Quién sabe.
WECK: Vamos. (Se detiene) Tengo que decirte
algo: siento ganas enormes de llevarme
el reloj.
TRAUMA: Ya se lo diste.
WECK: Es cierto.
TRAUMA: No lo hagas.
WECK: Adolf tenía razón: este pobre ciego
no sabe que no hay destino peor que el
suyo. Se comparará a su vez con las ratas,
que apenas sí sobreviven, y creerá
que no está tan mal.
TRAUMA: Qué horror. No hay derecho.
MENDIGO: ...y siempre me han tenido aquí,
para alegrarlos un poco. Ya los vecinos
buenos de la estación me han dado doscientos
treinta y cinco, porque saben que
yo siempre he estado aquí...
WECK: ¿Cuánto costaba el acordeón?
MENDIGO: ...hace dos días, y yo qué voy a
hacer sin él. Yo que era la alegría de este
pueblo. De esta ciudad triste de gente que
trabaja, igual que yo, y que no tiene qué
darle de comer a sus hijos.
(Suena un silbato) Mi hijita, por su parte,
está muerta. (Suena el segundo silbato).
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 12
TRAUMA: Es ahora o nunca, tenés que tomar
una decisión. Yo le di todo lo que
tenía. (Suena el tercer silbato)
(WECK recupera su reloj del estuche y se
lo pone).
TRAUMA: Es mejor así. Vamos. (Se escucha
la detonación)
V
Un hotel en una ruta en las afueras de Praga.
Hilda es una mujer que ha conocido tiempos
de esplendorosa juventud. Ahora está
sentada en una silla de ruedas. Se arma
el peinado con gran coquetería. Los ojos
pintados. Las manos inquietas.
Weck está parado junto a sus valijas.
HILDA: ¡Rubí, hija! ¡Tenemos visita! No tardará
ni un momento.
WECK: Está bien.
HILDA: ¡Bajá, querida! Deje que le lleve las
valijas, mientras tanto. (Rueda hasta
WECK y trata de tomar una valija). Es
una nena consentida. Ya no es una nena.
Pero quizás la hayamos consentido un
poco más de lo tolerable. La mataría, de
no ser porque nos es muy útil, y porque
la queremos tanto. (Carga con dificultad
la valija, e intenta rodar penosamente
hacia las habitaciones. WECK no hace
nada por ayudar.) ¡Rubí, bajá de una vez!
Ya va a ver cuando baje, los ojos que tiene.
Los ha heredado de su madre. ¡Cómo
pesa esto! Supongo que va a quedarse
algún tiempo.
WECK: Sí.
HILDA: Me encargaré de que lo pase muy
bien. No hay otro lugar más tranquilo que
éste. Salvo la tumba, claro está. (Ríe) Me
siento formidable, si hasta he recuperado
mi viejo sentido del humor. ¡Rubí! Yo
antes estaba muy mal. Muy decaída.
¿Cuántos años cree que tengo? Vamos,
sin miedo. Cuántos. No va a adivinar
nunca.
(Aparece Rubí. No tiene ningún encanto.
Se diría que es -incluso- fea.)
HILDA: Ah, bajó la princesa. El señor...
WECK: Weck.
HILDA: ...Weck va a ocupar la cuatro. No
tendré dificultad en recordar su nombre.
Es tan sencillo. Es una suerte tener un
nombre sencillo, porque se ahorra uno
así muchas explicaciones engorrosas.
Recordarle a la gente a cada rato quién
es uno... Conozco uno o dos ejemplos de
personas... Rubí, dulzura, quiero que me
ayudes a llevar las valijas del señor... de...
a la habitación cuatro.
RUBÍ: ¿Cuál es la cuatro?
HILDA: Boba, la cuatro, al fondo, sobre el
lago. La cuatro, la cuatro. Uno, dos, tres,
cuatro.
RUBÍ: La tres está vacía.
HILDA: Pero el señor va a tomar la cuatro.
Ya está decidido.
RUBÍ: Sí. La tres también tiene todo.
HILDA: Claro, claro. ¿Cuánto tiempo cree
que va a parar acá?
WECK: No sé. Unos días.
RUBÍ: Es más grande.
HILDA: La cuatro.
RUBÍ: Igual, están todas vacías.
HILDA: No es una buena época. Hay poco
movimiento de rutas. Los atentados,
¿sabe?
RUBÍ: ¿Viene de Praga?
HILDA: Sí. ¿Dónde está tu padre?
RUBÍ: No es mi padre. Dicen que hubo otra
bomba, en la estación de tren. ¿Es cierto?
Que hubo varios alemanes muertos,
tropas que llegaban en el tren.
HILDA: Te pregunté dónde estaba.
RUBÍ: ¿Tu marido? No sé, por allá. Lo dicen
los diarios. Pero no dan las cifras.
WECK: Los diarios.
RUBÍ: A lo mejor usted tiene noticias reales.
De la resistencia, digo.
WECK: No sé, no leo los diarios. ¿Puedo
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 13
pasar ya a la habitación?
HILDA: Déjeme que lo ayude, es por el pasillo,
la última puerta. ¿Tendiste la cama?
RUBÍ: ¿En la cuatro?
WECK: No importa. Gracias. No creo que
use la cama. (Toma sus valijas y sale).
HILDA: No hay ninguna necesidad de que
te hagas notar. Decíme dónde está
Günter.
RUBÍ: Qué sé yo.
HILDA: Muy bien. Lo voy a esperar aquí.
Haciéndome la tonta.
RUBÍ: Eso es problema tuyo. ¿Será verdad
que viene de Praga?
HILDA: No sé qué puede verte.
RUBÍ: Preguntáselo a él.
HILDA: ¡No te das cuenta de que soy tu
madre!
RUBÍ: Lo digo en serio. Yo tampoco entiendo
a Günter. Si viene de Praga debe ser
por algo. Me voy a ir, de una vez por todas.
HILDA: Después de lo que hicimos... ¿A
dónde te irías, desgraciada?
RUBÍ: A Praga.
HILDA: Estás loca. Además de ser un bicho,
estás loca sin retorno.
RUBÍ: ¿Qué traía en las valijas?
HILDA: No me dio tiempo de revisarlas.
Llamá a tu padre, por favor.
RUBÍ: No es mi... ¡Basta! ¡No podemos seguir
con esta farsa! Estás enferma.
HILDA: Llamálo.
(Quedan quietas un momento)
HILDA: Si por lo menos tuvieras algún
encanto... lo entendería. Una madre
siempre se enorgullece de una hija que
sabe enamorar a los hombres. Pero sos
una desgraciada. Eso lo has heredado
de tu padre, seguramente no de mí.
Llamálo.
RUBÍ: (Tranquilizándola) Ya va a venir.
HILDA: ¿Cómo lo sabés?
RUBÍ: Se estaba vistiendo.
HILDA: Me das pena.
RUBÍ: En la cuatro.
HILDA: ¡Claro, y que reviente todo, y quedémonos
sin clientes, y comamos de ahora
en adelante lo que nos den en la caridad!
RUBÍ: Hace tiempo que nos quedamos sin
clientes.
HILDA: Andá a sacarlo de ahí. Necesitamos
la habitación.
RUBÍ: Andá vos.
HILDA: Sabés muy bien que no puedo pasar
el escalón. (RUBI empalidece, y susurra
monosílabos ininteligibles.) ¿Qué
pasa? Mi amor, ¿qué pasa? ¿Dije algo que
te lastimó, de algún modo...?
RUBÍ: Tuve una visión.
HILDA: ¿Otra vez?
RUBÍ: Una visión... Era...
HILDA: ¿Como cuando papá...? Arrodillémonos,
arrodillémonos... (Quedan quietas
un momento) Bueno, ¿qué era?
RUBÍ: No sé... una cruz, al final de un camino...
algo... que va a pasar... que nos
va a pasar a todos...
(Entra Mansilla. Es un general alemán.
Puede ser que luzca un uniforme con
svástica. Las mujeres lo observan. Apagón.)
VI
Weck toma su desayuno en una mesa. A
su lado está sentada Rubí, que insiste
en no demostrar ningún encanto. Entra
Hilda en su silla de ruedas, empujada
por Mansilla.
HILDA: He tenido una idea genial. Estoy
obsesionada con esto. A ver qué les parece.
No puedo dejar de pensar que estos
manjares campestres que comemos
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 14
con tanto apetito serán en pocos momentos
una bola maloliente en el estómago.
Es así, todo se pudre, lo que permite que
la vida fluya tiene necesariamente mal
olor. ¿Sabe, querido Mansilla, a qué distancia
de usted está el interior de mi estómago,
por ejemplo? Se sorprendería.
Qué delgada y qué eficaz es la piel, que
todo lo cubre y nos hace ver hermosos.
No puedo dejar de pensar en eso, en la
podredumbre, tan cerca y a la vez tan
escondida. Y por fuera todo huele a rosas.
Tendrá que ver los rosales en primavera,
coronel Mansilla.
MANSILLA: Debe ser un gran jardín.
HILDA: (A Rubí) El coronel no quiere creer
la cantidad de turistas que paran aquí
en el verano. Va a tener que volver a visitarnos.
MANSILLA: El general.
HILDA: Sí, el general. Sin embargo, los rosales
no son gran cosa al lado de mi flor
favorita. ¿Ya ha visto que ojos tiene?
MANSILLA: Deliciosos.
HILDA: Son un calco de los míos, más jóvenes,
por supuesto. Ven más lejos. Es
una lástima que no pueda quedarse más
tiempo. El coronel Mansilla ha hecho un
descanso en medio de una misión muy
importante. Bueno, al menos muy importante
para ustedes los alemanes.
MANSILLA: Para los alemanes sí, pero no
más que para ustedes los checos. La resistencia
tiñe de sangre a unos y a otros,
a nuestra querida gran patria.
RUBÍ: Se enfría.
HILDA: El desayuno, por supuesto. Ahora,
mientras huela a campo. Desayunemos
todos juntos, locamente, un desayuno
loco, tres checos y un alemán de nombre
Mansilla. Me hace acordar a ese cuento
campesino en el que... Supongo que ya
ha conocido al señor Weck.
MANSILLA: No, es siempre un placer.
WECK: El placer es mío.
HILDA: ¿Cómo ha dormido, Weck? ¿Le gusta
la habitación?
WECK: Sí.
HILDA: Más tarde le presentaré a mi marido.
Günter adora esa habi...
WECK: Ya nos conocimos.
(RUBI deja caer una taza y se va, fastidiada.)
HILDA: ¡Y la manteca de campo! Tiene un
perfume tan de la región. En este cuento
campesino hay cuatro personas sentadas
alrededor de una mesa... ¿A qué hora
se va?
MANSILLA: Al mediodía, a más tardar. Tengo
que volver pronto a Praga.
HILDA: Y sí, es una ciudad convulsionada.
¡Rubí! Habrá salido a buscar más manteca.
¡Günter, querido! Quizás necesiten,
necesite ayuda. Si me disculpan... (Sale
tan rápido como le permiten sus ruedas).
MANSILLA: No entiendo por qué lo está
haciendo.
WECK: No importa que lo entienda. Basta
con que se memorice estos datos.
MANSILLA: Voy a tomar nota.
WECK: Como quiera. Es la casa de rejas
negras, justo al lado de la florería. ¿Conoce
la calle?
MANSILLA: Sí. ¿Por qué no me dice su nombre
real? El Führer le estará muy agradecido
por el servicio que presta a su país.
WECK: ¿El país de quién? Weck es mi nombre
real. No me importa decírselo.
MANSILLA: Entonces a mí no me importa
anotarlo.
WECK: Sepa una única cosa: no me impresiona
en lo más mínimo.
MANSILLA: No puedo decir lo mismo.
WECK: ¿Probó esta manteca?
VII
RUBÍ: No me importaría compartirte con
las otras.
WECK: Creo que a ellas sí les importaría.
RUBÍ: Por favor, lleváme.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 15
WECK: No quiero que te maltraten.
RUBÍ: Quiero irme de acá.
WECK: Bueno, andáte.
RUBÍ: Trabajaría, como las otras.
WECK: Ellas no trabajan para mí. Lo hacen
porque les gusta, y se ganan algún
dinero.
RUBÍ: Yo haría lo mismo, siempre que estuviéramos
juntos.
WECK: No va a poder ser.
RUBÍ: No me importa que no me quieras.
Es más, me conviene.
WECK: ¿Cómo es eso?
RUBÍ: Günter me persigue, me desviste, me
ama, a su manera. Y yo no lo puedo soportar.
Mi madre lo sabe, y quiere verme
muerta. Qué puede importarme a mí todo
esto.
WECK: ¿Y a mí?
RUBÍ: Mejor, mejor es que no te importe.
El mundo andaría mucho mejor si a nadie
le importara nada de nadie.
WECK: Pero yo te importo.
RUBÍ: A mi manera.
WECK: Eso no es halagador.
RUBÍ: El ladrido de un perro no es halagador,
ni siquiera cuando el perro se lo propone.
WECK: Sí, sos fea.
RUBÍ: Mucho.
WECK: Cualquier hombre pagaría bastante
por una mujer así. Europa es atroz.
RUBÍ: No soy una mujer, soy una chica.
WECK: ¿Cuántos años tenés?
(RUBI no contesta.)
WECK: Hacé la valija.
(RUBI se acerca suavemente y lo besa. Luego
va hacia su habitación. WECK toma
una de las valijas del piso para salir.
Toma la otra, que se abre súbitamente.
De su interior sale un acordeón. Apagón.)
VIII
Weck de nuevo frente al Mendigo. La música
deforme del acordeón sale del
parlantito que el Mendigo sostiene en la
mano.
MENDIGO: Y les digo más: puedo dar doscientos
treinta y cinco por él, si me lo
devuelven. Y agradezco a Dios. Los buenos
vecinos pagan de alguna manera sus
culpas. Ya tengo doscientos treinta y cinco.
No me enojo con ellos. Son vecinos
buenos, cansados. Trabajan para los alemanes;
votaron por ellos. Y lo volverían
a hacer. Ven morir a la gente sin tener
tiempo de contarla. Alguien tiene qué
saber dónde está. Alguien me lo va a devolver.
WECK: ¿Cómo era?
MENDIGO: ¿Usted lo vio? Yo soy ciego.
¿Qué le puedo decir?
WECK: Quizás tendría que enojarse con
Dios, o con los buenos vecinos.
MENDIGO: No podría. Son gente tan cansada.
WECK: Alguno de ellos le robó el acordeón.
MENDIGO: Es cierto. Pero con ése tampoco
estoy enojado. Tarde o temprano me
lo va a devolver.
WECK: Veremos.
MENDIGO: Yo los conozco.
WECK: ¿Podría perdonarlo?
MENDIGO: Tengo ese derecho, sí. No; espere.
No se vaya. Quiero decir que sólo
yo puedo perdonarlo por el robo. Nadie
más. Me corresponde a mí. Yo puedo
hacer visible al ladrón, yo puedo.
WECK: ¿Eso lo hace sentirse bien?
MENDIGO: No contesto a eso. ¿Por qué me
pregunta? ¿Usted quién es?
WECK: Nadie. (Pausa)
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 16
MENDIGO: ¿Se fue? (Weck no contesta) Así
que si alguien lo vio, acuérdese de este
pobre ciego, que tuvo que enterrar ya a su
única hijita, en una parcela de tierra húmeda
que nunca pudo ver y a la cual le es
imposible regresar. Porque no sé dónde
queda. Porque me he desorientado.
WECK: Todavía estoy acá.
MENDIGO: Ya lo sé.
WECK: Me vi involucrado en una situación
límite. La madre quería matar a la hija,
porque su padrastro se había enamorado
de ella. La madre estaba postrada en
una silla de ruedas, la hija sólo quería
huir. No sé cómo vine yo a meterme con
esto, pero el padrastro mató a la vieja
empujándola al lago. La hija quiso salvarla
y se tiró detrás. No me explico por
qué. Günter, el padrastro, enloqueció. Me
pidió que le disparara. Me obligó a apretar
el gatillo. Me obligó.
MENDIGO: No tenía que meterse. Yo no me
meto con nadie. (Weck sale y camina
hacia el espacio de la próxima escena.)
Lo siento. No me corresponde a mí opinar
sobre ese crimen. He visto cosas
mucho peores, es decir, las he visto con
estos ojos ciegos. Sólo hay un hombre al
que podré perdonar. Es mi derecho. Lo
estoy esperando. A que vuelva con mi
acordeón. Uno solo.
IX
Adolf y Weck, sentados a la mesa.
WECK: Me hice notar estúpidamente. Me
incliné ante el pedido del hombre, sentí
que debía hacerlo. No quiero esto.
ADOLF: Pobre Weck. La conciencia es algo
que no se ve.
WECK: No sé. Pensaba lo mismo.
ADOLF: ¿Por qué te fuiste?
WECK: ¿Qué?
ADOLF: Después de lo del tren. (Weck no
contesta) ¿Por qué? Sonó el tercer silbato,
y no avisaste a nadie... No sabíamos
nada. Pensamos que también habías caído.
WECK: ¿También?
ADOLF: Alguien los puso sobre aviso. Tuvimos
que escaparnos.
WECK: ¿Bruno? ¿Dónde están ahora?
ADOLF: Algunos vinimos para acá... Pensamos
que la calle de la florería sigue
siendo la más discreta.
WECK: ¿Dónde está mi hermana?
ADOLF: Pensé que ya lo sabrías. Lo mejor
es irse. A Hungría.
WECK: ¿Qué le pasó?
ADOLF: De Bruno tampoco supe nada.
Dorita se salvó.
WECK: Peor para ella.
ADOLF: La despreciás.
WECK: La desprecio porque me ama en serio.
No le importa lo que yo haga, ni que
yo pueda ser un asesino, o un traidor.
Igual me ama. Es un ser despreciable.
ADOLF: Todos lo somos, de alguna manera.
WECK: Hablemos de eso.
ADOLF: Sabés que no es posible. No es
posible hablar de eso. A mí a veces también
me gustaría.
WECK: Es necesario, dadas las circunstancias.
No voy a seguir adelante hasta que
no hablemos. ¿Tiene sentido todo esto?
¿Se puede ser invisible cuando nadie ve
a nadie, cuando todos están ciegos? Entiendo.
Nos callamos. ¿Dónde vieron a
Trauma por última vez?
ADOLF: Tu hermana no pudo... no escapó.
O no quiso, no sé.
WECK: ¿Entonces?
ADOLF: Pensé que ya lo sabías. Está muerta.
(Pausa) Fuiste vos, ¿no es cierto?
WECK: (Niega con la cabeza) Bruno. Supongo.
No voy a seguir adelante. Quiero
ver a Dorita.
ADOLF: Quizás no volvamos a vernos,
Weck.
WECK: Error. Nunca nos hemos visto.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 17
X
Un cuartel nazi. Mansilla sirve unos tragos
en unos vasos rotos. Trauma está tirada
en el piso. Weck parado, las manos en
los bolsillos del sobretodo. A su lado, el
estuche del acordeón.
MANSILLA: Supongo que nos dieron nombres
falsos. Adolf, Bruno, Dorita, Trauma..
(Lee de la libreta de Dorita) “Voy
desnuda / y te beso bajo el muérdago.
Soy como el trigo / huérfano / y sin mácula.”
Todos nombres falsos. ¿Por qué no
me dice su nombre verdadero?
WECK: Weck.
MANSILLA: Puede ser. (Sirve el vino) He pensado
tanto en todos ustedes. Adolf, Bruno…
¡Cómo me aburro! Sírvase. (Le da uno
de los vasos) ¿Cómo, no le gusta? Es un
vino del Rhin, una exquisitez alemana.
WECK: Entonces sí.
MANSILLA: Ahí la tiene. Vea cómo duerme.
¿Es su hermana?
WECK: Sí.
MANSILLA: ¿Tendré que creerle?
WECK: No sé.
MANSILLA: Lo noto cambiado.
WECK: He cambiado. ¿No estará muerta?
MANSILLA: ¿No irá a echarse atrás, verdad?
WECK: No sé.
MANSILLA: ¿No estará guardando un arma
bajo el abrigo? ¿No estará esperando el
momento adecuado para matarme?
WECK: Me registraron.
MANSILLA: Claro, qué estúpido. Qué vino
tan dulce. ¿Sabe cómo se conocen las
uvas para este vino?
WECK: No.
MANSILLA: Lástima. ¿Vino a ver si era cierto?
Supongo que sí. Ahí la tiene.
WECK: ¿Cuánto hace que duerme?
MANSILLA: ¡Qué sé yo! ¡Qué pregunta estúpida!
¿Otro vasito? Como comprenderá,
ahora no puedo dejarlo ir. Mis superiores
hacen preguntas. Preguntas a las
que no puedo contestar solo.
WECK: Entiendo.
MANSILLA: Mire, Weck… Cuando entramos
en Praga las posibilidades de hacer el mal
eran… ¿No tendrá una bomba en ese estuche?
WECK: Tiene miedo.
MANSILLA: No. Deje, deje, no es necesario
que lo abra. ¿Toca música?
WECK: No.
MANSILLA: Bien. Hacen preguntas complejas.
¿Y para qué tiene un instrumento si
no toca música?
WECK: ¿Qué le preguntan?
MANSILLA: Quieren saber quiénes eran los
diez impostores que murieron en el atentado
de la estación.
WECK: ¿Cómo? ¿No eran de los suyos?
MANSILLA: No sé. También quieren saber
si es uno de ellos.
WECK: ¿Y usted qué les dice?
MANSILLA: Usted me dirá qué les digo.
WECK: Dígales la verdad: que ellos son invisibles.
Y que usted me ha visto. Por lo
tanto, no puedo ser uno de ellos.
MANSILLA: (Ríe) Perfecto. Eso puede llegar
a funcionar.
WECK: También puede ayudar esto. (Saca
un dinero del estuche)
MANSILLA: ¿Cuánto hay?
WECK: Doscientos treinta y cinco.
MANSILLA: No es mucho, ¿verdad?
WECK: Depende para quién.
MANSILLA: ¿En serio piensa que lo voy a
dejar ir? Voy a serle franco. Praga es un
problema muy menor. Nos divierte más
de lo que nos preocupa. Los checos se
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 18
adaptan fácilmente a nosotros. Ni siquiera
hubo guerra. Hubo referendum. La
resistencia es, permítame usar sus palabras,
invisible. Los muertos no son
tantos como se calcula que habrá mañana
cuando entremos en Polonia. Y
esto es un pequeño secreto a gritos. Qué
sé yo. ¿A qué vino? ¿A que lo castiguen?
¿O a que lo perdonen? (Silencio) Usted
me da miedo, lo confieso. (Saca un arma
y apunta a Weck, que no se inmuta.
Apagón.)
XI
DORITA: (Hace unas señas extrañas con
las manos a Adolf.) No es seguro quedarse
acá. Ya deben haber averiguado la
dirección.
ADOLF: Es posible.
DORITA: Hoy mismo me voy.
ADOLF: Está bien. Deben haberlo matado.
DORITA: Ya sé.
ADOLF: Una vez me pidió algo muy propio
de él. Me dijo: si ella insistiera en amarme
a pesar de todo, la mataría sin dudar.
Te despreciaba. No podía soportar
que lo quisieras, porque él se veía a sí
mismo como un monstruo.
DORITA: No sé si lo quise. Fue bueno conmigo,
cuando lo conocí. Me trataba diferente
de las demás. Sé que siguió teniendo
muchas, pero se las arregló para que
yo creyera que era la única. Quizás fui la
única. A lo mejor sí, a lo mejor creyó que
lo amaba en serio.
ADOLF: ¿A dónde vas a ir?
DORITA: ¿Dónde seré más invisible?
ADOLF: En Berlín.
DORITA: En Berlín. ¿Cómo lo supiste?
ADOLF: ¿Vas a irte solita? Está bien, no
contestes si no querés. Puedo imaginar
el resto yo solo.
DORITA: ¿Lo decís por Bruno?
ADOLF: Claro.
DORITA: ¿Cuánto hace que lo sabés?
ADOLF: Mucho.
DORITA: (Ríe) Estamos todos un poco locos.
Es normal. Tomamos el tren de la
tarde para el norte.
ADOLF: ¿Lo querés?
DORITA: Me trata bien. Hizo arreglos para
nosotros en Berlín.
ADOLF: (Pone su arma sobre la mesa) Qué
curioso es todo. Weck me había pedido
que te matara yo mismo. En otras circunstancias,
está claro.
DORITA: (Prende un cigarrillo) En otras circunstancias.
ADOLF: Pero es al revés. Es decir, los motivos
son al revés. Ahora me es claro. Era
él el que te amaba. No podía soportar que
te fueras con el otro. ¿Cómo lo supo?
DORITA: Bruno le contó.
ADOLF: ¿Por qué?
DORITA: Hace tiempo que ya no pregunto
por qué se hacen las cosas en este país.
Supongo que son grandes amigos. Y le
contó.
ADOLF: ¿Por eso se fue?
DORITA: No sé. Yo no sé nada. Soy una
tonta que ríe. (Pausa) Esos discos te los
voy a dejar.
ADOLF: ¿Ah, sí? (Patea los discos)
DORITA: Éstos también te los voy a dejar.
(Adolf arroja con furia los discos que
Dorita le señala) Quizás no volvamos a
vernos, Adolf.
ADOLF: Nunca nos hemos visto. (Levanta
el arma). Weck también me contó lo de
ustedes, lo de los arreglos en Berlín. Voy
a tener que cumplir sus instrucciones,
Dorita. (Entra Bruno, intempestivamente).
DORITA: ¡Bruno, por fin, está loco!
BRUNO: (Sacando a su vez un arma) Vamos
a tranquilizarnos. (Adolf guarda el
arma. Bruno lo imita, más lentamente.)
Ya escuché todo.
DORITA: ¿Nos tomamos un té?
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 19
ADOLF: Por mí...
DORITA: ¡Cómo me puse! Sigo siendo una
tonta. Voy a poner el agua. (Sale)
BRUNO: ¿Ya te lo contó?
ADOLF: No todo.
BRUNO: Nos vamos a Berlín. En el tren.
ADOLF: Sí.
BRUNO: ¿Se sabe algo de Weck?
ADOLF: Nada. Quiso ir a llevarse el cuerpo
de su hermana.
BRUNO: A esta hora ya debe habernos delatado
a todos.
ADOLF: Puede ser. No creo.
DORITA: (Desde afuera) ¿Cuántas de azúcar?
BRUNO: ¡Dos! La casa de acá al lado... ¿Sigue
vacía?
ADOLF: Supongo.
BRUNO: ¿Qué hizo Weck con los cuerpos?
ADOLF: No sé.
DORITA: Alcanzó el agua para uno sólo.
BRUNO: (Sacando el arma y apuntándola
repentinamente) No importa. Vos no vas
a tomar nada.
DORITA: ¿Bruno, qué pasa?
BRUNO: Dejá la taza.
DORITA: Pero...
BRUNO: Dejá la taza.
DORITA: Adolf, ¿qué pasó? Si estaba todo
tan bien...
BRUNO: La taza.
(DORITA obedece)
BRUNO: Ordenes de Weck.
DORITA: ¿Cómo?
BRUNO: Pobre Dorita. Nombre de animalito
pequeño, o de nena que va al jardín.
Dorita. La delatora, la traidora. La amante
doble. Vas a morir sin haber entendido
nada. Como todos nosotros, claro está.
(Sobreviene el apagón. Se perciben algunos
movimientos bruscos. Finalmente
suena el disparo).
XII
Rubí e Hilda en el tren a Praga.
HILDA: Ah, el viento fresco de la campiña...
¡Cómo vamos a extrañar todo esto
en la ciudad!
RUBI: No hubieras venido. Cerrá esa ventana.
HILDA: Tonta. Te podrías haber puesto una
blusa más... algo más...
RUBI: Ésta está bien.
HILDA: Sos una infeliz, algo que nunca me
pasará a mí. Estoy cambiando, recuperando
el tiempo perdido en ese campo.
RUBI: ¿No te arrepentís de nada?
HILDA: ¿De qué voy a arrepentirme?
RUBI: Vos sabrás. ¿Y si encuentran el cuerpo?
HILDA: Basta. Una guerra es el momento
más indicado para encontrar un cuerpo
flotando en el lago.
RUBI: Dos cuerpos.
HILDA: Basta. No te olvides que no lo hice
sola, y que sos una rata. No pierdo oportunidad
de recordártelo. Me siento bien,
joven. Algo va a cambiar. Hija, Rubí, joya
de mami.
(RUBI tiene unas convulsiones)
RUBI: La carne... que es débil, se deja hacer...
HILDA: ¿Qué... qué pasa?
MANSILLA: (Escoltado por Adolf y Dorita,
en la estación de trenes. Dorita está ridículamente
vestida con un disfraz con
trenzas. Adolf le alcanza a Mansilla el
discurso que se supone deberá leer) Primero
de septiembre. Las tropas alemanas
entran en Polonia.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 20
RUBI: Una bestia... de fuego...
MANSILLA: Empieza la guerra.
RUBI: En el cruce de Europa... el toro penetra
con su cuerno la vagina de Europa...
la vagina de chapa.
MANSILLA: Dios tuvo que ver con todo esto.
RUBI: Bajo la cruz... una bestia de fuego
silbando en los rieles de Europa... Mamá,
cuando nos muramos no va a quedar
nada.
MANSILLA: Señores, ese consejo de guerra
que me espera en Berlín...
RUBI: La cruz...
(El tren se oscurece. Se ilumina la estación
de la escena IV. Un gran semáforo de
señales ferroviarias. Se trata de un poste
de hierro con un brazo móvil; se trata
de una cruz.)
XIII
MANSILLA: Ese consejo de guerra va a oír
algo increíble. (Lee el papel que le ha
pasado Adolf) “Ah, Praga, tal vez la imagen
estoica de esta estación embanderinada,
y allí, y allá, y acullá los dorados
trigales cimbreándose desnudos...” Un
momento, por favor. (A Adolf) ¿Qué es
esto? ¿Quién escribió esta...? (Sigue, al
pueblo), “...estos raídos júbilos de despedida
sean quizás lo último que veré
en este país tan... al sur.” (Arroja el discurso
que le ha escrito Dorita, y continúa,
progresivamente enfervorecido)
¡Cómo han cambiado las cosas, ahora
que Polonia llama! He tenido que matar,
porque alguien debía encarnar la ley,
y la ley mata, por su propia naturaleza.
Pero no hay lugar para la ley en esta
ciudad tan... tan... olvidada de Europa.
Europa, von Jupiter, dem Stier,
vergewaltigt. Hier sind wir, ihr
Einwohner Prags, im Zentrum! In der
Mitte des Schlachthofs...
ADOLF: (Interviene para traducir, notablemente
consternado porque no cree oportuno
que Mansilla hable en alemán).
Bueno, se refiere al mito de la violación
de Europa, en la que Zeus... Aquí en el
centro, Praga...
MANSILLA: ¿Pero quién es más extranjero
aquí? Para el pecado es necesaria la
fe, la certeza de hacer el Mal. Para que
podamos ver la ley con toda su claridad
reveladora es necesario el pecado.
¡Y es necesario que aparezca Dios para
que entendamos la guerra! ¿Pero qué
le diré yo al Führer? Si Dios apareciera
en Praga precisamente en este momento,
ambos bandos lo tendrían por falso,
haga lo que haga. ¡¡No se puede encarnar
el Bien!! Así vuelvo a mi Patria,
harto de mí mismo y de este pueblo
oscuro.
(Adolf intenta dar por terminado el discurso.
Inauguran algo, cortan una cinta,
distraen a Mansilla de su delirio)
MANSILLA: ¿Se entiende por qué dejé ir a
Weck? ¿La noción de “pueblo”, se entiende?
¿Qué gano yo con esto? Que me esperen
en Berlín para dar explicaciones o
fusilarme, quizás y con suerte en presencia
del Führer. Fíjense de qué manera
no me importa. Subiré heroico a ese
tren, quiero morir en la vieja Europa,
morir en guerra contra Polonia, totalmente
vacío de convicciones...
(Todos en la estación aplauden: el Mendigo,
Rubí, Hilda -que agita banderitas- Dorita
y Adolf. Mansilla despliega con gran esfuerzo
unas enormes banderas nazis).
TRAUMA: (Que ingresa arrastrando a Weck
hacia afuera) No es necesario que lo hagas.
WECK: Es el momento indicado, frente a
toda esta gente. Voy a hacerlo igual.
RUBI: Mamá, cuánta gente. Cuántas banderas
de colores.
HILDA: (Ríe) ¡Acá en Praga voy a recuperar
todos los años perdidos! ¡Qué ímpetu
loco, qué oportunidad! Es como si alguien
nos regalara otra vida.
TRAUMA: Si no querés no lo hagas.
WECK: No quiero hacerlo.
TRAUMA: Jesús lo hizo. Se entregó al enemigo,
se hizo notar, predicó, todo eso.
WECK: Yo también prediqué. Ahora, predico.
(Apunta a MANSILLA).
TRAUMA: Bueno. Nadie entendió nada.
Todos mintieron. Volvamos a casa.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 21
RUBI: Mamá, ¿nosotras en qué creemos?
MANSILLA: No diré nada más. Ni a favor,
ni en contra. Ni una sola palabra.
(WECK dispara sobre Mansilla. Griterio y
confusión)
TRAUMA: Quizás yo pueda ayudarte a dormir
un poco.
(La mata de un segundo tiro. Griterío. Weck
mata a todos.)
(Mientras la luz va desapareciendo, en off,
se superponen unas radios lejanas y mal
sintonizadas, mientras Weck se sienta,
ausente, en medio de la masacre:
LOCUTOR 1: “Bueno, esto es una carnicería.
El mito de la violación de Europa justamente
instala, para los griegos...”
LOCUTOR 2: “...curioso experimento en el
que dos trenes lanzados en direcciones
opuestas, uno contra otro...”
LOCUTOR 3: “...el despliegue de los ejércitos
de Hitler sobre el Corredor de
Danzig...”
LOCUTOR 2: “...porque si en nuestra percepción
incorporamos la idea de sucesión,
y por lo tanto la idea de FINAL...”
LOCUTOR 3: “Cabe esperar que Europa no
tardara en reaccionar a esta entrada sobre
Polonia que...”
LOCUTOR 2: “...la idea de final instala la
noción de un JUICIO, y al final siempre
está el Apocalipsis...”)
RUBI: (Su voz es clara en medio de la oscuridad)
Es una cruz, al final de un camino,
mamá... Ahora lo veo... El tiempo retrocede,
todo vuelve a pasar, mamá, qué
raro es el tiempo.
PUNTO DE INFLEXION
EL TIEMPO RETROCEDE
XIV
Weck y Mansilla en posición idéntica a la
escena X. Trauma en el piso; el rostro
está quizás manchado de sangre.
MANSILLA: No creo que haya sufrido. Un
poco sí, quizás. Puede ser que me haya
puesto un poco nervioso y la haya lastimado...
no quiso probar el vino del Rhin.
(Le muestra un vaso de vidrio roto.) ¿Sabe
cómo se conocen las uvas para este vino?
¿Para qué vino?
WECK: ¿Para ése?
MANSILLA: ¿Éste? ¿A qué vino?
WECK: No tengo ni idea. Supongo que se
eligen las más maduras.
MANSILLA: No, no, ¿para qué vino?
WECK: Era mi hermana.
MANSILLA: No sé si creerle. Los demás escaparon.
WECK: Tenía que saber si estaba muerta.
MANSILLA: (Silencio. Luego, a Trauma)
¡Trauma! (Trauma despierta y va hacia
él) Mach dir keine Sorgen. (Trauma besa
a Mansilla en la boca.) Weck ist hier.
TRAUMA: Na klar. Ich sehe schon. Buenos
días, Weck.
WECK: Hola.
TRAUMA: Los dejo solos (Sale, pero vuelve
a entrar rápidamente y se sienta.)
MANSILLA: ¿Cómo voy a hacer para dejarlo
ir?
WECK: No veo el problema. Nadie me conoce,
salvo usted, Mansilla.
MANSILLA: Sí, sí, ya sé... Quiero decir, van
a sospechar...
WECK: Para nada. Yo mismo llegué hasta
acá. ¿Pensarán que soy tan estúpido de
ir a meterme en la boca del enemigo?
MANSILLA: No, claro. No es tan estúpido.
Ni siquiera sabe de quién es enemigo.
WECK: Muy bien. ¿Puedo llevármela... llevarla?
MANSILLA: No.
WECK: ¿Por qué no?
MANSILLA: ¿Qué más quiere? ¿Que el
Führer lo condecore?
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 22
WECK: No, eso lo hemos reservado para el
buen Mansi... ¿De verdad se llama
Mansilla?
MANSILLA: (A Trauma) Es la primera vez
que lo veo interesarse por algo. (A Weck)
Tengo que saber qué les voy a decir sobre
usted.
WECK: Yo soy invisible, nadie me ha visto.
Dígales que Trauma era la cabeza organizada
de la resistencia checa.
(Trauma y Mansilla ríen e intercambian
algunas palabras en alemán, a las que
Weck asiste agobiado y atónito).
MANSILLA: Sería más fácil matarlo ahora.
WECK: Sí, no gana ni pierde nada. Pero si
me deja ir todavía puedo entregarle a los
otros. A Bruno, Adolf, Dorita...
MANSILLA: Está bien. Salga discretamente.
No hable con los guardias, en ningún
idioma. Y cuando llegue a la calle desaparezca.
WECK: Es lo que tenía pensado. (Pausa)
Algo más: si las cosas se complican, dígales
que soy el hijo de Dios. Dígales que
el Dios de los judíos se presentó ante
usted, pero que no le dio ningún mensaje
importante.
MANSILLA: Esa sí que es buena. Ya quiero
yo explicarle eso a un consejo de guerra.
WECK: Es una idea que puede funcionar.
MANSILLA: (Riendo) ¡Puedo agregar que
hizo milagros, que tocó el acordeón, y que
se iluminó Praga con el relámpago divino!
WECK: (Pensativo, mirando el estuche del
ciego) No. Pero puede decirles esto. (Murmura
algo en hebreo)
MANSILLA: (Riendo) Váyase. Desaparezca.
WECK: (Sigue murmurando algo en hebreo.
Recoge el estuche del acordeón. Un relámpago
súbito ilumina la escena; el ruido
de un único trueno, como un disparo.
Luego, apagón.)
XV
Bruno, Dorita y Adolf en las posiciones en
que terminaran en la escena XI.
El trueno de la escena anterior ha sido el
disparo del revólver de Adolf. Bruno tiene
los ojos enormemente abiertos. Luego
cae al piso, muerto.
ADOLF: Traé las valijas.
DORITA: Pensé que no iba a entrar más.
ADOLF: No hay que perder tiempo. Los alemanes
pueden encontrarnos antes de tiempo.
Vamos, Mansilla nos espera. Hay que
disfrazarse, nos va a hacer subir al tren.
DORITA: ¿Puedo ponerme un traje de
trenzuda?... Escuchó todo atrás de la
puerta, y no fue capaz de entrar antes.
Este es el que más gozaba de verme sufrir.
ADOLF: (Tiernamente) No seas injusta.
Todos gozamos bastante viéndote sufrir.
DORITA: (Boba) Loco. ¿Mansilla también
viaja a Berlín?
ADOLF: No creo. Ya lo transferirán dentro
de unos días, para condecorarlo. Es posible
que lo manden a Polonia.
DORITA: En Berlín quiero un departamento
luminoso, amplio.
ADOLF: No conviene que nos hagamos notar.
Por lo menos por un tiempo.
DORITA: Siempre quise vivir en Berlín. ¿Por
qué no conviene? ¿Somos... judíos, acaso?
Qué tonta. Digo, ¿quién es judío?
¿Polonia es judía?
ADOLF: Weck nunca te habría llevado.
DORITA: ¿A Berlín? Puede ser. Lo voy a
extrañar. Pero no te pongas celoso. Soy
así, un poco puta. (Toma unas valijas y
va a salir) Bruno era bueno. Era honesto.
Es el único que creyó en algo. Iba a
matarme, se dio cuenta de todo. ¿Oís?
Todavía está vivo. Parece que quiere hablar.
ADOLF: Andá saliendo. Yo me encargo.
DORITA: No, quiere decir algo. ¿Qué es
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 23
Bruno, qué es? Quiere decir algo, no estoy
soñando. Hay que escucharlo. Yo diría
también alguna cosa, pero estoy extraviada.
No tendría ningún sentido. ¡Por
favor, hablá, qué es? (Dorita lo sacude,
desesperada. Presa del llanto.) ¿Qué es?
¡Alguien tiene que decir algo que valga la
pena! ¿Qué es? (Apagón)
XVI
Frau Vogel y Herr Vogel sentados en el living
de su casa. Ella bastante más asustada
que él. Entra Mansilla desde el interior
de la casa.
HERR VOGEL: Como podrá ver, no hay
nadie.
FRAU VOGEL: Nosotros no tenemos nada
que ocultar.
MANSILLA: ¿Por qué dijo eso?
FRAU VOGEL: Me pareció adecuado.
MANSILLA: Sin embargo, ésta es la calle
de la florería y ésta es la única casa con
reja negra.
HERR VOGEL: En eso se equivoca.
FRAU VOGEL: La casita de al lado es idéntica
a ésta. Ahí sí que hay gente muy
ruidosa.
MANSILLA: ¿Qué quiere decir?
FRAU VOGEL: Nada. Eso. Gente muy extraña.
Y una escucha, a través de las
paredes.
MANSILLA: Mis datos fueron precisos: la
casa de rejas negras.
HERR VOGEL: Y su informante... ¿es
confiable?
MANSILLA: Supongo que sí. No. No lo es.
FRAU VOGEL: ¿Por qué no se fija entonces
en la casa de al lado, mientras yo les preparo
un café a sus hombres?
MANSILLA: Muy bien. No salgan de la casa.
Puede haber incidentes. (Va a salir y regresa.
A Herr Vogel.) ¿Dónde nos vimos
antes?
HERR VOGEL: ¿Antes?
MANSILLA: Sé que nos hemos visto antes.
Dígame dónde.
HERR VOGEL: ¿Antes de qué?
MANSILLA: No salgan de la casa.
Sale. Se oyen algunas instrucciones en alemán.
Pasos en la calle. Luego silencio.
FRAU VOGEL: Ya está. Los despistamos.
HERR VOGEL: Saquémonos estos disfraces.
FRAU VOGEL: ¿Estás loco, Weck? Todavía
pueden volver. Voy a preparar el café.
HERR VOGEL: Entonces Bruno finalmente
les dio nuestra dirección a los alemanes.
FRAU VOGEL: Supongo. No sé por qué desapareciste
después del atentado en la
estación. No te importó lo que pudiera
pasar conmigo.
HERR VOGEL: Adolf sabe cuidar de los dos.
(Silencio de Frau Vogel).
FRAU VOGEL: No sabíamos dónde estabas.
HERR VOGEL: Calláte.
FRAU VOGEL: Pensamos,... pensé... que
quizás estabas muerto.
HERR VOGEL: Te hubiera gustado.
FRAU VOGEL: ¿Por qué me tratás así?
HERR VOGEL: Andá a hacer el café.
FRAU VOGEL: Todos creen que soy una estúpida,
y que entonces me pueden tratar
como a un perro. Ya verán que no es así.
MANSILLA: Muy bien, tenían razón.
FRAU VOGEL: ¿Era la casa de al lado?
MANSILLA: Sí. ¿De cuál me habla? Hay dos
casas al lado. En una encontramos esto.
(Le muestra la tarjeta de Navidad) ¿Se
refiere a esa casa?
FRAU VOGEL: Sí.
MANSILLA: ¿Por qué?
FRAU VOGEL: ¿Por qué, qué?
MANSILLA: ¿Reconoce esta tarjeta?
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 24
FRAU VOGEL: ¿Esa tarjeta...?
MANSILLA: Está dirigida a Frau Vogel. ¿Es
usted, no?
FRAU VOGEL: No...
MANSILLA: Antes me dijo que sí.
HERR VOGEL: Mi apellido es Vogel.
FRAU VOGEL: Sí. Yo casi nunca uso el de
casada.
MANSILLA: ¿Por qué?
FRAU VOGEL: Bueno... porque... ¿Qué tiene
que ver?
MANSILLA: ¿Qué hacía esto en la casa de
al lado?
FRAU VOGEL: Yo se la regalé a Dorita.
MANSILLA: ¿Conoce su nombre?
FRAU VOGEL: Bueno... Creo, Dorita,
Dorina, algo así. Estuvieron aquí una
tarde, los inquilinos de al lado, tomando
el té. Yo preparé un Guadalupe.
MANSILLA: Y usted les regaló la tarjeta.
FRAU VOGEL: Sí.
MANSILLA: Muy bien. Eso lo explica todo.
No había nadie. Se deben haber separado
después del último atentado. Encontramos
mapas, anotaciones, cosas. ¿Reconoce
esta libreta?
FRAU VOGEL: No, no la conozco.
MANSILLA: Mejor así. No dejen de avisar si
los ven por aquí.
HERR VOGEL: Por supuesto.
MANSILLA: Adiós.
FRAU VOGEL: Un momento. (Pausa) ¿Qué
me dice del café?
MANSILLA: ¿Por qué me ofrece café? ¿Por
qué justamente ahora, ahora que me estoy
yendo?
FRAU VOGEL: Pensé que...
MANSILLA: Hay algo muy sospechoso en
todo esto.
FRAU VOGEL: ¿Sí?
MANSILLA: Sí. Adiós. (Sale)
FRAU VOGEL: ¡Tiene mi libreta!
HERR VOGEL: (Mientras sale al interior de
la casa) ¿Qué habías anotado ahí?
FRAU VOGEL: Tonterías, versos. Tenía versos.
Cosas lindas que fui escribiendo con
el tiempo. Cosas de amor. Puede ser que
hubiera también alguna referencia a
algo... a algo más real, no sé. Algún nombre,
algún nombre de alguien mezclado
con los versos...
WECK: (Entrando por donde ha salido Herr
Vogel, aún cambiándose el saco). ¿De
alguien, quién?
FRAU VOGEL: No sé, no sé. Tenemos que
irnos lejos.
WECK: Sí. Dorita...
FRAU VOGEL: ¿Qué?
WECK: Es muy importante que me digas
algo.
FRAU VOGEL: ¿Qué?
WECK: ¿Alguna vez me quisiste en serio?
FRAU VOGEL: No voy a contestar estupideces.
WECK: Es importante.
FRAU VOGEL: ¿Para quién?
WECK: Por favor.
FRAU VOGEL: No me gusta que pidas por
favor. No me gusta esto. Me voy a cambiar.
(Apagón).
XVII
Weck y Adolf, sentados a la mesa. Podría
ser que estuvieran en posición simétrica
respecto de la Escena IX. Es decir, que si
hubiera elementos escenográficos, éstos
podrían haberse girado 180 grados. Ellos
están sentados al revés, como si toda la
escena se viera en espejo.
ADOLF: ¿Por qué te fuiste? Después de lo
del tren. ¿Por qué? Sonó el tercer silbaDramática
Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 25
to, y no avisaste a nadie... No sabíamos
nada. Algunos vinimos para acá... Pensamos
que la calle de la florería sigue
siendo la más discreta.
WECK: ¿Dónde está mi hermana?
ADOLF: Pensé que ya lo sabrías. Lo mejor
es irse. A Hungría.
WECK: ¿Qué le pasó? Por favor.
ADOLF: De Bruno tampoco supe nada.
WECK: ¿Te molesta que pida por favor?
ADOLF: No.
WECK: Te molesta.
ADOLF: Un poco. Sí, es insoportable. Dorita
se salvó.
WECK: Peor para todos nosotros.
ADOLF: La despreciás.
WECK: No. Soy despreciable.
ADOLF: Todos lo somos, de alguna manera.
WECK: Hablemos de eso.
ADOLF: Sabés que no es posible. No es
posible hablar de eso. A mí a veces también
me gustaría.
WECK: ¿Dónde vieron a Trauma por última
vez?
ADOLF: Tu hermana no pudo... no escapó.
O no quiso, no sé.
WECK: ¿Entonces?
ADOLF: Pensé que ya lo sabías. Está muerta.
(Pausa) Fuiste vos, ¿no es cierto?
WECK: (Niega con la cabeza) Bruno. Supongo.
O vos. No voy a seguir adelante.
Quiero ver a Dorita.
ADOLF: Quizás no volvamos a vernos, Weck.
WECK: Error. Nunca nos hemos visto.
XVIII
Weck de nuevo frente al Mendigo. La música
deforme del acordeón sale del parlantito
que el Mendigo sostiene en la mano.
MENDIGO: Y agradezco a Dios. Los buenos
vecinos pagan de alguna manera sus
culpas. Alguien tiene que saber dónde
está. Alguien me lo va a devolver.
WECK: Quizás tendría que enojarse con
Dios, o con los buenos vecinos.
MENDIGO: No podría. Son gente tan cansada.
WECK: Alguno de ellos le robó el instrumento.
MENDIGO: Es cierto. Pero con ése tampoco
estoy enojado. Tarde o temprano me
lo va a devolver.
WECK: Ahí lo tiene. (Deja el estuche a un
lado del ciego. La música se detiene.)
Supongamos que existe sólo una persona
que es capaz de perdonarme. Supongamos
que yo me he encargado de que
así sea. (Se arrodilla).
MENDIGO: Lo siento. No voy a perdonarlo,
no soy tan estúpido.
WECK: ¿Qué quiere decir?
MENDIGO: Lléveselo. Nunca lo he visto.
WECK: ¡Ahí tiene su acordeón, tiene que
cumplir su promesa!
MENDIGO: (Se saca violentamente los anteojos.
No sabemos si ve) Me tienen harto,
usted y el otro. Son lo mismo.
WECK: ¿Qué otro?
MENDIGO: El que vino antes, el otro. Hizo
exactamente lo mismo. Se encargó de que
todos creyeran en él. O por lo menos algunos.
Pero ya es tarde. Llegó en el momento
incorrecto, y al lugar menos apropiado.
Estamos en el umbral de una guerra.
Yo por mi parte, no lo he visto. No
voy a perdonarlo. Tampoco voy a ser el
que lo castigue. Algún día terminará esta
desgracia. (Prende la música) Así que si
alguien lo vio, acuérdese de este pobre
ciego, que tuvo que enterrar lo único que
tenía en esta tierra, y que se niega a regresar.
Porque no es posible cometer tantas
veces el mismo error. Alguien se ha
desorientado. Díganme ustedes quién.
Weck se lleva el estuche y sale en silencio.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 26
XIX
HILDA: Ahora sí estaremos en paz. Me alegro
que entienda la situación.
WECK: No la entiendo.
HILDA: ¿Por qué nos ayudó a matar a
Günter, entonces?
WECK: Rubí me lo pidió.
HILDA: Pobre hija mía. No podía hacer otra
cosa. Con su padre pasó exactamente lo
mismo. ¡Y yo, aquí, mutiladas mis alitas!
¡Tener que ver cómo esos descarados
abusaban de mi Rubí!
RUBÍ: Puede ser que yo los haya alentado
un poco, mamá.
HILDA: No, criatura, no. No sientas pena,
no digas tonterías. Eran tipos brutos. Sin
malicia, pero muy brutos.
RUBÍ: Vos sos peor, Weck. Consentiste en
matar a un hombre que no te había hecho
nada.
WECK: ¡Vos me lo rogaste!
RUBÍ: No tenías que aceptar.
WECK: ¿Pero qué pasa, ahora?
RUBÍ: No puedo querer a un asesino.
WECK: En todo caso, estamos en la misma.
Ya te habías cargado a tu padre. El
anterior, digo, el verdadero.
RUBÍ: No importa, yo no te estoy pidiendo
que me quieras. No veo por qué es tan
importante que te quiera. Fue vergonzoso
oírte pedir por favor.
WECK: Dijiste que querías venir conmigo a
Praga.
RUBÍ: Lo sigo diciendo. Pero no voy a quererte.
Nunca. No estoy tan loca. (Sale)
HILDA: Es un poco dura, al principio. Espere,
no se vaya. Falta tirar el cuerpo al
lago. Un cuerpo magnífico.
WECK: No cumplió su promesa. Dijo que
iba a quererme si la ayudaba con esto.
HILDA: ¿Qué importancia tiene? Es una
nena tan fea. En Praga no le faltarán
mujeres.
WECK: Necesito que una, por lo menos una,
me quiera.
HILDA: A veces “por lo menos una” es un
número demasiado grande. Imbécil. Asesino.
Me repugna usted, y todo lo suyo.
Gracias por sacarnos ese peso de encima.
¡Ay, Günter, si tan sólo te hubieras
fijado en mí, tal como era el plan! Un
hombre hermoso, Günter, bruto y hermoso,
un cuerpo de hombre yaciendo en
el fondo oscuro del lago.
XX
Weck toma su desayuno en una mesa. A
su lado están sentados Mansilla e Hilda
en su silla de ruedas.
HILDA: La piel, tan delgada, que nos separa
de lo que se pudre dentro del cuerpo.
Y sí, es una ciudad convulsionada. ¡Rubí!
Habrá salido a buscar más manteca.
¡Günter, querido! Quizás necesiten, necesite
ayuda. Si me disculpan... (Sale tan
rápido como le permiten sus ruedas).
MANSILLA: No entiendo por qué lo está
haciendo.
WECK: No importa que lo entienda. Basta
con que se memorice estos datos.
MANSILLA: Voy a tomar nota.
WECK: Como quiera. Es la casa de rejas
negras, justo al lado de la florería. ¿Conoce
la calle?
MANSILLA: Sí. ¿Cómo se llama el cabecilla?
WECK: Adolf.
MANSILLA: ¿Y usted, Weck? ¿Por qué no
me dice su nombre real? El Führer le
estará muy agradecido por el servicio que
presta a su país.
WECK: Weck es mi nombre real. No me
importa decírselo.
MANSILLA: Entonces a mí no me importa
anotarlo.
WECK: No me importa qué piense el Führer.
Además, no creo que su delirio llegue
demasiado lejos.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 27
MANSILLA: Puede ser que se equivoque. Se
avecina una gran guerra, querido Weck.
Una gran guerra que va a ser ganada por
Alemania. Una guerra que va a cambiar
la historia del mundo.
WECK: A mí qué me importa. La historia
del mundo.
XXI
El hotel. Weck acaba de llegar.
HILDA: Es sospechoso. Nada más. Un hombre
que huye de Praga...
WECK: Yo no huyo de Praga...
HILDA: Que huye hacia el campo, y pide
hospedaje en un lugar como éste... Yo no
confiaría en usted. No le creería ni media
palabra.
WECK: ¿Tiene habitación o no?
HILDA: Puede ser. Espere a que venga mi
hija. ¡Rubí! ¡Bajá, querida!
Le advierto que no queremos problemas.
No estamos con ningún bando. Si los alemanes
dicen que ahora los checos somos
alemanes, así será. ¡Qué puede importarle
a una! ¿Usted que piensa?
WECK: ¿Del referendum?
HILDA: ¿Es idiota?
WECK: No sé. Todo es tan complejo. Me
duele tanto la cabeza. Hace tiempo que
no duer...
(Aparece Rubí.)
HILDA: Ah, bajó la princesa. El señor...
WECK: Weck.
HILDA: ...Weck va a ocupar la cuatro.
RUBÍ: ¿Cuál es la cuatro?
HILDA: Boba, la cuatro, al fondo, sobre el
lago. La cuatro, la cuatro. Uno, dos, tres,
cuatro.
RUBÍ: La cuatro. Es ahí al fondo. Tendrá
que tenderse la cama.
WECK: No hay problema. Permiso. (Sale)
HILDA: No hay ninguna necesidad de que
te hagas notar. Decíme dónde está
Günter.
RUBÍ: Qué sé yo.
HILDA: Muy bien. Lo voy a esperar aquí.
Haciéndome la tonta.
RUBÍ: Eso es problema tuyo. ¿Será verdad
que viene de Praga?
HILDA: Ya le echaste el ojo, perra, puta,
lasciva. Monstruo checo.
RUBÍ: Ojalá éste me amara en serio. Ojalá
hubiera alguien que me quisiera. Alguien.
HILDA: Tu madre te quiere.
RUBÍ: Ya lo sé. (Se deja caer al lado de la
silla de ruedas, abrazada a su madre, y
llora desconsoladamente.) ¡Soy tan infeliz,
mamá!
HILDA: (Fría y hermosa) Todos lo somos.
Pero algún día llegará aquél que nos saque
de todo esto. Es como si lo viera. No
se puede seguir sufriendo eternamente.
Eso es algo que... no puede ser. Dios no
lo va a permitir.
Entra Mansilla. Está cabizbajo, casi débil.
Un general alemán, pero débil, como si
ya hubiera pasado por todo esto. Lentamente,
se pone un brazalete: es la svástica.
Hilda lo observa en silencio, mientras
se mece apenas con Rubí en brazos.
Apagón.
XXII
Weck y Trauma en la estación del tren. El
Mendigo está parado al lado de un estuche
vacío.
MENDIGO: Que me voy a morir, sin mi
acordeón.
TRAUMA: No se lo des.
WECK: Adolf tenía razón: este pobre ciego
no sabe que no hay destino peor que el
suyo. Se comparará a su vez con las ratas...
TRAUMA: (Se escucha el primer silbato)
Queda poco tiempo.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 28
WECK: No me interrumpas.
TRAUMA: No interrumpo. Nada más digo
lo que me parece.
WECK: ¿Por qué... dijiste eso?
TRAUMA: ¿Qué?
WECK: Nada. (Suena el segundo silbato)
TRAUMA: Cuando suene una vez más te
vas a ir.
WECK: No.
TRAUMA: Es necesario. Vas a reunirte con
Mansilla en esta dirección.
WECK: No quiero hacerlo.
TRAUMA: Es necesario. Vas a decirle tu
nombre verdadero. Cuando lo escuche,
te va a pedir anotarlo. Vas a repetirle el
nombre.
WECK: No quiero.
TRAUMA: Está escrito.
WECK: ¿Dónde está escrito? Hasta ahora
no me han dado pruebas.
TRAUMA: No hay que pedir pruebas. Está
escrito. Es más aún, esto ya sucedió. Toda
la historia ya sucedió. Nadie puede negarse
a cumplir su parte. Cada cosa es
única, y ocurre siempre del mismo modo.
WECK: ¿Voy a volver a verte?
TRAUMA: Bien sabés que sí.
WECK: ¿A verte... con vida...?
TRAUMA: Es necesario.
MENDIGO: (Se quita los anteojos) Perdonen
un segundo, nada más. No pude evitar
oír la conversación. Y si bien mi opinión
es la de un pobre ciego, creo que harían
bien en escucharla. Sobre todo usted.
TRAUMA: No lo escuches...
WECK: ¿Lo dice por mí?
TRAUMA: ...éste es el que te perdonará.
MENDIGO: Es una verdad muy simple. Y
es hora de que alguien se entere.
TRAUMA: No lo escuches.
MENDIGO: Voy a hablar. (Suena el tercer
silbato. El Mendigo calla. Un instante
después, mientras empieza a hablar, suena
la detonación.) Yo que era la alegría
de este pueblo. De esta ciudad triste...
Mi hijita, por su parte...
XXIII
Frau y Herr Vogel, sentados en el living de
su casa.
FRAU VOGEL: ¿Oíste eso?
HERR VOGEL: ¿Qué habrá sido?
FRAU VOGEL: ¿El horno?
HERR VOGEL: ¿Está prendido?
FRAU VOGEL: Me puse a calentar unos
scons.
HERR VOGEL: Habría que ver si no explotó.
FRAU VOGEL: Sí. (Se quedan sentados)
¿Vendrán?
HERR VOGEL: Podríamos habernos muerto.
FRAU VOGEL: ¿Cómo?
HERR VOGEL: Digo, si hubiera sido el horno.
FRAU VOGEL: ¿Habrá explotado?
HERR VOGEL: Y si hubiéramos estado en
la cocina.
FRAU VOGEL: Sí. La vida humana es tan
frágil.
HERR VOGEL: Imagináte. Por ponerse a
calentar unos scons.
FRAU VOGEL: Sí. (Pausa) Les puse ralladura.
HERR VOGEL: No creo que vengan.
FRAU VOGEL: Walter...
HERR VOGEL: Qué.
FRAU VOGEL: Si hubiéramos muerto en
un accidente...
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 29
HERR VOGEL: Un accidente hogareño.
FRAU VOGEL: Es lo mismo.
HERR VOGEL: No.
FRAU VOGEL: Si todavía no me dejas terminar.
HERR VOGEL: No es lo mismo morirse preparando
unos scons. Esas son cosas que
pasan, que no se pueden evitar. Imagináte.
Prender el horno, y sin más...
FRAU VOGEL: Es claro.
HERR VOGEL: Pero hay otras muertes que
sí podrían evitarse.
FRAU VOGEL: Quiero decirte algo.
HERR VOGEL: ¿Qué es?
FRAU VOGEL: Que ya lo sé.
HERR VOGEL: ¿Qué cosa?
FRAU VOGEL: Ya sé que votaste por los
alemanes en el referendum. Y vos sabías
que yo lo sabía. Pero... eso. Ya sé que los
votaste. No hace falta que me digas nada.
HERR VOGEL: ¿Y eso?
FRAU VOGEL: Nada. Quiero que sepas que
te quiero.
HERR VOGEL: No van a venir, estos desgraciados.
Va a tener que venir tu hermano
y hablar directamente con ellos.
FRAU VOGEL: ¿Vos decís que renovarán
contrato?
HERR VOGEL: No sé. Son gente rara.
FRAU VOGEL: Sí. Los terroristas son así.
HERR VOGEL: Siempre hubo terroristas.
FRAU VOGEL: ¿Habrá sido el horno?
HERR VOGEL: Andá a fijarte.
(Pausa)
FRAU VOGEL: Me preguntaba... Si hubiéramos
muerto esta misma noche...
HERR VOGEL: ¿De qué podríamos morirnos
esta misma noche?
FRAU VOGEL: ...¿quedaría tiempo para
arrepentirse? (Pausa) Para arrepentirse,
digo yo. Arrepentirse.
XXIV
Epílogo
Cerda, la más hermosa de todas las mujeres.
Está sentada al lado de Weck, que
duerme en silencio, sentado en la silla
de ruedas. La habitación es muy luminosa.
Es la primera vez que se ve todo
tan claramente. Uno debería descubrir
que todo ha ocurrido en la semipenumbra,
hasta este momento. La luz blanca
y liviana irá inundando la escena,
se reflejará en todos los objetos,
inmaculadamente blancos, acariciará el
cuerpo tibio de Cerda, envolverá a los
personajes hasta transformarse en un
manto luminoso, casi imposible de mirar.
Desde el comienzo de la escena, se
escucha una voz que monologa detrás
de la ventana: es Adolf. Creemos reconocer
algunos de sus textos; son cosas
que ya ha dicho durante la obra.
CERDA: Estás en los brazos de Cerda. Cerda,
que no te va a dejar caer.
WECK: ¿Qué día es?
CERDA: Son las doce del mediodía. En el
sueño, es donde somos más débiles. Pero
el sueño repara. Por eso es necesario. A
veces me pasa, sin embargo, que me despierto
por casualidad. Es decir, no es por
casualidad, pero me despierto y sé que
podría no haber despertado. ¿Vos nunca
pensaste en ir a vivir al campo?
WECK: No, al campo no.
CERDA: Cuando me muera, ojalá me muera
durmiendo. Así no me daría cuenta
de nada.
(Weck, más atento a la voz que escucha
afuera que a Cerda, súbitamente la
besa)
CERDA: Vos creés que soy muy hermosa.
Cuando dejes de amarme, inmediatamente
dejarás de verme hermosa.
WECK: No.
CERDA: (Abre la ventana y la voz de Adolf
deja de oírse) Tuviste un sueño.
Dramática Latinoamericana de Teatro/CELCIT N° 9 pag 30
WECK: ¿Cómo sabés?
CERDA: Contámelo.
WECK: Es un sueño triste.
CERDA: ¿Es complicado?
WECK: No, es sencillísimo. Un hombre
muere para salvarlos a todos, después
resucita y va hacia Dios, que no es una
abstracción, sino una cosa más bien parecida
a él.
CERDA: Todavía hay tiempo.
WECK: ¿Por qué preguntás... todo? El
hombre está contento de su acción: ha
salvado las almas de millones de otros
hombres iguales a él. Pero Dios se niega
a salvar la suya propia. Le dice:
“Weck”, porque el hombre se llama Weck,
“Pobre Weck. No te conozco. Sé quiénes
son todos los hombres que he creado,
pero no sé quién eres.” “No soy un hombre”,
le dice Weck. “Soy tu hijo. Nunca
he sabido qué hacer, nunca he encontrado
mi lugar entre ellos.” Dios calla
un instante y luego dice: “Entonces,
¿cómo esperas que salve tu alma, tú, que
no la tienes?”
CERDA: ¿Hay más?
WECK: Supongo que sí, pero ahí termina
el sueño.
CERDA: Muy bien. Ese hombre debería
hacer tres cosas. Buscar alguien que
lo ame, alguien que lo perdone y alguien
que lo castigue. Dios no puede
resistir esa evidencia, y lo reconoce
como humano. Finalmente salva su
alma.
WECK: Ojalá. Siento simpatía por ese hombre.
¿Vamos a desayunar?
CERDA: ¿Cómo muere?
WECK: ¿Quién?
CERDA: Ése. ¿Cómo muere? (Weck no contesta)
Yo espero morir durmiendo. Y no
enterarme.
WECK: Sos tan dulce. Vamos a desayunar.
CERDA: Esperá, un rato más... Un segundo...
Yo me voy a quedar un rato... así.
WECK: Cuánta luz.
CERDA: Es un día maravilloso, uno de esos
días en los que suceden las cosas importantes.
Praga, verano del 39. (Vuelve
a escucharse pasar el avión de la Escena
I. Adolf aparece en el marco de la ventana,
y es testigo mudo y frío de todo cuanto
se dice.) Vení, durmamos un minuto más,
uno sólo...
WECK: Es tarde. Voy a levantarme... (Se
para y comienza a vestirse. La ropa le es
extraña; algunas prendas pertenecen a
otros personajes)
CERDA: Un segundo nada más, un segundo,
qué es un segundo para el tiempo
del mundo,
ADOLF: Nada.
CERDA: Nada. Un segundo no es nada...
(Se deja caer en la silla de ruedas)
WECK: Es una buena solución, digo, lo del
hombre...
CERDA: ¡Nada!
WECK: Si vuelvo a soñar con él, voy a explicárselo
claramente. “Weck”, le voy a
decir: “Tendrás que encontrar alguien
que te ame, por lo menos una persona,
una sola que te ame en serio. Alguien
que te perdone, por lo menos uno que
sea capaz de entender que el alma humana
está a veces llena de malicia. Y
un tercero que te castigue, alguien que
pueda decirte: “Esto no podías hacerlo
y aún así lo has hecho”. Todo es bien
sencillo, cuando hay luz se pueden ver
las cosas claramente. Cerda. (Pausa)
Cerda, ¿me oís? (Pausa) Cerda. Le voy
a decir: “y un tercero, que te castigue.
América es importante, Rusia es importante.
Mi madre lo sabe y quiere verme
muerta.” ¡Cerda! Todo es bien sencillo.
Hoy, por primera vez, no estoy confundido.
ADOLF: ¿Vamos?
WECK: Sí. (Trepa a la ventana para salir
de la habitación pero queda allí todavía
un momento) ¡Cerda! (Pausa) ¡Cerda!
El apagón cae cuando la luz y la quietud
son ya insoportables.
 


Escrita entre marzo de 1995 y
marzo de 1996.
Rafael Spregelburd
(Buenos Aires, 1970)
 

Leonel Giacometto--ARRITMIA (Argentina)

Escrito por nohaydrama 04-10-2009 en General. Comentarios (0)

 

ARRITMIA

Leonel Giacometto

Personajes: 2
ANA 1 (A1): Mujer de edad avanzada.
ANA 2 (A2): Mujer de edad muy avanzada.

Pequeño patio interior de un asilo para ancianos. A la izquierda, la puerta hacia el salón principal. A la derecha, la puerta hacia el jardín. Detrás, un enorme ventanal con los vidrios rajados, a través del cual se ve, además del cielo, una parte del jardín: algunos árboles, bancos despintados y oxidados, y mucha maleza. Hay una mesa de plástico blanco cerca del centro del patio. También, diseminadas en todo el patio, sillas de diversas formas (algunas están rotas).

1
Es de día. A través del sol que ingresa por el ventanal, la suciedad del lugar se hace evidente: una fina pero interminable lluvia de polvo. ANA 1, en una de las sillas cercanas a la mesa, está sentada de espalda y frente al ventanal, inmóvil y recta. De a ratos, gira la cabeza hacia las dos puertas y hace un leve movimiento corporal. Se escucha un ruido de pedo. Rápida, después, vuelve a su inmovilidad. Pausa. De la puerta del salón ingresa ANA 2, que busca una silla y la arrastra hacia la mesa. La coloca en el extremo opuesto a ANA 1, se sienta de frente y de espalda al ventanal, y suspira profundamente. Después, produce un diminuto eructo.
Al:- ¿Pudo hacerlo?
A2:- ¿Qué? ¡Ah! Sí.
Al:- ¿Y?
A2:- No sé. Todavía no lo vi.
Al (Apurada):- Vamos a verlo, entonces. ¡Dele!
A2:- ¿Aquí? ¿Y si aparece alguien?
Al:- Nadie viene a este patiecito. Se la pasan encerrados en el salón o en sus piezas. Sáquelo tranquila.

ANA 2 saca, de su escote, una cajita de remedios envuelta en un pañuelo blanco. La deja sobre la mesa. Silencio.

Al:- ¿Y? ¡Dele, ábralo y léalo, por favor!
A2 (De repente): - ¡Ay, por Dios! Me olvidé de buscar los anteojos... Ana, ¿lo podrá leer usted misma?

Ofuscada, ANA 1 deja al descubierto la cajita. La acerca y la aleja de sus ojos siempre rezongando.

A1:- A ver, deme... Yo ya ni con anteojos veo... Por eso le dije que lo hiciera usted. Lo hacía yo, sino. Pero no veo. No veo. Me tengo que operar.
A2:- Yo también. De las cataratas, pero (Pausa corta.) últimamente me dejo estar un poco de la vista. Ya no me interesa tanto ver si puedo yo ha...
Al (Interrumpiendo):- I o ra ze pán. "Iorazepán", ¿ése es?
A2:- No sé. Yo no sé el nombre de las pastillas.
Al:- ¿Y cómo supo cuál agarrar?
A2:- Por el color. Colores veo. Por el color y por el tamaño de las pastillas. Así las reconozco cuando me las dan. ¿O usted se sabe el nombre de todos los medicamentos?
Al:- Ah, no, claro que no. (Silencio.) Yo las huelo.
A2:- ¿Las huele?
Al:- Sí, sí. Las huelo. (Pausa corta.) La de la artrosis tiene un olor como a libro viejo; la "Ranitidina", ésa me sé el nombre, la única, a pis; la del calcio tiene olor a eso: a calcio.
A2:- ¿A calcio?
Al:- Un olor como (Pausa corta.) verde. Verde claro.
A2:- ¿A manzana verde?
Al:- No, eso es olor a fruta. Yo le estoy diciendo olor a verde claro. (Silencio. La mira.) Ay, no sé cómo explicarme... Explicarle... A ver, por ejemplo: yo le dije a usted que buscara las de la arritmia, ¿no?
A2 (Señalando la cajita):- Sí, ésas.
Al:- ¿Y cómo lo supo?
A2:- Porque abrí la cajita y vi que eran color cremita. Por eso.
Al:- Ahí está, ¿ve? Yo ahora (Saca las pastillas de la cajita.) las huelo y (Hace un gesto de desagrado.) Ahí tiene, tienen un olor a... a a enfermera. Por eso le dije que buscara los prospectos.
A2:- ¿Por qué me dijo?
Al:- Por las enfermeras. Yo desconfío de estas pastillas porque tienen olor a enfermera. Son de tener.
A2:- Ah, no, sí, sí.
Al:-Sobre todo acá, que son todas empleadas municipales.
A2:- Municipales, sí.

Silencio.

Al (Suspira y emite un largo "ay"):- Diga que a mí me cagó la gestora con la jubilación, que sino, yo estaba lo más cómoda en un departamentito.
A2:- ¿No diga que la estafó una gestora?
Al:- Sí, me cagó una abogada. Era abogada la gestora. La doctora Luisa Biasetti, con dos té. Con nombre y apellido se lo digo por si alguna vez se la cruza.
A2:- No creo. Yo no tengo jubilación.
Al:- ¿Ah, no?
A2:- Tengo una pensión de mi marido, ya fallecido. En realidad yo me casé de grande con él. Él insistió con lo de los papeles para que yo no quedase en pampa y la vía.
Al:- Ah, claro. ¿Qué hacía su marido?
A2:- Era mozo. Trabajaba en un bar.
Al:- En un bar, ah. ¿En el centro?
A2:- ¿Qué centro?
Al:- El bar, ¿estaba en el centro de la ciudad?
A2:- No, no. Estaba en la zona sur.
A1:- ¿Cómo se llamaba?
A2:- ¿Mi marido o el bar?
Al:- Los dos.
A2:- Mi marido se llamaba (Pausa corta.) Hugo, y el bar se llamaba (Pausa corta.) "Bar (Pausa corta.) al paso".
Al:- ¡Qué lindo nombre!
A2:- ¿Cuál?
Al:- Los dos.
A2:- Ah. (Pausa corta.) Sí.

Silencio. Pausa. ANA 1 fija la mirada en un punto, a un costado, en el suelo. ANA 2 también, pero en un punto opuesto.

Al (Suspira):- Así es... Y... ¿De qué falleció su marido?
A2:- De SIDA.
Al (Sorprendida):- ¿De qué?
A2:- De SIDA, pobrecito. Fue fulminante. En una semana quedó hecho un "auja" y se fue para siempre.
Al:- Pero (Pausa corta.) dígame, Ana, esa enfermedad, esa enfermedad no ma... (Se interrumpe.) no fallece a las personas, cómo le digo, a ver, a las personas de alguna manera, a ver cómo, raras.
A2:- ¿Raras cómo?
Al:- Raras. (Pausa corta.) Inclinadas.
A2:- ¿Inclinadas hacia dónde?
Al:- Inclinadas hacia lo raro.
A2:- No le entiendo, Ana.
Al:- Dadas vuelta.
A2:- Mi marido, lamentablemente, si a eso se refiere, vivía dado vuelta. Siempre inclinado.
Al:- ¿Y usted no decía nada?
A2:- ¿Y qué iba a decir yo? Le gustaba mucho el vino. No tomaba mucho, pero cuando lo hacía se dada vuelta, así como usted dice.
Al:- ¿Se daba vuelta?
A2:- Se ponía malo, se "enviolentaba", el pobrecito. Me echaba la culpa. Siempre estaba más inclinado él que la botella.
Al (Nerviosa):- No, Ana, no. A ver, dígame, ¿cómo se agarró el SIDA?
A2:- Con alguien del bar. (Pausa corta.) Parece.
Al:- ¿Cómo?
A2:- ¿Cómo qué?
Al:- ¿Cómo fue?
A2:- ¿Cómo fue?
Al:- Sí, ¿cómo fue? ¿No le contó, no se enteró de qué manera?
A2:- Ah, sí. El pobrecito me contó que tomó del mismo vaso de un "infestado".
Al:- Usted perdone, Ana, pero yo sé... Perdone que me meta pero yo sé, y de muy buena fuente lo sé, porque una vez leí todo acerca del SIDA en la "Rides Diges", que eso le pasa solamente... que eso se pasa solamente en el acto... en el acto (Pausa corta.) carnal contrana...
A2 (Interrumpiendo):- Ah, no. Por eso no. ¿Usted piensa que el pobrecito me lo pasó a mí por eso? No. El SIDA lo tenía en la garganta él. Y... bueno, nos besábamos y... todo aquello... Pero no como antes. Besos apenas, eran los nuestros.
Al (Calmada aunque algo confundida):- Pero... entonces... usted... está sana, ¿no?
A2 (Efusiva):- Sí, la mar de bien. Salvo la "arrimia". Y la "chicatez". Y a veces me pasa como que soñé algo, pero después no me acuerdo de nada y me parece que no era un sueño lo que soñé, sino que me empieza a venir como un recuerdo, pero no estoy muy segura...
Al:- Ah, sí, me pasa.
A2:- Pero a mí no me pasa seguido.
Al:- No, a mí tampoco.

Silencio. Pausa larga. Inmovilidad.

A2 (De repente):- Nunca hablamos así de nosotras. Siempre estamos aquí hablando. Pero nunca hablamos de nosotras.
Al:- ¿Sabe lo que pasa? Yo no soy de hablar mucho con la gente acá.
A2:- A mí me hablan y yo les contesto.
Al:- Yo, cuando me enteré que en el geriátrico había otra Ana, me dije: "Con ese nombre debe ser una persona confiable. Confiable y honesta". Por eso me acerqué.
A2:- La primera que se acercó fui yo.
Al (Confundida):- ¿Sí?
A2:- ¿No se acuerda? Usted estaba en la puerta de su pieza. Parada, dura como el mármol, y (Pausa corta.) le pasaba la lengua a la puerta.
Al (Sorprendida):- ¿Yo?
A2:- Después trató de abrirla y no pudo.
Al:- ¿Usted la abrió?
A2: -No, una enfermera.
Al:- ¿Entonces?
A2:-¿Entonces qué?
Al:- ¿Qué pasó conmigo?
A2:- Ah, yo fui a llamar a la enfermera porque usted lloraba y decía: "me van a echar, me van a echar".
Al (Confundida):- ¿Echarme? ¿A mí?
A2:- Eso decía usted. Cuando vino la enfermera yo trataba de calmarla pero usted dale que dale al llanto y al lengüeteo.
Al (Inquieta y esquiva):- No recuerdo.
A2:- La enfermera le tuvo que despegar la boca del picaporte. Yo la recosté, después, hasta que se durmió.
Al:- No recuerdo nada. Qué pena. ¿Cuándo sucedió esto?
A2:- Ayer.
Al (Rapidísimo):- ¿Ve? ¿Ve? ¿Ve? Son las pastillas.

Pausa corta. Se miran.

Al (Llorosa):- Estoy segura que (Agarra la cajita.) estas pastillas le alteran la personalidad a una. Por eso le pedí que las buscara. Hay que leer los prospectos.
A2:- Entonces se acuerda de lo que pasó ayer.
Al (Esquiva):- Algo. Recuerdos vagos. (Pausa corta. Suplicante.) Por favor, lea el prospecto.
A2:- Lo tiene usted.
Al:- ¿A qué?
A2:- La caja. La tiene usted en la mano.
Al (Asustada):- Ay, cierto. Me pongo tan nerviosa de sólo pensar en las pastillas y las enfermeras. (Trata de leer pero no puede. Suspira molesta.) No puedo, no puedo leer... Ana, ¿no iría a buscar sus anteojos? Estoy muy asustada... (Pausa.) Debería estarlo usted también.
A2 (Primero dudando):- Bueno, voy. Espéreme acá.

ANA 2 sale por la puerta del salón. ANA 1, calma su respiración, y vuelve a su posición original.
Apagón.

2
Más tarde. ANA 1 está sentada de espalda y de frente al ventanal. Su cabeza pende hacia adelante, su torso inclinado y su cuello demasiado estirado hacia abajo da la sensación de que ANA 1 está descabezada. Por la puerta del salón ingresa ANA 2, algo apurada, sosteniendo con las dos manos los anteojos. Se acerca a la mesa.
A2:- Aquí los traje. Me demoré un poco porque la tuve que ayudar a la Irma. (Silencio.) Pobre Irma. ¿Usted la conoce? A lo mejor sí. Ella está en la pieza de al lado a la mía. (Pausa corta.) Pobrecita, se le había salido la hernia "injinal" que tiene y estaba a los gritos. ¿Puede creer que nadie vino a ayudarla? Tuve que acomodársela yo. (Pausa corta.) La voy a traer un día acá, si no le molesta, Ana. Ella es buena. Sale poco de su pieza. Está muy viejita ya, la pobrecita. Habla poco y está toda arrugadita. Una pasa de uva gigante parece. Un día, si usted me ayuda, la convencemos, la levantamos y aunque sea la sentamos en una silla de por allá... (Señala.) Cerca del ventanal. Para que vea algo de verde, aunque sea. ¿Quiere? (Pausa corta.) Ana. ¿Ana? Ana, ¿me escucha? (Se acerca a ANA l, que permanece inmóvil.) Ana, ¿está bien? ¿Ana, qué le pasa? (Con un dedo de la mamo izquierda toca apenas el hombro de ANA l.) ¿Ana, me escucha? ¿Se durmió? Ay, Dios mío. Ana, despiértese si está dormida. (Alza la voz.) ANA... A NA... Ana, ¿se murió usted? ¿Se murió, Ana? ¿Se murió Ana? (Muy nerviosa.) Ay, por favor, que le traje los lentes. Vuelva. Vuélvase que le leo los "prospetos". (Se acerca al pecho de ANA 1, se agacha y apoya la oreja derecha.) Nada... Ay, Cristo crucificado (Pausa corta.) y vuelto a renacer, está muerta. Debe estar muerta... (Desesperada, intenta tocarla pero no se atreve.) ANA, ANA, Anananananananana... Si se murió no me tenga así, por favor, hágame una señal desde el más allá. Mueva la mesa, corra las sillas, rompa los vidrios, haga llover... (Pausa.) ¿Entonces, sería verdad que la estaban envenenando con esas pastillas? (Pausa.) La mataron a usted. (Acercándose.) Tiene que avisarme quién fue. Hábleme, diga algo, dígame el nombre de la enfermera... (Pausa. Susurrante.) ¿Ana? ¿Llegó al cielo? ¿Llegó? Escúcheme, si ya está allá, si llegó, pregunte por mi Hugo. Fíjese si está Hugo Dennis, como Sergio pero con dos enes... y por Teresa Giménez, con "ge" como Susana... Fíjese... Y por el Carlito, que debe andar corriendo por ahí con la remerita azul. Fíjese... (Al moverse, tropieza con una de las patas de la silla donde está sentada la otra. ANA 2 cae al suelo y ANA 1 golpea su cabeza contra la mesa)
Al: ¡Ay! (Tose profundamente.)
A2 (Desde el suelo, sorprendida):- Ana, Ana, Ana. ¿Está viva?
Al (Dolorida y confundida):- ¿Quién?
A2:- Usted. ¿Revivió? ¿Me escuchaba desde el cielo? ¿Llegó al cielo? ¿Lo vio al Carlito? ¿Está bien?
Al:- ¿Quién?
A2 (Parándose):- El Señor la mandó de vuelta. Igual, igual que a mi hermana Teresa. Igualita.
Al:- ¿Quién?
A2:- Ella vivía en Córdoba y un día iba caminando y de repente se cayó y se murió. Así de golpe se murió. Pero, a los cinco minutos revivió. Volvió. Abrió los ojos y volvió. Pero ya no era la misma. No, no. Ella volvió distinta, cambiada. Se trajo poderes en las manos y desde ese día ella empezó a curar con las manos. Se hizo famosa con las manos. Ella le ponía las manos donde a uno le dolía y lo sanaba a uno. Así hacía (Se pone las dos manos en el pecho.) y respiraba hondo, hondo.(Pausa corta.) Lástima que el Hugo, pobrecito, nunca quiso ir para allá. Lo hubiese curado. Y ella no se movía de Córdoba. No se movía de su casa siquiera. Decía que el Señor no la dejaba. Estaba muy gorda también y casi no podía levantarse de la cama. Atendía acostada. En los últimos años le salieron los "estimas" en las manos, como a nuestro Señor Jesucristo. Era impresionante. Todas las palmas cubiertas de sangre y ella ni mú.
Al (Después de un corto silencio): -¿Quién?
A2:- La Teresa. La Teresa Giménez, mi hermana ya fallecida. Ese día sí se fue para siempre. Fue de noche y al parecer, durmiendo, se dio vuelta y el peso de su cuerpo "l'ogó". En el entierro estaba todo el pueblo. Hasta periodistas había. ¿Escuchó usted hablar de ella?
Al (Sin entender):- No.
A2:- Y ahora parece que el nicho tiene poderes. Mucha gente se acerca. Yo hace tiempo que no voy para allá. Tendría. Podríamos ir un día, ¿quiere? Vamos y yo le muestro la tumba de la Teresa. Y si podemos la llevamos a la Irma.
Al (sin escuchar):- Me duele la cabeza.
A2:- ¿Se siente distinta?
Al:- ¿De qué?
A2:- De la vuelta. Usted volvió. Como la Teresa.
Al:- Yo me quedé dormida... Me parece... Se me torció el cuello.
A2:- Eso también lo curaba la Teresa. La "tortículis".
Al:- Es un dolor nada más.
A2:- Así empieza todo.
Al:- ¿Todo qué?
A2:- Todos los males empiezan con un dolor.
Al (Mirándola extrañada):- Si usted lo dice...
A2:- Ana, menos mal que se murió y se volvió.
Al (Irritada):- Yo no me morí. Me quedé dormida, nada más. Me quedé dormida porque... porque... ¿Por qué me quedé dormida?
A2:- Porque yo me demoré acomodándosela a la Irma.
Al:- ¿A quién? ¿Qué?
A2:- La Irma, mi vecina de pieza. Ella tiene una hernia "injinal" y yo se la acomodé.
Al:- ¿Usted?
A2:- Yo soy muy ducha con las manos. Si alguna vez me muero y vuelvo como la Teresa, a lo mejor podría curar. Acá haría falta... Lástima que usted no se murió. Seguro volvía poderosa.
Al:- ¿Usted cree?
A2:- ¿Segura que no se murió?
Al:- No, no y no.
A2:- ¿No se acuerda de nada? La Teresa vio un pasillo.
Al:- Si dormida no me acuerdo de nada, imagínese muerta.
A2:- ¡Qué lástima! Nos hubiese servido a todos, y usted se curaba a usted misma la "arrimia".
Al (Recordando, de repente):- ¡Las pastillas! ¿Trajo los anteojos?
A2:- Cierto, a eso fui a mi pieza. Acá están. ¿Me los pongo?
Al (Dándole el prospecto): - ¡Dele, léalo!
A2 (Con el papel en las manos):- ¿Adónde primero?
Al:- Usted empiece...
A2 (Leyendo pausadamente):- Es te a ra to. Estearato de ma ne si o, Pri mo jel... ¿Usted sabe qué es todo esto?
Al:- Deben ser los ingredientes. Lea más abajo.
A2:- "Se encuentra indicado en el manejo de los desórdenes de la "ansiedá", o para el alivio a corto plazo de los síntomas de la "ansiedá". An si o lí ti co de elec ción en los ancianos, por carecer de me ta bo li tos." (Mira a ANA 1.) ¿Metabolitos?
Al:- No sé, no me mire así, Ana. ¿No dice nada de la arritmia?
A2:- ¿Usted está segura que es esto lo que nos dan para la "arrimia"?
Al:- Para mí es esto. (Se lleva la cajita a la nariz.) La única pastilla que tiene olor a enfermera es la de la arritmia, y ésta tiene ese olor.
A2:- Sí, pero acá no dice nada de la "arrimia".
Al:- A lo mejor tiene otro nombre. Un nombre científico. (Pausa corta.) Lo que me extraña es lo de la ansiedad.
A2:- Será por las pulsaciones. Yo me agito con la "arrimia", y entonces, eso me debe poner ansiosa. Y a usted también.
Al:- Yo no lo creo. Acá nos están haciendo algo.
A2:- ¿Por qué no harían algo?
Al:- Porque acá todos son muy malos.
A2:- Pero a mí no me da por chupar puertas.
Al:- Chupará otra cosa y no se dará cuenta, Ana.
A2:- Ay, no me haga asustar.
Al:- Siga leyendo, siga leyendo.
A2 (Lee):- "E fetos cola te ra les: se ha oservado atax ataxia (Se miran las dos desconociendo el término.) Hi po to mí a mus cu lar (Ídem.) Mareos."

Se miran.

Al:- Mareada ando.
A2:- Yo también. (Sigue leyendo.) "Na u seas y vó mitos"

Se miran.

Al:- A veces.
A2 (Leyendo):- " XXXeXe ros to mí a".

Se miran.

Al (Simulando saber):- A veces.
A2:- "Sabor amargo".
Al:- Yo uso Corega, no sé usted.
A2:- "Cambios en la lí bi do" (Se miran. ANA 1 hace un gesto de afirmación.) ¿Qué sería eso, Ana?
Al:- Cambios, cambios ahí.
A2:- ¿Ahí dónde?
Al:- Ahí. Abajo, Ana.
A2 (Mira debajo de la mesa):- ¿Abajo?
Al: -En la zona sacra, Ana.
A2:- ¿Yo tengo eso dónde?
Al:- Siga, Ana, seguramente su marido ya se encargó de esos cambios.
A2:- ¿El Hugo? ¿Cuándo?
Al (Alzando la voz):- ¡Siga, por el amor de Dios, siga!
A2:- No me grite, que no soy sorda.
A1:- Pero, ¿cómo no quiere que le grite? Estamos por descubrir lo que nos está matando y a usted parece que no le importa.
A2:- ¿Cómo no me va a importar? Pero usted me grita y yo no soy sorda.
Al:- Ya sé que no es sorda, Ana. (Suplicante.) Siga, por favor.
A2:- Está bien. Pero sigo porque esto también me interesa y porque no quisiera andar chupando puertas.
Al:- ¿Qué quiere decir con eso?
A2:- Lo que escuchó.
Al: -No sea mala, Ana. No ve que no soy conciente de las chupadas. Son las pastillas. Quisiera verla a usted en su pieza a ver si no chupa ventanas.
A2:- Venga esta noche a mi pieza y fíjese.
Al:- De noche, yo duerno.
A2:- Yo también. ¿O qué se cree?
Al:- Nada me creo. Nada.

Silencio incómodo. ANA 2 vuelve al prospecto.

A2:- "Cambios en la conducta".

Se miran sorprendidas.

Al (Inquieta):- Esto de recién fue por las pastillas.
A2 (ídem):- ¿Usted cree?
Al:- ¿Hace cuánto que la tomó?
A2:- Todavía no me llamaron para tomarla. Hoy tomé las de la presión. ¿Y usted?
Al:- Yo tomé "Ranitidina" hoy. Nada más. (Piensa.) Pero seguro que tienen efecto retardado.
A2:- Ay, Ana, no me asuste...
Al:- No quiero asustarla, sólo estoy pensando en voz alta. (Pausa corta.) Pero continúe, siga...
A2 (Con la vista en el papel):- A ver, acá dice que... que... "O casio nal mente puede pro du cir fla tu len cia e impato fecal".
Al (Sorprendida):- ¡Dios mío!
A2 (Asustada):- ¿Qué?
Al:- Impacto fecal.
A2:- Eso tiene que ver con la caca, ¿no?

ANA 1 responde afirmativamente con la cabeza.

A2:- ¿Qué pasa con nuestra caca?
Al:- No estoy segura. (Pausa corta.) Algo parecido a una explosión.
A2 (Bajito):- ¿Un pedo?
Al:- Más que eso.
A2:- ¿Qué?
Al:- Una explosión. Una explosión de los intestinos.
A2 (Aterrada):- ¡Ay, no!
Al:- ¿Qué más dice?
A2 (Temblando):- "Sueños vi vi dos". (Silencio.) ¿Sueños vividos?
Al:- Será eso que soñamos algo que en realidad no es un sueño, sino la verdad.
A2:- ¿Y qué es la verdad, Ana?
Al:- La verdad es que nos están matando.
A2 (Tirando el papel sobre la mesa):- No quiero leer más. No sigo más. (Pausa corta.) ¿Sabe qué? Estas no son las pastillas. No son. Yo hace años que las estoy tomando. (Pausa corta.) Ya me tendría que haber muerto, o al menos me hubiesen explotado los "istestinos"...
Al:- ¿Cómo no van a ser las pastillas, Ana? Son, son las pastillas, esté segura. Lo que pasa es que usted no quiere ver que acá la están matando. A las dos nos están asesinando. (Pausa corta.) Y quién sabe a cuántos más.
A2:- Pero... ¿Usted cómo va de vientre?
Al:- ¡Qué tiene que ver eso! Lo más importante es esto otro, lo de los sueños vividos. Nos quieren volver locas para que nos matemos solas. ¿Entiende?
A2:- No.
Al: -Lo que soñamos se hace realidad, Ana.
A2 (Sonriendo):- ¿En serio?
Al (Mirándola sorprendida):- ¿De qué se ríe?
A2:- Yo sueño con el Carlito...
Al:- ¿Y ése quién es?
A2:- Mi hijo.
Al (Titubeando):- Perooooo... esteeeee... ¿Y? ¿Aparece?
A2 (Triste, de repente):- No.
Al:- ¿Ve? Lo bueno no aparece. Lo bueno no vuelve. Lo bueno no se hace realidad. Sólo lo malo.
A2:- No entiendo.
Al: - Las pesadillas se hacen realidad.
A2:- Pero, ¿usted qué sueña que anda chupando puertas y picaportes?
Al:- No sé. No lo recuerdo, pero seguro es algo horrible.
A2 (Dudando):- ¿Sabe lo que pasa? No son éstas las pastillas que nos hacen mal. Son otras éstas...
Al:- Hay una sola forma de saberlo.
A2:- ¿Cuál?
Al:- Tomándolas
A2:- No. Hace un rato usted me decía que estas pastillas nos volvían locas y ¿ahora las quiere tomar? Discúlpeme, pero usted...
Al:- Está bien. Deje. Usted deje... Las voy a tomar yo.
A2:- ¿Cómo va a hacer eso?
Al:- ¿Por qué no? Si no son éstas las pastillas, bueno, no creo que me pase nada. Pero si son, si son usted se va a dar cuenta, muerta ya yo, que yo tenía razón.
A2:- ¿Y me va a dejar sola?
Al:- ¿Qué quiere que haga? Yo no puedo seguir así, viendo cómo nos matan.
A2:- Pero... Mejor no tomamos las que nos dan con la comida.
Al:- No puedo esperar tanto.
A2:- ¿Y si explota?
Al:- ¡Qué me va a explotar! Eso debe ser un término científico para la cagadera.
A2:- ¿Y si se hace encima?
Al:- Llama a una enfermera, Ana, para que limpie. Las enfermeras están acá para eso.
A2:- ¿Y si son pastillas para otra cosa?
Al:- Ya le dije, veremos. ¿O se cree que yo no estoy asustada?
A2:- ¿Mire si son pastillas que de verdad hacen realidad los sueños?
Al:- No sé.
A2 (cambiando):- A lo mejor, son sueños lindos los que vienen.
Al:- Cualquier cosa es mejor que esta angustia.

Silencio.

A2:- ¿Sabe qué? Tomemos mitad cada una.
Al:- No. Usted me dijo que no. Yo tenía más miedo que usted, después usted terminó siendo la más miedosa... Y mire ahora.
A2:- Pero a lo mejor son pastillas buenas éstas.
Al: -Nada de lo que leímos era muy bueno que digamos.
A2:- Las tomamos. Y si vemos que andan mal, nos metemos los dedos y las devolvemos, ¿quiere?
Al (Pensando):- Ah, es una posibilidad. (Pausa corta.) Pero media. Media cada una. (Pausa corta.) Aparte no tenemos agua y va a ser difícil tragarla.
A2:- Las masticamos.
Al:- ¿Está loca? ¡Con el olor a enfermera que tienen!
A2:- Bueno. Las tragamos en seco.

ANA 1 saca una pastilla y la parte en dos. Le da una mitad a ANA 2. Se miran.

Al:- ¡Qué Dios nos ayude!
A2:- Dios y todos mis muertos

Se tragan las pastillas.
Apagón.

3
Más tarde. ANA 1 y ANA 2 están cerca del ventanal, abrazadas y bailando lentamente.
A2:- ¡Qué linda música!
Al:- Sí, la verdad. Viene de afuera pero se escucha fuerte acá.

Bailan y de a ratos sonríen.

A2: -Me gusta tanto bailar...
Al:- A mí también.
A2:- "No bailás nada mal vos, piba".
Al (Sonriendo tímida):- Gracias una hace lo...
A2 (Interrumpiendo):- Así me dijo el Hugo la primera vez...
Al (Sin escuchar):- Salgo muy poco. No me gusta salir.
A2:- Tango bailaba el Hugo. Los domingos iba yo a bailar con la Teresa. Siempre nos escapábamos de casa por la ventana y corriendo, corriendo íbamos al "clú" social. Ahí bailaba el Hugo. Desde un primer momento pensé que el Hugo sería para la Teresa. Pero no. Un domingo sin decir una palabra me agarró de la mano y me llevó a bailar el tango.
Al:- A veces bailo sola en mi casa. (Pausa corta.) No se ría, ya le dije que yo salgo poco. Pero me gusta bailar. Después de todo no hay que salir para bailar.
A2:- El Hugo bailaba muy bien el tango. Me arrastraba con cada movimiento. Y yo me dejaba arrastrar... Apretado bailaba el Hugo. Cerradito... Yo, ese día, esperaba alguna palabra de él porque ya nos veníamos mirando hace rato. Pero yo siempre pensé que era para mi hermana. Pero no. Yo bailaba apretadito con el Hugo mientras la Teresa me comía con los ojos. Y no me importó.
Al:- Un poco me importa, no le voy a decir que no. Yo soy más bien reservada, por eso me costó aceptar esta invitación. Yo sí que quería, pero yo, mire, yo no soy de salir mucho, Carmen...

Silencio. Se detienen en el baile. Se miran.

A2:- ¿Carmen?
Al:- ¿Qué?
A2:- Me dijo Carmen, Ana.
Al:- ¿Qué Carmen? Yo soy Ana.
A2:- Yo también.

Se miran. ANA 2 sonríe y ANA 1 la acompaña. Vuelven a bailar.

Al (Mirando el ventanal):- Cada vez está más rajado.
A2 (Mirando también):- Cómo pasa el tiempo.
Al:- Sí.

Silencio. Baile.

A2:- ¿Usted qué piensa?
Al:- No, nada. Tenía la mente en blanco.
A2:- No, qué piensa de las pastillas.
Al:- Ah, las pastillas.

Pausa.

A1:- No.
A2:- ¿No?
Al:- No.
A2:- Yo me siento bien.
Al:- Yo también.
A2:- ¿No será ésta la mejoría de la muerte?
Al:- No. Yo estoy viva. Mire. (Baila un poco más rápido.) Esto era algo que tenían escondido por ahí.
A2:- ¡Qué malos son acá! Habiendo algo que nos hace bien, lo esconden...
Al:- Pero usted lo encontró.
A2:- Sí, gracias a usted que desconfía de las enfermeras.

Siguen bailando. Alegres.

Al:- ¿Sabe qué? (Pausa corta.) Me voy a tomar otra mitad.
A2:- ¿Por qué no?

Dejan de bailar. ANA 1 busca otra pastilla y la parte.

Al:- ¿Mitad cada una, Carmen?

ANA 2, que había comenzado a bailar sola, se detiene.

A2:- ¿Otra vez? Yo soy Ana.
Al:- Sí, yo también.
A2:- Entonces, ¿por qué me dice Carmen?
A2:- ¿Quién le dijo Carmen?
A2:- Usted. Dos veces me dijo Carmen.
Al:- Ah. No me di cuenta.
A2:- ¿Quién es Carmen?
Al (De repente):- A usted qué le importa.
A2:- Bueno, perdone. No se ponga así.
Al (Con las pastillas en la mano):- ¿Va a tomar o no va a tomar la pastilla?
A2 (Agarrando la pastilla):- Sí... Carmen.
Al:- ¿Qué? Ahora usted me dice ese nombre.
A2 (Sonriendo):- La estoy embromando.
Al: -Yo no le veo la gracia.
A2:- Bueh... Tómese la pastilla.
Al:- Usted también.

Tragan la pastilla. ANA 1 se sienta. Pausa.

A2:- ¿Qué hora serán?
Al:- Tengo sed. ¿No iría a buscar un poco de agua?
A2:- ¿Yo? (Pausa corta.) ¿Y si me ve alguna enfermera?
Al:- Sigue de largo y va derechito a su pieza a buscar agua. (Pausa corta.) Y, ¿sabe qué? Tráigase una mantita porque tengo algo de frío.
A2:- ¿Y si me caigo?
Al:- ¿Cómo se va a caer, Ana?
A2:- Bueno, voy.

ANA 2 sale al salón. ANA 1, al rato, se para y va hacia el ventanal. Le pasa la mano a una parte de la rajadura y comienza a caminar hacia la puerta del jardín. Tararea bajito una canción. Llega a la puerta del jardín e intenta abrir la. No puede. Sosteniendo el picaporte, se acerca más a la puerta y comienza a pasarle la lengua varias veces. Cada vez más largos los lengüetazos. Al rato ingresa ANA 2 con una jarra con agua y una manta. Mira a ANA 1, que sigue con la lengua y la puerta. Deja la jarra y la manta sobre la mesa y se acerca a ANA l.

A2:- ¿Ana?
Al (Dejando rápido de pasar la lengua):- Ay, ay, ay, ay, ay...
A2:- ¿Está bien?
Al (Asustada):- Lo volví a hacer, lo volví a hacer...
A2:- Sí, ya veo... Venga, vamos a sentarnos que le traje el agua y la manta.

Se sientan. ANA 2 le pone la manta a ANA l.

A2:- Ay, me olvidé los vasos.
Al (Bebiendo de la jarra):- No importa.

ANA 2 mira cómo toma agua ANA 1 y se sienta. Silencio largo.

A2.:- ¿Y?
Al:- ¿Qué?
A2:- ¿Está mejor?
Al:- ¿Yo? Estoy muy bien, me siento muy bien, ¿por qué lo pregunta?
A2:- Volvió a chupar la puerta.
Al (Sorprendida):- ¿Cuándo?
A2 (Sorprendida):- Recién, Ana. Recién la despegué de la puerta del jardín.
Al (Ofendida):- ¿Ana, qué dice?
A2:- ¿Cómo qué digo? (Pausa corta.) Por favor no me preocupe.
Al:- No, no. Usted es la que me preocupa ahora. Yo estaba aquí sentada esperándola. ¿Qué vio usted?
A2:- La vi a usted (Se para y va a la puerta del jardín.) acá con la lengua afuera.
Al (Parándose):- No, usted está viendo mal, Ana. Cálmese y siéntese que sino las pastillas no le van a hacer efecto.
A2:- Yo la vi, Ana. Yo la vi a usted.

ANA 1 mira, desconfiando, a ANA 2.

A2 (Asustada):- ¿Y si empiezan a pasar esas cosas que decía el "prospeto"?
Al:- Por favor. Tiene que calmarse usted. Se le va a acelerar el pulso.
A2:- ¿Cómo no se me va a acelerar si yo no tomé la pastilla para la "arrimia"? (Pausa corta.) ¿Hace cuánto que estamos acá?
Al:- Yo tampoco la tomé y estoy lo más bien. (Pausa corta.) Le repito, Anita, cálmese. Estamos bien las dos.
A2:- Pero yo la vi chupando la puerta.
Al:- Se lo imaginó. Se lo imaginó usted. (Pausa corta.) Por eso de los sueños vividos.
A2 (Pensando):- ¿Si yo la imagino así, usted lo hace?
Al:- No. Eso pasa en su cabeza.
A2:- ¿Y por su cabeza qué pasa?
Al (Neutra):- Nada.
A2:- ¿Cómo nada? Algo debe pensar, algo debe querer usted que se haga realidad.
Al (Neutra):- No, no.
A2:- Ana, ¿usted qué sueña?

Pausa larga. Sentadas, ANA 1 y ANA 2 comienzan, por la ingesta de las pastillas, a balancearse lentamente, abriendo y cerrando los ojos. Respiran profundamente. Comienza, de a poco, a caer el día.

Al:- ¿A usted le gusta leer?
A2:- A mí me gustaban los brazos del Hugo.
Al:- A Carmen le gustaba mucho leer. Ella siempre me prestaba libros pero yo realmente nunca los leía. Siempre me aburrió leer. Me cansan las novelas. Yo le aceptaba los libros para no ser descortés. Después le decía: "Me gustó mucho". O: "Todavía no lo terminé pero me gusta". Nada más le decía.
A2:- Tenía raros los brazos el Hugo. Eran gruesos pero no eran musculosos. Eso me gustaba mucho porque parecían brazos de hombre trabajador. También la sonrisa me gustaba. Era grande, nunca había visto una boca abrirse tanto para reírse. Yo podía estar horas mirándole la boca. Hablaba siempre. No paraba de hablar. Hasta dormido hablaba.
Al:- Ella se dio cuenta que yo no leía los libros. Por eso al tiempo ella empezó a leerme. En lugar de salir por ahí, nos quedábamos en mi casa y ella me leía. A veces yo me dormía pero ella seguía y seguía. No sé la cantidad de libros que me leyó. Un montón de novelas.
A2:- La única vez que lo vi con la boca cerrada fue cuando le dije que estaba embarazada del Carlito. Ahí se le borró la risa y me dijo: "¡Qué cagada, piba!". Pero no lo decía en serio. Cuando nació el Carlito y vio que tenía la misma sonrisa de él, la cara se le iluminó. Era una risa su cara. Una risa como la del Carlito.
Al:- Ella ponía unas ganas para leer... Me repetía frases y palabras que le gustaban. Yo las escuchaba para que sienta que, aunque no me importaba nada del libro, sí me gustaba escucharla leer. (Pausa corta.) Un sólo libro escuché con atención. Me había gustado el principio. (Pausa corta.) No sé cómo se llamaba. Tampoco me acuerdo de qué se trataba. El principio me acuerdo. El principio, nada más.
A2:- Venía corriendo desde el comedor con su remerita azul y se me metía entre las piernas. Se agarraba de mis piernas con los dos brazos y desde abajo, riéndose como el Hugo, me decía: "Tengo hambre" y se iba corriendo de nuevo al comedor con su remerita azul. Al rato volvía y hacía lo mismo. A veces se quedaba largo rato entre mis piernas y yo me movía por la cocina con él abajo, con las piernas abiertas y con sus piernitas haciendo de las mías.

ANA 1 saca dos pastillas. Se traga una y la otra se la da a ANA 2, que la toma.

Al:- "Yo tenía una granja en África". Es lo único que me acuerdo del libro que me leyó. Es la única frase que me gustó. Me sonaba... tierna. Mientras ella me leía, yo me imaginaba con una granja en África, en el medio de la nada, cómo deben ser las granjas en África, y las dos sentadas viendo el hermoso atardecer de África, como deben ser los atardeceres de África. Deben ser más grandes que acá los atardeceres de África. Más espaciosos. Más de Carmen y yo.
A2:- Vivíamos en un tercer piso. Vivíamos en el tercer piso de uno de esos "monoblos" que tuvimos gracias al gobierno. Años esperamos que el gobierno nos llamase. Y cuando el Carlito cumplió el año, salimos sorteados. A mí el tercer piso nunca me gustó. Yo quería la planta baja. Había un parquecito que decían que era de todos, pero en realidad era de los que vivían en la planta baja. (Silencio.) Ahí estaba el cuerpito del Carlito. Yo estaba en la granjita del monoblock vecino cuando escuché los gritos. Salió todo el mundo a ver. Ahí vi el cuerpito del Carlito con la remerita azul, que tanto le gustaba y que no se sacaba por nada del mundo.
Al:- No sé qué será de Carmen. Nos dejamos de ver... Ya no venía a mi casa y yo no iba a la suya porque vivía con el marido. Nunca lo soporté a él. Nunca lo conocí, pero por las cosas que me contaba Carmen era como si lo conociese.
A2:- El Hugo nunca me dijo nada, pero yo estoy segura que él me echó la culpa. La única vez que me gritó fue para decirme: "La única persona que quise ya está muerta". Y hablaba del Carlito porque la madre todavía estaba en vida. (Pausa corta.) El Señor se quiso llevar al Carlito y sé que está lo más bien allá arriba. Con el Hugo seguro está. El se dejó estar con el SIDA para poder irse lo más rápido posible con el Carlito. Seguro que así es.
Al:- Hace un tiempo me pareció verla. Acá en el geriátrico. Pero no. No era. Me la confundí con usted. Yo pensé que usted era Carmen...

Silencio.

A2:- ¿Qué Carmen?

Apagón.

4
Es de noche. ANA 1 y ANA 2 están de espaldas, sentadas en sendas sillas, cubiertas con la manta y mirando hacia afuera, hacia el cielo oscuro.
A2:- ¿Ana?
Al:- ¿Qué?
A2:- No puedo moverme.
Al:- Yo tampoco.
A2:- Hace frío. Tendríamos que volver a nuestras piezas. Es de noche y ya está oscuro.
Al: -Ya volvemos, espere a que nos podamos mover.
A2:- Tengo el cuello duro.
Al:- Yo tengo todo el cuerpo duro y no me quejo tanto.
A2:- No tendríamos que habernos tomado dos tan seguidas.
Al:- No fue por eso que estamos así. Pasa que no dormimos siesta y no comimos casi nada.
A2:- ¿Casi nada? No comimos en todo el día. Se me va a cerrar el estómago.
Al:- Siempre y cuando no le explote.
A2:- ¿Por qué me va a explotar el estómago?
Al:- Le digo, nomás. ¿No tenía tanto miedo de las pastillas?
A2:- Usted era la que tenía miedo.
Al:- De éstas no. Yo le dije que las pastillas de la arritmia son las peligrosas. Éstas son raras, pero no pasa nada con éstas.
A2:- Mañana se lo voy a contar a la Irma.
Al:- No ande desparramándolo. A ver si todos los viejos de acá quieren.
A2:- Les damos si quieren.
Al:- ¿Y nosotras? No nos van a alcanzar.
A2:- Es verdad.
Al:- A no ser que mañana usted busque más.
A2:- Ahora le toca a usted.
Al:- No veo bien yo.
A2:- Las huele.
Al:- Estas tienen el mismo olor de las otras. A ver si me equivoco y terminamos muertas.
A2:- Bueno. Es verdad. Mañana voy yo. (Pausa corta.) Pero la voy a traer un rato a la Irma.
Al:- Tráigala. A mí no me molesta.
A2 (Mirando hacia el cielo):- ¡Qué baja está la noche!
Al:- Es muy tarde ya.
A2:- Que raro que no nos vinieron a buscar... ¿Qué hora serán?
Al:- Tarde. Pero ya no vamos. Espere un poco... Un poco nada más.

Se hace más de noche y se oscurece todo.
Apagón.

 

 

Leonel Giacometto. Correo electrónico: leonelgiacometto@yahoo.es

 

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Buenos Aires. 2007