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Heiner Müller-MAQUINA HAMLET (Alemania)

Escrito por nohaydrama 03-04-2011 en General. Comentarios (0)

Máquina Hamlet

Heiner Müller


1.-ALBUM DE FAMILIA
Yo fui Hamlet. De pie a orillas del mar conversaba con la rompiente, BLA-BLA, a mis espaldas las
ruinas de Europa. Las campanas anunciaban exequias oficiales, asesino y viuda una misma pareja.
en paso de ganso detrás del alto cadáver los consejeros llorando al ritmo de una pena mal paga.
DE QUIEN ES EL CUERPO / EN EL COCHE DEL FÉRETRO / POR QUIEN TANTO LLANTO Y GEMIDO /
POR QUIÉN / ES EL CADAVER DE UN HOMBRE GENEROSO EN LIMOSNAS el pueblo en posición de
firmes. Fruto de su arte de gobernar ÉSTE ERA UN HOMBRE QUE SÓLO SABÍA TOMAR TODO DE
TODOS. Paré la marcha fúnebre, clavé mi espada en el féretro. Se rompió la cuchilla, con la punta
rota abrí el ataúd y repartí al progenitor muerto CARNE QUE LLAMA A LA CARNE entre los
miserables. El luto se transformó en júbilo, el júbilo en chasquido da hambrientas mandíbulas,
sobre el féretro vacío el asesino se montó a la viuda. TE AYUDO, TÍO. LAS PIERNAS BIEN, ABIERTAS
MAMÁ. Me tiré en el piso y escuché que el mundo giraba, al compás de su putrefacción.

I’M GOOD HAMLET GI ‘ME A CAUSE FOR GRIEF
AH THE WHOLE GLOBE FOR A REAL SORROW
RICHARD THE THIRD I THE PRINCEKILLING KING
OH MY PEOPLE WHAT HAVE I DONE UNTO THEE
COMO UNA JOROBA ARRASTRO EL PESO DE MI CEREBRO
PAYASO SUPLENTE EN LA PRIMAVERA COMUNISTA
SOMETHING IS ROTTEN IN THIS AGE OF HOPE
LET’S DELVE IN EARTH AND BLOW HER AT THE MOON

Aquí llega el fantasma que me fabricó, el hacha sigue en el cráneo. No te saques el sombrero, sé
muy bien que tienes un agujero de más Ojala mi madre hubiera tenido uno de menos cuando
estabas dentro de la carne: me habría evitado a mí mismo Deberían coser a todas las hembras, un
mundo sin madres. Podríamos degollarnos en paz, y con cierto optimismo, cuando la vida se hace
demasiado larga o la garganta demasiado estrecha para que salgan nuestros gritos. Qué te pasa,
viejo. No te basta con un responso oficial. Vividor. acaso no hay sangre en tus zapatos. Qué me
importa tu cadáver. Qué suerte, aún te queda un gancho, a ver si todavía te suben al cielo Qué es
lo que estás esperando. Los gallos están degollados. Ya no se levantará la mañana.

ACASO DEBO
SÓLO PORQUE ES USO Y COSTUMBRE
METER UN TROZO DE HIERRO EN LA CARNE MÁS PRÓXIMA O EN LA OTRA
AFERRARME SÓLO PORQUE EL MUNDO GIRE
SEÑOR, HAZ QUE ME ROMPA EL CUELLO
CONTRA EL BANCO DE LA TABERNA

Aparece Horacio. Cómplice de mis pensamientos, llenos de sangre, desde que la mañana está
velada por un cielo vacío

A BUENA HORA LLEGAS AMIGO MÍO I PARA TU PAGA ES DEMASIADO
TARDE / EN MI TRAGEDIA YA NO HAY MÁS LUGAR. Horacio, me conoces.
Acaso eres mi amigo,
Horacio. Y si me conoces, cómo puedes ser mi amigo. Te gustaría hacer del Polonio, el que se
quiere acostar con su hija, la deliciosa Ofelia, que entra cuando se le da el pie, mira cómo mueve el
culo, un papel trágico. Horacio-Polonio. Ya sabía que eras un actor. Yo también, yo hago de
Hamlet. Dinamarca es una cárcel, entre nosotros está creciendo un muro. Mira lo que crece del
muro. Exit Polonius .Mi madre la novia. Sus pechos un cantero de rosas, su regazo la fosa de
serpientes. Te olvidaste del texto, mamá Te doy letra.

LÁVATE EL CRIMEN DE LA CARA, HIJO MÍO, I
PONLE A DINAMARCA OJOS DE ENAMORADO.

Yo haré que de nuevo seas virgen, madre, para que
tu rey tenga una boda con sangre.

LA CALLE DEL SENO MATERNO NO ES DE SENTIDO ÚNICO.

Ahora te ato las manos a la espalda porque me repugna tu abrazo con velo de novia. Ahora te
arranco el vestido de novia. Ahora hay que gritar. Ahora embadurno los harapos de tu vestido de
novia con el lodo que se convirtió en mi padre. Con los harapos tu cara fu vientre tus pechos.
Ahora le cojo a ti, mi madre por las invisibles huellas suyas, las de mi padre. A tu grito lo sofoco
con mi boca. No reconoces el fruto de tu vientre. Y ahora vete a tu boda, puta, ancha bajo el sol de
Dinamarca que brilla sobre los vivos y los muertos. Quiero taponar lar letrinas con el cadáver para
que el palacio se ahogue en mierda real. Después deja que te devore el corazón, Ofelia, que llora
mis lágrimas.

2.-LA EUROPA DE LA MUJER
Enormous room. Ofelia. Su corazón es un reloj.

OFELIA (CORO I HAMLET) Yo soy Ofelia. La que el río no retuvo. La mujer con la soga al cuello. La
mujer con las venas rotas. La mujer de la sobredosis NIEVE SOBRE LOS LABIOS. La mujer con la
cabeza en el horno. Ayer dejé de matarme. Yo estoy sola con mis pechos mis muslos mi regazo.
Rompo las herramientas de mi cárcel la silla la mesa la cama. Destruyo el campo de batalla que era
mi hogar. Arranco las puertas de cuajo para que entre el viento y el grito del mundo. Destrozo las
ventanas. Con manos sangrantes rompo las fotografías de los hombres que amé y me usaron
sobre la cama la mesa la silla el piso. Prendo fuego a mi cárcel. Y tiro mi ropa al fuego. Desentierro
de mi pecho el reloj que fue mi corazón. Salgo a la calle vestida con mi sangre.

3.- SCHERZO
Universidad de los muertos. Murmullos y susurros. Desde sus Iápidas (púlpitos) los filósofos
muertos arrojan sus libros sobre Hamlet. Galería (ballet) de las mujeres muertas. Mujer con la
soga al cuello. Mujer con las venas rotas, etc. Hamlet las observa con la actitud de quien está en
un museo (teatro). Las muertas le arrancan la ropa del cuerpo. Desde un féretro erguido donde se
lee la inscripción HAMLET 1 aparecen Claudio y Ofelia vestida y maquillada de puta.
Striptease de Ofelia.

OFELIA
Quieres comer mi corazón, Hamlet (Se ríe)

HAMLET
(Las manos sobre la cara) Quiero ser una mujer.
Hamlet se viste con la ropa de Ofelia. Ofelia le pinta una máscara de puta. Claudio, ahora padre de
Hamlet, se ríe en silencio, Ofelia le tira un beso con la mano. Hamlet retrocede hacia el féretro
con Claudio/ padre de Hamlet. Hamlet en pose de puta. Un ángel con el rostro en la nuca: Horacio.
Baila con Hamlet.

VOZ (VOCES) desde el féretro.
Lo que mataste también habrás de amar. La danza aumenta en velocidad y en delirio.
Risas desde el féretro. Sobre una hamaca, la virgen del cáncer de pecho. Horacio abre un
paraguas, abraza a Hamlet. El abrazo queda congelado debajo del paraguas. El cáncer de pecho
brilla como un sol.

4.- PESTE EN BUDA BATALLA POR GROENLANDIA
Espacio 2 destruido por Ofelia. Armadura vacía. El hacha clavada en el casco.

HAMLET
Titubea la estufa en el desasosiego de octubre.

A BAD COLD HE HAD OF IT JUST THE WORST TIME
JUST THE WORST TIME OF THE YEAR FOR A REVOLUTION

A través de los suburbios va floreciendo el cemento.

El Dr. Zhivago llora a sus lobos
A VECES EN INVIERNO BAJABAN AL PUEBLO
DESCUARTIZABAN A ALGÚN CAMPESINO

Se quita el traje y la máscara.

ACTOR HAMLET
Yo no soy Hamlet. Ya no represento ningún papel. Mis palabras ya no me dicen nada. Mi
pensamiento se chupa la sangre de las imágenes. Mi drama ya no tendrá lugar. El decorado es
construido a mis espaldas. Por gente a quien no le importa mi drama, para gente a quien no le
afecta. A mi tampoco me afecta. Yo no juego más. Sin que el actor Hamlet lo perciba, los utileros
traen una heladera y tres televisores.
Ruido de la heladera. Tres canales sin sonido. El decorado es un monumento. El monumento
representa, cien veces ampliado,
a un hombre que hizo historia. Una esperanza petrificada. Su nombre es intercambiable. La
esperanza no se cumplió. El monumento está tirado en el piso, demolido tres años después de las
exequias oficiales del igualmente odiado y venerado por quienes lo sucedieron en el poder. La
piedra está habitada. En los amplios agujeros de la nariz y los ojos, en los pliegues de la piel y del
uniforme del monumento derribado, reside el sector indigente de la población de la metrópolis.
Al tiempo de rigor después de la caída del monumento le sucede le sublevación. Mi drama, si aún
tuviera lugar., sería en la época de la sublevación. La sublevación se inicia a manera de paseo, un
paseo contrario a las leyes del tránsito, en horas de trabajo. La calle es de los peatones. Aquí y allá
se vuelca algún auto. Pesadilla de un lanzador de cuchillos: desplazamiento lento por una calle de
mano única hasta llegara una irrevocable playa de estacionamiento cercada por peatones
armados. La policía, si interfiere el paso, es barrida hacia los costados. Una vez que la marcha llega
al sector de los organismos oficiales, un cordón policial la bloquea. Se forman grupos de los que
emergen oradores. En el balcón de la casa de gobierno aparece un hombre mal enfundado en un
frac y también comienza a hablar. Cuando lo alcanza la primera piedra, también él se refugia
detrás de la puerta de cristal blindado. El reclamo por mayor libertad se convierte en el grito por el
derrocamiento del gobierno Se empieza a desarmar a la policía, se asaltan dos o tres edificios, una
cárcel, una comisaría, una oficina de la policía secreta, se cuelga cabeza abajo a una decena da
peones del poder, el gobierno recurre al ejército, tanques. Mi lugar, si mi drama aún tuviera lugar,
estaría a ambos lados del frente, entre los frentes, por encima. Yo, dentro del olor sudoroso de la
muchedumbre, le tiro piedras a la policía soldados tanques vehículos blindados, cristal blindado.
Yo, mirando a través de las puertas del cristal blindado la masa que se agolpa, huelo el sudor de mi
miedo. Yo, ahogado por las ganas de vomitar agitando el puño en contra de mí, parado detrás del
vidrio blindado. Yo, transido de miedo y desprecio me veo a mí en medio de la agolpada
muchedumbre, con espuma en la boca agitando el puño en mi contra. Cuelgo de los pies a mi
propia carne uniformada. Yo soy el soldado en la boca del tanque, mi cabeza vacía debajo del
casco, el grito sofocado bajo las orugas del tanque. Yo soy la máquina de escribir. Yo hago el nudo
para la horca de los cabecillas, yo retiro el taburete, yo me rompo la nuca. Yo soy mi propio
prisionero. Yo alimento a las computadoras con mis datos. Hago el papel de saliva salivadera
escupitajo cuchillo y herida diente y pescuezo soga y cuello. Yo soy el banco de datos. Sangrando
en la muchedumbre, recobrando el aliento detrás de la puerta de cristal. Segregando una flema de
palabras por encima de la batalla en mi burbuja impermeable al sonido. Mi drama no tuvo lugar.
Se perdió el texto. Los actores colgaron sus caras del gancho del camarín. El apuntador se pudre
en su fosa. Sobra las butacas, apestados cadáveres disecados no mueven ni un dedo. Me voy a
casa a matar el tiempo, unido con mi yo no dividido.
(4b)
Televisión Asco Día tras día asco Asco
del palabrerío premasticado
De la felicidad en recetas
Cómo se escribe la palabra CONFORT
el homicidio nuestro de cada día danos Señor
porque tuya es la nada Asco
de las mentiras de los que mienten
a quien sólo les creen los mentirosos
Asco del hocico de los hombres de acción marcada
por la lucha en pos de puestos votos cuentas bancarias
Asco Cuadriga que destella agudezas
Atravieso las calles los centros comerciales caras
con la cicatriz de la lucha por el consumo Pobreza
sin dignidad Pobreza sin la dignidad
del cuchillo del puño armado
del cuerpo humillado de las mujeres
Esperanza de generaciones
ahogada en sangre cobardía estupidez
Risas desde las barrigas muertas
Heil COCA COLA
Mi reino
por un asesino.

YO ERA MACBETH EL REY ME HABÏA OFRECIDO A SU TERCER CONCUBINA CONOCÍA UNA A UNA
LAS MANCHAS Y LA PIEL DE SUS CADERAS RASKOLNIKOV DEL CORAZÓN DEBAJO DEL ÚNICO SACO
EL HACHA PARA EL / ÚNICO I CRÁNEO DE LA PRESTAMISTA.

En la soledad de los aeropuertos
Recobro el aliento
Soy un privilegiado
Mi asco es un privilegio
amparado por el muro
alambre de púas cárcel.
Fotografía del autor
Yo no quiero más comer beber respirar amar a una mujer un hombre un niño un animal. Ya no
quiero morirme. Ya no quiero matar. Despedazamiento de la fotografía del autor Yo desgarro mi
carne sellada. Quiero habitar en mis venas, en la médula de mis huesos, en el laberinto de mi
cráneo. Me retiro a mis tripas. En alguna parte están quebrando cuerpos para que yo pueda vivir
en mi mierda. En alguna parte están abriendo cuerpos para que yo pueda estar solo con mi sangre.
Y tomo asiento en mi mierda, en mi sangre. Los pensamientos son heridas en mi cerebro. Mi
cerebro es una cicatriz. Yo quiero ser una máquina. Brazos para agarrar piernas para andar ningún
dolor ningún pensamiento.
Pantallas de TV apagadas. Sale sangre de la heladera. Tres mujeres desnudas: Marx, Lenin, Mao.
Cada una en su lengua y todas a un tiempo pronuncian el siguiente texto:

HAY QUE DERROCAR LAS CONDICIONES EXISTENTES EN LAS QUE EL HOMBRE...

Actor Hamlet se viste y se coloca la máscara.
HAMLET EL DANÉS PRÍNCIPE Y PASTO DE GUSANOS TROPEZANDO
DE HOYO EN HOYO HACIA EL ÚLTIMO HOYO SIN GANAS
A SUS ESPALDAS EL FANTASMA QUE LO ENGENDRÓ
VERDE AL IGUAL QUE LA CARNE DE OFELIA EN LA CAMA DEL PARTO
Y APENAS ANTES DE QUE EL GALLO CANTE POR TERCERA VEZ
EL BUFÓN LE ARRANCA AL FILÓSOFO SU GORRA DE CASCABELES
UN MASTIN FORNIDO SE METE DENTRO DE LA CORAZA
Entra dentro de la armadura. Hiende el hacha en los cráneos de Marx Lenin Mao. Nieve. Período
glaciar.

5.- FEROZ ESPERA/ EN LA TERRIBLE ARMADURA/ MILENIOS
Mar profundo. Ofelia en silla de ruedas. A su lado pasan paces escombros cadáveres restos.
OFELIA
(mientras habla. dos hombres de guardapolvo blanco la envuelven con vendas de gasa. También a
la silla de ruedas)
Desde aquí, Electra. En el corazón de las tinieblas. Bajo el sol de la tortura a todas las metrópolis
de la tierra. En el nombre de las víctimas. Expulso todo semen que he recibido. Hago de la leche de
mis pechos un veneno mortal. Retiro el mundo que engendré. Ahogo entre mis muslos al mundo
que di a luz. Lo entierro en mi sexo. Muerte a la felicidad del sometimiento. Que vivan el odio, el
desprecio, la rebeldía, la muerte. Cuando atraviese la alcoba empuñando el cuchillo sabrán la
verdad. Los hombres se retiran. Ofelia permanece sobre el escenario. Inmóvil debajo del
envoltorio blanco.

Nicolás Gogol - EL CASAMIENTO (Ruso)

Escrito por nohaydrama 02-04-2011 en General. Comentarios (0)

 

 

Nicolás Gogol

 

 

 

 

EL CASAMIENTO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Personajes

Agata Tijónovna, hija de un mercader, la novia

Arina Panteleimónovna, la tía

Tecla, casamentera

Podkolésin, consejero de tercera categoría

Kochkarév, su amigo

Iaíchnitza, procurador fiscal

Anúchkin, oficial de infantería retirado

Gevákin, marino

Duniáshka, sirvientita

Starikóv, mercader

Stepán, criado de Podkolésin

Acto I

Habitación de un soltero.

Escena I

Podkolésin: (Solo, tendido sobre el sofá, con la

pipa en la boca). Cuando uno medita en las horas de

ocio, llega a la conclusión de que, finalmente, debe

casarse. Después de todo... ¿qué? Uno vive, vive, y

total... ¿de qué le sirve? Y parecería que todo está

pronto, y ahí tenemos a la casamentera, que viene

aquí desde hace tres meses, ya. Palabra que ya me

causa cierto malestar ver que... ¡Eh, Stepán!

Escena II

Podkolésin, Stepán.

Podkolésin: ¿No vino la casamentera?

Stepán: No.

Podkolésin: ¿Fuiste a casa del sastre?

Stepán: Fui.

Podkolésin: Y qué... ¿Me cose el frac?

Stepán: Lo cose.

Podkolésin: ¿Y ha cosido mucho, ya?

Stepán: Bastante: ha empezado a hacer los ojales.

Podkolésin: ¿Qué dices?

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Stepán: Digo que ya ha empezado a hacer los

ojales.

Podkolésin: ¿Y no preguntó para qué necesitaba

yo el frac?

Stepán: No, no lo preguntó.

Podkolésin: Quizá te haya dicho: ¿no querrá casarse

tu patrón?

Stepán: No, no me dijo nada.

Podkolésin: Pero habrás visto en su taller otros

fracs. Porque supongo que también coserá para

otros ¿no es así?

Stepán: Sí, tiene muchos colgados ahí.

Podkolésin: Pero el paño de esos fracs no debe

ser tan bueno como el mío ¿verdad?

Stepán: Sí, el del suyo es mejor.

Podkolésin: ¿Qué dices?

Stepán: Digo que el del suyo es mejor.

Podkolésin: Bueno. ¿Y no te preguntó el sastre

por qué me

hago el frac de un paño tan fino?

Stepán: No.

Podkolésin: ¿No preguntó si yo pensaba casarme,

pongamos por caso?

Stepán: No, no lo preguntó.

Podkolésin: Pero le dijiste cuál es mi jerarquía en

la administración pública y dónde sirvo ¿verdad?

Stepán: Se lo dije.

Podkolésin: ¿Qué te contestó?

Stepán: Dijo que haría todo lo posible para que el

frac resultara bueno.

Podkolésin: Está bien. Vete.

(Stepán sale).

Escena III

Podkolésin (solo).

Podkolésin: Opino que el frac negro es más serio.

Los de color convienen más a los secretarios, los

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consejeros de cuarta categoría y demás morralla.

Resultan... un poco infantiles. Los que somos de

jerarquía más alta debemos mantener, como se dice,

el... ¡se me ha olvidado la palabra! ¡Una bonita palabra,

pero se me ha olvidado! Sí, hermano: el consejero

de tercera es prácticamente igual a un

coronel, sólo que su uniforme no tiene charreteras.

¡Eh, Stepán!

Escena IV

Podkolésin, Stepán.

Podkolésin: ¿Compraste el betún?

Stepán: Sí.

Podkolésin: ¿Dónde lo compraste? ¿En el almacén

del Voznecénsky Prospéct que te dije?

Stepán: En el mismo.

Podkolésin: ¿Y es bueno el betún?

Stepán: Bueno.

Podkolésin: ¿Probaste lustrar mis botas con ella?

Stepán: Probé.

Podkolésin: Y qué... ¿Brillan?

Stepán: Brillan bien.

Podkolésin: Y cuando el dueño del almacén te

vendió el betún... ¿no preguntó para qué necesitaba

el betún tu patrón?

Stepán: No.

Podkolésin: No te dijo: "¿Puede ser que tu patrón

proyecte casarse?"

Stepán: No, no me dijo nada.

Podkolésin: ¡Bueno, vete!

(Stepán sale).

Escena V

Podkolésin (solo).

Podkolésin: Parecería que las botas son una bagatela

y sin embargo, si están mal cosidas y el betún

no es todo lo negro que hace falta, en la buena sociedad

a uno no lo respetan como es debido. Se diría

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que... Y si aparecen callos, peor que peor. Estoy

pronto a soportar lo que sea, menos los callos. ¡Eh,

Stepán!

Escena VI

Podkolésin: Stepán.

Stepán: ¿Qué desea?

Podkolésin: ¿Le dijiste al zapatero que las botas

no debían causarme callos?

Stepán: Se lo dije.

Podkolésin: ¿Y qué te contestó?

Stepán: Me contestó que estaba bien. (Se va).

Escena VII

Podkolésin, luego Stepán.

Podkolésin: ¡Después de todo, un casamiento es

algo que da trabajo, qué diablos! Esto y lo otro y lo

de más allá. Esto y aquello debe estar como es debido.

¡No, qué demonios! Eso no es tan fácil como

dicen. (Entra Stepán). Yo quería decirte, también...

Stepán: Ha venido la vieja.

Podkolésin: ¡Ah! ¿Ha venido? Hazla entrar. (Stepán

sale). Sí, el casamiento es algo... algo que... algo

difícil.

Escena VIII

Podkolésin y Tecla.

Podkolésin: ¡Hola! Buenos días, Tecla Ivánovna!

Bueno... ¿Y qué? Toma una silla, siéntate y cuenta.

¿Cómo va eso? ¿Cómo dijiste que se llamaba la...?

¿Melánia?

Tecla: Ágata Tijónovna.

Podkolésin: Sí, sí, Ágata Tijónovna. Seguramente,

es alguna cuarentona...

Tecla: ¡Nada de eso! Si usted se casa con ella, me

alabará y me lo agradecerá todos los días de su vida.

Podkolésin: ¡Mientes, Tecla Ivánovna!

Tecla: Ya estoy vieja, hijo mío, para mentir así

como así.

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Podkolésin: ¿Y la dote, la dote? Vuelve a contármelo.

Tecla: La dote es una casa de piedra en el barrio

de la Moskóvska, de dos pisos, y con tanta renta que

es un placer; el tendero solo paga setecientos rubios

por su tenducho; y la cervecería del subsuelo atrae

también a mucha gente; hay dos pabellones de madera,

uno de ellos con cimientos de piedra, y que

rinden cuatrocientos rubios de renta. Por el lado de

Viborg, hay también una huerta. Hace ya tres años

que la arrienda un mercader, y es un hombre muy

sobrio, no bebe una sola gota de licor y tiene tres

hijos: dos ya están casados, y en cuanto al tercero, el

mercader dice: "Es joven, todavía; que se quede en

el tenducho, para atender mejor a la clientela; yo, ya

estoy viejo".

Podkolésin: Pero... ¿y ella? ¿Cómo es ella, personalmente?

Tecla: ¡Una joya! Blanca, sonrosada, pura sangre

y leche... Un deleite tal que cuesta pintarlo. Usted se

sentirá contento hasta aquí (se señala la garganta) y

les dirá al amigo y al enemigo: "¡Vaya con Tecla

Ivánovna! ¡Cómo se lo agradezco!".

Podkolésin: Pero no es hija de un oficial... ¿verdad?

Tecla: Es hija de un mercader de tercera. Pero tan

altiva que no le toleraría una ofensa ni a un general.

Ni siquiera quiere oír hablar de un novio mercader.

"A mí, que me den cualquier marido, aun de aspecto

insignificante, pero que sea noble". ¡Sí, es unamuchacha

refinada! Y cuando se pone el vestido de

seda de los domingos... bueno, ¡Dios me ampare!

¡Parece una duquesa!

Podkolésin: Por eso te lo he preguntado, precisamente;

porque soy consejero de tercera y... ¿Comprendes?

Tecla: Pues, sí... ¿Cómo no he de comprender?

Tuvimos a un consejero de tercera y lo rechazaron:

no gustó. Tenía una extraña costumbre: palabra que

decía, mentira que decía, y eso que su aspecto era

  7El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

tan serio... ¿Qué se podía hacer? Por lo visto, Dios

lo había hecho así; él mismo lo lamentaba, pero no

podía contenerse, tenía que mentir... Era la voluntad

de Dios.

Podkolésin: Bueno... Y además de esa... ¿no tienes

alguna otra por ahí?

Tecla: ¿Y para qué necesitas otra? Ésa es la mejor.

Podkolésin: ¿De veras que es la mejor?

Tecla: Aunque recorras el mundo entero, no encontrarás

otra que se le parezca.

Podkolésin: Lo pensaremos, lo pensaremos. Ven

a verme pasado mañana. Volveremos a hacer lo

mismo... ¿sabes? Yo me quedaré tendido aquí y tu

me contarás.

Tecla: Pero, hijo mío... ¡Por piedad! Hace ya tres

meses que vengo a verte, y nada: no haces más que

estarte sentado en bata y fumando tu pipa.

Podkolésin: ¿Y tú crees, quizás, que casarse es lo

mismo que decir "¡Eh, Stepán, dame las botas!"?

¿Qué basta con ponérselas y buen viaje? Hay que

reflexionarlo, mirarlo bien.

Tecla: Bueno... ¿Por qué no? Si quieres marido,

míralo. Para eso está la mercadería, para mirarla.

Pide que te traigan el caftán y ahora mismo, aprovecha

esta hermosa mañana para ir a verla.

Podkolésin: ¿Ahora? Fíjate qué nublado está el

tiempo. Si salgo, me puede sorprender la lluvia.

Tecla: ¡Pero para ti! Ya te asoman las canas y

pronto no servirás para marido. ¿Te crees algoextraordinario

por el hecho de ser consejero de tercera?

Hemos visto cosas mejores. Tenemos entre

manos a unos novios tales que ni siquiera te miraríamos.

Podkolésin: ¿Qué estupideces estás diciendo?

¿Qué ocurrencia es ésa de que tengo canas? ¿Dónde

están mis canas? (Se tantea los cabellos).

Tecla: ¿Cómo quieres que no las haya? Para eso,

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todo hombre envejece. No te gusta ésta, no te gusta

aquélla. ¡Ten cuidado! Le he echado el ojo a un capitán

que te lleva toda una cabeza. Tiene una voz de

trueno y sirve en el almirantazgo.

Podkolésin: Mientes, me miraré en el espejo.

¿Qué ocurrencia es ésa de las canas? ¡Eh, Stepán!

¡Tráeme el espejo! O, no, espera más bien. Iré yo

mismo. Eso, Dios me libre, sería peor que la viruela.

(Se va al cuarto contiguo).

Escena IX

Tecla y Kochkarév. (Entra corriendo)

Kochkarév: ¡Oye, Podkolésin!... (Al ver a Tecla).

¿Tú aquí? ¡Ah! ¿Oye? ¿Con quién diablos me casaste?

Tecla: ¿Y qué tiene de malo? Cumplió usted con

la ley.

Kochkarév: ¡Cumplí con la ley! ¿Crees que una

esposa es algo nunca visto? ¿Acaso yo no podía

vivir sin ella?

Tecla: Pero si tú mismo empezaste a insistirme:

cásame, cásame, te lo ruego.

Kochkarév: ¡Ah, vieja rata! Bueno... ¿Y para qué

has venido aquí? ¿Acaso Podkolésin quiere... ?

Tecla: ¿Por qué no? Dios lo iluminó.

Kochkarév: ¿De veras? ¡Qué infame! ¡Y a mí, no

me dijo una sola palabra! ¡Vaya un individuo! Con

que casándose a escondidas... ¿eh?

Escena X

Dichos y Podkolésin

(con el espejo en las manos, se mira fijamente en él).

Kochkarév: (Acercándose furtivamente por detrás,

lo asusta). ¡Puf!

Podkolésin: (Profiere un grito y deja caer el espejo).

¡Loco! Bueno... ¿Para qué... para qué... ? Vaya

una estupidez. Me asustaste de tal modo que tengo

toda el alma revuelta.

Kochkarév: ¡Bah! Sólo fue una broma.

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Podkolésin: ¡Vaya con la broma! Todavía me dura

el susto. Y, ya lo ves: he roto el espejo. Te advierto

que no lo regalan: lo compré en un comercio

inglés.

Kochkarév: Bueno, bueno: ya te compraré otro.

Podkolésin: Sí, sí, me lo comprarás. Ya conozco

esos espejos: cuando uno se mira en ellos, parece

tener diez años más y la cara torcida.

Kochkarév: Oye, soy yo quien tiene motivo para

estar enojado contigo: a mí, tu amigo, me lo ocultas

todo. ¡Piensas casarte!

Podkolésin: ¡Tonterías, no me propongo semejante

cosa!

Kochkarév: La prueba está a la vista. (Señala a

Tecla). Ya sabes quién es ese pájaro. Bueno, bueno,

el asunto no tiene nada de particular. Se trata de algo

cristiano, hasta necesario para la patria. Me encargaré

de esa tarea. (A Tecla). Vamos, habla: di

cómo son las cosas, quién es y todo lo demás. ¿Es

de la nobleza o comerciante o qué es? ¿Y cómo se

llama?

Tecla: Ágata Tijónovna.

Kochkarév: ¿Ágata Tijónovna Brandajlístova?

Tecla: ¡Oh, no... ! Kuperdiáguina.

Kochkarév: Vive en la calle de las Seis Tiendas...

¿verdad?

Tecla. No, no; más bien cerca de Peski, en la bocacalle

de Milni.

Kochkarév: Aja... Sí. En la bocacalle de Milni, al

lado de la tienda... ¿no es eso?

Tecla: No, junto a la cervecería.

Kochkarév: ¿A la cervecería? Entonces, ya no me

lo explico.

Tecla: Pues cuando dobles la bocacalle, verás de

frente una casilla; y después de pasar la casilla, dobla

a la izquierda y entonces tendrás ante tus ojos una

  10El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

casa de madera, donde se aloja una costurera que

vivió con el subsecretario del Senado. No en la casa

de la costurera; junto a ella, hay otra casa, de piedra

y ahí vive Ágata Tijónovna, la novia.

Kochkarév: Bueno, bueno. Ahora, ya me encargaré

de todo: puedes irte. Ya no te necesitamos.

Tecla: ¡Cómo! ¿Tú mismo quieres concertar la

boda?

Kochkarév: Yo mismo, yo mismo: no te metas.

Tecla: ¡Ah, desvergonzado! Pero... si eso no es

cosa de hombres! ¡Apártate, hijo, apártate de ese

asunto!

Kochkarév: ¡Vete, vete! No entiendes nada, no te

metas. Métete en lo tuyo... ¡Fuera de aquí!

Tecla: ¡Sólo piensas en quitarles el pan a los demás,

hereje! ¿No te avergüenza meterte en semejante

bagatela? De haberlo sabido, no te habría

dicho nada. (Se va, con aire de despecho).

Escena XI

Podkolésin y Kochkarév.

Kochkarév: Bueno, hermano. Este asunto no

puede postergarse: en marcha.

Podkolésin: Pero si todavía no he decidido nada.

Sólo he pensado...

Kochkarév: ¡Tonterías, tonterías! Bastará con que

no pierdas la serenidad: te casaré de tal modo que ni

siquiera te enterarás. Ahora mismo iremos a ver a la

novia y verás cómo se hará todo en un santiamén.

Podkolésin: ¡Vaya una ocurrencia! ¡Ir inmediatamente!

Kochkarév: ¿Y por qué hemos de esperar? Dime...

¿Por qué? Reflexiona tú mismo. ¿Para qué te

sirve tu vida de soltero? Mira tu cuarto: ¿qué ves en

él? Ahí, una bota sin lustrar, allá la jofaina del lavabo,

más allá un montón de tabaco sobre a mesa; y

tú, te pasas el día tendido como un holgazán, bostezando.

Podkolésin: Es verdad. Reconozco que aquí no

  11El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

hay orden.

Kochkarév: En cambio, cuando tengas esposa,

no te reconocerás a ti mismo ni reconocerás tu

cuarto; aquí habrá un diván, un perrito, algún canario

en su jaula, un trabajo de costura. E imagínate

que estás sentado en el diván... y de repente se te

arrima una mujercita, una linda mujercita, y te acaricia

así... con su pequeña mano...

Podkolésin: ¡Ah, qué diablos! Si bien se piensa,

hay manecitas que parecen de leche...

Kochkarév: ¡Hombre! ¡Cualquiera diría que las

mujeres sólo tienen manecitas! Tienen, hermano...

¡Bueno, a qué hablar! ¡Tienen de todo, qué diablos!

Podkolésin: Para serte franco, me gusta ver sentado

a mi lado a una linda mujercita.

Kochkarév: Bueno, ya lo ves, tú mismo has digerido

el asunto. Ahora, sólo falta tomar las medidas

necesarias. No te preocupes de nada. El almuerzo

nupcial y todo lo demás... corre por mi cuenta. Habrá

que encargar por lo menos una docena de botellas

de champaña: menos imposible, hermano,

También hará falta media docena de botellas de

Madera. La novia, sin duda, tendrá su legión de tías

y comadres... y ésas, no quieren saber de bromas.

En cuanto al vino del Rhin, que se lo lleve el diablo...

¿no te parece? En lo que respecta al almuerzo,

tengo en vista a un cocinero que es una maravilla: da

de comer en tal forma que uno después ni siquiera

está en condiciones de levantarse.

Podkolésin: ¡Hombre! Tomas el asunto con tanto

apasionamiento que se diría que realmente me voy a

casar pronto.

Kochkarév: ¿Y por qué no? ¿Por qué postergar la

boda? Tú estás de acuerdo... ¿verdad?

Podkolésin: ¿Yo? Bueno, no... no estoy completamente

de acuerdo.

  12El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév: ¡Ahora, salimos con ésas! ¡Pero si

acabas de decirme que quieres casarte!

Podkolésin: Sólo dije que no estaría mal.

Kochkarév: ¡Hermano...! Pero si nosotros ya

íbamos a... Veamos... ¿Acaso no te gusta la vida de

casado?

Podkolésin: Sí, me gusta.

Kochkarév: ¿Y entonces? ¿Qué obstáculos ves?

Podkolésin: Ninguno, el asunto me parece un poco

raro...

Kochkarév: ¿Qué tiene de raro?

Podkolésin: ¿Cómo no ha de serlo? Me ha pasado

tanto tiempo sin casarme, y ahora, de repente,

me caso...

Kochkarév: Vamos, vamos... ¿No tienes vergüenza?

No, ya lo veo: contigo, hay que hablar seriamente;

te seré franco, como un padre con su hijo.

Bueno, mírate con atención, como me miras a mí,

por ejemplo. ¿Qué eres, ahora? Un alcornoque

cualquiera, una cosa sin sentido. ¿Para qué vives?

Vamos, mírate en el espejo. ¿Qué ves? Una cara

estúpida y nada más. Y aquí, imagínate, a tu lado

habría chiquillos, y quizás no sólo dos o tres sino

no menos de media docena, y todos igualitos a ti,

como una gota de agua a otra. Ahora estás solo, eres

un simple consejero de tercera o jefe de sección o lo

que sea; y entonces, en cambio, a tu alrededor habrá

varios consejeritos, y algunos de esos bribonzuelos

te tirará de la barba y tú te limitarás a aullarle como

un perrito: "¡Uau, uau, uau!" Bueno... Dímelo tú

mismo... ¿Hay algo mejor que eso?

Podkolésin: Pero si todos esos chiquillos son

muy traviesos... Lo estropearán todo, me dispersarán

los papeles.

Kochkarév: ¡Qué hagan travesuras...! Pero todos

se te parecerán; eso es lo que importa.

  13El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Podkolésin: En realidad, el asunto hasta resulta

gracioso, qué diablos: ¡pensar que un cachorro semejante,

que no levanta dos palmos del suelo, pueda

ya parecérsele a uno!

Kochkarév: ¡Cómo no ha de ser gracioso! ¡Claro

que lo es! Vamos, pues.

Podkolésin: Bueno, vamos.

Kochkarév: ¡Eh, Stepán! Dale pronto la ropa a tu

patrón, que se va a vestir.

Podkolésin: (Vistiéndose ante el espejo). Creo,

con todo, que me convendría usar el chaleco blanco.

Kochkarév: ¡Tonterías! Tanto da.

Podkolésin: (Poniéndose el cuello). ¡Maldita lavandera!

Me ha almidonado tanto los cuellos que no

hay forma de sujetarlos. Stepán, dile que si me sigue

planchando así la ropa le encargaré el trabajo a otra.

Seguramente, en vez de planchar se pasa el tiempo

con sus amantes.

Kochkarév: ¡Vamos, hermano, date prisa! ¡Qué

lento eres!

Podkolésin: Ya va, ya va. (Se pone el frac y se

sienta). Oye, lliá Pómich. ¿Sabes una cosa? Ve tú

sólo.

Kochkarév. ¡Ésa sí que es buena! ¿Te has vuelto

loco? ¡Que vaya yo solo! Pero... ¿quién se casa? ¿Tú

o yo?

Podkolésin: ¡De veras...! No sé por qué, no tengo

muchas ganas. Dejémoslo para mañana.

Kochkarév: Vamos... ¿Te queda un átomo de

sentido común? ¿No se podría decir que eres un

alcornoque? Ya estás preparado para salir... ¡y, de

pronto, dices que no hace falta! Vamos, dime, por

favor... ¿No mereces que te llame cerdo y bribón, a

fin de cuentas?

Podkolésin: Bueno... ¿Por qué me insultas? ¿Para

qué? ¿Qué te he hecho?

  14El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév: ¡Eres un estúpido, un estúpido a

carta cabal, eso lo dirá cualquiera! ¡Un estúpido,

aunque seas consejero de tercera! Vamos a ver...

¿Por quién me preocupo? Pienso en tu bien. ¡Maldito

solterón! ¡Hete ahí tendido como un tronco!

Vamos, dime. ¿Qué pareces, así? Eres un imbécil,

una porquería... Hasta diría una palabra... pero sería

demasiado indecente. ¡Mujer! ¡Eres peor que una

mujer!

Podkolésin: Bueno eres tú también, después de

todo. (En voz baja). ¿Has perdido el juicio? ¡A dos

pasos de nosotros está mi criado y me insultas en su

presencia y con qué palabrotas! ¿No encontraste un

lugar mejor?

Kochkarév: ¿Cómo no te he de insultar, dímelo?

¿Quién no haría lo mismo, en mi lugar? ¿Quién dejaría

de insultarte? Como un hombre respetable,

habías resuelto casarte, te portabas razonablemente

y de pronto... porque sí, por mera estupidez, soalcornoque...

Podkolésin: ¡Bueno, basta ya, iré! ¿A qué tanto

grito?

Kochkarév: ¡Iré! Claro... ¿Qué otra cosa podrías

hacer? (A Stepán). Dale el sombrero y el capote.

Podkolésin: (En el umbral). ¡Qué hombre tan raro!

No hay forma de entenderse con él: lo insulta a

uno por cualquier cosa. No sabe de buenos modales.

Kochkarév: Se acabó. Ya no te insulto. (Ambos

salen).

Escena XII

Habitación en casa de Ágata Tijónovna.

Agata Tijónovna echa un solitario; su tía ArinaPanteleimónovna

observa.

Ágata Tijónovna: ¡Otro camino, tía! Se interesa

no sé qué rey de corazones... hay lágrimas... una

carta de amor; por la izquierda, se muestra afectuoso

el rey de pique, pero una malvada le estorba.

  15El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Arina Panteleimónovna: ¿Y quién podría ser, en

tu opinión, el rey de pique?

Ágata Tijónovna: No lo sé.

Arina Panteleimónovna: Pues yo sí lo sé. Ágata

Tijónovna: ¿Quién es?

Arina Panteleimónovna: Un buen compañero,

Alejo Dmitrievich Starikóv.

Ágata Tijónovna: Eso sí que no, con seguridad.

¡Apostaría a que no!

Arina Panteleimónovna: No discutas, Ágata Tijónovna.

¡Su cabello es tan rubio! No hay otro rey

de pique.

Ágata Tijónovna: Te digo que no: el rey de pique

significa aquí a un noble... A un mercader, le costaría

pasar por el rey de pique.

Arina Panteleimónovna: ¡Ah, Ágata Tijónovna!

¡Por cierto que no dirías eso si viviera aún tu padre

Tijón Panteleimónovich! El difunto solía asestar un

puñetazo sobre la mesa y gritar: "¡Que se vaya al

infierno el que se avergüence de ser mercader! ¡Y no

casaré a mi hija con un coronel! ¡Que eso lo hagan

otros! Y a mi hijo, no le haré servir en la administración

pública. ¿Acaso un mercader no sirve al zar a

su manera, tanto como cualquier otro? Y descargaba

el puño sobre la mesa. ¡Y tenía una manaza como

un balde! A decir verdad, vapuleó bastante a tu madre.

De lo contrario, la difunta habría vivido más

tiempo.

Ágata Tijónovna: ¡Y yo, podría tener un marido

tan malvado como él! ¡No me casaré con un mercader

por nada del mundo!

Arina Panteleimónovna: ¡Si Alejo Dmitrievich no

es así!

Ágata Tijónovna: ¡No quiero, no quiero! Tiene

barba. Apenas empieza a comer, todo se le escurre

por la barba. ¡No, no quiero!

  16El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Arina Panteleimónovna: Pero... ¿dónde se podría

conseguir un buen noble? En la calle no, por cierto.

Ágata Tijónovna: Tecla Ivánovna lo encontrará:

ha prometido encontrar algo de lo mejor.

Arina Panteleimónovna: Pero... ¡si es una embustera,

tesoro mío!

Escena XIII

Dichas y Tecla.

Tecla: ¡Oh, no! ¡Es pecado hablar de los ausentes

sin motivo, Arina Panteleimónovna!

Ágata Tijónovna: ¡Ah, es Tecla Ivánovna! ¡Bueno,

vamos, habla, cuenta! ¿Hay?

Tecla: Hay, hay, pero déjame tomar aliento... ¡He

estado tan atareada! Para cumplir tu encargo he estado

en todas partes, me he arrastrado por las oficinas

públicas, por los ministerios, hasta por las

comisarías... ¿Sabes que poco faltó para que me pegaran?

¡Te lo juro! La vieja que casó a las de Aférov

se me acercó con aire amenazador y me dijo:

"¡Condenada, me quitas el pan! ¡Estás trabajando

fuera de tu distrito!- "¿Y qué -repliqué, sin ambages-.

Tratándose de mi señorita, perdona, pero no

ahorraré esfuerzos, quiero dejarla satisfecha". ¡Y

hay que ver los novios que te he preparado! El

mundo seguirá rodando, pero nunca se han visto

novios semejantes. Hoy, vendrán varios. Vine corriendo

especialmente para avisarte.

Ágata Tijónovna: ¿Cómo hoy? ¡Tecla Ivánovna,

alma mía, tengo miedo!

Tecla: ¡No temas, querida! Vendrán a ver y nada

más. Y tú, los mirarás a ellos: si no te gustan, se irán.

Arina Panteleimónovna: ¡Bueno, supongo que se

los habrás traído buenos!

Ágata Tijónovna: ¿Y cuántos son? ¿Muchos?

Tecla: Seis.

Ágata Tijónovna: (Con un gritito). ¡Oh!

  17El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Tecla: ¿Por qué te alborotas tanto, tesoro? Así,

podrás elegir mejor: si no te sirve uno, te servirá

otro.

Ágata Tijónovna: ¿Son nobles?

Tecla: Las perlas mismas de la nobleza, a cual

mejor: de esos nobles que no se han visto todavía.

Agata Tijónovna: Vamos, dime... ¿Cómo son?

¿Cómo son?

Tecla: Todos buena gente, unos hombres magníficos,

como es debido. El primero, Baltasar Baltasárovich

Gevákin, ha servido en la marina. Dice que le

gustan las novias de buen físico, nada de anémicas.

E Iván Pávlovich, el agente fiscal, es tan importante

que hasta resulta difícil abordarlo. ¡Es tan corpulento,

tan gordo! Y, de repente, me empieza a gritar:

"A mí, no me vengas con que la novia es tal o cual, a

mí dime sin rodeos cuáles son sus propiedades y sus

bienes muebles". ¡Tanto de esto y tanto de lo otro,

señor mío! "¡Mientes, hija de perra!" Y agregaotra

palabrota tan fuerte que hasta me avergüenza repetirla.

Yo, inmediatamente, comprendí: ¡debía ser un

hombre muy importante!

Ágata Tijónovna: Bueno... ¿Y quién más?

Tecla: Nicanor Ivánovich Anúchkin. ¡Un hombre

tan delicado! Y con sus labios como guindas,

palabra. ¡Guapísimo! "Lo que yo necesito -me dijoes

que la novia sea bonita y educada y sepa hablar el

francés". Sí, un hombre muy fino, educado a la alemana,

eso se ve a la legua, y pequeño, flacucho, de

piernas delgadas.

Ágata Tijónovna: No, a mí esos flacucho no me

gustan... No sé. Pero... ¡No les veo nada de atrayente...!

Tecla: Si te gustan más macizos, ahí lo tienes a

Iván Ivánovich. Imposible elegir mejor. Ése sí que

no hay nada que decir, es todo un caballero. No entra

por esa puerta.

  18El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Ágata Tijónovna: ¿Y qué edad tiene?

Tecla: Es joven. Tendrá unos cincuenta años, y

aún quizás no los tenga.

Ágata Tijónovna: ¿Y cómo se llama?

Tecla: Iván Pávlovich Iaíchnitza.

Ágata Tijónovna: ¿Eso es un apellido?

Tecla: Un apellido.

Ágata Tijónovna: ¡Ah, Dios mío, qué apellido!

Pero, Tecla de mi alma... Si me casara con él, me

llamaría de la noche a la mañana Ágata Tijónovna

Iaíchnitza! ¡Dios mío!

Tecla: Hija mía, en Rusia hay unos apellidos que,

cuando uno los oye, sólo puede escupir y santiguarse.

Bueno, si no te gusta ése, ahí lo tiene a Baltasar

Baltasárovich Gevákin... un novio que es una joya.

Ágata Tijónovna: ¿Cómo tiene el cabello?

Tecla: Lindo, lindo.

Ágata Tijónovna: ¿Y la nariz?

Tecla: Y... y la nariz, también es linda; todo lo tiene

en su lugar; lo que se llama un novio de primera.

Pero no lo tomes a mal: en su casa, sólo tiene una

pipa: ni un mueble.

Ágata Tijónovna: ¿Quién más hay?

Tecla: Akinfo Stepánovich Panteléev, funcionario,

consejero de tercera, un poco tartamudo, pero

muy modesto.

Arina Panteleimónovna: ¡Tú, dale que dale con lo

de funcionario! Dinos si no es bebedor; eso es lo

que queremos saber.

Tecla: ¡Oh, en cuanto a eso, bebe, no puedo negarlo!

Para eso es consejero de tercera. En cambio,

es una seda.

Ágata Tijónovna: No, no quiero que mi marido

sea un borracho.

Tecla: ¡Como gustes, tesoro! Si no quieres al uno,

toma a otro... Por lo demás... ¿qué importa si alguna

  19El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

vez un hombre bebe una copa de más? Después de

todo, ése no se pasa toda la semana borracho: hay

días en que no bebe.

Ágata Tijónovna: Bueno. ¿Y quién más está?

Tecla: Hay otro, pero ése... ¡Dios le ayude! Los

que te dije son mejores.

Ágata Tijónovna: Pero... ¿quién es?

Tecla: Yo no quisiera ni aun hablarte de él. Es

consejero de tercera y luce una orden en la solapa,

pero es tan difícil de mover que no hay modo de

sacarlo de su casa.

Ágata Tijónovna: Bueno... ¿Y quién más? Sólo

hay cinco y me hablaste de seis.

Tecla: Pero... ¿acaso no te basta con cinco? Te

habías asustado de la media docena y ahora... ¡mira

qué alborotada estás!

Arina Panteleimónovna: ¿Y qué quieres que hagamos

con tus nobles? Aunque son seis, un solo

mercader vale por todos ellos.

Tecla. ¡Oh, no, Arina Panteleimónovna! Un noble

es más respetable.

Arina Panteleimónovna: ¿Y de qué nos sirve que

sea respetable? Ahí lo tienes a Alejo Dmítrievich,

que cuando pasa en trineo y con su gorra de piel...

Tecla: Y si se encuentra con un noble de charreteras,

el noble le dice: "¡Eh, mercader de tres al

cuarto, apártate de mi camino!" O, si no: "¡A ver,

mercader, muéstrame la mejor seda que tengas!" Y

el mercader responde: "¡A sus órdenes, señor!" Yel

noble le grita: "¡Vamos, quítate el sombrero, mal

educado!" He ahí lo que le dice un noble.

Arina Panteleimónovna: Pero el mercader, si

quiere, no le da paño al noble y el noble tiene que

andar como Dios lo echó al mundo.

Tecla: Entonces, el noble le da una buena zurra al

mercader.

  20El Casamiento                                                                                       www.infotematica.com.ar

 

Arina Panteleimónovna: Y el mercader se va a

quejar a la policía.

Tecla: Y el noble se va a quejar a un senador.

Arina Panteleimónovna: Y el mercader, al gobernador.

Tecla: Y el noble...

Arina Panteleimónovna: ¡Mientes, mientes! ¡Un

gobernador es más que un Senador! ¡Mira qué modo

de alardear con su noble! Y el noble, cuando hace

falta, agacha tanto el espinazo como... (Suena la

campanilla de la puerta de calle). Parece que llaman.

Tecla: ¡Oh, son ellos!

Arina Panteleimónovna: ¿Quién, ellos?

Tecla: Pues ellos... Alguno de los novios.

Ágata Tijónovna: (Sobresaltada). ¡Ah!

Arina Panteleimónovna: ¡Dios mío, apiádate de

nosotras las pecadoras! ¡Qué desorden hay aquí!

(Agarra todo lo que está sobre la mesa y corre por el

cuarto). Y la servilleta, la servilleta de la mesa está

completamente negra. ¡Duniáshka! ¡Duniáshka!

(Aparece Duniáshka). ¡Pronto, una servilleta limpia!

(Retira de un tirón la servilleta y da vueltas por la

habitación frenéticamente).

Ágata Tijónovna: ¡Ay, tía! ¿Cómo hago? Estoy

casi en camisa.

Arina Panteleimónovna: ¡Corre a vestirte, pronto!

(Da vueltos frenéticamente por la habitación. Duniáshka

trae una servilleta, vuelve a sonar la campanilla).

¡Corre, dile que ya va! (Duniáshka grita desde

lejos: "¡Ya va!").

Ágata Tijónovna: ¡Tía! ¡Pero si mi vestido no

está planchado!

Arina Panteleimónovna: ¡Ay, Dios misericordioso!

¡Sálvanos de este trance! Ponte otro.

Tecla: (Entra corriendo). ¿Y por qué no salen?

¡Pronto, Agata Tijónovna, tesoro mío! (Se oye el

timbre). ¡Oh! ¡Pero si todavía está esperando!

  21El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Arina Panteleimónovna: Duniáshka, hazlo entrar

y pídele que espere. (Duniáshka corre y se la oye

abrir la puerta. Se distinguen voces: "¿Está encasa?"

"Sí, está, haga el favor de pasar". Las mujeres,con

curiosidad, tratan de atisbar por el ojo de la cerradura).

Ágata Tijónovna: (Con sobresalto). ¡Oh, qué

gordo! Tecla: ¡Viene, viene! (Todas salen corriendo).

Escena XIV

Iván Pavlóvich Iaíchnitza y Duniáshka.

Duniáshka: Espere aquí. (Sale).

Iaíchnitza: Bueno, si de esperar se trata, esperaremos,

siempre que no demoren mucho; a duras

penas pude hacer una escapada del ministerio. Y si,

de pronto, el jefe preguntara: "¿Dónde está el agente

fiscal?" "Fue a ver a una novia". ¡Me pondríacomo

nuevo con la novia! Por lo demás, vamos a releer el

detalle de los bienes... (Lee). "Una casa de piedra de

dos pisos..." (Alza los ojos y pasea la mirada por la

habitación), ¡Está! (Sigue leyendo)."Tiene dospabellones:

uno de cimientos de piedra, otro de madera..."

Bueno, el de madera no vale gran cosa..." Un

birlocho, un trineo con un tallado debajo de laalfombra".

Serán de esos que sólo sirven para venderlos

como trastos viejos. Pero la vieja asegura que

son de primer orden, Bueno, supongamos que lo

sean. "Dos docenas de cucharas de plata..." Claro,

en una casa hacen falta cucharas de plata. "Dos

abrigos de piel de zorro..." ¡Hum! "Cuatrocolchones

grandes de plumas y dos pequeños". (Aprieta

los dientes, con aire significativo). "Una docena de

vestidos de seda y otra de vestidos de sarga, dos camisas

de noche, dos... Bueno, esto son bagatelas.

"Ropa Interior, servilletas. Eso, que sea como ella

quiera. Ahora quizás te prometan una casa y un

birloche y un trineo... y cuando te cases, tal vez sólo

encuentres colchola carrera la habitación para abrir

  22El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

la puerta. Se oyen voces: "¿Está en casa?""Sí, está").

Escena XV

Iván Pavlóvich y Anúchkin.

Duniáshka: Espere aquí. Saldrán a recibirlo. (Sale.

Anúchkin saluda a Iaíchnitza).

Anúchkin: ¿Tengo el honor de saludar al padre

de la encantadora dueña de casa?

Iaíchnitza: De ningún modo, no soy su padre ni

mucho menos. Ni siquiera tengo hijos.

Anúchkin. ¡Ah, perdón, perdón!

Iaíchnitza: (Aparte). La fisonomía de ese hombre

me parece sospechosa. ¿No habrá venido con el

mismo fin que yo? (En voz alta). ¿Supongo que usted

viene a ver a la dueña de casa por algún asunto?

Anúchkin: No, no me trae ningún asunto. Sólo

entré de paso... estaba paseando.

Iaíchnitza: (Aparte). ¡Miente, miente! ¡Ese paseo

es una patraña! ¡Lo que quiere el bribón, es casarse!

(Suena la campanilla. Duniáshka se precipita a abrir,

cruzando la escena. Se oyen voces: "¿Está encasa?"

"Sí, está").

Escena XVI

Dichos y Gevákin, acompañado por la sirvientita.

Gevákin: (A Duniáshka). Por favor, querida, límpiame

un poco la ropa... ¡En la calle, me he cubierto

de polvo! Mira, quítame esa plumita... (Volviéndose).

¡Eso es! Gracias, tesoro. Espera, fíjate... ¡Parece

que ahí se arrastra una arañita! ¿Y atrás en los faldones,

no tengo nada? ¡Gracias, ángel mío! Parece

que aquí hay algo más. (Se trota con la mano la

manga del frac y mira furtivamente a Anúchkin y a

Iaíchnitza). ¡El paño es inglés, después de todo! ¡Y

hay que ver el resultado que da! Lo compré y me

hice confeccionar un uniforme cuando era aún

contramaestre en 1785, y nuestra flota estaba en Sicilia;

en 1801, con Pável Petróvich, me hicieron teniente...

  23El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

y el paño seguía estando flamante; en 1804,

di la vuelta al mundo y apenas se gastaron un poco

las costuras; en 1815, pedí el retiro y simplemente

me hice dar vuelta el uniforme; y hace 10 años que

lo llevo y está como nuevo. Gracias, querida... ¡tesorito!

(Le oprime la mano y acercándose al espejo, se

revuelve un poco el cabello).

Anúchkin: ¿Y qué tal es... permítame que le pregunte...

esa Sicilia... a la cual acaba de referirse? ¿Un

hermoso país?

Gevákin: ¡Oh, espléndido! Pasamos allí treinta y

cuatro días; el paisaje, les aseguro a ustedes, esencantador.

¡Unas montañas, algún granado, y por

todas partes unas italianitas que dan ganas de comérselas

a besos!

Anúchkin: ¿Y son cultas?

Gevákin: ¡Extraordinariamente! Tanto como

nuestras condesas, por ejemplo. A veces, uno se

pasea por la calle... bueno, un oficial ruso, naturalmente,

luce sus charreteras. (Señala los hombros). Y

tiene el uniforme recamado en oro, y cuando ve allí

a esas beldades morenas... asomadas a los balcones...

porque allí todas las casas tienen sus balcones

y terrazas, chatas como ese piso... Naturalmente,

para no hacer mal papel, uno... (Se inclina y hace un

ademán) y ella le contesta con lo mismo. (Hace otro

ademán). Naturalmente, las italianitas visten muy

bien: algún volado, un cordoncito, unos aretes... ¡en

fin, lo que se llama un bocado principesco!

Anúchkin: Y, permítame que le pregunte... ¿Qué

idioma hablan en Sicilia?

Gevákin: ¡Oh! Naturalmente, el francés.

Anúchkin: ¿Y todas las damas lo conocen?

Gevákin: Todas, sin excepción. ¡Le parecerá increíble,

pero vivimos allí treinta y cuatro días y en

todo ese tiempo no oí una sola palabra de ruso!

  24El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Anúchkin: ¿Ni una sola?

Gevákin: Ni una sola. No hablo ya de los nobles

y demás caballeros: pero tomemos a un simple

campesino de Sicilia que se gana la vida cargando al

hombro cualquier bagatela y digámosle: "Dame pan,

hermano", y no lo entenderá a uno, se lo juro; pero

dígale usted en cambio en francés "Dateci delpane"

o "portate vino" y el muy bribón lo comprenderá en

seguida y correrá a buscarlo.

Iván Pavlóvich: Esa Sicilia debe ser un país muy

curioso. ¿Cómo es el campesino a quien acaba de

referirse...? ¿Idéntico al mujik ruso... ancho de espaldas?

¿Labra la tierra?

Gevákin: No sabría decírselo: no miré si labraban

la tierra o no; pero en cuanto a oler tabaco, le aseguro

que no sólo lo huelen, sino que hasta lo mastican.

El transporte es allí muy barato: casi no hay más que

agua y por todas partes se ven góndolas. ¡Y las italianitas

son unas divinidades! ¡Todas de punta en

blanco, con su pañuelito en la manga! Con nosotros,

había también oficiales ingleses, gente como la

nuestra, marinos... y al principio nos sentíamos muy

incómodos. Pero cuando nos conocimos bien, empezamos

a entendernos a las mil maravillas. Bastaba

con señalar así una botella o un vaso... e inmediatamente

comprendían que queríamos beber; uno se

acercaba el puño así a la boca y hacía con los labios

"paf, paf", y eso significa fumar en pipa. Engeneral,

debo confesarles que el idioma es bastante fácil...

nuestros marineros empezaron a entenderse con los

ingleses a los tres días.

Iván Pavlóvich: Por lo visto, la vida en el extranjero

es muy interesante. Me encanta encontrarme

con un hombre que conoce mundo. Permítame preguntarle...

¿Con quién tengo el honor de hablar?

Gevákin: Gevákin, teniente de la marina retirado.

  25El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Permítame preguntarle, por mi parte... ¿Con quién

tengo el privilegio de platicar?

Iván Pavlóvich: Soy Iván Pavlóvich Iaíchnitza,

agente fiscal.

Gevákin: (Que no ha oído bien). Sí, yo también

comí algo por el camino. Me faltaba un buen trecho

y hacía frío: me comí un arenque con pan.

Iván Pavlóvich: No, creo que usted no me interpretó

bien: mi apellido es Iaíchnitza.

Gevákin: (inclinándose). ¡Ah, perdón! Soy un poco

sordo. Creí haberle oído decir que había comido

una tortilla de huevos fritos.

Iván Pavlóvich: ¡Qué le hemos de hacer! Le pedí

a mi jefe que me permitiera cambiar mi apellido por

el de Iaíchnizin, pero él se negó, diciendo: "Sonará a

sobáchiisin1" .

1 En ruso, "hijo de perra". (N. del T.)

Gevákin: Esas cosas suceden. En nuestra tercera

flota, todos los oficiales y marineros tenían unos

apellidos rarísimos: Pomóikin, Sáizev Liubopítni2. Y

hasta había un buen contramaestre que se llamaba,

pura y simplemente, Dirka3.

(Se oye la campanilla de la puerta de calle: Tecla

cruza corriendo la escena para abrir).

Iaíchnitza: ¡Hola, querida!

Gevákin: ¡Eh! ¿Qué tal, tesoro?

Anúchkin: ¡Hola, Tecla Ivánovna!

Tecla: (Sin detenerse). ¡Bien, bien, gracias, hijos

míos! (Abre la puerta y se oyen voces: "¿Está en

casa?" "Sí que está". Luego, se oyen confusamente

algunas palabras más, a las cuales Tecla responde,

con fastidio: "¡Vaya la ocurrencia!").

Escena XVII

Dichos, Kochkarév, Podkolésin y Tecla.

Kochkarév: (A Podkolésin). No te olvides simplemente

de tener valor, eso es lo principal. (Mira a

  26El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

su alrededor, se inclina saludando, con cierto asom-

2 "Agua sucia", "El del conejo","Curioso". (N. del T.)

bro y dice para sí). ¡Caramba, vaya una multitud!

¿Qué significa esto? ¿No serán novios? (Le propina

un codazo a Tecla y le dice, en voz baja). Has reunido

cuervos de todas partes... ¿eh?

Tecla: (En voz baja). Aquí no hay cuervos: todos

son hombres honrados.

Kochkarév: (A Tecla). Y, seguramente, de bolsillos

agujereados. (En voz alta). Pero... ¿qué estará

haciendo ahora esa dama? Esta puerta debe dar a su

alcoba. (Se acerca a la puerta).

Tecla: ¡Desvergonzado! Ya te han dicho que se

está vistiendo.

Kochkarév: ¡Bah! ¿Y qué? Sólo echaré un vistazo

y nada más. (Mira por la cerradura).

Gevákin: Permítame curiosear también a mí.

Iaíchnitza: Déjeme echar una miradita, una sola.

Kochkarév: (Sigue mirando). Pero... ¡no se ve nada,

señores! ¡Y cualquiera adivina qué es eso blanco

que se ve, si una mujer o una almohada! (Todos han

rodeado la puerta y se abren paso para mirar). Sst.

Alguien viene. (Todos se apartan de la puerta, de un

salto).

3 "Agujero".(N. del T.)

Escena XVIII

Dichos, Arina Panteleimónovna y Agata Tijónovna.

Arina Panteleimónovna: (A Iaíchnitza). ¿Cuál es

el motivo de su visita?

Iaíchnitza: He sabido por los diarios que ustedes

quieren presentarse a licitación para proveer madera

y leña, y por eso, como agentes fiscal que soy, he

venido a averiguar qué madera ofrecen y qué cantidad

y tiempo pueden proporcionarla.

Arina Panteleimónovna: Aunque no nos proponemos

presentarnos a ninguna licitación, nos alegramos

  27El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

de su visita. ¿Su apellido?

Iaíchnitza: Iván Pavlóvich Iaíchnitza, consejero

de cuarta categoría.

Arina Panteleimónovna: Tenga la bondad de

sentarse. (Volviéndose hacía Gevákin, y mirándolo).

Permítame preguntarle...

Gevákin: Yo también leí en los diarios un aviso

sobre no sé qué. Y me dije: bueno, vamos. El tiempo

estaba hermoso, el camino cubierto de césped...

Arina Panteleimónovna: ¿Su apellido?

Gevákin: Soy el teniente de marina retirado Baltasar

Baltasárovich Gevákin. Hubo antes de mí otro

Gevákin, pero se retiró antes que yo: lo hirieron debajo

de la rodilla y la bala pasó de una manera tan

extraña, que no tocó la rodilla sino que rozó la vena...

y se diría que la cosió con un aguja, de tal modo

que cuando uno estaba parado junto a él parecía a

cada momento que quería propinarle un rodillazo.

Arina Panteleimónovna: Sírvase sentarse. (A

Anúchkin). ¿Podría saberse a qué debemos su visita?

Anúchkin: Por razones de vecindad. Estando

bastante cerca de aquí...

Arina Panteleimónovna: ¿No vive usted por casualidad

en casa de la esposa del mercader Tulúbov,

que está enfrente?

Anúchkin: No, por ahora vivo todavía en los

Pesky, pero me propongo mudarme con el tiempo a

esta parte de la ciudad...

Arina Panteleimónovna: Le ruego que se siente.

(A Kochkarév). Permítame preguntarle...

Kochkarév: Pero... ¿acaso no me conoce? (Volviéndose

hacia Ágata Tijónovna). ¿Y usted también,

señorita?

Ágata Tijónovna: No recuerdo haberlo visto

nunca.

Kochkarév: Haga memoria: usted debe haberme

  28El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

visto en alguna parte.

Ágata Tijónovna: Francamente, no sé. ¿No será

en casa de los Biriúchkin?

Kochkarév: Precisamente, fue en casa de los Biriúchkin.

Ágata Tijónovna: ¡Ah! Usted no sabe la desgracia

que le pasó a la pobre.

Kochkarév: Sí, ya sé, se casó.

Ágata Tijónovna: No, eso no sería nada: se fracturó

la pierna.

Arina Panteleimónovna: ¡Y qué fractura! Volvía

muy tarde a su casa en coche, el cochero estaba borracho

y volcó.

Kochkarév: Sí, sí, recuerdo que le sucedió algo:

no sé si se casó o se fracturó la pierna.

Arina Panteleimónovna: ¿Y su apellido?

Kochkarév: llyá Fómich Kochkarév soy pariente

de ustedes, mi mujer habla de eso sin cesar... Permítanme,

permítanme, (Toma de la mano a Podkolésin

y lo acerca): mi amigo Iván Kúsmich

Podkolésin, consejero de tercera, jefe de su sección,

lo hace todo solo, ha perfeccionado a fondo sus

tareas.

Arina Panteleimónovna: ¿Y su apellido es... ?

Kochkarév: Podkolésin, ¡van Kúsmich Podkolésin.

El director de la repartición ocupa su puesto

por mera fórmula, pero todo lo hace él, Iván Kúsmich

Podkolésin.

Arina Panteleimónovna: ¡Ajá! Tenga la bondad

de sentarse.

Escena XIX

Dichos y Starikóv.

Starikóv: (Inclinándose ágil y rápidamente, a la

manera de los mercaderes y con los brazos en jarras),

¡Salud, Arina Panteleimónovna! ¡La gente del

patio de Los Huéspedes me dijo que usted tenía en

venta lana!

  29El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Ágata Tijónovna: (Volviéndole la espalda a medias

con desdén, en voz baja pero de tal modo que

Starikóv la oiga). Esto no es una tienda.

Starikóv: ¡Vaya, vaya! ¿Habré llegado en mal

momento? ¿O se la han vendido a otro?

Arina Panteleimónovna: Siéntese, Alejo Dmítrievich;

aunque no vendemos lana, le agradecemos la

visita. Tenga la bondad de sentarse.

Todos se sientan. Reina el silencio.

Iaíchnitza: ¡Qué tiempo curioso! Por la mañana,

parecía que iba a llover y ahora el cielo está lindo.

Ágata Tijónovna: Sí, este tiempo es incomprensible:

de pronto aclara, de pronto llueve. Resulta muy

desagradable.

Gevákin: Cuando estábamos con la flota en Sicilia,

en primavera, el tiempo era así: uno salía de casa

con un sol radiante y luego empezaba a lloviznar.

Iaíchnitza: Lo más desagradable es estar solo con

semejante tiempo. Cuando un hombre es casado, el

asunto cambia por completo: pero si está solo, es

simplemente...

Gevákin: ¡Oh, la muerte, la propia muerte!

Anúchkin: Sí, puede decirse que...

Kochkarév: ¡Es una tortura! ¡Uno se harta de la

vida! No quiera Dios que uno deba pasar por ese

trance.

Iaíchnitza: ¿Y si usted tuviera que elegir novio,

señorita? Permítanos conocer su gusto y perdone

que le hable con tanta franqueza. ¿Qué carrera le

parece más adecuada para un marido?

Gevákin: ¿Le gustaría, señora, ser la esposa de un

hombre familiarizado con las tempestades del mar?

Kochkarév: ¡No, no! El mejor de los maridos, en

mi opinión, es el hombre capaz de manejar él solo

toda una repartición.

Anúchkin: ¿A qué viene ese prejuicio? ¿Por qué

  30El Casamiento                                                                                       www.infotematica.com.ar

 

desdeñarían ustedes a un hombre que, aunque haya

servido en la infantería, sabe apreciar los modales

de la alta sociedad?

Iaíchnitza: ¡Señora, decídalo usted misma!

Ágata Tijónovna guarda silencio.

Tecla: Contéstales, hija mía, diles algo.

Iaíchnitza: ¿Y, señora?

Kochkarév: ¿Qué opina, Ágata Tijónovna?

Tecla: (A Ágata, en voz baja). Diles, diles... "Les

agradezco sus palabras..."; diles algo. No está bien

quedarse callada así.

Ágata Tijónovna: (En voz baja). Tengo vergüenza,

palabra: me iré, te juro que me iré. Tía, quédate

tú.

Tecla: ¡Oh, no hagas ese papel ridículo, no te vayas!

Se reirán de ti. ¡Pensarán quién sabe qué!

Ágata Tijónovna: (En voz baja). ¡No, de veras

que me iré me iré, me iré! (Se va corriendo. Tecla y

Arina Panteleimónovna se van en pos de ella).

Escena XX

Dichos, menos las mujeres.

Iaíchnitza: ¡Vaya! ¡Todas se han ido! ¿Qué significa

esto?

Kochkarév: ¡Debe haber sucedido algo!

Gevákin: Será algún detalle del tocado femenino...

Les faltará un alfiler... o un voladito... (Entra

Tecla. Todos le van al encuentro, preguntando):

¿Qué, qué pasa?

Kochkarév: ¿Ha sucedido algo?

Tecla: ¿Qué ha de suceder? No ha sucedido nada.

Kochkarév: ¿Y por qué se fue?

Tecla: la avergonzaron, por eso se fue; la avergonzaron

tanto que no pudo quedarse. Les ruega

que la perdonen: los invita para la velada, a tomar

una taza de té. (Sale).

Iaíchnitza: (Aparte). ¡Al diablo con esa taza de té!

  31El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Por eso no me gusta valerme de las casamenteras:

hoy no es posible, venga mañana, vuelva pasado

mañana a tomar el té, y hay que pensarlo todavía.

¡Después de todo, se trata de una bagatela, no hay

por qué devanarse los sesos, qué diablos! ¡Yo ocupo

un cargo en la administración pública, no tengo

tiempo que perder!

Kochkarév: (A Podkolésin). La dueña de casa no

está mal... ¿verdad?

Podkolésin: Sí, no está mal.

Gevákin: La dueña de casa es linda... ¿no les parece?

Kochkarév: (Aparte). ¡Al diablo! ¡Ese imbécil se

ha enamorado! ¡Puede causarnos dificultades! (En

voz alta). No tiene nada de linda, nada de linda.

Iaíchnitza: Una nariz grande.

Gevákin: Bueno, confieso que no me fijé en la

nariz. La muchacha es una flor.

Anúchkin: Opino lo mismo. Pero no, no es eso...

Hasta pienso que quizás desconozca los modales de

la buena sociedad. ¿Y sabrá francés?

Gevákin: ¿Por qué no trató de hablar en francés

con ella? Quizás lo sepa.

Anúchkin: ¿Y cree usted que yo lo hablo? No, no

tuve la suerte de que me dieran esa educación. Mi

padre era un bribón, una bestia. Ni siquiera se le

ocurrió enseñármelo. Entonces yo era todavía una

criatura y habría resultado fácil enseñarme, hubiera

bastado con unos cuantos azotes: y yo sabría ahora

el francés, lo sabría sin la menor duda.

Gevákin: Bueno. Ahora, quién sabe de qué le serviría

si ella...

Anúchkin: ¡Oh, no, no! La mujer ya es otra cosa:

es indispensable que sepa el francés, y sin eso ninguno

de sus atractivos (indica con gestos) será como

es debido.

Iaíchnitza: (Aparte). Bueno, que de eso se ocupe

  32El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

otro. Yo, por mi parte, iré a inspeccionar los dos

pabellones de la casa: si las cosas son como me han

dicho, esta misma noche llegaré a algo concreto.

Esos novios no me parecen peligrosos... son gente

muy insignificante. A las novias no les gustan los

individuos anémicos.

Gevákin: Me iré a fumar una pipa. ¿No van ustedes

por el mismo camino? ¿Dónde vive usted, permítame

preguntarle?

Anúchkin: En los Pesky, en la bocacalle de Petrovsk.

Gevákin: Eso se aparta de mi itinerario: vivo en

la isla, en la línea 18; de todos modos, lo acompañaré.

Starikóv: (Aparte). Aquí, pasa algo raro. (En voz

alta). ¡Espero que Ágata Tijónovna se acordará

también de nosotros! (Se inclina y se va).

Escena XXI

Podkolésin y Kochkarév.

Podkolésin: ¿Y qué esperamos nosotros?

Kochkarév: ¿Verdad que es encantadora la dueña

de casa?

Podkolésin: ¡Bah! Confieso que no me gusta.

Kochkarév: ¡Esa sí que es buena! Pero... ¡cómo!

Si tú mismo reconociste que es linda!

Podkolésin: Es que no me convence: tiene la nariz

grande y no sabe el francés.

Kochkarév: ¿Y eso? ¿Para qué necesitas el francés?

Podkolésin: Bueno, de todos modos una novia

debe saber el francés.

Kochkarév: ¿Por que?

Podkolésin: Porque, porque... Bueno, no sé por

qué, pero si no sabe el francés ya no será lo mismo.

Kochkarév: Vamos, vamos; bastó que lo dijera un

imbécil para que él abriera los oídos de par en par.

Esa muchacha es una beldad, una belleza poco común,

una mujercita de esas que no se encuentran así

como así.

  33El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Podkolésin: A mí también me pareció hermosa al

principio, pero después, cuando empezaron a decir

que tenía una nariz larga... la miré bien, y vi que,

efectivamente, tenía una nariz larga.

Kochkarév: ¡Vaya un alcornoque! Ellos lo dicen a

propósito para alejarte de aquí: y yo también hablé

mal de la muchacha... así se acostumbra. ¡Qué mujercita,

hermano! Mírale los ojos. ¡Son endiablados!

Hablan, respiran. ¿Y la nariz? ¡Es tina delicia!

¡Blanca como el alabastro! Hasta el alabastro hace

mal papel a su lado. Mírala bien tú mismo.

Podkolésin: (Sonriendo). Sí, ahora me vuelve a

parecer bonita.

Kochkarév: Claro que es bonita. Escúchame.

Ahora que se han ido todos, vamos a verla, expliquémonos

y asunto terminado.

Podkolésin: No, yo no haré eso.

Kochkarév: ¿Por qué?

Podkolésin: ¡Sería una insolencia! Somos muchos:

que elija ella misma.

Kochkarév: ¿Qué te importa toda esa gente?

¿Quieres que yo la liquide en un abrir y cerrar de

ojos?

Podkolésin: ¿Cómo?

Kochkarév: Bueno, eso ya es cosa mía. Dame

solamente tu palabra de que luego no te echarás

atrás.

Podkolésin: ¿Por qué no te la he de dar? No me

echaré atrás: quiero casarme.

Kochkarév: ¡Tu mano!

Podkolésin: (Dándosela). ¡Aquí está!

Kochkarév: Bueno, con eso me basta. (Ambos

salen).

Acto II

Agata Tijónovna sola, luego Kochkarév.

Escena I

  34El Casamiento                                                                                       www.infotematica.com.ar

 

Habitación en casa de Ágata Tijónovna.

Ágata Tijónovna: ¡Qué difícil es elegir! Si se tratara

de uno o dos hombres, vaya y pase, pero son

cuarto... y hay que decidirse por uno. Nicanor Ivánovich

no está mal, aunque, naturalmente, es algo

flaco; Iván Kúshmich tampoco está mal. Y a decir

verdad, también Iván Pavlóvich, aunque gordo, es

un hombre de muy buena presencia. ¿Qué hacer? Y

Baltasar Baltasárovich no deja de ser persona de

méritos. ¡Cómo cuesta decidirse! Si le pudiéramos

agregar a la nariz de Iván Kúsmich los labios de

Nicanor Ivánovich, y añadirles la desenvoltura de

Baltasar Baltasárovich, y quizá la prestancia de Iván

Pavlóvich... me decidiría inmediatamente. ¡Y ahora,

como para pensarlo! Hasta me duele la cabeza. Creo

que lo mejor sería echar a suertes, confiar en la voluntad

de Dios: el que saque, será mi marido. Escribiré

todos los nombres en unos papelitos, y tomaré

uno al azar y que sea lo que Dios quiera. (Se acerca a

la mesita, saca unas tijeras y papel, recorta unos papelitos

y los dobla, mientras sigue hablando). ¡Desdichada

situación la de una muchacha soltera, y más

aún si está enamorada! ¡Ningún hombre podría

concebir esa situación y ni aun comprenderla! Bueno...

¡Ya están listos todos los papelitos! Basta con

ponerlos en el bolso, cerrar los ojos y que sea lo que

deba ser. (Pone los papeles en su bolso y los revuelve).

¡Qué miedo...! ¡Ah, ojalá salga Nicanor Ivánovich!

¡No! ¿Por qué ha de ser él? Más vale Iván

Kúsmich. ¿Y por qué ha de ser Iván Kúsmich?

¿Qué tienen de malo los demás? No, no, no quiero...

Que sea el que salga. (Hurga en e/ bolso y en lugar

de sacar uno, saca todos). ¡Ay, todos! ¡Han salido

todos! ¡Y cómo me late el corazón! ¡No, uno, uno!

¡Uno solo, sin falta! (Pone los papelitos en el bolso

y los revuelve. En ese momento, entra silenciosamente

  35El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév y se detiene detrás de ella). ¡Ah, si

saliera Baltasar!... ¿Qué digo?. . quise decir Nicanor

Ivánovich... ¡No, no quiero, no quiero! El que diga

la suerte.

Kochkarév: Tome a Iván Kúsmich, es el mejor de

todos Ágata Tijónovna: ¡Ah! (Se cubre el rostro con

las manos, temiendo mirar hacia atrás).

Kochkarév: Pero... ¿de qué se asusta? No se

asuste, soy yo. De veras, tome a Iván Kúsmich.

Ágata Tijónovna: ¡Oh, tengo vergüenza!... Usted

me estuvo escuchando.

Kochkarév: ¡No es nada, no es nada! Yo soy de

la casa, soy un pariente suyo, no tiene por que avergonzarse

ante mí: descúbrame su carita.

Ágata Tijónovna: (Descubriendo el rostro a medias).

Le aseguro que siento vergüenza.

Kochkarév: Vamos, acepte a Iván Kúsmich.

Ágata Tijónovna: ¡Ah! (Vuelve a cubrirse la cara

con las manos).

Kochkarév: Realmente, es un hombre extraordinario,

que ha perfeccionado su trabajo... un hombre

asombroso.

Ágata Tijónovna: (Descubriendo poco a poco el

rostro), ¡Cómo! ¿Y el otro? ¿Y Nicanor Ivánovich?

También él es un hombre de valía.

Kochkarév: ¡Por favor! ¡Comparado con Iván

Kúsmich, es una basura!

Ágata Tijónovna: ¿Por qué?

Kochkarév: ¿Por qué? Está bien claro. Iván

Kúsmich es un hombre que... bueno, simplemente

un hombre... un hombre de esos que no se encuentran.

Ágata Tijónovna: ¿E Iván Pavlóvich?

Kochkarév: También Iván Pavlóvich es una basura...

Todos ellos lo son.

Agata Tijónovna: ¿De veras que todos?

Kochkarév: Pero reflexione usted misma, compare,

  36El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

simplemente .. Por un lado, tiene a Iván Kúsmich,

nada menos: y por el otro, cualquier cosa, un

Iván Pavlóvich, un Nicanor Ivánovich... ¡morralla

pura!

Ágata Tijónovna: Pero son muy... modestos.

Kochkarév: ¡Qué modestos ni que ocho cuartos!

Son unos camorristas, gente alborotadora. ¿Quiere

usted que la zurren al día siguiente de la boda?

Ágata Tijónovna: ¡Oh, Dios mío! Esa sí que es la

peor desgracia que le podría suceder a una...

Kochkarév: ¡Ya lo creo! ¡Imposible concebir algo

peor!

Agata Tijónovna: ¿Y, en su opinión, lo mejor sería

aceptar a Iván Kúsmich?

Kochkarév: A Iván Kúsmich: naturalmente. A

Iván Kúsmich. (Aparte). Parece que el asunto marcha.

Podkolésin me espera en la confitería, tengo

que ir a buscarlo cuanto antes.

Ágata Tijónovna: ¿De modo que usted cree que...

Iván Kúsmich ?

Kochkarév: Iván Kúsmich, sin falta, Iván Kúsmich.

Ágata Tijónovna: ¿Y debo rechazar a los demás?

Kochkarév: ¡Naturalmente!

Ágata Tijónovna: Pero... ¿cómo podría hacerlo?

Siento un poco de vergüenza.

Kochkarév: ¿Por qué ha de sentirla? Diga que es

joven y que todavía no quiere casarse.

Ágata Tijónovna: Pero no me creerán y empezaran

a preguntar por qué y cómo.

Kochkarév: Bueno. Si quiere terminar con todos

a un tiempo, diga, simplemente: "¡Váyanse,estúpidos!"

Agata Tijónovna: Pero... ¿cómo se puede decir

eso?

Kochkarév: Pruebe: yo le aseguro que cuando oigan

esas palabras todos saldrán corriendo.

Ágata Tijónovna: Pero eso resultará un poco insultante.

  37El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév: ¿Y qué...? Luego, usted no volverá a

verlos. ¿No le da lo mismo?

Ágata Tijónovna: De todos modos, no me parece

bien... Se pueden enojar.

Kochkarév: Y si se enojan, ¿qué? Lo peor que

podría suceder entonces sería que alguno de ellos le

escupiera en la cara... nada más.

Ágata Tijónovna: ¡Pues ya lo ve!

Kochkarév: ¿Y qué tiene de particular? ¡A otros

les han escupido tantas veces en la cara! Hasta conozco

un hombre muy gallardo y de mejillas rubicundas,

que fastidió tanto a su jefe pidiéndole un

aumento de sueldo que éste finalmente no pudo

aguantar más y le escupió en la cara. ¡Palabra! "¡Ahí

tienes tu aumento, y déjame en paz, qué diablos!"

Pero, con todo eso, le aumentó el sueldo. Por eso

digo... Y si le escupen en la cara... ¿qué? Si no tuviera

a su alcance el pañuelo, sería otra cosa, pero lo

tiene en el bolsillo... le bastará con sacarlo y secarse.

(Suena la campanilla de la puerta de calle). Llaman;

es alguno de ellos, sin duda: ahora, no me gustaría

encontrarme con ninguno. ¿No hay otra salida?

Ágata Tijónovna: ¡Claro que sí! La puerta de servicio.

Pero estoy temblando de pies a cabeza.

Kochkarév: No es nada, no es nada, basta con

conservar la presencia de ánimo. ¡Adiós! (Aparte).

Traeré a Podkolésin lo antes posible.

Escena II

Ágata Tijónovna y Iaíchnitza.

Iaíchnitza: He venido deliberadamente un poco

antes de la hora, señora mía, para hablar con usted a

solas. Bueno señora, en cuanto a mi grado, creo que

ya lo conoce: soy consejero de cuarta, cuento con el

afecto de mi jefe, mis subalternos me obedecen...

Sólo me falta una cosa: la compañera de mi vida.

Ágata Tijónovna: Sí...

  38El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Iaíchnitza: Acabo de encontrarla. Esa compañera...

es usted. Dígame sin ambages: ¿sí o no? (Le

mira el hombro y dice aparte). ¡Oh, no es una de

esas alemanitas flacuchas!... Algo tiene.

Ágata Tijónovna: Soy muy joven, aún... Todavía

no estoy dispuesta a casarme.

Iaíchnitza: ¡Vaya! Entonces... ¿por qué se afana la

casamentera? Pero quizás usted haya querido decir

otra cosa... explíquese... (Se oye la campanilla) ¡Demonios!

No le dejan a uno hablar de negocios.

Escena III

Dichos y Gevákin.

Gevákin: Perdóneme, señora. Quizá yo haya venido

demasiado temprano. (Se vuelve y ve a Iaíchnitza).

¡Ah! Ya hay... ¡Mis respetos, Iván

Pavlóvich!

Iaíchnitza: (Aparte), ¡Ojalá revientes con tus respetos!

(En voz alta). ¿Entonces, señora... ? Dígame

una sola palabra: ¿sí o no?... (Se oye la campanilla:

Iaíchnitza escupe, furioso). ¡Otra vez la campanilla!

Escena IV

Dichos y Anúchkin.

Anúchkin: Quizás yo haya llegado un poco antes

de lo que conviene según las reglas del decoro, señora...

(Al ver a los demás, deja escapar una exclamación

y se inclina). ¡Mis saludos!

Iaíchnitza: (Aparte). ¡Puedes guardártelos! ¡Te

trajo el diablo! ¡Ojalá se te rompan esas raquíticas

piernas! (En voz alta). Bueno, señora, decida... Soy

un funcionario y dispongo de poco tiempo... ¿Sí o

no?

Ágata Tijónovna: (Turbada). No hace falta... no

hace falta... (Aparte). No sé lo que digo.

Iaíchnitza: ¿Cómo, que no hace falta? ¿En qué

sentido no hace falta?

Ágata Tijónovna: No es nada, no es nada... Yo

  39El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

no... (Cobrando ánimos). ¡Fuera de aquí! (Aparte,

con un gesto, consternada). ¡Oh, Dios mío! ¿Qué he

dicho?

Iaíchnitza: ¡Cómo, "fuera de aquí"! ¿Qué significa

"fuera de aquí"? Permítame preguntarle qué haquerido

decir con eso... (Con los brazos en jarras, se le

acerca con aire amenazador).

Ágata Tijónovna: (Después de mirarle a la cara,

profiere un grito), ¡Oh, me va a pegar, me va a pegar!

(Sale corriendo, Iaíchnitza la sigue con los ojos,

boquiabierto. Al oír el grito entra corriendo Arina

Panteleimónovna y después de mirarle la cara, grita

también: "¡Ay, nos va a pegar!" y sale corriendo

asimismo),

Iaíchnitza: ¿Qué gente es ésta? ¡Vaya un caso!

(Suena la campanilla y se oyen voces).

Voz de Kochkarév: Pero entra, entra... ¿Por qué

te has detenido ahí?

Voz de Podkolésin: Entra tú primero. Yo sólo

demoraré un momento; se me ha desatado un cordón.

Voz de Kochkarév: Pero volverás a escapar.

Voz de Podkolésin: ¡No, no me escaparé! ¡Te juro

que no me escaparé!

Escena V

Dichos y Kochkarév.

Kochkarév: ¡Vaya con la necesidad que tenía de

atarse el cordón!

Iaíchnitza: (Volviéndose hacia él) - Dígame, por

favor. ¿La novia es tonta o qué?

Kochkarév: ¿Por qué? ¿Ha sucedido algo?

Iaíchnitza: Se porta de una manera incomprensible.

Grita: "¡Me va a pegar, me va a pegar!" y sale

corriendo. ¡Qué el diablo la entienda!

Kochkarév: Bueno, sí, eso es corriente en ella: es

tonta.

Iaíchnitza: Dígame... Usted es su pariente... ¿verdad?

  40El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév: Claro que lo soy.

Iaíchnitza: ¿En qué grado de parentesco? ¿Puede

saberse?

Kochkarév: Para serle franco, no lo sé; la tía de

mi madre, no sé cómo, tiene algo que ver con el padre

de ella, o el padre de ella tiene algo que ver con

mi tía: eso lo sabe mi mujer... es cosa de ellas.

Iaíchnitza: ¿Y es tonta desde hace tiempo?

Kochkarév: De nacimiento.

Iaíchnitza: Claro, sería preferible que fuera más

inteligente; pero, por lo demás, tampoco molesta el

que sea tonta; lo importante, es que están en debida

forma sus ingresos.

Kochkarév: Pero... ¡si no tiene nada!

Iaíchnitza: ¡Cómo! ¿Y la casa de piedra?

Kochkarév: ¡Pero si sólo dicen que es de piedra!

¡Si usted supiera cómo la construyeron... ! Cada pared

se basa en un solo ladrillo, y ese ladrillo está

rodeado de toda clase de basura, ripio, grava, virutas,

pedazos de madera.

Iaíchnitza: ¡No me diga!

Kochkarév: Naturalmente. ¿Acaso no sabe cómo

se hacen ahora las casas? Les basta con poder hipotecarlas.

Iaíchnitza: Pero la casa no está hipotecada...

¿verdad?

Kochkarév: ¿Quién le ha dicho eso? Esa es la

cuestión: que no sólo está hipotecada, sino que hace

dos años que no se pagan los intereses. Y, para peor,

en el Senado hay un individuo que le ha echado

el ojo a la casa... y es el canalla más grande que se

haya visto, sería capaz de quitarle la última de las

polleras a su madre.

Iaíchnitza: ¿Y cómo se explica que la casamentera

me haya dicho...? ¡Qué infame! ¡Qué monstruo...

(Aparte) Pero es posible que este hombre mienta.

¡Habrá que interrogar severamente a la vieja! Y si

  41El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

eso resulta cierto... bueno... le haré pasar un mal rato.

Anúchkin: Permítame que lo moleste con una

pregunta. Confieso que, cuando uno no sabe el

francés, le resulta difícil juzgar si una mujer lo sabe

o no. ¿Lo sabe la dueña de casa...?

Kochkarév: Ni mu.

Anúchkin: No me diga..

Kochkarév: ¡Claro! La conozco perfectamente.

Estudió con mi mujer en el internado y era una holgazana

bien conocida; siempre la castigaban por no

hacer los deberes. Y el profesor de francés, pura y

simplemente, le pegaba con la palmeta.

Anúchkin: ¡Imagínese! Cuando la vi por primera

vez tuve no sé por qué el presentimiento de que no

sabía el francés.

Iaíchnitza: ¡Al diablo con el francés! Pero... ¿cómo

se explica que esa maldita casamentera... ? ¡Ah,

ese monstruo, esa bruja! ¡Si ustedes supieran las

palabras con que me pintó el asunto!... ¡Parecía un

paisajista, un verdadero paisajista! "La casa -me dijo-

tiene dos pabellones, con cimientos de piedra.

Hay cucharas de plata, trineos... ¡Le bastará con

sentarse en ellos y a pasear!" En una palabra, me

contó cosas de novela. ¡Ah, bribona! Si cae en mis

manos. .

Escena VI

Dichos y Tecla.

(Todos, al verla, se dirigen hacia ella, con las palabras

siguientes):

Iaíchnitza: ¡Ah, ahí está! ¡A ver, acércate, vieja

pecadora! ¡Acércate!

Anúchkin: ¿De modo que me engañó, Tecla Ivánovna?

Kochkarév: ¡Te ha llegado la hora!

Tecla: No entiendo una sola palabra: ¡me han ensordecido!

Iaíchnitza: La casa está construida sobre un solo

ladrillo, vieja canalla, y me has mentido; y en cuanto

  42El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

a los pabellones, sabe Dios de qué son.

Tecla: No lo sé, yo no la he construido. Quizás

necesitaran hacerlo con un solo ladrillo y por eso lo

hicieron así.

Iaíchnitza: ¡Y, para peor, está hipotecada! ¡Que te

lleven todos los diablos, maldita bruja! (Golpea el

suelo con el pie).

Tecla: ¡Míralo! Y, todavía, me insulta. Otro, me

agradecería haberme molestado por él.

Anúchkin: Y usted, Tecla Ivánovna, me dijo que

ella sabía el francés.

Tecla: Lo sabe, hijo mío, y el alemán también, y

todos los idiomas; y tiene la mejor educación... sabe

de todo.

Anúchkin: No, no. Según parece, sólo sabe el ruso.

Tecla: ¿Y eso, qué tiene de malo? El ruso se entiende

mejor, por eso lo habla. Y si supiera el turco,

peor para ti, porque no le entenderías una sola palabra.

No hay por qué criticar el ruso; es un gran

idioma. Todos los santos hablaban en ruso.

Iaíchnitza: ¡Acércate aquí, maldita, acércate a mí!

Tecla: (Retrocediendo intimidada hacia la puerta).

No me acercaré, te conozco: eres un hombre rudo y

capaz de pegarle a una por nada.

Iaíchnitza: Pues mira, palomita, eso lo pagarás caro.

Te denunciaré a la policía, para que aprendas a

engañar a la gente honrada. ¡Ya lo verás! ¡Y a la novia,

dile que es una bribona! ¿Oyes? ¡Díselo sin falta!

(Sale).

Tecla: ¡Mírenlo! ¡Qué modo de enojarse! ¡Porque

es gordo, cree que no hay hombre que se le pueda

comparar! Y yo, digo que el bribón eres tú... ¡eso es!

Anúchkin: Le confieso que nunca le creí capaz de

engañarme así, Tecla Ivánovna. De haber sabido yo

que la novia era tan poco culta, yo ni... ¡ni siquiera

habría pisado el umbral de esta casa! ¡Eso es!

  43El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Tecla: Éstos han comido beleño o bebido más de

la cuenta. ¡No están en su sano juicio!

Escena VII

Tecla, Kochkarév, Gevákin.

Kochkarév: (Ríe a carcajadas, mirando a Tecla y

señalándola con el dedo).

Tecla: (Con despecho). ¿Qué te estás desgañitando

ahí? (Kochkarév sigue riendo). ¡Vaya una manera

de reír!

Kochkarév: ¡Qué casamentera! ¡Qué casamentera!

¡Toda una maestra en asuntos matrimoniales,

sabe manejar esas cosas! (Sigue riendo).

Tecla: ¡Linda manera de reír! Por lo visto, la difunta

perdió el juicio el día mismo en que te trajo al

mundo. (Sale, con aires despechado).

Escena VIII

Kochkarév, Gevákin.

Kochkarév: (Sigue riendo). ¡Ay, pobre, de mí!

¡Pobre de mí! ¡No aguanto más! ¡Me parece que voy

a reventar de risa!

Gevákin: (Al mirarlo, empieza también a reír).

Kochkarév: (Se desploma sobre una silla, exhausto).

¡Oh, palabra, estoy agotado! Presiento que,

si me sigo riendo, me quedaré sin fuerzas.

Gevákin: Me gusta su carácter alegre. En la flota

del capitán Boldirév, teníamos a un contramaestre

llamado Petujóv, Antón Ivánovich Petujóv; también

era muy alegre. A veces, bastaba con mostrarle un

dedo... y se echaba a reír, palabra, y se seguía riendo

hasta la noche. Y al mirarlo, uno solía contagiarse...

y se echaba a reír, también.

Kochkarév: (Tomando aliento). ¡Oh, Dios mío,

perdónanos a los pecadores! ¡Las cosas que se le

ocurren a esa tonta! ¡Qué ha de casar a nadie! ¿Ella?

¡Ni por pienso! ¡Yo sí que, cuando caso, caso!

Gevákin: ¿De veras? ¿De velas que usted puede

  44El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

casarlo a uno?

Kochkarév: ¡Ya lo creo! A cualquiera con cualquiera.

Gevákin: ¡Entonces, cáseme con la dueña de casa!

Kochkarév: ¿A usted? Pero... ¿para qué quiere casarse?

Gevákin: ¿Cómo para qué? ¡Permítame decirle

que la pregunta me resulta un poco extraña. Ya se

sabe para qué.

Kochkarév: Pero... ¡si ya ha oído decir que no

tiene ni pizca de dote!

Gevákin: Si no la tiene, paciencia. Claro que es

una lástima, pero, tratándose de una muchacha tan

encantadora y bien educada, uno puede conformarse

sin dote. Bastaría con una habitación. (Indica con

las manos). Aquí, por ejemplo, vendría una salita,

allá un pequeño biombo o un tabique...

Kochkarév: Pero... ¿qué le ha gustado tanto en

ella?

Gevákin: Para serle franco, me ha gustado por lo

regordeta. Soy muy aficionado a la redondez femenina.

Kochkarév: (Mirándolo de soslayo, aparte). ¡Pero

él no puede alardear mucho de su redondez! ¡Es

flaco como una bolsita de tabaco a la cual le han

sacado el tabaco! (En voz alta). No, a usted no le

conviene casarse, de ningún modo.

Gevákin: ¡Cómo! ¿Por qué?

Kochkarév: Porque no. Pero. ¿no advierte su figura?

Tiene una pierna que parece una pata de gallo.

Gevákin: ¿De gallo?

Kochkarév: Claro. ¡Le falta prestancia!

Gevákin: Pero... ¿qué quiere decir con eso de pata

de gallo?

Kochkarév: Quiero decir... una pata de gallo... ¡y

basta!

Gevákin: Me parece que usted está entrando en

un terreno personal... Kochkarév: Pero si se lo digo

es porque lo sé un hombre razonable; a otro, no se

  45El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

lo diría. Yo lo casaré, conforme, pero con otra.

Gevákin: No, yo le agradecería que no me casara

con otra. ¡Sea bueno, cáseme con ésta!

Kochkarév: Bueno, lo casaré, pero con una condición:

que no se meta en nada y no se deje ver siquiera

por la novia... Yo lo concertaré todo sin

usted.

Gevákin: Pero ¿cómo quiere concertarlo todo

sin mí? Tendré que dejarme ver, por lo menos.

Kochkarév: No hay ninguna necesidad. Váyase a

su casa y espere, Esta misma noche todo estará

arreglado.

Gevákin: (Frotándose las manos). ¡Eso sí que sería

bueno! Pero... ¿no haría falta mi certificado de

identidad o mi foja de servicios? Quizás la novia

quiera curiosear. Haré una escapadita para traérselos.

Kochkarév: No hace falta nada, váyase a su casa,

simplemente; hoy mismo le avisaré. (Lo acompaña

afuera). ¡Sí, hoy mismo, se lo aseguro! (Aparte).

¿Qué significa esto? ¿Cómo se entiende que Podkolésin

no venga? ¡Me resulta extraño! ¿Se estará

atando todavía el cordón? ¿No convendrá correr a

buscarlo?

Escena IX

Kochkarév, Ágata Tijónovna.

Ágata Tijónovna: (Mirando a su alrededor). ¡Cómo!

¿Se han ido? ¿No hay nadie?

Kochkarév: Se han ido, se han ido, no hay nadie.

Ágata Tijónovna: ¡Oh, si supiera cómo he estado

temblando! Nunca me ha pasado nada parecido.

¡Qué hombre terrible es ese Iaíchnitza! ¡Qué tirano

sería sin duda con su mujer! ¡Temo verlo volver de

un momento a otro!

Kochkarév: ¡Oh... ! No volverá por nada del

mundo. Me juego la cabeza a que ninguno de los

dos volverá.

  46El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Ágata Tijónovna: ¿Y el tercero?

Kochkarév: ¿Qué tercero?

Gevákin: (Asomando la cabeza por la puerta). Me

muero por saber cómo se referirá ella a mí con su

boquita... ¡Qué flor de mujer!

Ágata Tijónovna, ¿Y Baltasar Baltasárovich?

Gevákin: ¡Ah, ahí está, ahí está! (Se trota las manos).

Kochkarév: ¡Bah! Ya sé a quien se refiere. ¡Pero

si ese hombre es imposible! ¡Un imbécil nato!

Gevákin: ¿Qué significa esto? Francamente, no lo

entiendo de ninguna manera.

Ágata Tijónovna: Sin embargo, parece ser un

hombre excelente.

Kochkarév: ¡Es un borracho!

Gevákin: ¡Juro que no lo entiendo!

Ágata Tijónovna: ¿De veras que es un borracho?

Kochkarév: Pero, naturalmente... ¡Un bribón

bien conocido!

Gevákin: (En voz alta). No, permítame. ¡Yo no le

pedí que dijera eso, de ningún modo! Una cosa era

decir algo en beneficio mío; pero para hacerlo con

esas palabras, sírvase ocuparse de otro, yo no quiero

saber nada.

Kochkarév: (Aparte). ¿Por qué se le habrá ocurrido

volver? (A Ágata Tijónovna, en voz baja) Mire,

mire, apenas si puede sostenerse sobre sus

piernas. Así está todos los días. ¡Échelo y asunto

acabado! (Aparte). Y Podkolésin que no aparece...

¡Qué canalla! Me desahogaré con él. (Sale).

Escena X

Agata Tijónovna y Gevákin.

Gevákin: (Aparte). ¡Prometió ponderarme y en

cambio me llenó de insultos! ¡Qué individuo extraño!

(En voz alta). Señora usted no debe creer...

Ágata Tijónovna: Disculpe, no me siento bien...

Me duele la cabeza. (Quiere irse).

  47El Casamiento                                                                                       www.infotematica.com.ar

 

Gevákin: ¿Quizás no le gusta algo en mí? (Señalando

su cabeza). No se fije en esta ligera calvicie:

no tiene importancia, fueron unas fiebres; pronto

me crecerá aquí el pelo.

Ágata Tijónovna: Tanto me da lo que usted tenga

ahí.

Gevákin: Yo, señora... cuando me pongo el frac,

el color de mi tez es mucho más blanco.

Ágata Tijónovna: Mejor para usted. ¡Adiós! (Se

va).

Escena XI

Gevákin (solo, habla en pos de ella).

Gevákin: Permítame, señora... Dígame la razón.

¿Para qué? ¿Por qué? ¿Acaso tengo algún defecto

importante?... ¡Se fue! ¡Qué caso sorprendente! Ya

van diecisiete veces que me sucede lo mismo, y

siempre casi de la misma manera: al principio, todo

parece marchar bien, y cuando llegamos al desenlace...

me rechazan. (Se pasea por la habitación, con

aire caviloso). Sí... ¡Es la novia número diecisiete!

Pero... ¿qué pretende? ¿Por qué habría de... con qué

motivo...? (Después de meditar). ¡El asunto es oscuro,

oscurísimo! ¡Todavía, si yo tuviera algún defecto

grave! (Se examina). Al parecer, no se podría decir

eso: a Dios, la naturaleza no me ha ofendido en nada.

¡Es incomprensible! ¿No me convendría irme a

casa y hurgar en el baúl? Tengo ahí unos versitos a

los cuales ninguna mujer podría resistirse. ¡Dios

mío, es realmente incomprensible! Al principio, las

cosas parecían marchar bien. Por lo visto, habrá que

dar marcha atrás. ¡Es una lástima, es realmente una

lástima! (Se va).

Escena XIII

Podkolésin y Kochkarév

(entran y miran hacia atrás).

Kochkarév: No nos vio. ¿Viste qué contrariado

  48El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

estaba?

Podkolésin: ¿De veras que lo rechazaron, como a

los demás?

Kochkarév: Rotundamente.

Podkolésin: (Con una sonrisa de engreimiento).

Debe ser muy desagradable el que a uno lo rechacen.

Kochkarév: ¡Por cierto que sí!

Podkolésin: Todavía no puedo creer que ella haya

dicho sin ambages que me prefiere a los demás.

Kochkarév: ¿Qué si te prefiere? Está loca por ti.

Es un amor que... ¡No te imaginas los epítetos que

te prodigó! ¡Qué pasión! Está hirviendo, pura y

simplemente.

Podkolésin: (Con risa engreída). ¡Y, en realidad,

si una mujer quiere es capaz de decir unas cosas! ¡A

uno ni siquiera se le ocurrirían! Tesoro, cielito, amor

mío...

Kochkarév: ¡Bah! Eso no es nada. Cuando te cases,

ya verás las palabritas que te dirá en los dos

primeros meses de matrimonio: será cosa de derretirse,

hermano.

Podkolésin: (Riendo). ¿De veras?

Kochkarév: ¡Te lo digo como hombre honrado

que soy! Pero escúchame ahora, pongamos manos a

la obra. Ábrele inmediatamente tu corazón y pídele

su mano.

Podkolésin: Pero ¿cómo es eso de inmediatamente?

¡Vamos!

Kochkarév: Ahora mismo, sin falta... Y ahí está.

Escena XIII

Dichos y Ágata Tijónovna.

Kochkarév: Señora, le he traído a este mortal que

aquí ve. Nunca hubo un hombre tan enamorado...

Ni a un enemigo te desearía yo que sufriera estas

torturas de amor...

Podkolésin: (Dándole un codazo, en voz baja).

  49El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Vamos, hermano. Me parece que estás exagerando.

Kochkarév: (A él). ¡No es nada, no es nada! (A

ella, en voz baja). Sea más audaz, es muy tímido,

trate de ser lo más desenvuelta posible. Enarque un

poco las cejas o baje los ojos y fulmínelo de pronto

con ellos al muy bribón, o muéstrele el hombro y

que lo mire, el muy canalla. Es una lástima que no se

haya puesto un vestido de mangas cortas; pero así

tampoco está mal. (En voz alta). ¡La dejo en grata

compañía! Me asomaré por un momento a su comedor

y a su cocina: hay que dar órdenes, porque no

tardará en llegar el camarero al cual le encargué la

cena: quizás hayan mandado ya los vinos... ¡Hasta

pronto! (A Podkolésin). ¡Más audacia! ¡Más audacia!

(Se va).

Escena XIV

Podkolésin y Ágata Tijónovna,

Ágata Tijónovna: Le ruego que tenga la bondad

de sentarse. (Ambos se sientan y guardan silencio).

Podkolésin: ¿Le gusta pasear, señora?

Ágata Tijónovna: ¿Pasear? Es decir... ¿A qué se

refiere?

Podkolésin: Cuando uno se va a veranear, resulta

agradable pasear en bote.

Ágata Tijónovna: Sí. A veces, me paseo con los

amigos. (Pausa breve).

Podkolésin: No se sabe cómo será el verano.

Ágata Tijónovna: Hay que desear que sea bueno.

(Guardan silencio).

Podkolésin. ¿Cuál es su flor preferida, señora?

Ágata Tijónovna: La de olor más fuerte: el clavel.

Podkolésin: A las damas, les sientan muy bien las

flores

Ágata Tijónovna: Sí, es un pasatiempo muy agradable.

(Silencio). ¿A qué iglesia fue usted el domingo

pasado?

  50El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Podkolésin: A la de Vosnezensky, y la semana

pasada fui a la de Kasánsky. Por lo demás, tratándose

de rezar, tanto da la iglesia. Sólo que unas están

mejor adornadas que otras. (Silencio. Podkolésin

tamborilea con los dedos sobre la mesa). Pronto

podremos pasearnos por Ekateringhóf.

Ágata Tijónovna: Sí, dentro de un mes, me parece.

Podkolésin: Menos de un mes.

Ágata Tijónovna: Seguramente, el paseo será divertido.

Podkolésin: Hoy, estamos a ocho. (Cuenta con

los dedos). Nueve, diez, once... dentro de veintidós

días.

Ágata Tijónovna: ¡Qué pronto! ¡Es increíble!

Podkolésin: Y no cuento siquiera el día de hoy.

(Silencio). ¡Qué audaz es el pueblo ruso!

Ágata Tijónovna: ¿Quién?

Podkolésin: Me refiero a los obreros. Trepan ahí

a lo más alto... Pasé junto a una casa y el albañil estaba

revocando la pared a muchos metros de altura

y no tenía miedo de nada.

Ágata Tijónovna: ¡Ah!. . ¿Y dónde era eso?

Podkolésin: En el camino que recorro a diario

cuando voy a la oficina. Todas las mañanas voy a mi

empleo. (Silencio. Podkolésin vuelve a tamborilear

con los dedos, finalmente aferra el sombrero y se

inclina).

Agata Tijónovna: ¿Piensa ya...?

Podkolésin: Sí. Disculpe. Quizás le haya aburrido.

Ágata Tijónovna: ¡De ningún modo! Por el contrario,

debo agradecerle los momentos agradables

que me ha hecho pasar.

Podkolésin: (Sonriendo). Y yo que, francamente,

creía haberla aburrido...

Ágata Tijónovna: ¡Oh, le juro que no!

Podkolésin: Entonces, permítame que, en alguna

otra oportunidad, al anochecer...

  51El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

Ágata Tijónovna: Tendré muchísimo gusto. (Se

inclinan, saludándose. Podkolésin se va).

Escena XV

Ágata Tijónovna (sola).

Ágata Tijónovna: ¡Que hombre de méritos! Ahora

acabo de conocerlo bien: realmente, resulta imposible

no quererlo; ¡es tan modesto y tan

razonable... Sí, su amigo fue justo cuando habló tan

bien de él; sólo lamento que se haya ido tan pronto,

me habría gustado escucharlo un poco más. ¡Qué

agradable resulta hablar con él; lo principal, es que

no habla por hablar... También yo quise decir unas

cuantas palabras, pero, confieso que me acobardé.

El corazón me latía de tal manera... ¡Qué hombre

magnífico! Iré a contárselo a la tía. (Se va).

Escena XVI

Podkolésin y Kochkarév (entran).

Kochkarév: Pero... ¿por qué a casa? ¡Qué absurdo!

¿Por qué a casa?

Podkolésin: ¿Y para qué habría de quedarme

aquí? Si ya dije todo lo que correspondía...

Kochkarév: ¿Le dijiste, pues, lo que sentías?

Podkolésin: Bueno, quizás no se lo haya dicho.

Kochkarév: ¡Ésa sí que es buena! ¿Y por qué no?

Podkolésin: Vamos... ¿Cómo quieres que uno, sin

haber hablado antes de nada, diga de buenas a primera:

"¡Señora, permítame casarme con usted!".

Kochkarév: Entonces... ¿de qué tonterías hablaron

ustedes durante media hora?

Podkolésin: De todo un poco y, lo confieso, estoy

muy contento; he pasado el rato muy agradablemente.

Kochkarév: Pero, escúchame y juzga tú mismo.

¿Cuándo tendremos tiempo de hacer todo eso?

¡Dentro de una hora hay que ir a la iglesia, a casarse!

Podkolésin: Pero... ¡tú estás loco! ¿A casarme

hoy?...

  52El Casamiento                                                                                       www.infotematica.com.ar

 

Kochkarév: ¿Por qué no?

Podkolésin: ¿A casarme hoy?

Kochkarév: Pero... ¡si tú mismo me diste tu palabra,

me dijiste que cuando echara a los novios, estabas

dispuesto a casarte!

Podkolésin: Bueno. Y estoy dispuesto a cumplir

mi promesa. Pero no inmediatamente. Dame un mes

para tomar aliento.

Kochkarév: ¡Un mes!

Podkolésin: Sí, claro.

Kochkarév: Pero... ¿estás loco, o qué?

Podkolésin: Menos de un mes, imposible.

Kochkarév: Pero... ¡si ya acabo de encargar la cena

nupcial, alcornoque! Vamos, escúchame, Iván

Kúsmich. No seas porfiado, querido. Cásate ahora.

Podkolésin: Pero, hermano... ¿Qué estás diciendo?

¿Cómo quieres que me case ahora?

Kochkarév: ¡Iván Kúsmich! Vamos, te lo ruego.

Si no quieres hacerlo por ti, hazlo al menos por mí.

Podkolésin: No puedo, te lo juro.

Kochkarév: Puedes, querido, todo lo puedes.

¡Vamos, no seas caprichoso, querido!

Podkolésin: Pero... ¡te aseguro que no! Es muy

embarazoso, sumamente embarazoso.

Kochkarév: Pero... ¿por qué habría de serlo?

¿Quién te ha dicho eso? Razona tú mismo, tú que

eres un hombre inteligente. No te lo digo para lisonjearte

ni porque seas un consejero de tercera, te

lo digo simplemente por afecto. Vamos, querido,

decídete, mira las cosas con ojos de hombre razonable...

Podkolésin: Pero si se pudiera, yo...

Kochkarév: ¡Iván Kúsmich, tesoro mío! Vamos...

¿Quieres que me arrodille ante ti?

Podkolésin: Pero... ¿para qué?

Kochkarév: (Arrodillándose ante él). ¡Vamos,

aquí me tienes de rodillas! Ya lo ves, te lo suplico.

  53El Casamiento                                                                                      www.infotematica.com.ar

 

¡Nunca olvidaré el favor que me has hecho! ¡No

seas porfiado, tesoro!

Podkolésin: No, no puedo, hermano, te juro que

no puedo.

Kochkarév: (Levantándose, furioso). ¡Cerdo!

Podkolésin: Bueno, si quieres, insúltame.

Kochkarév: ¡Estúpido! Nunca vi a un hombre tan

estúpido.

Podkolésin: Insúltame, insúltame.

Kochkarév: ¿Por quién me he estado afanando?

¿Por quién he librado toda una batalla? ¡Todo en

beneficio tuyo, idiota! ¿Qué gano yo con todo esto?

Te abandonaré. ¿A mí qué me importa?

Podkolésin: ¿Y quién te ha pedido que te afanes?

Abandóname, si quieres.

Kochkarév: Pero... ¡si te abandono te pierdes, sin

mí no harás nada! Si no ve caso, seguirás siendo un

tonto toda la vida.

Podkolésin: ¿Y a ti, qué te importa?

Kochkarév: Por ti me afano, alcornoque.

Podkolésin: No quiero que te afanes.

Kochkarév: ¡Entonces, vete al diablo!

Podkolésin: Bueno, me iré al diablo.

Kochkarév: ¡Allá te puedes ir!

Podkolésin: Me iré.

Kochkarév: Ve, ve. Y ojalá te rompas una pierna.

¡Te deseo de corazón que te atropelle un cochero

borracho! ¡Eres un títere, y no un funcionario! ¡Te

juro que entre nosotros todo ha terminado y que no

quiero verte más.

Podkolésin: No me verás. (Se va).

Kochkarév: ¡Vete al diablo, tu viejo amigo!

(Abriendo la puerta, le grita en pos). ¡Estúpido!

Escena XVII

Kochkarév (solo, se pasea, muy nervioso).

Kochkarév: Bueno... ¿Se ha visto alguna vez un

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hombre semejante? ¡Qué estúpido! Pero, a decir

verdad, también yo soy un tonto. Díganme por favor

todos ustedes... ¿No soy acaso un badulaque, un

imbécil? ¿Para qué me afano, grito, grito hasta enronquecer?

¿Qué es él para mí, díganmelo? ¿Un pariente

o qué? ¿Y qué soy yo para él? ¿Una nodriza,

una tía, una madrina o qué? ¿Para qué diablos me

esfuerzo por él, no me doy sosiego, maldito sea?

¡No lo sé! Vaya uno a preguntarle a un hombre para

qué hace algo! ¡Qué miserable! ¡Qué rostro asqueante,

repulsivo! ¡Con qué ganas le daría yo una

tanda de puñetazos, al muy idiota, en la nariz, en las

orejas, en la boca, en los dientes... en todas partes!

(Furioso asesta varios puñetazos en el vacío). Eso es

lo insoportable! Ahora, volverá a su casa y se fumará

su pipa. ¡Qué ser repelente! ¡Se han visto carotas

repulsivas, pero como ésa, ninguna! Pues no, no.

¡Iré y haré volver al muy holgazán! No le permitiré

huir... ¡Traeré aquí al muy miserable! (Se va corriendo).

Escena XVIII

Ágata Tijónovna (entra).

Ágata Tijónovna: El corazón me late con tanta

violencia que no atinaría a explicármelo. Adondequiera

miro, me parece ver a Iván Kúsmich. Nadie

puede escapar a su destino: se diría que eso es cierto.

Quise ocuparme de otra cosa, pero fue inútil...

Cuando quería bordar o tejer un bolso, se me aparecía

Iván Kúsmich. (Pausa). ¡De modo que, finalmente,

dejaré de ser soltera! Me llevarán a la

Iglesia... luego, me dejarán a solas con un hombre...

¡Oh! Tiemblo de pies a cabeza. ¡Adiós mi vida de

muchacha! (Llora). ¡He vivido tantos años tranquila...!

Y ahora, tengo que casarme. ¡Cuántas preocupaciones

me esperan! Los niños, esos varoncitos

que riñen a cada momento... y las niñas, también,

crecen... y hay que casarlas. Y menos mal cuando se

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casan con hombres buenos, pero pueden tocarles

unos borrachos o unos hombres de esos que salta a

la vista lo que son capaces de hacer... (Poco a poco,

comienza a sollozar de nuevo). No tuve tiempo de

divertirme en mis tiempos de muchacha, y no tuve

siquiera veintisiete años de doncellez... (Transición).

Pero... ¿por qué demorará tanto Iván Kúsmich?

Escena XIX

Agata Tijónovna y Podkolésin

(Sale a escena, empujado por ambas manos de

Kochkarév).

Podkolésin: (Balbuceando). Vine, señora mía, a

explicarle algo... pero quisiera saber antes si no le

parecerá extraño.

Ágata Tijónovna: (Bajando los ojos). ¿De qué se

trata?

Podkolésin: No, señora. Dígame usted antes...

¿No le parecerá extraño?

Agata Tijónovna: (Lo mismo). No puedo saber

de qué se trata.

Podkolésin: Pero, confieso... Seguramente, le parecerá

extraño lo que le diré... ¿no es así?

Ágata Tijónovna: ¿Por qué ha de parecerme extraño?

Tratándose de usted, me agrada escucharlo

todo.

Podkolésin: Pero eso usted no lo ha escuchado

nunca. (Ágata Tijónovna baja aún más los ojos: en

ese momento, entra silenciosamente Kochkarév y se

detiene detrás de su amigo). Se trata de... Pero será

mejor que se lo diga después, en algún otro momento...

Ágata Tijónovna: Y... ¿de qué se trata?

Podkolésin: Yo... yo quería, lo confieso, decírselo

ahora, pero tengo aún ciertas dudas.

Kochkarév: (Para sí, juntando las manos). ¡Dios

mío, qué hombre! Es simplemente una vieja y no un

hombre, es una parodia de hombre, la sátira de un

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hombre!

Ágata Tijónovna: ¿Por qué duda?

Podkolésin: No sé. Siento dudas.

Kochkarév. (En voz alta). ¡Qué tonto es esto, qué

tonto! Mire, señora. Lo que desea Iván Kúsmich, es

pedirle su mano; quiere decirle que no puede vivir

sin usted, que se muere por usted. Y sólo la pregunta...

¿Acepta hacerlo feliz?

Podkolésin: (Casi asustado, lo empuja y exclama).

¡Vamos! ¿Qué dices?

Kochkarév: ¿De modo que está dispuesta a hacer

feliz a este mortal, señora?

Ágata Tijónovna: No me atrevo a creer que yo

pueda hacer feliz a... Por lo demás, acepto.

Kochkarév: ¡Naturalmente, naturalmente! ¡Hace

rato que debió decirlo! ¡Denme sus manos!

Podkolésin: Inmediatamente. (Quiere decirle algo

al oído; Kochkarév le muestra el puño y frunce el

ceño; Podkolésin le tiende la mano).

Kochkarév: (Uniendo las manos de ambos).

¡Dios los bendiga! Estoy conforme y aplaudo la

unión de ustedes. El matrimonio es un asunto que...

No significa tomar un coche y emprender un viaje;

es un deber de índole totalmente distinta, es un deber...

(A Podkolésin). Ahora no tengo tiempo, pero

luego te explicaré qué clase de deber significa. Bueno,

Iván Kúsmich, besa a tu novia. Ahora, puedes

hacerlo: debes hacerlo. (Ágata Tijónovna baja los

ojos). ¡No es nada, señora, no es nada! ¡Así debe

ser! ¡Que la bese!

Podkolésin: No, señora, permítanle. Ahora, permítame.

(La besa y te toma de la mano). ¡Qué preciosa

manecita! ¿Cómo es que tiene usted una

manecita tan bella, señora... Permítame, señor. Quiero

que nos casemos inmediatamente, inmediatamente,

sin falta.

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Ágata Tijónovna: ¿Cómo inmediatamente? Eso,

quizás, sería demasiado pronto.

Podkolésin: ¡No quiero ni oír hablar del asunto!

Quiero más pronto aún, quiero que nos casemos

dentro de un momento.

Kochkarév: ¡Bravo! ¡Bien! ¡Eso sí que es ser un

hombre cabal! Confieso que siempre deposité grandes

esperanzas en tu futuro. Señora, conviene realmente

que se apresure a vestirse; y yo, a decir

verdad, he mandado ya por un coche e invitado a la

gente; todos han ido ahora directamente a la iglesia.

Sé que usted hasta tiene listo el traje de novia.

Ágata Tijónovna: Claro, desde hace tiempo. Me

vestiré en un momento.

Escena XX

Kochkarév y Podkolésin.

Podkolésin: ¡Bueno, hermano! ¡Muchísimas gracias!

Ahora veo con claridad todo el favor que me

has hecho. Mi propio padre no habría hecho lo que

tú. Ya veo que has obrado por mera amistad. Gracias,

hermano; recordaré eternamente el servicio que

me has prestado. (Conmovido). En la primavera

próxima, visitaré sin falta la tumba de tu padre.

Kochkarév: No es nada, hermano. Yo mismo

estoy encantado. Ven, te daré un beso. (Lo besa en

ambas mejillas). Dios quiera que vivas feliz (se besan)

en la abundancia y la prosperidad; y que tengas

muchos hijos...

Podkolésin: ¡Gracias, hermano! Acabo de descubrir

qué es la vida: ahora, ante mí se presenta un

mundo totalmente nuevo. Ahora, veo que todo se

mueve, vive, siente, vibra... uno mismo no sabe cómo.

Y antes, yo no veía nada de eso, no comprendía,

no sabía nada de nada, no razonaba, no profundizaba,

y vivía como cualquier otro individuo.

Kochkarév: ¡Me alegro, me alegro! Ahora, iré a

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ver cómo han preparado la mesa; vuelvo dentro de

un momento. (Aparte). Por las dudas, convendrá

esconderle el sombrero. (Toma el sombrero de

Podkolésin y se lo lleva).

Escena XXI

Podkolésin (solo).

Podkolésin: En realidad... ¿qué he sido hasta

ahora? ¿Comprendía acaso el sentido de la vida?

No, no lo comprendía, no comprendía nada. ¿Qué

fue mi vida de soltero? ¿Qué era yo, qué hacía? Vivía,

vivía, prestaba servicios en la administración

pública, iba a la oficina, comía, dormía... en una palabra,

era el hombre más vacío y vulgar del mundo.

Sólo ahora advierto la estupidez de los que no se

casan; y, si bien se mira... ¡cuántos son los hombres

sumidos en esa ceguera! Si yo fuera rey de algún país,

daría orden de que se casaran todas mis súbditos,

positivamente todos, de que no quedara en el reino

un solo soltero. Realmente... ¡Cuando pienso que,

dentro de unos minutos, seré un hombre casado! De

pronto, uno podrá saborear esa felicidad que sólo se

conoce en los cuentos de hadas, ¡una felicidad indecible,

inexpresable! (Breve pausa). Con todo eso,

cuando uno lo piensa bien, siente miedo. Hay que

ligarse para toda la vida, para siempre y luego no

hay modo de liberarse ni de arrepentirse... nada, nada...

todo está terminado, todo está hecho. Ahora

mismo, ya no es posible retroceder un minuto más y

estaré ante el altar; ni siquiera es posible huir... el

coche espera y todo está pronto. Pero... ¿será realmente

imposible huir? Claro, claro que es imposible:

en las puertas y en todas partes hay gente: me preguntarán:

¿Por qué se va? ¡No es posible, no! Pero

hay una ventana abierta... ¿Y si saltara por la ventana?

No, imposible: sería indecoroso. Además, está

muy alta. (Se acerca a la ventana). Bueno, no está tan

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alta, sólo es la planta baja, y muy baja, por cierto.

Pero, no... ¿Cómo podría hacerlo? No tengo mi

sombrero. ¿Cómo habría de escaparme sin sombrero?

¡Sería muy embarazoso! Pero... ¿será realmente

embarazoso escapar sin sombrero? ¿Y si probara?

¿Pruebo? (Se encarama sobre la ventana y después

de decir: "¡Dios me ayude!", salta a la calle: seoye

gritar detrás de la escena): ¡Ay! ¡Era alta! ¡Eh, cochero!

Voz del cochero: ¿Me llamaba?

Voz de Podkolésin: A la Kanávka, junto al

puente de Semenóvsk.

Voz del cochero: Le costará medio rubio.

Voz de Podkolésin: Bueno, conforme. ¡En marcha!

(Se oye el ruido del coche que se aleja).

Escena XXII

Ágata Tijónovna

(entra en traje de novia, tímidamente y con los ojos

bajos).

Ágata Tijónovna: ¡Yo misma no sé qué me pasa!

Vuelvo a sentir vergüenza y tiemblo de pies a cabeza.

¡Oh! Si él no estuviera aquí aunque sólo fuese

por un momento, si hubiese salido para algo... (Mira

a su alrededor, con alegría). Pero... ¿dónde está? No

hay nadie. ¿Adónde habrá ido? (Abre la puerta que

da al vestíbulo y dice allí). ¿Adónde ha ido Iván

Kúsmich, Tecla?

Tecla: ¡Si está ahí... !

Ágata Tijónovna: Pero... ¿dónde?

Tecla: (Entrando). ¡Estaba aquí, en esta habitación!

Ágata Tijónovna: Pues ya ves que no está...

Tecla: Sin embargo, no ha salido de aquí... Yo me

hallaba sentada en el vestíbulo.

Ágata Tijónovna: Pero... ¿dónde estará?

Tecla: No lo sé. ¿No habrá salido por la otra

puerta, por la escalera de servicio? ¿O no estará en

la habitación de Arina Panteleimónovna?

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Ágata Tijónovna: ¡Tía, tía!

Escena XXIII

Dichos y Arina Panteleimónovna.

Arina Panteleimónovna: (Vestida de punta en

blanco). ¿Qué pasa?

Ágata Tijónovna: ¿Está en tu cuarto Ivan Kúsmich?

Arina Panteleimónovna: No, debe estar aquí: no

entró en mi cuarto.

Tecla: Pues tampoco salió al vestíbulo: no me he

movido de allí.

Ágata Tijónovna: Ni está aquí, como ven.

Escena XXIV

Dichos y Kochkarév.

Kochkarév: ¿Qué pasa?

Ágata Tijónovna: Pues que Iván Kúsmich no está.

Kochkarév: ¿Cómo, que no? ¿Se fue?

Ágata Tijónovna: No. No se ha ido, tampoco.

Kochkarév: ¿Cómo se entiende... que no está... y

que no se fue?

Tecla: Pues no me explico dónde puede haberse

metido. He estado sentada en el vestíbulo y no me

he movido de allí.

Arina Panteleimónovna: Pues no puede haber

pasado por la puerta de servicio.

Kochkarév: ¿Y entonces? ¡Qué diablos! Si no salió

de la habitación, no puede haberse perdido. ¿No

se habrá escondido...? ¡Iván Kúsmich! ¿Dónde estás?

¡No hagas el tonto, vamos, sal de una vez!

¡Vamos! ¿Qué bromas son ésas? ¡Hace rato que es

hora de ir a la iglesia! (Mira detrás del armario y

hasta escudriña de soslayo debajo de las sillas). ¡No

lo entiendo! Pero, no, no puede haberse ido. No

puede haberse ido de ningún modo. Está aquí, en

ese cuarto está su sombrero, lo guardé allí ex profeso.

Arina Panteleimónovna: ¿No convendrá preguntarle

a la sirvientita? Estaba en la calle y quizá

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sepa algo. ¡Duniáshka! Duniáshka!

Escena XXV

Dichos y Duniáshka.

Arina Panteleimónovna: ¿No has visto dónde

está Iván Kúsmich?

Duniáshka: Saltó por la ventana, pues. (Ágata

Tijónovna profiere un grito y da una palmada de

consternación).

Los tres: ¿Por la ventana?

Duniáshka: Sí, y después llamó a un cochero y se

fue en coche.

Arina Panteleimónovna: Pero... ¿dices la verdad?

Kochkarév: ¡Mientes! ¡No puede ser!

Duniáshka: ¡Sí que saltó, lo juro! También lo vio

el dueño de la tienda vecina. Le prometió medio

rubio al cochero y se fue.

Arina Panteleimónovna: (Acercándose a Kochkarév,

con aire agresivo). ¿Qué significa esto, hijo

mío? ¿Ha querido usted burlarse de nosotros o qué?

¿Quiere humillarnos? Tengo sesenta años, ya, y

nunca vi vergüenza semejante. ¡Merece usted que le

escupan en la cara, si es una persona decente! ¡Pero,

después de esto, es todo un bribón! ¡Ha humillado a

una muchacha ante el mundo entero! ¡Pensar que

soy una campesina y no lo habría hecho... y usted es

un noble! ¡Ya se ve que la nobleza sólo les sirve a

ustedes para cometer bajezas! (Se va, furiosa, y se

lleva a la novia. Kochkarév permanece inmóvil, como

abrumado).

Tecla: ¿Qué me dices? ¿Con que eras tú el que

sabía manejar estos asuntos, el que sabía casar sin la

casamentera? Pues yo tendré toda clase de novios,

calvos o como sea, pero novios que saltan por la

ventana... ¡de ésos, a Dios gracias, no tengo!

Kochkarév: ¡Esto es absurdo! ¡No puede ser!

¡Correré a su casa, lo obligaré a volver! (Se va).

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Tecla: ¡Sí, corre, hazlo volver! No sabes cómo

son estas cosas. Todavía si el novio se hubiese escapado

por la puerta, vaya y pase, pero cuando ha

saltado por la ventana... ¡ya no vuelve ni por casualidad!

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